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Día: 7 de octubre de 2024 (página 1 de 1)

La economía israelí ha llegado a un callejón sin salida

Nadie ha sido capaz de infligir tanto daño a la economía israelí como el propio gobierno de Israel. Ni siquiera la campaña BDS. La economía israelí ha llegado a un callejón sin salida, sin perspectivas, mientras el Estado sigue imponiendo el apartheid.

Cuando los manifestantes israelíes levantaron un enorme cartel con el lema del BDS “De un país emergente a un país roto”, fue una violación de los derechos de autor. Pero eso fue en febrero del año pasado, después del 7 de octubre.

El ataque genocida de Israel contra Gaza, que ha matado a más de 40.000 palestinos, entre ellos más de 15.000 niños, bien podría condenar a más de 146.000 palestinos más en Gaza a morir en los próximos meses debido a complicaciones de salud relacionadas con lesiones, hambre y enfermedades. La guerra ha destruido las vidas de 2,3 millones de personas en la Franja de Gaza y miles más en la ocupada Cisjordania. Las estimaciones de la ONU indican que el 70 por cien de las viviendas han sido destruidas y que tardarán 15 años en eliminar los escombros. Sin embargo, no hay duda de que los supervivientes palestinos del genocidio, aunque traumatizados, empobrecidos y afligidos por la pérdida de sus seres queridos, acabarán reconstruyéndose y recuperándose, sin importar cuánto tiempo lleve.

La destrucción física en Israel causada por la guerra es mínima y, sin embargo, una cosa ha sido destruida: el futuro del país. Los indicadores económicos hablan de una verdadera catástrofe. Más de 46.000 empresas han quebrado, el turismo se ha paralizado, la calificación crediticia de Israel ha bajado, los bonos israelíes se venden a niveles cercanos a los bonos basura y la inversión extranjera, que ya había caído un 60 por cien en el primer trimestre del año pasado (debido a las políticas del gobierno de Tel Aviv antes del 7 de octubre), no muestran signos de recuperación.

La mayoría de los fondos invertidos en fondos de inversión israelíes se han desviado hacia inversiones en el extranjero, porque los israelíes no quieren que sus propios fondos de pensiones, seguros o ahorros estén ligados al destino del Estado de Israel. Eso ha conducido a una sorprendente estabilidad en el mercado de valores israelí, ya que los fondos invertidos en acciones y bonos extranjeros generaron ganancias en moneda extranjera, que se multiplicaron por el aumento del tipo de cambio entre las monedas extranjeras y el shekel israelí. Pero luego Intel canceló un plan de inversión de 25.000 millones de dólares en Israel, la mayor victoria de BDS hasta la fecha.

Todos esos indicadores son financieros, pero la crisis afecta más profundamente a los medios de producción de la economía israelí. La red eléctrica, que en gran medida ha hecho la transición al gas natural, todavía depende del carbón para satisfacer la demanda. El mayor proveedor de carbón de Israel es Colombia, que anunció que suspendería las entregas mientras continúe el genocidio. Después de Colombia, los dos mayores proveedores son Sudáfrica y Rusia.

Sin electricidad fiable, Israel no podrá pretender ser una economía desarrollada. Las granjas de servidores no funcionan sin energía las 24 horas, y nadie sabe cuántos cortes de energía podría soportar la alta tecnología de Israel. Las empresas tecnológicas internacionales ya han comenzado a cerrar sus sucursales en Israel.

La reputación de Israel como una país emergente depende de su sector tecnológico, que, a su vez, depende de una mano de obra altamente cualificada. La investigación conjunta con universidades extranjeras ha disminuido drásticamente debido a los esfuerzos de los movimientos estudiantiles. Los periódicos israelíes están llenos de artículos sobre el éxodo de la mano de obra cualificada.

La economía israelí depende de 300.000 personas (el personal directivo de universidades, empresas de tecnología y hospitales). Una vez que una porción significativa de esa gente se vaya, Israel no se convertirá en un país del Tercer Mundo, sino que dejará de existir.

Los datos sobre el número real de israelíes que abandonan el país son confusos. Mientras los periódicos israelíes intoxican sobre una ola mundial de antisemitismo, como si los judíos estuvieran en peligro en Europa o América del Norte y no en Israel, muchos israelíes optan por emigrar. Las familias prolongan sus vacaciones, a veces indefinidamente. Los israelíes exploran opciones de trabajo y estudio en el extranjero. Sin embargo, las estimaciones sobre el número de israelíes que ya han abandonado el país varían ampliamente.

El único sector de la economía israelí que no muestra signos de colapso es el del armamento, donde las ventas van en alza. Por el contrario, los buitres de las multinacionales se apiñan ante los cadáveres del sector tecnológico y compiten por gangas. Incluso Google ha expresado interés en comprar la empresa de ciberseguridad Wiz, fundada por el espionaje israelí, que está ansioso por vender su empresa para poder huir de Israel.

Los economistas esperan que el gobierno de Tel Aviv tome medidas urgentes para abordar la crisis, poner fin a la guerra, recortar el gasto público, aumentar los impuestos y reparar las relaciones exteriores, particularmente con los países de los que depende para el comercio: la Unión Europea, Turquía y Colombia.

En el 76 aniversario de la fundación del Estado Israel, el periódico Haaretz publicó un editorial con el titular “¿Sobrevivirá Israel para celebrar su centenario?” La respuesta es negativa. El proyecto sionista ha llegado a su fin. Cuando una masa de israelíes esté convencida de que el apartheid se ha vuelto insostenible, no aceptarán invertir, ni arriesgar sus vidas y las de sus familias por el proyecto sionista. Buscarán un futuro mejor, como lo haría cualquier persona en su sano juicio, ya sea abandonando Israel o, mejor aún, trabajando por un nuevo Estado palestino.

—https://mondoweiss.net/2024/07/the-end-of-israels-economy

El precio de la luz no sigue la llamada ‘ley de la oferta y la demanda’

En el mercado eléctrico el precio no sigue la llamada “ley de la oferta y la demanda” sino que varía cada pocos minutos. En España los cambios en la tarifa de la luz se pueden seguir casi en vivo en el siguiente enlace: https://tarifaluzhora.es

Es un mercado en el que tanto la oferta como la demanda son intermitentes. Por el lado de la oferta, para que haya energía eólica tiene que soplar el viento y lo mismo ocurre con la fotovoltaica. Por el de la demanda, el consumo varía en función de las horas laborables del día, o de las fiestas, o de las vacaciones.

Si la oferta no alcanza a la demanda, se produce un corte de suministro y si ocurre al revés se produce una superproducción de electricidad, que es el fenómeno más frecuente en países, como España, donde se produce tres veces más de lo que se consume. El resto no se puede acumular y se desperdicia si las empresas eléctricas no consiguen exportarla.

No es, pues, el precio el que detemina la demanda, sino al revés. En varios momentos de este año, como en marzo, el precio ha caído por debajo de cero, pero la demanda no ha crecido. Las fábricas funcionan al ritmo de su propio proceso de producción, no con los vaivenes de los precios de la electricidad. Lo mismo ocurre con los ocho millones de consumidores individuales, que tampoco se benefician de los períodos de caída de los precios de la electricidad.

Pero ahora interviene otro factor: las energías llamadas “renovables”. Antes, la reducción de los precios de la electricidad coincidía con los horarios nocturnos, los fines de semana o las festividades. Ahora cada vez hay más bajadas de precios por las mañanas y en las horas punta. En los primeros cuatro meses de este año, España alcanza las 400 horas de precios negativos, casi cuatro veces más que durante todo el año pasado, que ya fue el récord de los últimos diez años.

Durante la crisis energética, que comenzó a principios de 2021 y se relajó a principios de este año, los precios mayoristas de la electricidad y el gas se multiplicaron por 15 y el mercado sufrió una volatilidad extrema. Ahora los precios de la electricidad se han reducido en los últimos meses tras esos máximos, se ha disparado el número de ocasiones en que el mercado se hunde y la cotización se desploma hasta los cero euros.

La razón fundamental de los desplomes cada vez frecuentes del precio de la electricidad es, además de la crisis económica y el descenso de la demanda de electricidad, el crecimiento de las energías renovables. La explicación es la siguiente: las energías denominadas inframarginales (las renovables, la nuclear y la hidroeléctrica) llegan al mercado como si fuera una subasta, a precio cero, de tal manera que cuando la producción de esas energías es suficiente para cubrir todo el consumo previsto, el precio se queda en cero euros.

Si las subidas del precio de la electricidad no son una buena señal, los desplomes tampoco. Cuando la luz es gratis, es demasiado cara y, no sólo porque es un gasto para las empresas eléctricas. El precio cero les indica que paren la produccción porque deben pagar tasas a la red por el exceso de producción. A veces resulta más caro, o incluso complicado, cerrar una instalación y luego reiniciarla. Por eso las eléctricas prefieren pagar para seguir produciendo.

Las declaraciones triunfalistas acerca del aumento de la potencia instalada de energías llamadas “renovables” son un engaño y encubren la superproducción y el despilfarro. Con la introducción masiva de las instalaciones llamadas “renovables” la superproducción aumenta. En cinco años la capacidad de los parques solares europeos se ha más que duplicado, de 120 Gw a 300 Gw. Por su parte, la capacidad eólica aumentó de 190 Gw a 280 Gw.

Las horas de luz a precio cero se han disparado. El año pasado hubo 6.400 horas, que han pasado a 7.800 para los primeros ocho meses de 2024. Además de España, el país más afectado es Finlandia, que suma más de 500 horas este año. Las perspectivas son tanto más sombrías cuanto que los costes de construcción de su última central nuclear se han disparado a causa de sus malas relaciones con Rusia.

Alemania también está en números rojos con 375 horas, al igual que Francia con más de 300 horas. Por el contrario, con sus centrales eléctricas de gas metano más flexibles, Italia es la que está obteniendo mejores resultados, prácticamente sin horas de luz a precio cero.

Los grandes monopolios no son capaces de planificar porque no pueden saber los precios de venta a medio plazo, lo que les impide invertir. La retirada de BP o Shell de los grandes proyectos eólicos es un ejemplo. Lo mismo ocurre con la construcción de centrales nucleares o de hidrógeno, que requieren enormes inversiones sin saber si serán rentables en algún momento.

El desarrollo de las fuerzas productivas no ha llegado al punto de ser capaces de almacenar la energía y las redes eléctricas se han quedado obsoletas en muchos países, sobre todo en Estados Unidos.

La superproducción subvencionada

Los grandes monopolios recurren cada vez más a los subsidios públicos, cada vez más rácanos en estos tiempos de recortes presupuestarios… excepto en políticas verdes, como la Agenda 2030, donde el derroche no parece tener fondo. Sin embargo, más subvenciones a las energías llamadas “renovables” aumentan la superproducción y, en consecuencia, las horas de luz a precio cero.

Pongamos un ejemplo: Macron prometió cerrar todas las centrales eléctricas de carbón en Francia antes de 2022. No ha podido cumplir su promesa, que ha tenido que posponer hasta 2027.

En 2012 una antigua central eléctrica de carbón, la Provence 4 de Gardanne, no se cerró sino que se reconvirtió a la biomasa. Entonces quien la dirigía era la empresa alemana EON, que invirtió 100 millones de euros para pasar del carbón a la biomasa forestal.

El plan era que la unidad de biomasa empezara a funcionar en 2016. Tampoco fue posible. El último plan era encender las calderas el lunes, pero es imposible por la falta de acuerdo entre el actual propietario de la planta, GazelEnergie, y el gobierno de París sobre una cuestión, que es capital en todas las industrias verdes: la cantidad de ayudas públicas que van a recibir. Sin ellas no son viables.

Es otro ejemplo de libro de capitalismo monopolista de Estado: GazelEnergie es una filial del holding EPH, propiedad del checo Daniel Kretinsky que, desde hace meses, negocia con el gobierno francés un “precio político” de compra de la electricidad producida en la central, ya que los de mercado son hoy demasiado bajos para cubrir los costos de producción.

Es más barato tener la central paralizada que producir electricidad.

Inicialmente, la empresa se benefició de un contrato de recompra con EDF, pero decidió denunciarlo en 2022 para aprovechar los altísimos precios del mercado, impulsados ​​por la Guerra de Ucrania. Craso error ya que desde entonces han caído: el megawatio hora en el mercado mayorista es aproximadamente siete veces más barato que hace dos años.

El pasado mes de junio el acuerdo parecía inminente: 800 millones de euros durante unos diez años a cambio de una producción eléctrica de 4.000 horas al año. La subvención era muy inferior a los 2.000 millones de euros solicitados inicialmente por GazelEnergies. El vacío político en París interrumpió las negociaciones y el holding checo impuso un expediente de regulación de empleo.

Ahora la central lleva meses paralizada y los trabajadores temen por su puesto de trabajo. A medida que pasa el tiempo, las posibilidades de embolsarse una suculenta subvención son menores, a causa de que Francia es un Estado en quiebra.

La estrategia imperialista de la provocación llama a las puertas de Irán

Uno de los rasgos característicos del imperialismo es que las grandes potencias y, en particular, las hegemónicas, llevan la iniciativa y los demás siguen la ruta que ellas marcan en cada momento.

Al mismo tiempo, dichas potencias, que sostienen su hegemonía mediante la guerra, necesitan aparentar lo contrario: que son víctimas de los ataques de los demás. Golitah quiere que David le lance la piedra. Por eso los apologistas del imperialismo dicen que Israel se defiende de los ataques palestinos del 7 de octubre del año pasado.

El victimismo ficticio conduce a la provocación, es decir, a obligar al adversario a moverse, que es lo que hicieron en Ucrania desde 2014 a 2022 para obligar a Rusia a “invadir”, creando una apariencia contraria a la realidad.

La provocación no sólo sirve a la intoxicación mediática, sino también a la formación de coaliciones, que dan la apariencia de que la guerra cuenta con el apoyo de la llamada “comunidad internacional” e incluso la ONU.

Por ejemplo, un informe del Instituto Brookings de 2009 reconoce que Irán no tiene ninguna intención de atacar ni a Estados ni a Israel, por lo que la única manera de desatar una guerra es la provocación (*).

El informe demuestra que los acontecimientos de Oriente Medio no son espontáneos, empezando por las masacres en Gaza y siguiendo por los bombardeos de Beirut. Es el camino para llegar hasta Persia, dice el Instituto Brookings.

Hay capítulos enteros dedicados a la creación de disturbios, utilizando a los opositores y a organizaciones terroristas, como los muyahidines (MEK). Otros detallan una invasión estadounidense directa y una campaña aérea a menor escala. Finalmente, el informe dedica un capítulo completo a utilizar a Israel para iniciar una guerra en la que Estados Unidos podría parecer reacio a participar.

Las provocaciones a Irán van travestidas del programa nuclear, y da lo mismo que Obama llegara a un acuerdo con Teherán o que Trump se deshiciera de él poco después. En la Casa Blanca cambian los peleles, pero siempre se mantienen las mismas políticas.

El gran fracaso de la política imperialista sería que Irán no reaccionara de la manera prevista ni siquiera ante una provocación repetida. En tal caso, Estados Unidos e Israel se verían privados del pretexto para una guerra más amplia.

“Sería mucho mejor si Estados Unidos pudiera citar una provocación iraní para justificar los ataques aéreos antes de lanzarlos. Está claro que cuanto más escandalosa, asesina e injustificada sea la acción iraní, mejor estará Estados Unidos. Por supuesto, les resultaría muy difícil incitar a Irán a semejante provocación sin que el resto del mundo reconozca este juego, lo que lo debilitaría”, dice el informe.

Un método que tendría alguna posibilidad de éxito, añade el Instituto Brookings, sería “intensificar los esfuerzos encubiertos de cambio de régimen con la esperanza de que Teherán tome represalias abiertamente”, lo que luego se podría presentar como un acto de agresión no provocada.

La falta de provocación previa a Irán se sumaría a la campaña de intoxicación mundial sobre la situación de la mujer para formar una coalición de varios países capaz de encubrir el respaldo a la políticas criminales y belicistas a Estados Unidos e Israel en Oriente Medio. Sería un viraje a la perspectiva actual, ampliamente favorable a Palestina, Líbano y Yemen, como se ha visto a las manifestaciones de este fin de semana.

La escalada de provocaciones de los imperialistas contra Iran

Irán ha sufrido provocaciones de Estados Unidos e Israel durante décadas. Quizás la provocación más atroz de los últimos años fue el asesinato por parte de Estados Unidos del general iraní Qassem Soleimani en Bagdad en 2020. Irán respondió a la provocación de una manera más que tibia.

El ataque a la embajada iraní en Damasco el 1 de abril pretendía superar la escala del asesinato de 2020 para que finalmente Irán reaccionara de la manera prevista, pero, como reconoce el Instituto Brookings, “Irán no siempre ha respondido a los ataques estadounidenses”. No hay nada peor que una falta de respuesta a la provocación, de las que el Instituto hace una amplia enumeración en su informe.

El recuento comienza con el derribo del vuelo 103 de Pan Am en diciembre de 1988. Entgonces muchos creyeron que se trataba de una represalia iraní por el derribo del vuelo 455 de Iran Air por el crucero estadounidense USS Vincennes en julio del mismo año. Sin embargo, hoy todo apunta a Libia como el culpable de aquel ataque terrorista, lo que, de ser cierto, sugiere que Irán nunca tomó represalias por su pérdida.

Irán tampoco tomó represalias contra la Operación Mantis Religiosa de Estados Unidos, que en 1988 resultó en el hundimiento de la mayoría de los principales buques de guerra de Irán. Por lo tanto, es posible que Irán decida hacerse la víctima en caso de un ataque estadounidense, suponiendo que eso le atraería unas simpatías considerables, tanto a nivel local como internacional.

Estados Unidos busca la escalada de la guerra en Oriente Medio

En su artículo de 4 de abril titulado “La Casa Blanca está ‘muy preocupada’ por la perspectiva de una guerra entre Israel e Irán”, Newsweek cita al portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, John Kirby, quien dijo: “Nadie quiere que este conflicto se intensifique”.

Washington quiere convencer al mundo de que teme una escalada entre Israel e Irán. Pero no es así. El informe de 2009 admite que incluso se podría usar como pretexto una respuesta tibia por parte de Irán. Finalmente, ante un fallo repetido, a la estrategia de provocación le valdría cualquier respuesta por parte de Irán.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, para gobernar Oriente Medio Estados Unidos siempre ha recurrido a dividir y enfrentar a los países árabes. Durante un tiempo Palestina sirvió para mantener una cierta apariencia de unidad árabe, que se agotó tras la guerra de 1973.

Sólo Irán volvió a replantear la situación a partir de la revolución de 1979, creando el Eje de la Resistencia, en el que, con la excepción de Siria, ya no hay países árabes sino movimientos y milicias. El proceso culminó con la firma de un acuerdo con Arabia saudí en marzo del año pasado.

A medida que Irán se consolida en Oriente Medio, el imperialismo retrocede. La única oportunidad para que Estados Unidos recupere el control de la región es provocar una guerra a gran escala para lograr por la fuerza bruta lo que no han conseguido décadas de medidas indirectas, como la guerra de los ochenta con Irak, sanciones y desestabilizaciones.

(*) https://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2016/06/06_iran_strategy.pdf

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