La web más censurada en internet

Día: 22 de marzo de 2023 (página 1 de 1)

Mali vuelve a acusar a Francia de financiar a los yihadistas

Tras la liberación de los dos rehenes que permanecían secuestrados por el fantasmal GSIM (Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes), una supuesta sucursal del Califato Islámico, Mali ha vuelto a acusar a Francia de financiar el yihadismo.

Aunque se felicita por la liberación de los rehenes, Olivier Dubois, de nacionalidad francesa, y Jeffrey Woodke, de nacionalidad estadounidense, el gobierno de transición maliense denuncia las condiciones que llevaron a su liberación.

Según los servicios de inteligencia malienses, la liberación se obtuvo a cambio de que Francia pagara varios millones de euros a los yihadistas del GSIM.

En virtud de las normas internacionales, incluida la resolución de 2019 del Consejo de Seguridad de la ONU, los Estados deben impedir que los terroristas se beneficien, directa o indirectamente, del pago de rescates.

La cantidad pagada por Francia será utilizada por los yihadistas para reclutar a otros y adquirir armas, en un momento en el que están sufriendo duros reveses por parte del ejército maliense.

El Presidente de Níger, Mohamed Bazoum, finge luchar contra el yihadismo, enviando a su Jefe de Estado Mayor a Mali para promover la cooperación militar. Unas semanas más tarde, contribuye activamente a la liberación de rehenes a cambio de un rescate.

Bazoum también liberó de prisión en condiciones poco claras a los yihadistas del EIGS (Califato Islámico en el Gran Sáhara), retenidos en Níger.

El papel de Francia en la promoción del yihadismo en el norte de África es ya un clamor. En el Magreb nadie cree que existan ninguna de esas siglas, e incluso que los secuestros hayan sido tales después de la vergonzosa entrevista con un dirigente de AQMI en el canal de la televisión francesa France 24.

Se trata de un hecho grave por parte de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU responsable de la desestabilización del Sahel.

Los grupos yihadistas del Magreb se hacen y se deshacen en los despachos acolchados de las centrales de inteligencia francesas.

El gobierno de Macron sigue obstaculizando la tramitación de la petición de Mali, que pide al Consejo de Seguridad de la ONU que celebre una sesión especial para presentar pruebas de la implicación de Francia en la promoción del yihadismo en el Sahel.

Macron se hunde en las encuestas y necesitaba un gancho que hiciera olvidar su vertiginosa caída. Después de dos años de cautiverio, Dubois salió de su agujero para ayudarle a ganar algunos puntos en los sondeos.

Una estrategia militar obsoleta: la guerra nuclear

La Guerra Fría se llamó de esa manera porque no había otra denominación mejor. Las agresiones militares contra la URSS se acabaron en 1945 y no estallaron guerras convencionales entre las dos grandes superpotencias por un motivo evidente: ambas disponían de armas nucleares.

A su vez las armas nucleares se llaman “estratégicas” porque están preparadas para ser utilizadas al margen de las batallas de una guerra convencional. No se han diseñado para cortarle las manos al adversario, sino para cortarle la cabeza. El armamento nuclear soviético apuntaba a Washington y el estadounidense a Moscú.

Así como en una guerra convencional hay un margen de improvisación, que depende del curso de la misma, de sus batallas y sus múltipes situaciones, las armas nucleares está predispuestas de antemano para ser utilizadas sólo en determinadas condiciones muy concretas.

Cada parte tiene las suyas, por lo que la estrategia de unos (Estados Unidos) y otros (URSS, Rusia) son diferentes.

Además, cada parte conoce la del contrario, lo que hace de la guerra nuclear un fenómeno de lo más predecible. Incluso las trayectorias balísticas de los misiles son predecibles, como los trenes que siempre corren por la misma vía.

Son fácilmente detectables porque las defensas antiaéreas han evolucionado mucho más rápidamente que los misiles de ataque. Cada potencia dispone de escudos muy superiores a las espadas, y la mejora de los equipos militares se ha centrado en aquellas armas que son capaces de superar las defensas del adversario.

De ahí que las negociaciones sobre reducción de armamento nuclear se volcaran sobre las defensas antimisiles, como el tratado ABM (Anti Misiles Balísticos), firmado en 1972. Estados Unidos se retiró de ese tratado en 2002.

Una de las maneras de superar una defensa antimisiles es poner las lanzaderas lo más cerca del adversario, para que no tenga capacidad de reacción. En 1962 Estados Unidos puso sus misiles Júpiter en Turquía y la URSS respondió de la misma manera, poniendo los suyos en Cuba.

Así comenzó la crisis de los misiles, en la cual se volvió a demostrar que las negociaciones forman parte de la guerra nuclear misma; son una manera de hacer ese tipo de guerra, y si ya no hay más negociaciones de desarme y si los compromisos firmados se han convertido en papel mojado es porque están obsoletas, exactamente igual que las propias armas nucleares.

Las armas estratégicas son los culturistas de la lucha: enseñan mucho músculo pero no podrían retar a ningún boxeador medianamente entrenado. Es el exhibicionismo de la guerra; se basan en el miedo del contrario, en la permanente intimidación de los bíceps, como hace Corea del norte regularmente. Las armas nucleares se han ensayado muchas veces pero nunca han aparecido en una guerra real.

La guerra nuclear destapó sus vergüenzas con la Guerra de las Galaxias que emprendió Reagan a partir de los años ochenta del siglo pasado. Entonces el exhibicionismo fue puramente retórico: nunca hubo tal guerra, ni siquiera un comienzo de despliegue de armas en el espacio. Estados Unidos jugaba de farol porque, como bien saben los jugadores de naipes, los faroles son parte fundamental de una estrategia y, por lo tanto, de una guerra.

Ingenuamente la URSS claudicó; se bajó los pantalones. Estados Unidos accedió a sus armas estratégicas más escondidas y obligó a desguazar muchas de ellas. Gorbachov firmó tratados como el INF de 1987, sobre misiles de Alcance Intermedio (que la OTAN rompió en 2019).

Con la posterior desaparición de la URSS, Estados Unidos creyó que había ganado la Guerra Fría. El farol le había salido bien; ya no necesitaba enseñar sus músculos. Cuando se demostró que la Guerra de las Galaxias era un montaje de opereta, la URSS ya no existía y en Washington creyeron que llegaba una era de hegemonía omnímoda sin necesidad de disparar un tiro.

A Rusia le costó salir del ensimismamiento que había acabado con la URSS. Las concesiones realizadas en todos los frentes no habían servido para nada, ni siquiera el desmantelamieento de la URSS y el emplazamiento de bases de la OTAN en los antiguos países soviéticos y del este de Europa. Los tratados firmados desde el final de la Segunda Guerra Mundial son papel mojado.

Lo mismo que Corea del norte, desde entonces Rusia ha podido sobrevivir gracias al desarrollo de las fuerzas productivas y la tecnología militar, cuyos únicos precedentes son el Goelro, el plan soviético de electrificación, y los planes quinquenales. Lo mismo que hace un siglo, al final Rusia no sólo ha salido del atolladero sino que ha superado ampliamente a Estados Unidos en muy poco tiempo.

Ahora casi todo el arsenal ruso es nuevo, mientras Estados Unidos no ha probado nuevos sistemas de armas desde hace más de 30 años. Por si eso no bastara, en menos de un año ha agotado el material militar antiguo, como demuestra la Guerra de Ucrania. Estados Unidos sólo fabrica aquellas armas que puede vender a terceros. En Estados Unidos las armas son un mercado para las empresas privadas, mientras en Rusia forman parte del mismo aparato del Estado, que no podría sobrevivir sin ellas, lo mismo que Corea del norte.

Aunque exporte armas, en Rusia las fábricas militares no destacan por formar una industria, por perseguir el lucro privado, sino por ser parte del Estado, lo mismo que las comisarías de policía. Las ventas de armas financian una parte de los presupuestos militares de Rusia. Pero su producción no está al servicio de ningún mercado sino de la guerra y por sí mismas dichas fábricas son capaces de producir armas en más cantidad que los 30 países que forman parte de la OTAN juntos.

Por lo tanto, las fábricas militares rusas producen más y mejor armamento que las occidentales. Producen armas convencionales y nucleares en cantidades gigantescas, pero sobre todo producen armas sofisticadas, muy superiores a las de cualquier otro país, quizá con la única excepción de China. Además, no son experimentales. Han probado su nuevo armamento, tanto en Siria como en Ucrania.

No cabe duda de que Estados Unidos tiene suficiente capacidad técnica para ponerse a la altura de Rusia, aunque necesitaría bastantes años para ello. Lo que no tiene es capacidad económica. No le bastaría con desprenderse de sus viejos arsenales, vendiéndolos a terceros países, para financiar un nuevo presupuesto militar aún mayor. Tendría que endeudarse todavía más, en una situación de crisis galopante.

El mercado mundial de armamento que capitaliza Estados Unidos es lo más parecido a una vieja chatarrería repleta de óxido. Pero las mercancías destinadas al desgüace son un negocio muy rentable que, en definitiva, es lo que importa, porque hay compradores capaces de sacar un gran partido de la roña. Si no se lo creen, pueden darse un paseo por el Rastro de Madrid un domingo por la mañana.

Casi nadie quiere a Trump (¿por qué será?)

Trump ha sido el Presidente de Estados Unidos más denostado y más investigado de la historia, lo cual debe tener algún significado político, más allá de que sea un mequetrefe porque eso es bastante común en los inquilinos de la Casa Blanca.

Primero fue investigado por el FBI porque era un agente encubierto del Kremlin, un asunto que se fue destapando como lo que era: un montaje absurdo del FBI.

El verano del año pasado registraron su casa en Florida y encontraron lo que buscaban: se había llevado documentos secretos al perder la Presidencia en 2020, lo cual es un delito grave. Pero el mismo delito le encontraron a Biden, por lo que tuvieron que tapar ambos asuntos. También debe ser algo frecuente entre los presidentes de Estados Unidos.

Ahora llega el tercer asunto escabroso, que se abre para impedir que se presente a las elecciones presidenciales del año que viene. Hace 15 años mantuvo relaciones con Stormy Daniels, una prostituta y actriz porno.

Para no desatar un escándalo en plenas elecciones presidenciales, a Daniels le pagaron 130.000 dólares y le hicieron firmar un contrato de confidencialidad para que mantuviera la boca cerrada.

El abogado de Trump en aquel momento, Michael Cohen, se encargó de la fontanería, pero luego traicionó a su cliente, se olvidó de su obligación de mantener el secreto profesional y llegó al típico acuerdo con la fiscalía del sistema judicial gringo: acusar a Trump a cambio de una sentencia reducida en su contra.

La acusación es por un delito electoral: Trump pagó a la prostituta con un dinero que estaba destinado a su campaña electoral. Es un fraude y una falsificación de documentos comerciales porque en Estados Unidos las elecciones son así: asuntos comerciales.

Pero el fiscal no lo tiene tan fácil, ni siquiera con el chivato de Cohen de su parte, por dos motivos. El primero es que una parte de los fondos de la campaña electoral procedían del bolsillo de Trump. El segundo es que el dinero no fue a parar directamente a Daniels, sino al abogado en concepto de honorarios profesionales. Fue Cohen quien, a su vez, pagó a Daniels. Se hizo de esa manera porque el abogado así lo aconsejó.

El plan de la fiscalía es condenar a Trump antes de noviembre del año que viene, fecha de las elecciones presidenciales.

Es un caso sin precedentes en la historia de Estados Unidos. Ni siquiera se atrevieron con Nixon en los años setenta, que también recurrió a los fondos de su campaña electoral para espiar al partido demócrata en el Caso Watergate.

Tampoco lo hicieron con Clinton cuando estalló el Caso de Mónica Lewinski y el entonces Presidente no hizo más que contar mentiras para tratar de sacudirse el asunto de encima.

A Trump le fallan los gabinetes de imagen, y no puede ser ninguna casualidad porque están para lavar la cara de los presidentes de Estados Unidos, incluso la de los más repugnantes.

El especulador inmobiliario se ha convertido en un muñeco de feria. Nadie le quiere, salvo sus hinchas más acérrimos, que han visto en él algo que los demás no ven por ninguna parte.

No hay ninguna coordinación de los bancos centrales para salvar al capital financiero

El domingo el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el de Japón, el Banco Central Europeo, la Reserva Federal y el Banco Nacional de Suiza anunciaron en una declaración conjunta una “acción coordinada” para mejorar la provisión de liquidez en dólares estadounidenses.

Esa acción es un acuerdo CDS (Credit Default Swaps o Derivado de Incumplimiento Crediticio), es decir, un convenio entre dos bancos centrales por el que uno garantiza la liquidez del otro. Por esa vía un banco central obtiene las divisas de otro que las emite y luego las distribuye entre los bancos privados de su país.

La Reserva Federal y otros bancos centrales pondrán dólares a disposición de los clientes diariamente, no semanalmente. Incluso los fines de semana. No hay ningún límite máximo. Todo el dinero que haga falta, al menos hasta finales del mes que viene.

Cualquier gran banco que opere a escala mundial y que pueda depositar garantías en la Reserva Federal puede obtener dólares para ponerlos a disposición de los bancos de su país.

Tampoco hay ninguna coordinación, como dicen los medios. No va a intervenir ningún banco central, aparte de la Reserva Federal. El Banco Central Europeo no mueve un dedo. Es la Reserva Federal la que está tratando de salvar los muebles, una vez más.

Cuando en 2008 quebró Lehmann Brothers, la Reserva Federal entregó unos 20 billones de dólares a los bancos de todo el mundo para salvar el sistema financiero.

La crisis costó esa cifra, y para tener una referencia: el PIB de Estados Unidos aquel año no llegó a los 14 billones de dólares.

No obstante, las cifras no se conocen bien porque el mercado de CDS es opaco y no está regulado en absoluto. Lo único que se sabe es que es gigantesco, superior a toda la economía mundial: está por encima de los 60 billones de dólares.

Los CDS son el imperio de los grandes especuladores. Angela Merkel lo comparó con el que asegura la casa de un vecino: “Quien compra un seguro para la casa de su vecino tiene un gran interés en que la casa se incendie, e incluso le prende fuego”.

Es la pescadilla que se muerde la cola: la especulación se salva con una especulación aún mayor.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies