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Día: 3 de enero de 2024 (página 1 de 1)

Las temperaturas en el norte de Europa son las mínimas desde el siglo XIX

El nuevo año ha empezado en el norte de Europa con temperaturas gélidas. En Kvikkjokk, un municipio del norte de Suecia, la temperatura bajó a -43,6 grados centígrados durante la noche del 2 al 3 de enero. “Es la temperatura más baja registrada en este lugar preciso desde que comenzaron las mediciones” en 1888, señaló Mattias Lind, del instituto meteorológico sueco.

El récord da una idea de la ola de frío que azota el norte de Europa desde principios de año, después de un mes de diciembre también muy frío. En varios lugares, como en Umea, la temperatura no alcanzaba un nivel tan bajo desde hacía 12 años.

Aunque la región está acostumbrada a temperaturas muy bajas, la reciente ola de frío ha obligado a las empresas locales de autobuses a suspender sus actividades y ayer la red ferroviaria local Vy anunció la cancelación de todos los trenes que viajaban al norte de la ciudad de Umea durante varios días.

Según el instituto sueco, actualmente hay una zona de alta presión con aire extremadamente frío sobre el noreste de Suecia y el norte de Finlandia. En Nikkaluokta, cerca de Kiruna, se registraron temperaturas de hasta -41,6 grados centígrados. El récord sueco es de -44 grados centígrados en febrero de 2001 en Storbo.

También se espera una fuerte ola de frío a finales de semana en Noruega. El sitio web del diario Aftenposten ha abierto una sección titulada “Caos de nieve” en la que relata los cortes de carretera y el colapso del tráfico a causa de las fuertes nevadas.

En la capital, Oslo, las temperaturas podrían descender hasta -27 grados centígrados este fin de semana, según el Instituto Meteorológico Noruego. Las fuertes nevadas también provocaron el caos en el sur del país, donde se cerraron escuelas y se cancelaron vuelos.

Finlandia también está experimentando temperaturas gélidas. En todo el país, las temperaturas varían en promedio entre -20 y -30 grados, según el instituto local Imatieteen Laitos. Ayer por la tarde se registró un récord estacional de -38,7 grados centígrados en la región norte de Sami. En el norte y centro del país las temperaturas podrían descender hasta los -40 grados centígrados en los próximos días.

En el resto del país, la ciudad de Tampere (suroeste) vio congelarse sus tuberías de agua, dejando ayer a unas 300 personas sin agua corriente, informó el medio local Yle.

El tráfico ferroviario está experimentando perturbaciones a causa de las bajas temperaturas.

Turquía impide la entrada de dos buques de guerra británicos en el Mar Negro

Turquía ha invocado la Convención de Montreux de 1936 para negar el el paso a través de los estrechos del Bósforo y el Dardanelos a dos dragaminas de 600 toneladas, los británicos HMS Grimsby y HMS Shoreham, que se iban a incorporar a la Marina de Guerra ucraniana.

Erdogan afirma que está aplicando la Convención de manera imparcial. Ha bloqueado el acceso al Mar Negro a todos los buques militares desde marzo de 2022 para evitar una escalada en el Mar Negro.

La decisión turca se produce pocos días antes del hundimiento del buque de desembarco Novocherkask de la Flota rusa.

Reino Unido y Noruega habían anunciado la creación de una coalición para fortalecer el potencial marítimo de Ucrania. El ministro de Defensa británico, Grant Shapps recurrió a un artificio gastado: garantizar las exportaciones ucranianas de cereales a través del Mar Negro.

El 28 de diciembre un barco panameño chocó contra una mina mientras se dirigía a un puerto del Danubio para cargar grano, lo que volvió a poner de relieve el peligro que representan las minas sembradas por la propia Ucrania.

El pretexto no ha colado. Ucrania no puede crear un riesgo y, al mismo tiempo, tratar de resolverlo.

Otro argumento de Ucrania es que los dragaminas son de naturaleza puramente defensiva y no representan una amenaza para la Armada rusa.

La Convención de Montreux establece que, en tiempos de guerra en los que Turquía no sea beligerante, los buques de guerra extranjeros pueden atravesar los estrechos del Bósforo y el Dardanelos en condiciones similares a las de tiempos de paz, con excepción de los buques de guerra de las potencias beligerantes, a menos que se trate de un barco que regrese a su puerto base en el Mar Negro. Esta posición se fortalece si Turquía se muestra beligerante, dejando el paso de barcos extranjeros a la discreción del gobierno turco.

El retorno de las guerras resolutivas

La Guerra de Corea es probablemente la última que Estados Unidos libró con la intención estratégica y la voluntad de ganarla en el campo de batalla. Como sabemos, terminó en empate. A partir de ese momento, Estados Unidos -que es sin duda el país más belicoso de la era moderna- ha hecho de las fuerzas armadas, y por tanto de la guerra, esencialmente un instrumento de disuasión, destinado a contener a los enemigos comunistas, la URSS y la República Popular de China.

Desde finales de los años cincuenta, Estados Unidos nunca ha considerado seriamente la posibilidad de un choque directo con una de las dos potencias socialistas; obviamente se involucraron en una confrontación para tratar de lograr la supremacía nuclear, e igualmente desarrollaron estrategias y tácticas basadas en un choque hipotético de este tipo, pero eran meras hipótesis. A nivel concreto, esa posibilidad nunca se consideró realmente posible, y mucho menos deseable.

Mientras existió la Unión Soviética, Washington nunca intervino directamente contra Moscú, incluso cuando (Berlín 53, Budapest 56, Praga 68) tuvo un pretexto. Cuando ha habido un enfrentamiento militar, ha sido en la periferia, y siempre ha sido indirecto.

Si miramos la historia del expansionismo militar estadounidense, y la infinita serie de pequeñas guerras que ha impulsado, desde la segunda mitad del siglo pasado en adelante, nos damos cuenta de que las victorias militares, las del campo de batalla y las estratégicas, casi nunca se materializaron.

La estrategia hegemónica de Estados Unidos no se ha basado en la victoria sino en la disuasión.

Todos los países que, por una razón u otra, se vieron obligados a enfrentarse militarmente a Estados Unidos, pagaron un precio muy alto, que casi siempre implicó una devastación casi total. Cuanto mayor y más duradero sea el desafío a la hegemonía, más duro fue el precio a pagar.

Además de las citadas Vietnam y Afganistán, recordamos Irak, Siria, Libia… Todas ellas fueron guerras que, desde un punto de vista estratégico, se pueden dar por perdidas. Pero le costaron a esos países un precio tal que, décadas después, no les han permitido recuperarse.

Es el axioma sobre el que se ha construido la estrategia imperialista estadounidense: simplemente, la disuasión del poder de destrucción.

Respecto a las potencias opuestas -Rusia y China- la estrategia preveía la contención. De ahí la enorme red de bases militares a lo largo de las fronteras de estos dos países, en la creencia de que tarde o temprano se produciría su caída por estrangulamiento, o que -en el peor de los casos- permanecieran confinados en sus propios espacios.

Por eso el ejército de Estados Unidos nunca se preparó realmente para chocar con las fuerzas armadas soviéticas o chinas, y mucho menos con ambas.

Desde este punto de vista, la Guerra de Ucrania representa un punto de inflexión. Estados Unidos y su ejército imperial ampliado, la OTAN, nunca se habían involucrado hasta tal punto en un choque directo con una de las potencias antagónicas. Nunca se involucraron en una guerra que no fuera marcadamente asimétrica. Nunca se involucraron en una guerra de desgaste prolongada.

Estados Unidos no estaba preparado estratégicamente (capacidad de producción de guerra industrial, reservas de armas y municiones), no estaba preparado para el combate (sistemas de armas nunca probados en el campo, falta de conocimiento de las capacidades del enemigo), tampoco estaba preparado doctrinalmente (estrategias y tácticas, estructuración de las fuerzas armadas, sustancialmente idénticas a las de conflictos asimétricos anteriores).

La guerra ruso-ucraniano marca, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la transición a una fase en la que la disuasión no disuade, el campo occidental está en crisis y las fuerzas imperialistas son insuficientes.

Ese paso, parcialmente oscurecido por el difícil conflicto político interno del país hegemónico, requiere una reconversión radical internacional de las políticas imperialistas, que necesariamente debe implicar tanto el plan operativo logístico-estructural, como el operativo más específicamente militar. Es un proceso que no puede completarse en poco tiempo y que, por lo tanto, abre un interludio en el que la capacidad del aparato militar ya no puede ejercer su histórica función disuasoria y ya no es capaz de pasar a uno en el que la disuasión sea reemplazada por la capacidad de derrotar al enemigo en el campo.

El cambio en el marco estratégico, del que la crisis militar estadounidense es en parte producto, pero que al mismo tiempo su causa, acaba por tanto determinando una inestabilidad extrema. Lo que está sucediendo en Palestina es la manifestación más evidente. Afectará los tiempos y las formas en que Estados Unidos intentará responder a la crisis. Lo podríamos resumir como el paso de la guerra como disuasión a la guerra como solución. Estados Unidos debe ganar la próxima guerra, debe derrotar a un enemigo que, hasta ahora, se ha mostrado claramente superior en el terreno militar.

Enrico Tomaselli https://giubberosse.news/2023/12/29/il-ritorno-della-guerra-risolutiva/

Una familia palestina asesinada en su casa a sangre fría por las tropas israelíes

Acorralada en el barrio de Shaij Ridwan de la ciudad de Gaza, la familia Al Jaldi corrió a la planta baja de su casa cuando las tropas israelíes bombardearon una zona cercana, pensando que sería el lugar más seguro.

El 21 de diciembre, alrededor de las 13.00 horas, un ataque aéreo israelí alcanzó la casa vecina matando a algunos de sus ocupantes e hiriendo a Fatima Al Jaldi, madre de dos hijos.

Para entonces ya era demasiado tarde para huir o intentar llegar al hospital, ya que los tanques israelíes rodeaban la zona y los soldados se acercaban.

Una treintena de palestinos habían encontrado refugio en la casa, algunos de ellos desplazados por los combates de otras zonas de la ciudad.

Alrededor de las 8 de la noche llegaron los soldados israelíes. “Sin tener en cuenta a las mujeres, los niños o los ancianos que dormían, arrojaron dos granadas dentro de la casa”, relata Fahed Al Jaldi, cuñado de Fátima, que se encontraba en la casa en ese momento en el sur de Gaza.

“Luego abrieron fuego directamente contra la gente y de forma indiscriminada, sin hacer distinción entre jóvenes y mayores”, añade, relatando el suceso como le contó más tarde su hermano Mohammad.

Cinco personas murieron instantáneamente, entre ellas Ahmed, el otro hermano de Jaled y marido de Fátima. Uno de sus hijos, Faisal, resultó herido.

“Dejen que los que todavía están vivos salgan de la habitación ahora”, ordenaron los soldados, cuenta Fahed.

Los supervivientes, entre ellos Mohammed, el hermano mayor de Fahed, fueron puestos en fila en el patio de la casa y luego desnudados. Después de ser registrados, los soldados les dieron instrucciones específicas diciéndoles que huyeran si querían sobrevivir. Se marcharon temiendo por sus vidas, dejando atrás muertos y heridos.

“Los soldados regresaron a la habitación y ejecutaron a todos los heridos”, continúa Fahed.

Fátima, que estaba embarazada, fue abandonada allí para que muriera desangrada.

Faisal, su hijo de 4 años herido en el ataque, sobrevivió y luego fue trasladado al hospital de Al Shifa.

Dos días después, cuando las fuerzas israelíes se retiraron, Mohammed regresó a la zona. Contó nueve cadáveres en la casa, incluidos los de Ahmed, Fátima, su tío anciano y ciego, así como el de su esposa.

La historia de la familia Al Jaldi fue confirmada por el Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos, que dice haber documentado numerosas ejecuciones similares llevadas a cabo por las fuerzas israelíes en Gaza en los últimos tiempos.

Estos acontecimientos tuvieron lugar en la ciudad de Gaza y en la costa norte, zonas sometidas a un bloqueo mediático por parte de Israel y cortadas por los soldados de todo acceso a hospitales y servicios básicos.

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