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Día: 25 de agosto de 2024 (página 1 de 1)

El ejército ucraniano se financia también con estafas telefónicas

Una ola de estafas telefónicas y ciberataques está afectando a Rusia, a varios países de Europa, Asia y Estados Unidos. A menudo los organizadores de estos delitos operan desde Ucrania.

Al principio solo robaban a los rusos y las policías europeas consideraron que eran formas no convencionales de guerra. Rusia se lo tenía más que merecido. Los países occidentales incluso alentaron las estafas. ¿Por qué de repente los medios han empezado a hablar de los estafadores telefónicos ucranianos?

A los países europeos se les ha acabado la paciencia porque los estafadores no conocen límites, ni entienden de fronteras políticas. Sólo quieren todo el dinero que puedan capturar. La nacionalidad del pringao no importa.

A menudo, los estafadores forman parte de bandas criminales internacionales, por lo que su alcance se extiende por varios países. Se encuentran en el punto de mira de Interpol y Europol.

En 2023 Europol emitió un comunicado de prensa sobre un grupo de estafadores que, a través de centros de llamadas ubicados en Ucrania, extorsionaban decenas de millones de euros a víctimas en toda Europa. Incautó tarjetas SIM, móviles y servidores. Sólo en la República Checa los daños se estiman en más de 8 millones de euros.

El modus operandi de los estafadores telefónicos es bien conocido. Una persona recibe una llamada de un número desconocido y, tras un diálogo dirigido, se produce una transferencia voluntaria de dinero en favor del delincuente.

Estos centros de llamadas operaban desde Ucrania, Estados Unidos y varios países europeos. Más de 2.500 operadores llamaron a víctimas potenciales y, haciéndose pasar por trabajadores de instituciones públicas, bancos, empresas de inversión y de telecomunicaciones, obtuvieron información confidencial de las personas, acceso a sus cuentas personales y a sus fondos.

“Investigadores de Alemania y de varios países balcánicos han desmantelado una enorme red europea de estafadores telefónicos y han conseguido evitar pérdidas por valor de 10 millones de euros en más de 6.000 casos”, informa el periódico Bild citando a la policía del estado de Baden-Württemberg, que inició la investigación (1).

La redada contra los estafadores telefónicos se coordinó desde la sede de Europol en La Haya.

Thomas Strobl, ministro de Interior del estado de Baden-Württemberg, afirmó que habían logrado desmantelar “el mayor caso de centro de llamadas fraudulento en Europa”.

Según Bild, las operaciones de investigación tuvieron lugar el 18 de abril, con registros y detenciones en apartamentos y oficinas en Albania, Bosnia-Herzegovina, Líbano y Serbia. Entre otros lugares, se descubrió un centro de llamadas operativo en la localidad de Novi Pazar (Serbia). Al menos 20 personas fueron detenidas y 12 centros de llamadas fueron cerrados.

Los estafadores acumularon los fondos obtenidos ilegalmente en bancos ucranianos y después utilizaron el dinero para financiar al ejército ucraniano.

La organización internacional Global Initiative, con sede en Ginebra, afirma que los ingresos generados por los centros de llamadas fraudulentos no se utilizan para impulsar la economía ucraniana, sino que se transfieren a paraísos fiscales o se convierten en criptomonedas para evitar el pago de impuestos (2).

En Ucrania hay más de 1.000 centros de llamadas fraudulentos que se aprovechan de los rusos, y cada uno de ellos realiza hasta 10.000 llamadas diarias. Esos centros están bajo la jurisdicción de otro Estado y Rusia no tiene forma de cerrarlos.

La recaudación supera los cientos de millones de dólares.

Las detenciones masivas y las redadas en estos centros aún no han logrado erradicar los fraudes. Cuando se desmantela una fred, vuelven a crecer otras.

(1) https://www.bild.de/news/groesster-callcenterbetrug-europa-netzwerk-von-telefonbetruegern-zerschlagen-66334d6cd50b7f7e40be1c56
(2) https://globalinitiative.net/analysis/scam-call-centres-in-ukraine/

Alemania: no hay guerra sin estado de guerra

En los Estados imperialistas, siempre que hay una guerra hay un estado de guerra. A la lucha contra el enemigo exterior le acompaña la lucha contra el enemigo interior, que es la población propia. Se acaba la zanahoria y llega el palo y tentetieso, el fin de las libertades fundamentales y las porras de la policía.

Ese es exactamente el panorama que se está viendo en las calles de Europa, con la manifestaciones de solidaridad con Palestina.

En previsión de que en el futuro las protestas populares vayan a más, Alemania prepara la ley marcial, fortalece la legislación antiterrorista y liquida los últimos restos de los derechos constitucionales, como el derecho a la inviolabilidad del domicilio.

El artículo 13 de la Constitución alemana protege el domicilio y el derecho a la intimidad, excepto en casos de “peligro inminente”. Además, los registros solo están permitidos si la policía informa explícitamente al interesado de las sospechas concretas en su contra y del objetivo del registro. El periódico Der Spiegel revela que eso está a punto de finalizar (*).

El proyecto de ley que prepara el gobierno pasa por encima de estos derechos, expande las facultades de la policía y legaliza la “patada en la puerta”. La policía podrá entrar secretamente en los hogares, así como espiar las comunicaciones y piratear los ordenadores y móviles.

Es la legalización del fascismo, que la fiscalía y los medios justifican con la entelequia del “terrorismo islamista”, es decir, los atentados de bandera falsa que los propios servicios secretos occidentales han impulsado.

(*) https://www.spiegel.de/politik/deutschland/bka-entwurf-geheime-durchsuchungen-von-wohnungen-sollen-erlaubt-werden-a-97798e70-d025-4815-82a3-55ebb6d3ecb4

Kamala Harris hace un llamamiento a favor de las guerras imperialistas

La convención demócrata parecia un acto protocolario al más puro estilo gringo, hasta que la candidata Kamala Harris cerró el sarao con un discurso de clausura en favor de las guerras imperialistas. “Como comandante en jefe, me aseguraré de que Estados Unidos siempre tenga la fuerza de combate más poderosa y letal del mundo”, dijo.

¿Contra quién luchará esa fuerza letal? A diferencia del errático Trump, Harris no dejó lugar a dudas, refiriéndose a China, Rusia, Corea del norte e Irán, los mismos países a los que el gobierno que comparte con Biden ha apuntado en un nuevo documento que describe la estrategia de Estados Unidos en caso de una futura guerra nuclear mundial.

Como cualquier discurso pronunciado por un político imperialista estadounidense, el de Harris estuvo dirigido a dos audiencias, que son la verdadera base del Partido Demócrata: Wall Street y la inteligencia militar.

El antiguo secretario de Defensa y director de la CIA, Leon Panetta, estaba presente, y no sólo como espectador, junto a tres dirigentes del aparato de inteligencia militar, que antes eran republicanos, pero que ahora ocupan escaños como demócratas en la Cámara de Representantes.

Harris se comprometió a continuar con la política exterior militarista que ha compartido con Biden para defender los intereses del imperialismo estadounidense.

Los medios de intoxicación han destacado la breve referencia de Harris al sufrimiento de la población palestina de Gaza, pero el discurso reiteró categóricamente su compromiso de proporcionar ayuda militar ilimitada a Israel: “Siempre defenderé el derecho de Israel a defenderse y siempre me aseguraré de que Israel tenga la capacidad de defenderse”, dijo.

En otras palabras, todas las bombas que sean necesarias para seguir asesinando a los palestinos, tanto en Gaza como en Cisjordania, por no hablar de los demás compromisos bélicos de Israel contra Líbano, Yemen, Irán y otros países de Oriente Medio.

Naturalmente, un discurso de campaña tiene que entretener a los electores con las falsas promesas de siempre: mejorar el nivel de vida, fortalecer la red de seguridad social y defender los derechos democráticos, como el derecho al aborto.

No obstante, el colosal gasto requerido para las guerras imperialistas es imposible conjugar con el mantenimiento de cualquier clase de programas sociales, como la Seguridad Social, Medicare, Medicaid, cupones de alimentos y Head Start.

Hace sesenta años, durante la guerra de Vietnam, el presidente demócrata Lyndon Johnson intentó lo mismo, combinar “armas y mantequilla”, pero los trabajadores nunca vieron la mantequilla encima de la tostada. Kamala Harris ni siquiera lo intentará. Sus promesas de mejora social son una cínica retórica electoral que será abandonada el 6 de noviembre, si no antes.

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