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Día: 12 de septiembre de 2024 (página 1 de 1)

China no es la causa de los problemas económicos de Europa sino la solución

El lunes Mario Draghi, antiguo presidente del Banco Central Europeo y primer ministro italiano, presentó en Bruselas un informe titulado “El futuro de la competitividad europea”, en el que pide a la Unión Europea que “cambie radicalmente” (*).

El informe, que tiene 69 páginas, pone de relieve la extrema preocupación existente en la Unión Europea por la pérdida de competitividad en los mercados mundiales. La palabra “China” aparece como una obsesión en 25 de las páginas.

Las empresas europeas enfrentan una demanda extranjera más débil y una presión competitiva cada vez mayor por parte de las empresas chinas. En abril Draghi condenó a China por amenazar con socavar la base industrial de Europa al “capturar e internalizar todas las partes de la cadena de suministro en tecnologías verdes y avanzadas”.

El informe Draghi refleja que China ha ganado el pulso económico y Europa busca alguna salida. El problema es que para Europa, China no es el problema sino la solución, al menos en parte.

Los actuales problemas económicos de Europa revelan fallas estructurales profundamente arraigadas. Frente a una intensa competencia en el mercado, las empresas europeas luchan por transformarse y adaptarse a los nuevos desarrollos económicos y tecnológicos, lo que las coloca en una clara desventaja en el mercado mundial. En este contexto, si bien China ha logrado avances significativos en áreas emergentes como las energías renovables, en Bruselas perciben la relación comercial normal con China, como una dependencia a causa de las presiones de Estados Unidos.

China y Europa comparten intereses mutuos en las relaciones económicas y comerciales, pero en Bruselas confunden los problemas de competitividad económica con las disputas políticas internacionales.

(*) https://commission.europa.eu/document/download/97e481fd-2dc3-412d-be4c-f152a8232961_en

‘Perder el dólar es como perder una guerra’, reconoce Trump

Ayer adelantamos algunos fragmentos de las declaraciones de Trump acerca de la importancia de mantener el papel hegemónico del dólar en el comercio y las finanzas internacionales.

Trump hablaba en el Club Económico de Nueva York, una audiencia selecta de grandes capitalistas que le apludió a rabiar, como se ve en vídeo del acto (*).

El candidato reiteró su promesa de poner fin a la Guerra de Ucrania al día siguiente de su reelección. Un abogado del despacho Sullivan & Cromwell, Rodgin Cohen, le preguntó si “fortalecería o modificaría alguna de las sanciones económicas, particularmente contra Rusia”.

Trump respondió que las sanciones “terminan matando al dólar y a todo lo que el dólar representa. Debemos seguir manteniéndolo como moneda mundial […] Creo que si perdemos el dólar como moneda mundial, sería equivalente a perder una guerra. Eso nos convertiría en un país del Tercer Mundo […] Si perdemos a Irán, perdemos a Rusia. China está tratando de hacer de su moneda la moneda dominante […] Quiero recurrir a sanciones lo menos posible”.

En cambio, Trump propuso aranceles al comercio con los países enemigos de Estados Unidos. “Detuve las guerras amenazando con aranceles […] La mayor amenaza que tienes es perder la moneda, y hemos perdido algo que nunca podremos recuperar […] Si ganamos [el 5 de noviembre], creo que lo haré. Podré resolver esta guerra mientras sea presidente electo, incluso antes de asumir el cargo […] Las sanciones deben utilizarse con mucha prudencia. De hecho, tenemos medios mucho más poderosos que las sanciones: tenemos aranceles comerciales, pero no podemos perder nuestro patrón dólar. Esto es muy importante”.

No se puede ser más claro y, una vez más, Trump tiene razón. Por eso los principales medios de comunicación no han informado sobre los comentarios de Trump. Incluso los medios especializados, como el Wall Street Journal, que nunca se pierden este tipo de declaraciones, han ignorado por completo su intervención en el Club Económico.

(*) https://www.youtube.com/watch?v=ekGoeX5AW4w

Doble uso: de las armas nucleares a las centrales nucleares y al revés

Desde la escalada de las tensiones internacionales en 2022, el suministro de energía se ha convertido en una cuestión crucial para muchos países. Estados Unidos, al igual que las potencias europeas, tiene un desafío importante: asegurar su autonomía energética y al mismo tiempo reducir su dependencia de las importaciones, particularmente de aquellos de países con los que se han deteriorado las relaciones diplomáticas.

Esta situación ha llevado a una reevaluación de los recursos disponibles y a la búsqueda de soluciones desesperadas para superar la crisis energética. En este contexto, la energía nuclear, durante mucho tiempo controvertida, está recuperando un lugar destacado en las estrategias de cada país, ofreciendo una alternativa a otros combustibles y una respuesta a las preocupaciones relacionadas con la seguridad energética.

Pero con el uranio ocurre lo mismo que con el gas: quien tiene las llaves es Rusia. Ante la interrupción de las importaciones de uranio enriquecido ruso, Estados Unidos quiere transformar el arsenal de armas nucleares de la Guerra Fría en combustible para centrales eléctricas civiles.

El uranio enriquecido que hay en las ojivas militares, inicialmente diseñadas para la munición nuclear, está experimentando una transformación radical. Diluido con uranio empobrecido, se convierte en un combustible llamado “haleu” (1), capaz de alimentar una nueva generación de reactores nucleares.

La innovación no se limita a la reconversión del material militar. Lo mismo que Rusia, también Estados Unidos apuesta por el desarrollo de pequeños reactores modulares (SMR), una tecnología que podría revolucionar la industria nuclear. Estas minicentrales, más compactas y menos costosas que las tradicionales, representan el futuro de la energía nuclear civil estadounidense.

El uso del “haleu” en los SMR ofrece múltiples ventajas. No sólo hace posible desarrollar los recursos existentes, sino que también da a Estados Unidos el tiempo necesario para desarrollar sus propias capacidades civiles de enriquecimiento de uranio. Los cálculos consideran que esta transición hacia una autonomía total en la producción de combustible nuclear es crucial para la seguridad del suministro energético del país.

El ejemplo estadounidense podría inspirar a otros países. Francia, que depende en un 75 por cien de la energía nuclear para su producción de electricidad, ya ha explorado vías similares. Un informe parlamentario de 2000 planteó la posibilidad de convertir el plutonio de las armas en “mox” (2), un combustible utilizable en los reactores actuales.

Estos planteamientos demuestran que no hay frontera entre las aplicaciones militares y civiles de la energía nuclear, abriendo nuevas perspectivas para la industria energética.

En Washington y en París dicen que la reconversión de las municiones nucleares en materia prima para las centrales civiles podría paliar el déficit de suministro de uranio. Pero no hay quien se lo crea, porque ni Estados Unidos ni Francia van a desmantelar su munición nuclear para trasladarla a las centrales civiles, y menos en la situación internacional actual.

(1) El “haleu” (High-Assay Low-Enriched Uranium) es un tipo de uranio que tiene un mayor nivel de enriquecimiento en comparación con el uranio convencional utilizado en la mayoría de los reactores nucleares. Mientras que el uranio natural contiene aproximadamente un 0.7 por cien de uranio-235, el “haleu” tiene un contenido de uranio-235 que varía entre el 5 y el 20 por cien.

El uso del “haleu” en reactores nucleares ofrece varias ventajas, como una mayor eficacia en la generación de energía y la posibilidad de reducir la cantidad de residuos nucleares.

Actualmente se investiga su uso como materia prima en reactores avanzados y en tecnologías de energía nuclear.

(2) El “mox” (Mixed Oxide Fuel) es un tipo de combustible nuclear que contiene una mezcla de óxidos de materiales fisibles. La mayor parte de las veces son mezclas de uranio y plutonio, o uranio natural, uranio reprocesado o uranio empobrecido. Es una alternativa al combustible de uranio poco enriquecido que se utiliza en los reactores de agua ligera que predominan en la energía nuclear.

El nuevo gobierno británico impone una ‘autorización de viaje’ incluso a los europeos

Los xenófobos deberían dejar de votar por los grupos de la “extrema derecha” para decantarse por partidos que, como los laboristas británicos, lo hacen mejor y sin tanto ruido.

En Europa los muros son cada vez más altos. A partir del mes de abril de año que viene los europeos que quieran viajar a Reino Unido tendrán que sacar una autorización electrónica para poder entrar en el pais, que les costará 10 libras esterlinas y afectará a todos los viajeros, incluidos los menores.

Tal y como estaba previsto, Reino Unido generalizará la obligación para los visitantes extranjeros de presentar una autorización electrónica para entrar en el territorio. Además de los europeos otras 83 países distintos tendrán que presentar la nueva autorización.

Si alguien creyó que la xenofobia se dirigía sólo contra los africanos o los moros, se equivocó. Fuera de nuestro propio país, todos somos africanos y moros. Después de los viajeros de Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia saudí, Omán y Bahréin, los viajeros de otros países se verán afectados a partir del 2 de abril del año que viene.

Se llama ETA (Electronic Travel Autorisation) y es similar a la ESTA estadounidense, será accesible a través de un formulario en línea (*).

Será obligatorio para todos los viajeros, incluidos menores y bebés, incluso si se encuentran en tránsito en el país.

Tendrá una vigencia de dos años y permitirá varios viajes de una duración máxima de seis meses.

Está dirigido a visitantes que “no necesitan visado para entrar en Reino Unido para estancias cortas, o que no tienen estatus migratorio británico antes de su viaje”.

Esra vez vez el pretexto es que el documento permitirá agilizar la entrada al país ya que el viajero no tendrá que presentar su pasaporte en la frontera. Sin embargo, es otra medida más de control policial, ya que integrará en particular datos personales y biométricos, como las huellas dactilares.

Esta carga burocrática obstaculizará aún más el turismo en Reino Unido, que se está reduciendo tras el Brexit y la pandemia. El país atrajo 38 millones de visitantes el año pasado, frente a 41 millones en 2019.

Este año la caída del turismo representará una merma de ingresos de 2.800 millones de libras esterlinas (3.300 millones de euros).

(*) https://www.gov.uk/guidance/apply-for-an-electronic-travel-authorisation-eta

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