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Día: 23 de agosto de 2023 (página 1 de 1)

Una canción sobre la explotación de los trabajadores llega al número 1 de las listas de éxitos

Sorprendentemente el 19 de agosto la canción “Rich Men North of Richmond” de Oliver Anthony alcanzó el número 1 en las listas top 100 de Apple Music en Estados Unidos y en todo el mundo.

Es sorprendente porque no es un lanzamiento publicitario de una casa de discos, sino que ha sido encumbrada por los oyentes en las redes sociales. Está siendo un éxito viral.

La canción, en un estilo country reconocible,carece de artificios. Es un músico que canta acompañado de una guitarra. La letra cuenta la historia de trabajador frustrado por años de esfuerzo con una salario miserable. También arremete contra los políticos ricachones de Richmond.

Todo comenzó el 8 de agosto, cuando el canal de YouTube RadioWV, que comparte imágenes de actuaciones al aire libre de músicos de los Apalaches, publicó un vídeo de Anthony cantando la canción. En muy pocos días el vídeo recibió más de 20 millones de visitas.

Poco más de una semana después de que la canción fuera difundida en YouTube, Anthony actuó en un local de Carolina del Norte. Los vídeos del concierto muestran a la multitud coreando el tema.

El verdadero nombre del cantante es Christopher Anthony Lunsford y tomó su nombre artístico de un abuelo que creció pobre en los Apalaches. Ha trabajado en varias fábricas de Carolina del Norte. En 2013 padeció un accidente de laboral en una fábrica de papel. “Trabajé en el tercer turno, 6 días a la semana por 14,50 dólares la hora en un infierno”, ha escrito en sus redes sociales.

“No hay nada especial en mí”, dice. “No soy un buen músico, no soy una muy buena persona. He pasado los últimos cinco años luchando con mi salud mental y usando alcohol para ahogarla.

“Me entristece ver el mundo en el estado en que se encuentra, con todos peleando entre sí. He pasado muchas noches sintiéndome desesperado, pensando que el país más grande de la Tierra se está desvaneciendo rápidamente”.

Sus seguidores en las redes sociales comentan que sienten como si Anthony estuviera cantando sobre sus vidas. La canción sigue los pasos de los himnos de la clase trabajadora escritos por leyendas de la música country como Loretta Lynn y Johnny Cash. Alguna de las estrofas relatan:

He estado vendiendo mi alma
trabajando todo el día
horas extras por un salario de mierda
para poder sentarme aquí
y desperdiciar mi vida
arrastrarme de regreso a casa
y ahogar mis problemas.

Es una verdadera lástima hasta dónde ha llegado el mundo
para gente como yo y gente como tú.
Ojalá pudiera despertar y que no sea verdad
Pero lo es, sí, lo es.

Estos ricos del norte de Richmond
viven en el nuevo mundo con un alma vieja.
Dios sabe que todos quieren tener el control total
Quieren saber lo que piensas,
quieren saber lo que haces.
Y no quieren que lo sepas, pero así es
porque su dólar no es una mierda
está sujeto a impuestos sin fin.
a causa de los ricos del norte de Richmond.

Ojalá los políticos cuidaran de los mineros
y no sólo de los menores en una isla en algún lugar
Señor, tenemos gente en la calle que no tiene nada que comer
Y el bienestar de los ordeñadores obesos.

Bueno, Dios, si mides 5 pies 3 pulgadas y pesas 300 libras
los impuestos no deberían pagar tus bolsas de golosinas.
Los jóvenes se están metiendo a seis pies bajo tierra
porque lo único que hace este maldito país es seguir pateándolos

El estribillo de la canción habla de los políticos que quieren controlar a sus electores:

Quiero saber lo que piensas
quiero saber lo que haces.
Y ellos no creen que lo sabes
pero yo sé que lo sabes
porque tu dólar no es una mierda
y está sujeto a impuestos sin fin
a causa de los ricos del norte de Richmond

En las redes sociales, los comentarios destapan las condiciones laborales y vitales de los obreros de Estados Unidos. “¡Canción increíble!. Gracias por hablar/cantar la verdad. Como cajera en un supermercado, veo [la explotación] todos los días”.

“¡Sigue hablando por la gente! ¡Tu voz es más fuerte que la de cualquier político en este país y queremos escucharte a ti y no a ellos!”, dice un comentario de Facebook.

“Eres nuestra voz, la del pueblo estadounidense de cuello azul, te necesitamos”, escribe otro.

Un twitter la califica como “la mejor letra de la historia de la música”.

Las elecciones presidenciales norteamericanas puede decidirlas el ‘kompromat’ ucraniano

La finalización o el mantenimiento de la guerra actual en el este europeo y el flujo de dinero y armas norteamericanas puede decidirlas el “kompromat” ucraniano sobre la familia Biden.

¿Qué es un “kompromat”? Su origen proviene del ruso “компромат”, una reducción del nombre completo “компрометирующий материал”, que en español sería “material comprometedor”, el cual hace alusión a un conjunto de documentos, verídicos o falsos elaborados por los servicios de inteligencia, sobre una o varias personas para
denigrarlas públicamente, o utilizar dicho material para obligar a ciertos políticos, incluidos presidentes, a adoptar políticas concretas a favor de determinados intereses, bajo la amenaza de su publicación.

¿Pero solamente existe en Rusia? A tenor de lo que la prensa en España difunde, al parecer sí. Aunque es tanto el descaro, y las falsedades periodísticas que, de cuando en cuando han de dejar entreabierto un pequeño resquicio, por lo que pudiera pasar.

En un reciente artículo firmado por Max Abrahms, profesor de ciencias políticas en la Universidad Northeastern y autor de Rules for Rebels: The Science of Victory in Militant History (1), artículo que la prensa española, al parecer no se ha enterado de su existencia, pone sobre la mesa el concepto “kompromat” que había desaparecido de toda la prensa y medios controlados por el Partido Demócrata, desde que Hilary Clinton había utilizado este término reiteradamente en la campaña electoral más manipulada que puede recordar la memoria estadounidense. Término que en las últimas elecciones presidenciales se intensificó.

El artículo en cuestión dice así: “A lo largo de la presidencia de Trump, los principales medios de comunicación sugirieron constantemente que Rusia tenía el llamado “kompromat” sobre el presidente, materiales vergonzosos utilizados como arma de influencia a través del chantaje. Todos recordamos el diluvio diario: “¿Rusia tiene ‘kompromat’ sobre Trump?”, preguntó la CNN. “Una palabra rusa que los estadounidenses deben saber: ‘kompromat’”, escribió Greg Myre en NPR, y concluyó que “Rusia puede tener material comprometedor sobre el presidente electo Donald Trump”. The Guardian estuvo de acuerdo y escribió que había “una confirmación aparente de que el Kremlin posee ‘kompromat’, o material potencialmente comprometedor, sobre Trump… que sucedió durante los viajes de Trump a Moscú”.

Jonathan Chait escribió en New York Magazine que Rusia tenía “influencia secreta sobre Trump”, afirmación reiterada por la BBC en un artículo titulado “Rusia y el arte del ‘kompromat’”.

El Washington Post estaba obsesionado con la teoría de la conspiración y publicó numerosos artículos al respecto, al igual que el Daily Beast con un flujo constante de artículos. Incluso el New York Times promovió la teoría de la conspiración de que Rusia tenía “kompromat” sobre el presidente, basándose en una breve reunión a la que asistió uno de los hijos de Trump en la Torre Trump. Se escribieron libros completos sobre todo el “kompromat” que supuestamente tenía el Kremlin sobre el presidente Trump, que fueron citados con entusiasmo en los principales medios de comunicación (American Kompromat; House of Trump, House of Putin de Craig Unger. Devil’s Bargain de Joshua Green. Collusion de Luke Harding… etc.)”

Desde que Joe Biden asumió el inquilinato de la Casa Blanca, las órdenes a todos los medios de comunicación controlados por el Partido Demócrata, fue que borraran la palabra “kompromat” de cualquier artículo que se escribiera en relación a la familia Biden.

Pero la realidad es tozuda y cada día que pasa van apareciendo más y más datos, fechas, grabaciones, cuentas bancarias entre los oligarcas ucranianos y la familia Biden. Llegados a este punto podemos realizar una hipótesis, sólo hipótesis de momento, del por qué la lluvia de millones transferidos a Ucrania, junto a multitud de armamento, cuando miembros demócratas de la Cámara de Representantes están exigiendo la finalización de estos “regalos” a Zelenski. Seguramente lo que ignoran dichos congresistas es el alcance real del contenido del “kompromat ucraniano sibre Biden”, cuyos contenidos pueden barrer al senil Biden y su camarilla de la Casa Blanca en las próximas elecciones.

El 31 de julio de 2023 Devon Archer testificó ante el Comité de Supervisión y Responsabilidad de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre la relación de Joe Biden con la petrolera ucraniana Burisma y por qué impuso la dimisión del fiscal ucraniano Shokin que investigaba dicha relación. Archer era un amigo cercano de Hunter Biden que se sentó junto a él en la junta de accionistas de Burisma. Bajo juramento, Archer testificó que Burisma pagó a Hunter millones de dólares únicamente porque su padre era el vicepresidente de Estados Unidos. Burisma habría quebrado sin “la marca” y la marca era Joe Biden.

Archer también testificó que el fiscal Shokin fue obligado a dimitir por Joe Biden, no por ser un fiscal corrupto sino por investigar los millones de dólares que Burisma le estaba pagando a Hunter (2).

El ‘kompromat’ español

En un artículo publicado en el diario Público de fecha 9 de Enero de 2019 y firmado por Patricia López y Carlos Enrique Bayo que llevaba por título “Las cinco mentiras de Villarejo en su misiva amenazadora a Pedro Sánchez desde la cárcel”, dan muestras de cobrar por escribir en lugar de cobrar por pensar, simplemente ya piensan otros. Digo esto en relación a una de las mentiras a las cuales aluden describiéndola de la siguiente forma: “Según Villarejo, entre la documentación sensible (en poder de Corina) estaría el ‘Archivo Jano’ o Control Integral Central (CIC) que en su día llegó a contener casi un millón de fichas individuales con datos personales y privados de vicios y virtudes de las personalidades más relevantes de España (3).

Aunque nadie sabe si es cierta la existencia de estos archivos supuestamente recopilados por el CNI, lo que si parece probado es que el creador de dossieres con información sensible sobre personas influyentes es el propio Villarejo (4).

Esto de que nadie sabe si es cierta dicha existencia, es una afirmación no solamente poco profesional por parte de unos periodistas, cuyo trabajo sería el de indagar a fondo sobre dicha existencia y no copiar cuatro líneas escritas en los despachos del CNI para salvaguardar la faz de la monarquía. Y no es que sea el
señor Villarejo santo de mi devoción, pero lo que transmite en dicha carta es totalmente coherente con el “trabajo” de muchos años en los servicios secretos españoles.

Pero vayamos al quid de la cuestión: si ha existido o no el famoso archivo Jano. Para ello, debemos realizar un recorrido a través de la impecable tesis doctoral de Carlos Barrachina Lisón que lleva por título “El regreso a los cuarteles: militares y cambio político en España (1976-1981)”. En las páginas 330 a la 333 de dicha tesis, documentado por las entrevistas personales con el General de División Juan Peñaranda y con el Teniente General del Ejército de Tierra Andrés Casinello, (entrevista realizada el 2 de diciembre de 1986 –cinta J-18-, cuyo original está depositado en la Fundación Ortega y Gasset), hay las siguientes manifestaciones:

“Peñaranda trabaja especialmente en la creación del archivo Jano —el Dios de las dos caras— , y en la Operación Promesa. En su opinión es necesaria la creación de un archivo de todos los personajes que tenga interés de cara al futuro. La filosofía no es controlar a la gente ‘peligrosa’, comenta el general, sino todo lo contrario, la prueba es que si hay unas ocho mil fichas de personas, quizás unas doscientas pueden calificarse como de gente ‘no deseable’. La filosofía es tener hasta el último detalle de las personas que tienen algún peso en España, ya sea en lo económico, o en lo social, y tener de ellos sus hojas de vida actualizadas, y todos los recortes de prensa publicados. El objetivo es saber más que nadie de las personas que luego puedan ser elegibles para desempeñar puestos políticos”.

“La Operación Promesa, en la que está participando sobre todo Javier Calderón, según Peñaranda, supone además contactar con esas personas, con “promesas”, e incluso impulsarlas. Se trata de contactar con los grupos políticos que van a participar en la transición”. Como puede comprobarse no se trata de entrevistas televisivas con anuncios de por medio realizadas por periodistas de no se sabe qué, sino de algo mucho más serio.

Y ha sido el contenido del Archivo Jano, junto a las operaciones Alborada, Promesa, Primavera y otras lo que ha marcado la ruta de la transición en España. Ha sido el “kompromat” que se ha ido publicando a medida que los intereses políticos de la monarquía, tanto defendidos por el PSOE como por el PP, lo ha precisado.

Ha sido el contenido de dicho archivo lo que aplastó políticamente a Jordi Pujol cuando había perdido las riendas y el control de sus pupilos. Años hacía que los servicios secretos conocían la manipulación contable y financiera de Banca Catalana para propiciar un enriquecimiento rápido del entorno de Pujol, y posteriormente a la desaparición de Banca Catalana como banco de la órbita pujolista, suplido por el proceso de mordidas en las concesiones de la Generalitat y el trasiego de dinero a bancos extranjeros, pero el Dios de las dos caras miraba hacia otro lado.

Cabe recordar que las mordidas concesionales no son exclusividad de la Generalitat, puesto que era conducta altamente extendida en todos los ámbitos de las Administraciones, sobre las cuales el Informe Jano nos ilustraría con detalles de nombres y apellidos de los que siguen sin divulgarse.

Ha sido el contenido de dicho archivo lo que realizó el “milagro” de convertir al Partido Comunista de España en el abanderado de la ofensiva contra el proletariado español. Ha sido el “kompromat” de Buchenwald a Jorge Semprún, que su propio hermano Carlos Semprún lo acusó sin rodeos en su libro “A orillas del Sena un español…” como “el único kapo (Kameraden Polizei) conocido, o sea con éxito de ventas, que ha escrito sus memorias de deportado”. Y se extraña del aspecto saludable que presentaba Jorge Semprún tras su liberación “nadie hizo la menor mención, ni sacó conclusiones, sobre la diferencia que existía entre su pinta y la pinta cadavérica de otros deportados”.

Aunque para lavar su imagen, Carlos Semprún escribiera “La escritura o la vida” en la cual dice “Yo soy el sobreviviente de turno, que apareció por casualidad…)” ¿Por casualidad?

Con el mismo cinismo escribió en 1976 un auténtico libelo anticomunista “Autobiografía de Federico Sánchez” por el cual le regalaron el Premio Planeta, y posteriormente lo ataviaron con el título de ministro de Cultura.

Y ha sido el “kompromat” del Archivo Jano, aderezado con “Promesas” que se regalara también el puesto de Ministro de Cultura a un anticomunista como Jordi Solé Tura, cuyo nombre aparece en la tesis doctoral de Carlos Barrachina relacionado con los militares.

Y entre amenazas de sacar a la luz los correspondientes kompromat en manos de la CEOE y promesas de buen vivir, la oligarquía española ha copado, desde hace muchos años las cúpulas sindicales de Comisiones Obreras y de la UGT.

Este ha sido el resultado del “kompromat” español caracterizado por el Archivo Jano. Villarejo nos cita la clave a la cual acudir para saber las “verdades escondidas”, pese a quién pese.

(1) https://www.newsweek.com/does-ukraine-have-kompromat-joe-biden-opinion-1818052
(2) https://oversight.house.gov/wp-content/uploads/2023/08/Devon-Archer-Transcript.pdf
(3) https://www.elindependiente.com/wp-content/uploads/2019/01/CARTA-ABIERTA-A-PEDRO-SA%CC%81NCHEZ.pdf
(4) https://www.publico.es/politica/exclusiva-cloacas-interior-mentiras-villarejo-misiva-amenazadora-pedro-sanchez-carcel.html

La encrucijada rusa

En Rusia es muy conocida esta frase atribuida a Pushkin: Si quieres escuchar tonterías, deja que un europeo hable sobre Rusia. Y es cierto, sobre todo en el caso de las élites políticas occidentales. Probablemente por eso han perdido una tras otra las guerras contra ella, a pesar de los gigantescos aparatos bélicos desplegados.

Para las organizaciones políticas revolucionarias -sobre todo para aquellas que han comprendido la esencia imperialista de la guerra de la OTAN contra Rusia que usa como ariete el fascismo ucraniano– es vital intentar analizar la complejidad y las contradicciones de la Rusia actual, por muchas razones que no voy a enumerar, pero sobre todo, porque está actuando en primera línea.

Sin atribuirme la capacidad de comprender en profundidad los procesos en juego en ese enorme país, si creo que es posible trazar algunas líneas de estudio tomando como referencia a analistas y escritores que además de dedicarse con clarividencia a desentrañar la realidad de su país, consideran, como la mayoría de la población rusa y bielorrusa, que el hundimiento de la URSS fue una inmensa catástrofe. Sin duda, el más lúcido de los que he podido consultar es Serguei Kurginyan, dirigente del movimiento político “Esencia del Tiempo” (1), y a sus análisis me remito en muchas de las consideraciones que aquí transmito.

Treinta años después del hundimiento de la URSS, la guerra en Ucrania, y sobre todo las posibilidades de que se transforme en un conflicto de larga duración, están obligando a la sociedad rusa a despertar de un prolongado letargo basado en las falsas ilusiones de “entrar en occidente” o al menos, de mantener relaciones amistosas con él. Por otra parte, la rebelión militar dirigida por el líder del grupo Wagner, Yevgeni Prigozhin, el pasado mes de junio, ha puesto de manifiesto debilidades y contradicciones profundas presentes en la propia estructura del Estado que, de no resolverse positivamente, podrían poner en cuestión la victoria de Rusia en una guerra larga, más allá de Ucrania, que, con toda la razón, se considera como existencial.

Sin entrar a valorar en este artículo las causas internas y externas del colapso de la URSS, quiero destacar algunos hechos que contribuyen a explicar la situación actual: la destrucción de la estructura social se realizó en un tiempo récord, se demolieron los aparatos del estado soviéticos para sustituirlos por otros proclives a occidente, se cerraron miles de empresas y se privatizó buena parte de ellas. Las consecuencias fueron brutales para la población. Según el CIDOB: “En 1995 el índice de mortalidad creció un 70% por comparación con el año 1989, llegando a la cifra de sobremortalidad de 2,2 millones de personas al año” (2). Los suicidios, los asesinatos, las drogas, las mafias, el alcoholismo, el abandono de niños, la morbilidad por enfermedades prácticamente erradicadas, etc, reflejan el desplome total de una sociedad.

Stuckler, D., King, L. P. y Basu, S. (2008). International Monetary Fund Programs and Tuberculosis Outcomes in Post-Communist Countries. PLos Medicine 5 (7): e143. DOI: 10.1371/journal.pmed.0050143Estos hechos no sucedieron en toda la URSS. En Bielorrusa, Lukashenko, viendo el desastre, no sólo no privatizó empresas y servicios, sino que revirtió las pocas privatizaciones realizadas. La gráfica que sigue, que relaciona la mortalidad por tuberculosis entre países de las ex URSS que siguieron las políticas del FMI (todos excepto Bielorrusia) y los que no las siguieron es suficientemente explícita.

Un técnico estadounidense destinado a Rusia en la época se expresaba así: “Me di cuenta rápidamente de que el plan de privatizaciones de la industria rusa se iba a llevar a cabo de la noche a la mañana, con costes muy altos para centenares de miles de personas […] Se iban a fulminar decenas de miles de empleos. Pero además las fábricas que iban a cerrar proveían a la población de escuelas, hospitales, atención sanitaria y pensiones de la cuna a la tumba. Informé de todo esto en Washington y les dije que allí no iba a quedar red alguna de seguridad social. Comprendí claramente que se trataba precisamente de eso; querían eliminar todos los restos posibles del estado para que no volviera el Partido Comunista” (3).

La desaparición de la URSS fue una hecatombe social. No sólo se destruyeron en un tiempo récord las estructuras del estado soviético –como si los dirigentes imperialistas hubieran leído “El estado y la revolución”- se demolió modo de vida y se intentó aniquilar la identidad de su pueblo.

La vivencia de todo este desastre, el imperialismo lo llamó “terapia de choque”, ocasionó en la población un trauma severo en todos los órdenes que no se ha rehabilitado. Kurginyan, que viene analizando este proceso en profundidad, lo llama “heridas en la conciencia”, y valora que “la conciencia deformada pierde su adecuación y no puede comprender normalmente lo que ocurre en el tiempo y en el espacio” (4).

Sobre esa profunda herida social se erigió la Rusia postsoviética. Se construyó una sociedad amnésica y anestesiada, con un profundo vacío ideológico, que en parte ocupó la iglesia ortodoxa (5), sobre la ausencia de todo proyecto colectivo en una sociedad en la que lo comunitario –más allá de la superestructura política- estaba profundamente inscrito en la conciencia popular. A ello se sumaron las insultantes desigualdades sociales producto del robo impune de empresas socializadas y la degradación científica, cultural y educativa.

La destrucción, autodestrucción, de las fuerzas productivas rusas de alta tecnología es uno de los factores determinantes de la profunda regresión sufrida por la Rusia postsoviética. Como señala Kurginyan, ningún otro país, en ningún proceso político, ha hecho algo parecido. Quizás ahora, habría que incorporar a la UE a esas excepciones históricas de autoaniquilación productiva, exactamente bajo el mismo hegemón.

En definitiva, los aparatos del Estado de esa Rusia mutilada y desestructurada, estaban, y lo están en buena mediada, controlados por élites políticas y económicas, preparadas y dirigidas desde mucho tiempo antes por estructuras como el Club de Roma, o la soviética “Firma” (6). Estas élites fueron las que dirigieron la demolición de la URSS y las que, además de apropiarse de gran parte de los recursos del país, actuaron como valedores de las políticas del imperialismo para Rusia. Este nuevo poder, gestado desde el interior de las estructuras del Estado ruso modificó totalmente su naturaleza; el Ejército, el más sovietizado, constituye una excepción relativa. Esta oligarquía, política y económica, y el correspondiente engranaje del Estado, ha estado trabajando durante treinta años para el objetivo que se presentó como un sueño dorado: “entrar en occidente”.

Los cambios paulatinos en la política exterior de Rusia

Desde la desaparición de la URSS, EEUU – secundado de forma contradictoria por la UE hasta su subordinación absoluta actual a la OTAN y apoyado de forma cada vez menos encubierta por el Estado sionista – fue arrasando uno tras otro países cuyos gobiernos no se sometían a sus designios: Iraq (1991, 2003), Yugoslavia (1999), Afganistán (2001), Libia (2011).

Hasta el caso de Libia, en todo este sangriento proceso, la representación rusa en el Consejo de Seguridad de la ONU votó a favor de todas las resoluciones que amparaban las criminales agresiones militares del imperialismo, incluida la Resolución 1244 de 1999 que daba vía libre a los bombardeos de la OTAN sobre la nación hermana de Yugoslavia.

La destrucción completa a manos de la OTAN de Libia en 2011, el país más desarrollado de África y que sustentaba importantes proyectos de soberanía para el continente, también fue avalada por el CS de la ONU, pero esta vez China y Rusia se abstuvieron.

Este momento marca un punto de inflexión en la política exterior Rusa que alineada con China, ha vetado a partir de entonces todos los proyectos de resolución presentados por el imperialismo euro-estadounidense para avalar su intervención militar en Siria. Además, como es bien sabido, Rusia aceptó la solicitud de ayuda militar del gobierno sirio que ha contribuido decisivamente a modificar una correlación de fuerzas en la zona, que ya venía gestándose. A este respecto hay que destacar acontecimientos tan importantes en la región como la derrota de Israel en 2006 por una coalición libanesa liderada por Hezbolah y que marca el comienzo del desarrollo del Eje de la Resistencia antimperialista y antisionista (7).

Los intentos de los dirigentes rusos de mantener buenas relaciones con occidente, incluidas sus sorprendentes propuestas de entrada en la OTAN, fueron chocando progresivamente desde 1999, fecha en la que Polonia, Hungría y la República Checa se integran en la Alianza, con la evidencia de que el imperialismo anglosajón no perseguía otra cosa que la desintegración de Rusia previa a su dominación. Doce países de la zona de influencia de la URSS se incorporaron a la Alianza, desde que en 1991 se aprobara un documento (8) suscrito por los ministros de AA.EE. de Reino Unido, EE.UU., Francia y Alemania en el que se le garantizaba a Rusia que la OTAN no se ampliaría hacia el Este.

No se trató sólo de la incorporación de nuevos países. Las sucesivas maniobras militares del OTAN fueron ratificando materialmente lo que los documentos de Seguridad Nacional de EEUU afirmaban con toda claridad: Rusia, seguida inmediatamente por China, era el enemigo principal (9).

Se fue configurando así un cambio progresivo pero radical en la política de alianzas políticas, económicas, militares, culturales, deportivas, etc, que sitúa a Rusia, junto a China, como columnas vertebrales de un frente multipolar, que no hace más que ampliarse sobre la base del respeto a la soberanía y la independencia de los países, frente a un imperialismo que sólo ofrece la política de las cañoneras. Insisto, no obstante, en que todo este proceso se lleva a cabo con grandes contradicciones en el interior de unas estructuras estatales y gubernamentales rusas construidas para objetivos políticos totalmente diferentes.

El golpe fascista de febrero 2014 en Ucrania, diseñado, financiado y organizado por EEUU. y la UE, incluyendo todo tipo de atrocidades como la masacre de la Casa de los Sindicatos de Odesa, la persecución y tortura de la población de cultura rusa o los bombardeos cotidianos de la población civil del Donbas, estaba claramente dirigido contra Rusia. Era una amenaza inminente de guerra, que incluía el ingreso de Ucrania en la OTAN. Aún así, un año después, en 2015, Rusia junto a Francia, Alemania y Ucrania firmó el Acuerdo de Minsk que planteaba una solución negociada al conflicto del Donbas. Ángela Merkel declaró en diciembre de 2022 que no había ninguna intención de cumplir sus condiciones y que tal Acuerdo se firmó para que Ucrania ganara tiempo para armarse (10).

La firma del Acuerdo de Minsk no se produjo porque Rusia fuera engañada, como se suele decir. Fue el último acto de un Estado, construido a la medida de los intereses de occidente, que se resistía a enfrentar la evidencia: el imperialismo anglo-sajón iba a declarar la guerra a Rusia.

La Operación Militar Especial, un camino sin retorno

La decisión del gobierno ruso de intervenir militarmente en Ucrania supone un paso decisivo para en futuro de Rusia. Le conecta directamente con un sentimiento popular que, a pesar de todo, conserva marcado a fuego en su cerebro el recuerdo de los 27 millones de muertos que le costó a la URSS derrotar al fascismo, y que forma parte indeleble de la identidad nacional rusa. Ese sentimiento popular que incluye la reivindicación de la Unión Soviética sin que se haya concretado aún como objetivo político, y que va creciendo cada vez más como muestran hasta las encuestas occidentales, ha sufrido y sufre como propias las masacres de los nazis ucranianos en el Donbas y clamaba por el apoyo militar a sus milicias populares. Implica también el odio creciente a los oligarcas, los denostados “nuevos ricos”, y con él al individualismo consumista identificado con occidente.

El imperialismo juega con los oligarcas como quinta columna. Ellos, que deben a occidente sus fabulosas fortunas y que tan jugosos negocios estaban haciendo con sus bancos y multinacionales, son también los valedores de sus políticas. Por si acaso flaqueaban a la hora de ejercer sus influencias en el Estado, contra ellos se han dirigido buena parte de las sanciones. Sintiendo sus presiones y comprobando las importantes pérdidas sufridas por sus empresas, los mayores magnates como Mordashov (siderúrgica Everstal, minería de oro NordGold, banco Rossiya), Tinkov (banco digital Tinkoff), Mixail Fridman (supermercados DIA y AlfaBank) y algunos otros, han clamado contra la guerra, lamentándose amargamente por la muerte de inocentes, pronunciándose contra el gasto militar, etc.

Putin les fulminó inmediatamente, sólo con palabras, tratándolos de títeres de occidente y amenazando con que “el pueblo ruso sabría limpiar adecuadamente a los traidores, escupiéndoles como mosquitos que se meten accidentalmente en la boca”. El tratamiento pareció surtir efecto y las pocas algaradas que se convocaron “contra la guerra” quedaron en agua de borrajas.

A pesar de ello, los conflictos de fondo siguen desarrollándose, entre el reto histórico que supone la necesidad de responder a una confrontación militar a gran escala y durante largo tiempo con un enemigo muy poderoso, con unos aparatos del Estado diseñados para otros objetivos y una estructura social que, hasta ahora, no parece ser consciente de que muchas cosas deben cambiar para ser capaz de hacerle frente.

A pesar de que la supuesta contraofensiva ucraniana resulto un fiasco, no por ello dejará el imperialismo de inundar al gobierno de Kiev con todo tipo de armas “hasta el último ucraniano”. “Lo único que Occidente no quiere hacer y no hará, por ahora, es poner a su propio pueblo bajo las balas. Unos cinco millones de hombres ucranianos, que ya han sido vendidos a Occidente por cerca de un billón de dólares, están destinados a este fin. La élite ucraniana está muy satisfecha con este sangriento intercambio”, señala Kurginyan.

Además, recuerda que las palabras que señalaron desde el principio los objetivos de la intervención militar “la desnazificación y la desmilitarización de Ucrania”, no son un mantra vacío de sentido, sino que por el contrario muestran el núcleo de la cuestión (11). El fascismo que se ha desarrollado en Ucrania, seguido por alrededor de un millón de personas, alimentado por el imperialismo y al que ha entregado todos los recursos del estado, es especialmente bestial y considera a los rusos como su enemigo principal. Sería un gran error subestimar esa fuerza, señala el dirigente de “Esencia del Tiempo”.

Lo que la rebelión militar de Prigozhin ha puesto de manifiesto

Los delirantes análisis de los “expertos” occidentales sobre los Wagner, que pasaron de ser para ellos de paladines de la libertad a sucios mercenarios, ponen de manifiesto que no tenían la menor idea de que la rebelión se iba a producir y que no entienden lo que sucede en Rusia. Todo ello, dice Kurginyan, no exime al pueblo ruso de valorar en profundidad lo ocurrido y, sobre todo, de extraer las consecuencias.

Para crear los Wagner el Estado invirtió ingentes cantidades de dinero, armamento y se les otorgaron grandes poderes, como por ejemplo, el reclutamiento. Se creó, señala Kurginyan, un sistema paralelo al del Ministerio de Defensa. Y, ese sistema, se creó por mandato del Presidente del Gobierno y le obedecía a él directamente. ¿A qué responde su creación? ¿Cuándo un líder, se pregunta Kurginyan, crea un sistema paralelo?. Y se responde: “En primer lugar cuando sospecha que el sistema no le es del todo leal, y en segundo lugar, cuando sospecha que no cumple con las tareas que tiene asignadas”.

La rebelión de Prigozhin ha puesto de manifiesto las graves contradicciones existentes. Su fracaso, creyó que parte sustancial del ejército iba a seguirlo, si bien ha permitido al sistema, léase el Ministerio de Defensa, confrontar directamente con el sistema paralelo creado por Putin y eliminar, por el momento, la posibilidad de alternativas, no le ha destruido.

El juego interno de fuerzas se puso en evidencia. La rebelión de los Wagner, que se encaminó a Moscú prácticamente sin oposición interna, terminó con un indulto y con Prigozhin participando en la Cumbre África – Rusia, en San Petersburgo. Además, nuevas tareas de Estado han llegado para los Wagner: Bielorrusia, tras la inteligente y oportuna mediación de Lukashenko, y la intervención en África a petición de los nuevos movimientos anticoloniales de diferentes países del Sahel.

Los grandes problemas siguen sin resolver y son en el sentido estricto de la palabra, estructurales. Una parte del Estado ruso, es decir, la representación de los oligarcas en los poderes del Estado, estaría abogando por una paz negociada con Ucrania, casi a cualquier precio, y volver a las buenas relaciones y negocios anteriores, y otra es consciente del carácter irreversible de la ruptura con occidente y de la envergadura de la confrontación que deberá asumir el pueblo ruso. “El sistema existente fue construido para ser parte de la civilización occidental y, por lo tanto, no puede estar en guerra con esta civilización, insiste Kurginyan. No puede garantizar estratégicamente que Rusia se enfrente a Occidente, que es 10 veces más poderoso que Rusia, durante mucho tiempo. Si un sistema creado para los viejos propósitos no logra hacer frente a la nueva situación, acumulará disfunción. No se trata de individuos como Shoigu, Gerasimov, Surovikin, etc., sino de la arquitectura del sistema, construida para otras tareas, para otros tipos de guerra”.

La disfunción esencial entre el “sistema”, la maquinaria del Estado y las élites económicas a las que sirve, y los objetivos –la guerra contra occidente– radicalmente diferentes a los que responde su creación y funcionamiento, puede dar lugar a que sea precisamente el “sistema” el que cambie la realidad, para adecuarla a las finalidades que le dieron origen. Y si eso se pretendiera materializar, se pregunta el dirigente de la Esencia del Tiempo, ¿quién se convierte en su principal oponente? El que le impide hacer lo de siempre: trabajar poco, robar mucho y drogarse. ¿Quién es el estorbo? Objetivamente: el líder del país.

Los grandes retos de Rusia

El país se enfrenta a una guerra de larga duración frente a un enemigo muy poderoso, que va más allá de Ucrania y que puede resurgir en Polonia, Países Bálticos, etc. Todo ello en un marco en el que EEUU se prepara para enfrentar a la gran potencia que empieza a superarles y a disputar su hegemonía, China. En este caso, plantea lúcidamente Kurginyan, “cuando EEUU se ve superado por algún país según sus propias reglas, no le dan un premio, sino que cambian las reglas del juego. La introducción de la agenda ambiental o la pandemia Covid, son buenos ejemplos de cómo cambian las reglas del juego” (12). Y para enfrentarse a China, no basta desestabilizar Taiwan; no son suficientes las batallas navales. Como planteaba el geógrafo británico Mackinder, para que un imperio marítimo domine el planeta, primero tiene que controlar el “corazón continental”, el “pivote del mundo”, es decir, Rusia (13).

Las previsiones del gobierno ruso de una rápida victoria militar en Ucrania, resultaron completamente erróneas, aunque afortunadamente identificó como objetivos la desnazificación y la desmilitarización del régimen de Kiev. Una vez más el “sistema” postsoviético intentaba obviar la realidad: Rusia no estaba sólo frente a un conflicto con Ucrania, se trataba de una guerra contra la OTAN. Y, claro que había que desnazificar y desmilitarizar Ucrania, pero era occidente quien había colocado a los fascistas en el poder y los armaba hasta los dientes.

Rusia se enfrenta a una guerra de larga duración contra la OTAN, una guerra de posiciones, de desgaste, que además no acabará con la guerra de Ucrania. En muchos aspectos esta guerra es todavía más terrible que la II Guerra Mundial y el pueblo ruso debe saber la verdad. Y la verdad aprendida en la Gran Guerra Patria, es que esa guerra se pudo ganar sólo porque la dictadura del proletariado, es decir, el proletariado erigido en clase dirigente, fue capaz de comprender y transmitir al conjunto de la sociedad soviética el gigantesco reto que debía asumir: la defensa de la humanidad contra el fascismo, de la humanidad contra la esclavitud, de la vida contra la muerte. Y todo ello, se resumió en una consigna bien concreta: “Todo para el Frente, Todo por la Victoria”. Y el pueblo soviético latió y actuó como un solo ser colectivo.

La enorme potencia que el pueblo soviético fue capaz de desplegar no respondía sólo a un deber patriótico. Defendía también su dictadura del proletariado, la primera revolución obrera triunfante, y por ello, tenía una dimensión internacional, no sólo antifascista, sino histórica para la clase obrera mundial.

La Rusia de hoy tiene ante sí grandes retos que superar para enfrentar a un enemigo no inferior al que enfrentó la URSS. Kurginyan identifica dos objetivos:

En primer lugar, abordar un salto científico -técnico en el complejo militar– industrial que permita superar al enemigo con todo tipo de armamento y de equipos. Después de la destrucción de las empresas y equipos más avanzados de la URSS, para ganar la guerra contra la OTAN –más allá de Ucrania– es preciso dar un salto descomunal. Las palabras de Stalin en 1931 fueron claves para la victoria en la Gran Guerra Patria: “Si en diez años no recorremos el camino que costó a las potencias occidentales entre 50 y 100 años, seremos aplastados”. Rusia necesita reconstruir la poderosa industria de bienes de equipo, destruida durante el colapso de la URSS, imprescindible para poner en marcha al nivel requerido el complejo militar industrial. A su vez, esto precisa el concurso del sistema educativo para la preparación acelerada de cuadros técnicos y de capacidades humanas en alguna medida semejante al esfuerzo de la sociedad soviética en los años previos y durante la II Guerra Mundial.

La URSS lo pudo hacer gracias a la industrialización, que requería que toda la sociedad funcionara como un puño en movimiento. Y la gran duda es, ¿lo podrá hacer la Rusia actual?

En segundo lugar, es imprescindible abordar la batalla ideológica, la lucha de ideas contra el imperialismo y el fascismo. No es sólo Ucrania, el fascismo crece en toda Europa y en EEUU. Es inútil que Rusia espere que la extrema derecha la trate mejor que la actual élite occidental. ¡Es exactamente todo lo contrario!, afirma Kurginyan. Además, la moral del ejército decae si no hay un trabajo ideológico poderoso y si la sociedad no está penetrada por ese impulso espiritual. Y “si el jolgorio en la retaguardia no desaparece, si el robo no desaparece, advierte, entonces la victoria en una guerra larga es imposible”. La guerra de la información no debe llevarse a cabo en el lenguaje de las ovejas. Kurginyan aboga por un sistema de movilización, de despliegue, y un sistema de formación de nuevos cuadros que pueda convertir a las “sub-ovejas” en “perros lobo”. Y no se trata de sacar banderas y de dar lecciones de patriotismo en las escuelas, sino de la movilización de un millón de personas en el bando antifascista. Pero hasta ahora, subraya, se ha hecho todo lo posible para que esto no sucediera.

El problema de fondo es cómo despertar la fuerza vital necesaria para galvanizar a una sociedad que se creyó el mito ideológico del capitalismo y que en buena medida vive ajena a lo que sucede en el frente; a una clase obrera que asiste desmoralizada e impotente al robo cotidiano de la oligarquía y que no ha rehabilitado las “heridas de la conciencia” porque eso sólo puede hacerse reanudando el hilo histórico de la lucha por su emancipación.

Kurginyan plantea activar el resorte antifascista que sin duda es muy potente en Rusia. El asunto es si la comprensión histórica colectiva e internacional de lo que entraña el fascismo, y sobre todo, la actuación consecuente para impedir que triunfe – Cueste lo que Cueste, Todo para el Frente, Todo para la Victoria – es posible abordarla sin la reconstrucción de la herramienta que concentra la fuerza obrera y popular: el partido comunista.

La lucha es internacional

La situación internacional actual guarda semejanzas con la II Guerra Mundial. La voluntad manifiesta de control del mundo por parte de la Alemania nazi está representada hoy sin tapujos por el imperialismo anglosajón, inmerso en una crisis económica terminal y cuya hegemonía en decadencia le empuja a la guerra como única opción.

Tras la derrota de la República española y en pleno auge del fascismo, Alemania fue ocupando uno tras otro los países europeos sin apenas resistencia. Hoy el sometimiento de la UE a la OTAN, dirigida con mano de hierro por EE.UU., con su territorio plagado de bases militares, es absoluto. También lo es el vasallaje de la política económica europea, autodestrucción incluida, a los intereses estadounidenses. A ello hay que añadir la colonización cultural o el control de los medios de comunicación, es un escenario político de auge del fascismo, hoy como entonces, facilitado por la socialdemocracia.

Es en este contexto en el que hay que analizar el apoyo económico y militar masivo del imperialismo a la Ucrania nazi. No se trata sólo de que use al pueblo ucraniano como carne de cañón. La alianza es mucho más íntima y más antigua. Es la propia continuidad del nazismo alemán en los aparatos políticos y militares de EE.UU. y de la OTAN (14), es el odio primario a todo lo ruso de los banderistas ucranianos y, sobre todo, es el fascismo con la supresión de derechos y libertades, con la represión salvaje y la militarización social, el que necesita el capitalismo en crisis irreversible y la guerra imperialista a gran escala que se está gestando.

Es el pueblo ruso, como ayer el soviético, el que ha comprendido que es su propia identidad y existencia como pueblo la que está en juego; aunque como hemos visto – si bien ha sido capaz de responder atacando a la amenaza ucronazi – su situación objetiva y subjetiva dista mucho de ser la de entonces.

Como se ha venido analizando, hoy no se vislumbra la solución a la incógnita de si el pueblo ruso será capaz o no de llevar a cabo las transformaciones revolucionarias que le permitan afrontar con éxito las tareas vitales para su futuro y para el resto de los pueblos. Lo que es cierto es que, tras treinta años de dominación ideológica, el pueblo ruso demuestra con sus actos -seguramente porque la herencia recibida es muy poderosa- que no ha sido doblegado. El apoyo popular mayoritario e incontestable a la intervención militar contra el fascismo en Ucrania es un gran ejemplo.

Lo que es una realidad incuestionable, tanto para el pueblo ruso, como para el resto de los pueblos del mundo –especialmente para los de Europa– es que nos encaminamos a una época de gran inestabilidad política caracterizada por profundos cambios destructivos en los medios de producción y en las condiciones de vida de millones de personas y por la imposición de un escenario de guerra permanente de intensidad variable contra Rusia y China.

La agudización de la lucha de clases en situaciones de profundas crisis, y sobre todo la guerra, amplían e intensifican las contradicciones internas de la burguesía, debilitan su hegemonía ideológica, y abren, como se ha demostrado históricamente, posibilidades de revolución obrera y popular. Y hoy, más que nunca, es imprescindible que la lucha que la clase obrera y los sectores populares desarrollen en cada lugar tenga dimensión internacional.

El atraso organizativo y político en la construcción de la única herramienta que ha demostrado ser capaz tanto de conducir a la victoria la revolución, como de derrotar al fascismo, el partido comunista, debe dejar de ser una justificación o un lamento. Debe convertirse en el campo de trabajo en el que los comunistas y las comunistas de hoy llevemos a cabo las tareas históricas de las que depende, no sólo la revolución socialista, sino el futuro de la humanidad.

(1) ehttps://rossaprimavera.run lengua rusa. Su caracterización política y la traducción de algunas de sus principales publicaciones al castellano pueden consultarse aquí: https://eu.eot.su/es/acerca-de/
(2) https://apuntesdedemografia.com/2022/03/18/el-misterio-de-la-mortalidad-en-rusia/
(3) Maestro, A. (2020) Crisis capitalista, guerra social en el cuerpo de la clase obrera. https://www.lahaine.org/b2-img10/Angeles_Maestro_ESP.pdf
(4) https://rossaprimavera.ru/video/afb341fb
(5) El intento de EE.UU. de colonizar Rusia con grupos evangelistas inmediatamente después del colapso de la URSS, al igual que hizo en América Latina, sin embargo, no prosperó.
(6) https://tsargrad.tv/news/sekret-firmy-s-chego-nachalos-unichtozhenie-sssr_439718
(7) El Eje de la Resistencia es un bloque histórico laíco, antiimperialista y antisionista que pretende superar divisiones de carácter religioso o étnico impuestas por el imperialismo, uniendo a los pueblos en un proyecto común de independencia y soberanía sobre sus recursos. Liderado por Hezbollah, agrupa a la <resistencia Palestina, Irán, Siria, Yemen y organizaciones iraquíes.
(8) El documento citado se puede consultar aquí: https://espanol.almayadeen.net/news/politics/1558112/otan-prometi%C3%B3-en-1991-no-expandirse-ni-una-pulgada-hacia-el
(9) https://www.nytimes.com/2016/02/03/opinion/the-pentagons-top-threat-russia.html
(10) https://www.msn.com/fr-fr/divertissement/actualite/angela-merkel-les-accords-de-minsk-ont-%C3%A9t%C3%A9-sign%C3%A9s-pour-donner-du-temps-%C3%A0-l-ukraine/vi-AA152UVJ
(11) https://rossaprimavera.ru/video/c98f9bd3
(12) https://rossaprimavera.ru/video/81bf7a03
(13) https://archivo.kaosenlared.net/las-contradicciones-entre-el-imperialismo-estadounidense-y-el-europeo-controlar-el-pivote-del-mundo/index.html
(14) https://cnc2022.wordpress.com/2023/03/07/el-imperialismo-anglosajon-la-otan-y-el-fascismo-caras-de-la-misma-moneda/

Nuevas alianzas, nuevos vendedores de armas en Oriente Medio

En 2018 Estados Unidos impuso sanciones a Arabia saudí con el pretexto del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en Turquía. Desde entonces las luces rojas se encendieron, sellando el final del Pacto del Quincy y décadas de apoyo mutuo entre ambos países en una región muy delicada del mundo.

Tras un recorte en la producción de petróleo por parte de Riad, el Congreso estadounidense amenazó con congelar las ventas de armas al país del Golfo Pérsico.

La nueva situación pone de relieve la fragilidad de la Casa Saud, obligando a replantear sus alianzas estratégicas, con la posibilidad de que compre cazas Dassault Rafale, de fabricación francesa.

La compra de equipamiento militar francés se inscribe en una estrategia de diversificación. Riad, que históricamente ha dependido de Estados Unidos y Reino Unido para sus adquisiciones militares, está buscando alternativas.

Los vecinos Emiratos Árabes Unidos y Qatar ya han integrado los Rafale en su arsenal y los saudíes pueden hacer lo mismo. No es una simple compra sino una redefinición de las alianzas de Riad en el escenario mundial.

Ahora mismo Francia, con su diversa historia de venta de armas en Medio Oriente, parece ser un socio atractivo. A diferencia de otros países occidentales, no pone tantas excusas cuando se trata de exportar armamento, ni siquiera la situación opresiva de las mujeres saudíes.

Sin embargo, la adquisición de los Rafale por el gobierno de Riad no está exenta de problemas. Tendrá que integrar nuevos sistemas de armas y entrenar pilotos para los nuevos aparatos.

En cualquier caso, los saudíes parecen decididos a garantizar sus propios intereses estratégicos por vías diferentes a las que han tenido hasta ahora. La adquisición es un símbolo. Tiene menos que ver con las aeronaves que con las alianzas en Medio Oriente, donde el equilibrio de fuerzas está cambiando muy rápidamente.

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