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Día: 16 de julio de 2024 (página 1 de 1)

La desindustrialización de Europa

En Europa no hace falta predicar el decrecimiento. El continente ha perdido peso en el mundo y la industria ha perdido peso en el continente. La industria se contrajo más de 10 puntos porcentuales, del 25 al 15 por cien de la producción mundial.

Las políticas “verdes” pueden dar la puntilla a la industria europea y, de paso, a la misma Europa.

En febrero más de 840 empresas y 350 asociaciones instaron a la Unión Europea a adoptar una política industrial de apoyo que pueda lograr que sea competitiva y atractiva para la inversión. En la patronal la llaman la Declaración de Amberes y, a veces, el Acuerdo Industrial Europeo.

Tras las sanciones a Rusia, la industria europea ha dejado de ser competitiva y los monopolistas tratan de impedir la deslocalización a países donde el coste de la electricidad sea más bajo y, de rebote, evitar una profunda recesión económica.

Por primera vez desde el inicio de la pandemia, Europa importa más capital del que exporta, alcanzando un nivel 2,5 veces superior al del período anterior a 2020 (una disminución de 65.100 millones de euros frente a 26.300 millones de euros). En el cuarto trimestre de 2022 la fuga de capitales volvió a aumentar 3,3 veces hasta alcanzar los 216.500 millones de euros.

Ahora bien, son los capitalistas europeos los que exageran la desindustrialización y la deslocalización para lograr más subsidios públicos para las industrias intensivas en energía y el complejo militar-industrial, así como para garantizar el apoyo de Bruselas en la guerra comercial con Estados Unidos.

La desindustrialización va de la mano del desarrollo de nuevas tecnologías, donde los países de la Unión son fuertes: cuántica, navegación, biotecnología y robótica. En 2022 se crearon 194 empresas de inteligencia artificial en la Unión Europea, por delante de China, Reino Unido e India.

La OTAN declara la guerra Rusia e impone una zona de exclusión aérea en Ucrania

La aprobación de una zona de exclusión aérea sobre Ucrania es el acuerdo más importante tomado en la cumbre que la OTAN ha mantenido en Washington. El histórico documento aparece formalizado en el tratado de defensa firmado entre Polonia y Ucrania, simultáneo a la cumbre.

Ucrania concede a Polonia la facultad de derribar cualquier objeto (drones, aviones, misiles) que vuele sobre los cielos del oeste de Ucrania y considere peligroso.

Previamente los rusos declararon que si uno de sus aviones o misiles fuera alcanzado por las defensas antiaéreas desplegadas más allá de la frontera de Ucrania, tomarán represalias.

Los rusos se rigen por el principio “el que avisa no es traidor”. Siempre advierten a los occidentales de las consecuencias que se desprenden de sus acciones. Para que no se llemen a engaño, puedan meditar mejor sus decisiones y saber a lo que se exponen.

El principio de previsibilidad implica que lo declarado se debe ejecutar siempre que se cumplan las condiciones estipuladas. Por lo tanto, si los rusos son atacados desde territorio polaco harán lo que han declarado previamente. Sin ningún género de dudas.

Proteger a los cazas que van a ser cazados

La otra clave de la cumbre la reveló Blinken, el secretario de Estado: los cazas F-16 de Dinamarca y Países Bajos sobrevolarán los cielos de Ucrania occidental a partir de este verano. Por eso era urgente facultar a Polonia para atacar los aviones que sobrevolaban los cielos de Ucrania occidental: es necesario proteger a los cazas que van a ser cazados.

Los polacos también tendrán que proteger con fuego antiaéreo los aeropuertos del oeste de Ucrania desde donde despegarán los F-16 y donde serán armados y reparados.

Los F-16 no van a despegar de los aeródromos ubicados en territorio de la OTAN porque Moscú ya ha advertido: si eso sucede, atacarán esos aeródromos.

De lo expuersto se desprende que la OTAN ha establecido una zona de exclusión aérea en el oeste de Ucrania. Esa zona será patrullada por los cazas rusos por otra advertencia que ya emitieron hace más de un año: consideran que los F-16 son capaces de transportar armas nucleares tácticas y, en consecuencia, los consideran como vectores potenciales de un ataque nuclear y deben ser derribados a toda costa.

La provocación de la OTAN no puede ser mayor. El plan es obligar a Moscú a disparar el primer tiro y asumir la responsabilidad de desencadenar una guerra abierta. Si eso se produce no habrá vuelta atrás posible.

Es la temida escalada, la única posibilidad que tiene Biden de ganar las elecciones y, sobre todo, orquestar otra “sorpresa de octobre” como la de 1979 para mantener a Ucrania en guerra a toda costa.

En Estados Unidos no hay nada mejor que una guerra en cualquier luiugar del mundo para mejorar los resultados electorales.

El nuevo Primer Ministro británico, el laborista Keir Starmer, ha autorizado a Ucrania para utilizar los misiles de crucero británicos Storm Shadow para atacar el territorio ruso en profundad.

Los rusos ya le han respondido: si los ucranianos utilizan armas británicas para atacar territorio ruso, responderán contra Reino Unido, posiblemente contra los buques que tiene en el Mar Rojo u otras instalaciones militares.

El Secretario General de la OTAN ha pedido a los países de la Alianza nuevos sistemas antiaéreos. Es evidente que los estrategas militares de la OTAN quieren cubrir Ucrania occidental con una cúpula de hierro, que les gustaría que fuera impenetrable.

El escenario no puede ser más sombrío. Las piezas ya están sobre el tablero claramente situadas.

En el documento final que preparan en Washington, China queda definida por los países de la OTAN como el “cómplice decisivo” de Rusia y, para que nadie tenga ninguna duda, ha posicionado un contingente militar en Brest, Bielorrusia, para unas maniobras militares, justo después de que Minsk se haya incorporado a la OCS (Organización de Cooperación de Shanghai).

Vuelvan a tomar buena nota: en Europa no se habían visto soldados del Lejano Oriente desde la época de Genghis Khan, o sea, desde hace casi mil años.

—https://www.sinistrainrete.info/articoli-brevi/28503-giuseppe-masala-vertice-nato-di-washinton-la-no-fly-zone-nell-ucraina-occidentale-formalizza-l-entrata-in-guer

Huawei supera la guerra tecnológica desatada por Estados Unidos

Desde 2019 Huawei se enfrenta a una ofensiva sin precedentes por parte de Estados Unidos. Con Trump el gigante chino de las telecomunicaciones fue incluido en la lista negra, negándole acceso a tecnologías estadounidenses cruciales. Luego Biden reforzó las medidas, bloqueando el acceso de Huawei a los chips avanzados de Intel y Qualcomm, esenciales para el desarrollo de la inteligencia artificial.

Esta guerra tecnológica, una extensión de una creciente rivalidad política entre Washington y Pekín, tenía como objetivo frenar el acceso de Huawei al mercado internacional.

Ante lo que parecía un golpe fatal, Huawei logró recuperarse espectacularmente. Como un fénix que resurge de las cenizas, la empresa supo transformar el bloqueo en una oportunidad. Su estrategia se estructura en torno a tres ejes principales: innovación forzosa, diversificación estratégica y retirada táctica a su mercado interno.

La innovación bajo restricciones se ha convertido en la fuerza impulsora del renacimiento de Huawei. Privada de sus socios tecnológicos estadounidenses, la empresa ha redoblado sus esfuerzos en investigación y desarrollo. Con una inversión faraónica de 23.000 millones de dólares el año pasado, Huawei ha ascendido al rango de privilegio mundial en investigación y desarrollo. Este enfoque les permitió desarrollar soluciones internas para reemplazar las tecnologías estadounidenses de las que se vio privado.

El ejemplo más llamativo de la capacidad de adaptación es el desarrollo del sistema operativo HarmonyOS. Ante la imposibilidad de utilizar Android, Huawei creó su propia plataforma en un tiempo récord. Hoy en día HarmonyOS tiene una importante cuota de mercado en China, rivalizando con el iOS de Apple en su propio territorio. Aunque la adopción sigue siendo limitada a escala mundial, el éxito local habla de la capacidad de la empresa para innovar bajo presión.

La diversificación empresarial también ha demostrado ser una estrategia ganadora para Huawei. La empresa ha redirigido inteligentemente sus recursos hacia sectores prometedores menos afectados por las sanciones. Se ha posicionado como un actor clave en la revolución de la movilidad inteligente, ofreciendo soluciones tecnológicas avanzadas a los fabricantes de automóviles chinos. Este enfoque le permite capitalizar su experiencia en telecomunicaciones e inteligencia artificial, evitando al mismo tiempo los obstáculos de la producción directa de vehículos.

Al mismo tiempo, Huawei ha reforzado su presencia en el campo de la computación en la nube y apuesta por el mercado de la transición energética. Estas nuevas direcciones permiten a la empresa diversificar sus fuentes de ingresos y reducir su dependencia del mercado de teléfonos inteligentes, particularmente afectado por las sanciones estadounidenses.

La retirada estratégica al mercado chino ha desempeñado un papel crucial en la supervivencia y el renacimiento de Huawei, que se ha convertido en el estandarte mismo del nacionalismo chino. La empresa ha aprovechado el agravio para consolidar su mercado.

El lanzamiento del Mate 60, equipado con un chip 5G de diseño chino ha marcado un punto de inflexión. Este teléfono inteligente se ha convertido en el emblema de la resistencia tecnológica frente a las presiones estadounidenses.

Este espectacular éxito no está exento de desafíos. La mayor dependencia del mercado chino y las persistentes dificultades internacionales plantean dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo de esta estrategia. El bloqueo tecnológico de China en el mercado mundial, del que Huawei se ha convertido en símbolo, podría tener profundas repercusiones en la economía mundial.

La reactividad de Huawei frente a las sanciones occidentales es uno de las mejores muestras de fracaso e impotencia de los grandes frente a los emergentes. Huawei sigue navegando sobre aguas turbulentas. Deberá mantener su ritmo de innovación y al mismo tiempo intentar recuperar su lugar en el mercado internacional.

Pero la capacidad de adaptación que ha demostrado hasta ahora indica que no ha dicho su última palabra.

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