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Día: 21 de junio de 2023 (página 1 de 1)

Los grandes monopolios quieren acabar con las pequeñas explotaciones ganaderas

Las bases del ataque coordinado contra la agricultura se sentaron a finales del año pasado en la cumbre del G20 en Bali y en la conferencia de la ONU sobre el clima en Egipto. En línea con los objetivos de la Agenda 2030, los representantes de los países del G20 pidieron una transformación acelerada hacia una “agricultura sostenible”.

El pretexto es que los cultivos deben adaptarse al cambio climático y lograr “cero emisiones netas de gases de efecto invernadero” para mediados de este siglo. Estos objetivos se concretaron posteriormente en la Conferencia de la ONU sobre el cambio climático.

El impulso procede de FAIRR, una coalición de fondos buitre ambientalistas con sede en Reino Unido. Entre sus miembros figuran los protagonistas de las finanzas mundiales, como BlackRock, JP Morgan, Fidelity, Edmond de Rothschild y Rockefeller. Los buitres esgrimen el argumento falaz de que la producción de alimentos, y en particular la ganadería, es responsable de alrededor de un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Por lo tanto, sería necesaria una reducción drástica de la ganadería en todo el mundo.

Para imponerlo, la ONU se unió al Foro Económico Mundial en 2019 y ahora persigue la estrategia de eliminar las “fuentes de proteínas cárnicas” y sustituirlas por productos veganos, carne de laboratorio o fuentes alternativas de proteínas procedentes de hormigas, grillos o gusanos. Al mismo tiempo, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial está presionando para imponer una nueva “revolución verde”, el decrecimiento y la reducción de la cría de animales en todo el mundo.

El Primer Ministro holandés, Mark Rutte, uno de los dirigentes mundiales del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, quiere reducir el número de cabezas de ganado holandesas en un 30 por cien en nombre de la protección del clima, el medio ambiente y los animales.

Los objetivos más estrictos de la legislación alemana sobre protección del clima sólo pueden alcanzarse reduciendo drásticamente el número de cabezas de ganado. Será un nuevo capítulo del “rifle sanitario”, la mayor matanza de reses que ha conocido la historia. Para 2030 desaparecerá una cuarta parte de la cabaña y luego más de la mitad para 2040.

El animalismo es la otra coartada. En nombre del bienestar animal, el ministro alemán de Agricultura, Cem Özdemir, quiere legislar actualmente sobre la cría de pavos. Como la cría de pavos ya no puede gestionarse de forma rentable, toda la cría de pavos alemana está amenazada de aniquilación.

Si tenemos en cuenta que alrededor del 60 por cien de la renta agraria procede de la ganadería, la reducción forzosa del número de animales significa la reduccion del número de explotaciones. Dado que la carne artificial y los productos derivados de los insectos no se producen ciertamente en pequeñas explotaciones, sino a escala industrial, los beneficiarios de esta evolución son los grandes monopolios agrarios.

El objetivo de la Agenda 2030 de resolver el problema del hambre, lograr la seguridad alimentaria y una nutrición saludable y promover la “agricultura sostenible” es un fraude. Es un ataque contra la agricultura y, en consecuencia, contra la base de los medios de vida y el suministro de alimentos de la humanidad, especialmente, del Tercer Mundo.

Los campesinos no se han quedado de brazos cruzados. En muchos lugares, como en Países Bajos, las protestas se han prolongado durante meses y han contado con el apoyo de amplios sectores sociales, hasta formar uno de los mayores movimientos de la posguerra en el país de los tulipanes.

Ucrania es un cementerio del material blindado de la OTAN

Ocho días después del lanzamiento de la controfensiva ucraniana, uno de los comandantes ucranianos anunció que sus tropas habían recuperado el control de una zona de más de 100 kilómetros cuadrados, anteriormente controlada por los militares rusos.

Por el contrario, los representantes de las fuerzas armadas rusas subrayaron que habían infligido importantes daños a Ucrania durante los combates. Por ejemplo, el Ministerio de Defensa ruso declaró que en un solo día, la víspera del pasado viernes, habían muerto más de 400 soldados ucranianos en los ejes meridionales de la región de Donetsk.

El general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, declaró la semana pasada en la sede de la OTAN en Bruselas que “Ucrania ha lanzado una ofensiva y ha realizado progresos sostenidos”, pero también se refirió a las “grandes dificultades” encontradas en la contraofensiva lanzada recientemente. Sugirió que los avances de las fuerzas ucranianas no eran aún muy significativos.

Los combates se desarrollan con “gran intensidad”, y la operación ofensiva de las fuerzas ucranianas “probablemente llevará mucho tiempo y requerirá gastos considerables”, añadió Mark Milley.

Del lado ucraniano llegan señales similares. En una rueda de prensa celebrada el jueves de la semana pasada, el jefe adjunto de la Dirección Operativa del Estado Mayor Conjunto del ejército ucraniano, Oleksii Jromov, declaró que estaban dispuestos a luchar por la liberación de su territorio, incluso “con las manos vacías”. También anunció que se había restablecido el control sobre parte del territorio anteriormente ocupado por los rusos.

Jromov afirmó que el ejército ruso habían sido expulsadas de siete localidades del este de la región de Donetsk y del sur de la región de Zaporiya. El mando del ejército ucraniano también afirmó que las fuerzas ucranianas habían logrado avances en la región de Donetsk, al este de la ciudad de Bajmut, y en la región de Ugledar, al sur, pero esto se confirmó, como señalaron los representantes del mando estadounidense y de la OTAN, tras “combates difíciles y encarnizados”.

Si las fuerzas ucranianas hubieran logrado un éxito significativo, sin duda se habría reflejado en las declaraciones del mando ruso. Pero están hablando de una situación completamente diferente. El Ministerio de Defensa ruso informó de que el ejército ucraniano había perdido más de 400 soldados en un solo día, en la mañana del pasado viernes, en los ejes meridionales de la región de Donetsk.

En el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, Putin declaró que la contraofensiva ucraniana no tenía ninguna posibilidad de éxito.

Además, Ucrania ha perdido decenas de tanques, vehículos blindados y otros equipos militares. El país se ha convertido en el mayor cementerio de material militar occidental.

El 12 de junio Ucrania perdió 16 vehículos blindados de fabricación estadounidense, según informó la CNN, mientras que el Ministerio de Defensa ruso anunció la destrucción de 8 tanques Leopard de fabricación alemana.

El gobierno de Kiev no ha facilitado información oficial sobre las pérdidas en el campo de batalla, pero el sitio web de análisis de operaciones militares Oryx, que recopila información de fuentes abiertas, indica que el ejército ucraniano ha perdido al menos 16 vehículos blindados Bradley y 4 tanques Leopard por el fuego de la artillería rusa y los campos de minas.

Ésta es la razón por la que en los últimos días los europeos hayan vuelto a plantear la posibilidad de suministrar más tanques a Ucrania, a pesar de sus afirmaciones anteriores de que las fuerzas armadas ucranianas tienen “todo lo necesario” para lanzar una contraofensiva.

Estados Unidos también ha decidido enviar más vehículos blindados a Ucrania, dado que su ejército ha sufrido importantes pérdidas en su primer intento de contraatacar a las fuerzas rusas.

El periódico alemán Handelsblatt asegura que Dinamarca y Holanda han comprado 14 tanques Leopard 2 al fabricante de armas alemán Rheinmetall para enviarlos a Ucrania.

Durante la pausa invernal-primaveral de los combates, Rusia tuvo tiempo suficiente para preparar sólidas y extensas posiciones fortificadas. Esas zonas se han convertido en un auténtico “cementerio” para las decenas de blindados que los países europeos y la OTAN han suministrar a las fuerzas armadas ucranianas.

El senador estadounidense y coronel retirado Dick Black, veterano de la guerra de Vietnam, escribe que el “muro de acero”, como denominó a las líneas defensivas rusas, estaba impidiendo el rápido avance de la contraofensiva ucraniana. Dice que han muerto unos 7.000 soldados en la contraofensiva, que no se ha conseguido nada “convincente”, con 160 tanques y 360 vehículos blindados (de las fuerzas ucranianas) destruidos o perdidos irremediablemente en sólo una semana.

“Todo lo que vemos son Bradleys y Leopards ardiendo en muchos lugares”, añade Black. Es “inhumano enviar personal a una muerte segura” en esas condiciones, aunque a los ucranianos se les ordenara “luchar hasta el último hombre”, concluye el senador.

Michael Waltz, otro congresista y militar estadounidense que combatió en Afganistán, también cree que los avances de las fuerzas armadas ucranianas en su contraofensiva son muy limitados (si es que los hay), pero sin duda provocarán importantes pérdidas a las fuerzas ucranianas. “Como antiguo oficial de blindados, puedo decirles que atravesar estas líneas de defensa rusas será muy costoso y difícil”, declaró a la prensa.

“Habría sido mejor que los ucranianos hubieran hecho las cosas bien y hubieran conservado los tanques suministrados por Occidente para lograr el éxito en otro eje”, concluye.

Las sanciones a Rusia han despertado a un gigante dormido

Las sanciones no han puesto de rodillas a la economía rusa, como habían pronosticado ampliamente. Por el contrario, son las economías occidentales las que se han visto sacudidas, ya que su crecimiento económico prácticamente se ha detenido. Muchas de ellas sufren al mismo tiempo una elevada inflación y escasez de energía.

Rusia, por el contrario, no sólo sobrevive, sino que prospera, ganando más poder y prestigio en Asia, África y Sudamérica que en ningún otro momento desde el colapso de la Unión Soviética.

Según el FMI, la economía rusa crecerá este año más deprisa que la alemana o la británica. El año que viene, también crecerá más deprisa que Estados Unidos, Japón, Italia y gran parte del resto de Occidente, el crecimiento de su PIB per cápita superará al del conjunto de las economías avanzadas y alcanzará el menor ratio deuda/PIB entre los países del G20. La tasa de desempleo de Rusia, del 3,5 por cien, es la más baja desde la caída de la Unión Soviética. Los resultados económicos de Rusia -S&P Global confirmó recientemente la confianza empresarial del sector privado- son tanto más notables cuanto que Rusia libra simultáneamente una costosa guerra por poderes contra el peso combinado de los ejércitos occidentales.

Rusia ha sido capaz de aumentar su ritmo de producción militar de forma tan eficaz que su artillería puede superar con creces a la ucraniana, disparando entre 40.000 y 50.000 proyectiles al día frente a los 5.000 o 6.000 de Ucrania. Mientras que la producción de armas de Rusia está en pie de guerra, la de Occidente no ha podido seguirle el ritmo. Al concentrarse en el suministro a Ucrania, Estados Unidos ha comprometido su capacidad para alcanzar otros objetivos, como disuadir la expansión de China y mantener una capacidad de respuesta en otros países.

La solidez militar de Rusia es aún más notable si se tiene en cuenta que posee el mayor arsenal nuclear del mundo y que mantiene una estrecha alianza con el ejército chino. El auge del llamado “eje Rusia-China” y la percepción generalizada del declive de Occidente han convencido a su vez a otros ejércitos para unir fuerzas con un vencedor. En septiembre, India, Laos, Mongolia, Nicaragua y varios antiguos Estados soviéticos se unieron a Rusia y China en juegos de guerra en el Mar de Japón y el Lejano Oriente ruso, y en febrero Sudáfrica acogió a Rusia y China durante diez días de maniobras navales conjuntas.

La posición diplomática de Rusia también está en alza. Mientras que Estados Unidos ha conseguido presionar a los países occidentales para que sancionen a Rusia, a veces mediante la coacción, su autoritarismo ha tenido el efecto contrario en otros países.

En Asia, China e India han estrechado considerablemente sus lazos con Rusia.

En Sudamérica, el nuevo gobierno socialista de Brasil, la mayor economía del continente, ha abrazado a Rusia, al igual que lo hizo el anterior gobierno conservador de Brasil.

En Oriente Medio, donde existe una gran desconfianza hacia Estados Unidos, Rusia mantiene buenas relaciones con Israel y con los principales países musulmanes, sean suníes o chiíes, árabes o no árabes.

En África, donde Rusia es considerada el único gran país europeo que ha renunciado al colonialismo, Rusia es ampliamente celebrada, a diferencia de antiguas potencias coloniales como Francia, cuyas tropas fueron expulsadas recientemente de Malí y Burkina Faso, y donde el presidente francés Macron ha confirmado que “la era de Françafrique ha terminado”.

Mientras que Occidente rechaza a Rusia, esta es bien recibida por la mayoría de los demás países, como demuestran las alianzas regionales en las que desempeña un papel destacado: el Consejo de Cooperación de Shanghai, encabezado por Rusia y China, que incluye a los antiguos países soviéticos, India y Pakistán, y los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuyo PIB supera ya al del G7. Unos veinte países han manifestado su interés por unirse a Rusia en estas alianzas económicas y de seguridad, entre ellos grandes potencias regionales como Arabia Saudí, Turquía, Irán, Egipto, Indonesia y México.

Las sanciones occidentales, las más duras jamás impuestas a ningún país, se diseñaron para enseñar a Rusia que “la agresión no se paga”, en palabras del Secretario General de la OTAN, Stoltenberg. La ferocidad de las sanciones, la posterior cancelación de las visitas a Occidente de artistas y deportistas rusos, y la expectativa del fin de la Federación Rusa por parte de élites políticas y militares como el ex Comandante General del Ejército estadounidense en Europa, el general Ben Hodges, sacudieron a Rusia de su complacencia y le enseñaron lecciones muy distintas: Occidente estaba decidido a destruir a Rusia y su propia existencia exigía que se armara hasta los dientes y pusiera fin a su interdependencia económica con Occidente.

Patricia Adams y Lawrence Solomon https://www.americanthinker.com/articles/2023/04/russias_rise.html

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