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Día: 20 de noviembre de 2023 (página 1 de 1)

‘Producir hidrógeno verde a escala industrial no es económicamente viable’

Primero Alemania cerró las centrales nucleares, luego acabó con el gas procedente de Rusia y ahora las energías “limpias” se hunden, una tras otra. Las empresas de la transición ecológica son un pozo sin fondo de subvenciones públicas que el Tribunal Constitucional no va a permitir en lo sucesivo.

La industria “verde” está al borde del colapso y arrastra con ella a las políticas de un gobierno que tenía a la transición ecológica en su foco. Tres empresas, Raffinerie Heide, Ørsted Alemania y Hynamics Alemania, no construirán los talleres necesarios para fabricar hidrógeno.

Hace más de tres años las tres empresas unieron fuerzas y fundaron H2 Westend GmbH para levantar una fábrica en el lugar de unas viejas instalaciones industriales en Dithmarschen.

“Producir hidrógeno verde no tiene sentido, sobre todo debido a los elevados costes de inversión y los riesgos económicos asociados. A pesar de la financiación gubernamental, el funcionamiento a largo plazo de una planta de producción de hidrógeno verde a escala industrial no es económicamente viable”, afirman los consejos de administración de las tres empresas.

El proyecto estaba financiado por el Ministerio Federal de Economía desde 2020 en el marco del programa de transición energética por un importe total de 36 millones de euros. Según un representante de H2 Westend GmbH, del importe total se gastó alrededor de un millón. El proyecto fue considerado uno de los proyectos emblemáticos de las políticas verdes alemanas.

Como ya explicamos en otra entrada, la energía eólica tampoco marcha y la empresa Siemens Gamesa pierde dinero en abundancia. Este año el agujero subirá a los 4.500 millones de euros.

Siemens Energy no logró comprar la empresa española Gamesa, especializada en aerogeneradores rurales. Últimamente han surgido serios problemas con la calidad de sus turbinas.

El gigante alemán, al igual que otros productores europeos de energía limpia, ha celebrado contratos de suministro a largo plazo a precios fijos y ahora se enfrenta a un fuerte aumento de los precios del acero y el litio.

Además, los constructores de centrales eléctricas están perdiendo la competencia por las turbinas cada vez más grandes y potentes que fabrican las empresas chinas.

Siemens Energy se encuentra en una profunda crisis, a pesar de una cartera de pedidos por valor de alrededor de 110.000 millones de euros que no ha podido suministrar. Su solvencia se ha deteriorado considerablemente últimamente. Los bancos ya no están dispuestos a seguir concediendo más préstamos.

Hace unas semanas los directivos recurrieron al gobierno, que hasta ahora ha sido la tabla de salvación de las industrias verdes. Se trataba de que el dinero público avalara los préstamos privados. Al presupuesto alemán le costaría 15.000 millones de euros.

El Tribunal Constitucional también ha cerrado ese grifo. El gobierno ya no puede retirar dinero de fondos extrapresupuestarios para seguir financiando de manera indirecta a las empresas verdes.

La guerra es la continuación de la pandemia por otros medios

El Califato Islámico ha reparecido. Daba la impresión de que se había acabado y que la “guerra contra el terrorismo” había dado paso a la “guerra contra el covid”. Pero no ha sido así; vuelven las noticias sobre los atentados yihadistas, que mutan lo mismo que las infinitas cepas del mortífero virus.

La última vez que los cortadores de cabezas de bandera negra hablaron recomendaban a sus muchachos que se mantuvieran alejados de una Europa azotada por el coronavirus. Según un estudio de la Universidad de Yale, los confinamientos fueron positivos porque redujeron los “atentados terroristas violentos” (1).

Tres años después, un yihadista mata a un sacristán en Algeciras y hiere a un sacerdote. Meses después otro mata con un fusil a dos personas en pleno centro de Bruselas. En España se ha promulgado una “alerta terrorista” y ya han detenido a 14 yihadistas en lo que va de año. Los Mossos d’Esquadra han llevado a cabo un simulacro de atentado yihadista en la Estación de Sants, en Barcelona.

Desde el otro lado del Atlántico los políticos estadounidenses advierten de que la guerra contra el terrorismo no ha terminado. El Califato Islámico es un “polvorín de mecha lenta”. Estados Unidos ha comenzado a atacar de nuevo a sus dirigentes. En abril mató a dos y en julio al tercero. Siria también ha intervenido eliminando a otro. No hay organización que tenga más dirigentes que el Califato Islámico, cuyos cadáveres llenan los cementerios.

A lo largo del verano el Califato Islámico se atribuyó la autoría de varios ataques en Afganistán, Pakistán y Uganda, pero en los últimos días las actividades han empezado a multiplicarse.

El 11 de agosto la CBS informó de que la organización yihadista había tendido una emboscada en Siria, en la que había matado a 20 soldados del ejército regular.

Al día siguiente el Washington Post informó que una filial del Califato Islámico en el Congo, llamada ADF, se estaba volviendo “cada vez más mortífera”.

Al día siguiente siguieron apareciendo noticias de que la organización estaba recurriendo a las criptomonedas para “continuar su reinado de terror”.

Al día siguiente el gobierno iraní culpó oficialmente al Califato Islámico por un presunto ataque terrorista contra un santuario en Shiraz, y TimesNow informó que un experto en fabricación de bombas del Califato Islámico planeaba un ataque en India.

El sábado el Daily Mirror advirtió de que Al Qaeda y el Califato Islámico estaban de regreso en Afganistán. Mientras tanto, la policía indonesia había registrado la vivienda de un sospechoso de terrorismo, donde encontró una bandera del Califato Islámico.

Al mismo tiempo la ONU publica un informe advirtiendo de que el Califato Islámico todavía representa una amenaza grave porque tiene entre 5.000 y 7.000 combatientes en Siria e Irak (2).

La falta de actividad de la organización yihadista en los últimos años no fue porque en el mundo se desatara una horrible pandemia, sino que sólo se trataba de una pausa para facilitar el reclutamiento y la reorganización.

Pero el Califato Islámico, lo mismo que los virus, nunca había hecho pausas hasta ahora. Han seguido sacando de contrabando de Siria cientos de toneladas de petróleo diariamente en convoyes de varios kilómetros y, según algunos, a lomos de mulas. Los cargamentos, que sirven para su financiación, son imposibles de detectar ni de detener.

Sus cuentas bancarias nunca se cerraron y sus cuentas en las redes sociales tampoco.

Todo está como al principio. El yihadismo es otra cortina de humo que hay que mantener, sobre todo desde el 7 de octubre, para vincular con él a los palestinos. Las posibles repercusiones de esta segunda ola preocupan a los Mossos d’Esquadra, que han cuadruplicado las horas de protección de los intereses israelíes en Catalunya y se precupan por la “desinformación”. Los catalanes deberían estar más atentos a lo que digan las instituciones públicas que a las redes sociales (3).

Tienen razón los sesudos investigadores de la Universidad de Yale. Con la pandemia descubrimos que lo mejor para acabar con las olas de terrorismo son los confinamientos.

(1) https://news.yale.edu/2023/01/30/terror-under-lockdown-pandemic-restrictions-reduce-isis-violence
(2) https://www.thenationalnews.com/mena/2023/08/15/isis-still-poses-serious-threat-with-thousands-of-fighters-in-middle-east-un-says/
(3) https://www.telecinco.es/noticias/catalunya/20231020/mossos-cuadruplican-proteccion-sinagogas-preparan-mayor-simulacro-historia-estacion-sants_18_010759623.html

62 soldados israelíes han muerto en Gaza desde el inicio de la guerra

Tres soldados israelíes murieron ayer en los combates con las milicias palestinas que defienden la Franja de Gaza, dijo el ejército israelí en un comunicado, elevando a 62 el número de soldados muertos desde el inicio de la guerra.

Las tres últimas bajas eran reservistas y murieron en el norte de la Franja de Gaza, afirmó el ejército, que bombardea brutalmente el territorio palestino y ha lanzado allí una ofensiva terrestre para forzar la evacuación de los palestinos hacia el sur.

Ayer circularon filtraciones en Oriente Medio sobre un posible acuerdo para la liberación de los rehenes capturados el 7 de octubre. Las negociaciones se llevan a cabo en Qatar, que Estados Unidos designó desde el inicio de la guerra como centro de las conversaciones, porque es donde tiene su sede Hamas.

El 7 de octubre los palestinos atacaron a Israel con el fin de tomar rehenes e ntercambiarlos por los miles de presos que Israel retiene en sus cárceles.

En el ataque murieron unas 800 personas, en su mayoría civiles por la respuesta del ejército israelí, que pretende impedir que los palestinos capturen rehenes y fuercen al gobierno de Tel Aviv a negociar.

Recientemente Israel ha renido que rectificar sus propias cifras sobre las muertes causadas en el ataque del 7 de octubre, que han reducido de 1.400 a 1.200. Eso no ha obligado a su ejército a reducir la magnitud de los bombardeos contra Gaza desde aire, mar y tierra, donde más de 11.000 civiles palestinos han muerto.

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