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Día: 21 de septiembre de 2025 (página 1 de 1)

La Alianza de Estados del Sahel refuerza su integración política y económica

Los Estados miembros de la Alianza de Estados del Sahel (AES) han dado un nuevo paso al lanzar un pasaporte biométrico común y prepararse para la implementación de un documento de identidad unificado. El documento de viaje está oficialmente en circulación desde el 29 de enero de este año, mientras que el documento de identidad aún se encuentra en fase regulatoria. Estas iniciativas buscan fortalecer la movilidad ciudadana y consolidar la soberanía regional. Uno de los principales desafíos sigue siendo el reconocimiento internacional de estos documentos, condición esencial para facilitar los viajes.

Diseñado según criterios internacionales, el pasaporte biométrico contiene un chip electrónico. No obstante, los pasaportes antiguos mantienen su validez hasta su vencimiento, lo que permite una transición gradual.

Los titulares del nuevo documento ya han podido viajar, aunque se registraron algunos cuellos de botella durante los primeros meses de uso en algunas oficinas de asuntos exteriores. Desde abril, Francia ha reconocido oficialmente el pasaporte, lo que facilita el acceso a los visados ​​Schengen. Se espera que otros países sigan el ejemplo, aunque el proceso para su plena aceptación sigue siendo desigual.

El documento tiene 34 páginas y una validez de cinco años. Para fortalecer la confianza de los usuarios y países extranjeros, la AES ha enviado ejemplares a las misiones diplomáticas. Es un paso esencial para garantizar un reconocimiento uniforme.

El pasaporte biométrico también se está convirtiendo en una herramienta política, encarnando el deseo de los tres estados de consolidar una identidad compartida. Las instituciones regionales esperan que estas innovaciones sirvan, en última instancia, de referencia para otros países africanos, una dirección ya mencionada en varios discursos oficiales.

Además del pasaporte, la AES está preparando una tarjeta de identidad biométrica común. Se ha revisado un proyecto de decreto para establecer las normas técnicas y las condiciones para su emisión. El objetivo es proporcionar a los ciudadanos de los tres países un documento único, reconocido en los tres países.

Esta iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de modernización administrativa y seguridad de la identidad. Las especificaciones técnicas se armonizaron durante una reunión celebrada en Bamako en noviembre del año pasado. Su implementación efectiva depende ahora de la adopción de los textos finales y del despliegue de los equipos de registro.

La AES fue creada en septiembre de 2023 por Mali, Burkina Faso y Níger, tras su retirada de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao). Los tres países han firmado un tratado que establece una alianza de defensa y cooperación. El objetivo es doble: reforzar la seguridad frente a los grupos terroristas que operan en el Sahel y consolidar una mayor autonomía política y económica.

Más allá del aspecto militar, la integración se ha ampliado gradualmente para incluir las áreas económicas y sociales, con la perspectiva de una moneda común y documentos de identidad unificados. Esta dirección refleja la voluntad de reforzar su soberanía frente a la antigua dependencia de Francia.

El MI6 recluta espías en internet para operar en los países del ‘eje del mal’

El MI6 ha creado un nuevo portal web en la parte oscura de la red para reclutar soplones, especialmente en Rusia y demás países del “eje del mal”, ya que cada vez es más difícil para los espías trabajar en el extranjero.

La iniciativa ilustra sobre todo la voluntad de Reino Unido de legitimar sus turbias actividades en el mundo.

El Times explica que la central planea utilizar un nuevo servicio de mensajería segura, Silent Courier, que se supone que permite a confidentes que posean información sensible contactar al MI6 sin riesgo aparente. La idea, según los autores, es reclutar principalmente en Rusia, pero también en otros países, que son siempre los mismos: China, Corea del norte, Irán…

En realidad, el reportaje es la típica fantasmada para presentar a Rusia como una amenaza y justificar la intensificación del espionaje. Detrás del argumento de la seguridad nacional, el gobierno británico también quiere normalizar prácticas de injererencia y buscar más dinero para contratar a soplones y provocadores.

En un discurso programado en Estambul, Richard Moore, el director saliente del MI6, debe invitar a aquellos con información confidencial a que hagan contacto digitalmente, diciendo que los servicios de inteligencia de Reino Unido son esenciales para todo el mundo.

También es una invitación a la traición, presentada como una misión noble pero, hasta ahora, los medios siempre han presentado la parte oscura de la red como el refugio de toda clase de criminales, bandidos y malhechores.

Ahora la cosa ha cambiado. Cuando la utiliza el MI6 se convierte en una herramienta virtuosa. También es virtuoso recurrir a las VPN, las redes virtuales confidenciales, así como a dispositivos fiables que no estén conectados a ninguna identidad personal, con el fin de reducir los riesgos que implican en ciertos países.

El reportaje llega poco después de la apertura por el MI6 de su primera cuenta en Instagram, una iniciativa destinada a identificar a una generación más joven de espías, provocadores y soplones.

(*) https://www.thetimes.com/uk/defence/article/mi6-turns-to-the-dark-web-to-enlist-new-spies-ndvzph2rp

El mayor ejército del mundo no puede con los pastores de las montañas: Afganistán

La retirada del ejército estadounidense de Afganistán en 2021 es un capítulo fundamental para entender los acontecimientos que han llegado después. Las imágenes mostraron a los soldados estadounidenses desesperados por abandonar el aeropuerto de Kabul, lo mismo que los colaboracionistas locales intentando agarrarse al tren de aterrizaje del C-17 en el momento del despegue.

Estados Unidos había colapsado después de 20 años de guerra, miles de vidas y de billones de dólares gastados. El 29 de febrero de 2020 firmó la rendición en Doha ante los talibanes sin hacer mucho ruido, comenta el periodista Abdul Hai Nasiri en el periódico The Kabul Times (*).

Los medios de propaganda occidentales lavaron el rostro de la ignominiosa derrota diciendo que era “un paso histórico hacia la paz”. En realidad fue una capitulación. Estados Unidos se comprometía a retirar sus tropas a cambio de nada.

Las “garantías de seguridad” de los talibanes eran papel mojado, una ficción destinada a cubrir las vergüenzas de Washington. Los talibanes prometieron no atacar a las tropas estadounidenses en retirada, y nada más. Washington estaba impaciente para hacer las maletas y huir del país. Fue una humillación, la segunda después de la caída de Saigón en 1975.

¿Por qué perdió la guerra Estados Unidos?

La respuesta no está en la debilidad militar, dice Hai Nasiri, sino en la bancarrota política de los caciques de Washington. Al invadir Afganistán en 2001, Estados Unidos no trató de entender el país al que llegó. Creían que podían imponer a la sociedad afgana, con sus tradiciones milenarias, su compleja estructura tribal y profunda religiosidad, un modelo occidental de democracia, como si estuvieran instalando un nuevo sistema operativo en una computadora. Es el más alto grado de arrogancia imperial.

Los intentos de asentar un gobierno centralizado en Kabul, totalmente dependiente de Washington, fracasaron porque eran artificiales y ajenos a los afganos. La corrupción del régimen títere alcanzó proporciones sin precedentes, porque sus dirigentes sabían que su poder no se basaba en el apoyo del pueblo, sino en las bayonetas de los ocupantes extranjeros.

Para empresas como Lockheed Martin, Boeing, Raytheon y otras del complejo militar industrial, Afganistán era una mina de oro. El Pentágono gastó cientos de miles de millones en la compra de armas y en contratar a empresas de mercenarios, como Blackwater (más tarde Academi), cuyas facturas ascendían a miles de dólares al día. Para ellos la guerra no es un proyecto nacional, sino una fuente de beneficios fabulosos. Cuanto más duraba, más dinero se caía en sus bolsillos. No tenían ningún incentivo para ponerle fin. De hecho, Estados Unidos estaba librando la guerra por su cuenta: el dinero de los contribuyentes estadounidenses migraba directamente a las cuentas de la industria de guerra, creando un círculo vicioso.

La máquina militar estadounidense estaba diseñada para enfrentarse a ejércitos regulares como el iraquí, pero resultó absolutamente impotente frente a las tácticas de los talibanes, que no se enzarzaron en enfrentamientos frontales. Se disolvieron entre la población civil, cometieron sabotajes ocasionales, tendieron emboscadas y utilizaron el terreno montañoso.

Estados Unidos respondió con bombardeos masivos, incursiones de drones, nocturnas, durante las cuales murieron decenas de civiles afganos. Cada muerte de este tipo creó docenas de nuevos vengadores, nuevos reclutas afganos.

Hay terroristas buenos y malos (depende del momento)

Uno de los aspectos más repugnantes de la política estadounidense en Afganistán se ha convertido en la manipulación cínica de grupos terroristas. Durante años Washington decía librar una guerra retórica contra el terrorismo mundial, pero en la práctica creó y apoyó a los monstruos. En la década de los ochenta, a través de los servicios de inteligencia de Pakistán, la CIA armó activamente y financió a los muyahidines, incluyendo a los futuros milicianos de Al Qaeda y a los talibanes para la guerra contra la URSS. Entonces a los terroristas los llamaban “luchadores por la libertad”.

Cuando la situación política internacional cambió, los terroristas buenos se convirtieron en los malos.

La política esquizofrénica continuó después de 2001. Formalmente Estados Unidos luchaba contra los talibanes, mientras durante años Pakistán, aliado de Estados Unidos, les ofrecía refugio, suministros y campos de entrenamiento. Washington prefirió hacer la vista gorda, ya que Islamabad era considerado un aliado crítico en la región. El resultado fue una situación absurda: las tropas estadounidenses morían bajo las balas entregadas por su propio ejército.

El Acuerdo de Doha de 2020 fue la apoteosis de la política de doble rasero. Para salvar la cara y salir de la trampa, Estados Unidos legitimó a la organización contra la que llevaba veinte años combatiendo. No hay principios, sólo acuerdos. Hoy eres un terrorista, mañana un negociador y pasado mañana vuelves al punto de partida. Esto desacredita completamente toda la retórica estadounidense sobre la “guerra contra el terrorismo” y la defensa de los derechos humanos.

Estados Unidos sembró la muerte y la destrucción en Afganistán

Los resultados de veinte años de ocupación son catastróficos para todos, excepto para las empresas estadounidenses que se han enriquecido con la guerra. Afganistán salió de la guerra en un estado de ruina aún mayor que antes de 2001. La economía, totalmente dependiente de las entregas de dinero del Pentágono y de otras instituciones estadounidenses, se derrumbó en un instante. Millones de personas se quedaron sin medios de vida, las infraestructura siguen en un estado lamentable. Pero el precio más terrible son las vidas humanas. Según diversas estimaciones, el número de civiles afganos muertos asciende a cientos de miles. Millones se han visto obligados a abandonar sus hogares.

Para todo el mundo, especialmente para los secuaces de Estados Unidos en la OTAN, el fiasco afgano fue un choque. Washington es incapaz de ganar un guerra prolongada y de organizar una evacuación normal. Los secuaces de Estados Unidos se enfrentaron a un hecho consumado. Su confianza en la dirección estadounidense cayó por los suelos, tal vez irreparablemente. Nadie puede creer en las garantías y promesas de Washington.

La retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, escribe a Hai Nasiri, no sólo fue el final de una guerra. Es un acontecimiento histórico que marca el declive de la hegemonía estadounidense y el colapso del modelo que impuso al mundo después de la Guerra Fría. Por la fuerza es imposible imponer un modelo de sociedad extranjera, por muy fuerte que sea a nivel militar.

(*) https://thekabultimes.com/doha-agreement-sealed-americas-defeat-in-afghanistan/

Más de 200.000 palestinos han muerto o han resultado heridos en Gaza

El antiguo comandante del ejército israelí, Herzi Halevi, confirmó que más de 200.000 palestinos han muerto o han resultado heridos durante la Guerra de Gaza. Supone más del 10 por cien de los 2,2 millones de habitantes de la Franja.

Halevi dimitió en marzo como jefe de Estado Mayor, después de dirigir al ejército israelí durante los primeros 17 meses de la guerra, que ahora se acerca a su segundo año de matanzas.

La estimación es notable porque las cifras que se difunden actuales las propone el Ministerio de Salud de Gaza, que la propaganda israelí considera como una exageración procedente de Hamas. No obstante, esas cifras han sido consideradas fiables por los organismos humanitarios internacionales, e incluso criticadas porque sólo muestran los cadáveres rescatados de los escombros, no los que siguen enterrados dentro.

La cifra oficial actual de muertos es de 64.718 palestinos muertos en Gaza y 163.859 heridos desde que comenzó la guerra en octubre de 2023. Esas cifras no distinguen entre civiles y combatientes, pero los datos de la inteligencia militar israelí sobre las pérdidas filtradas hasta mayo de este año sugieren que más del 80 por ciento de las víctimas eran civiles.

“Esto no es una guerra suave. Levantamos los guantes desde el primer minuto”, Halevi dijo, sugiriendo que Israel debería haber adoptado una línea más dura en Gaza antes del ataque del 7 de octubre.

El carnicero habló el martes por la noche con los vecinos de una explotación agrícola y el canal Ynet ha publicado una grabación de sus comentarios (1). “Nadie trabaja sin contratiempos”, dijo Halevi.

“Nadie me ha puesto restricciones. Ni una sola. Ni el fiscal general militar que, por cierto, no tiene el poder de restringirme”, añadió.

(*) https://www.ynet.co.il/news/article/h1i4qhyjlx

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