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Día: 28 de enero de 2023 (página 1 de 1)

Ocupación, expropiación y construcción de viviendas públicas asequibles

En todas las ciudades del mundo, un número cada vez mayor de trabajadores no pueden comprar vivienda, tampoco puede alquilarla, ni hay viviendas sociales, mientras la especulación marcha viento en popa.

Berlín es un ejemplo, como otro cualquiera. El 85 por cien de los berlineses habita en viviendas de alquiler. La diferencia es que en 2021 se celebró un referéndum para expropiar todo el parque de viviendas de las empresas propietarias que tuvieran al menos 3.000 unidades de alquiler dentro de la ciudad. El referéndum fue convocado por el Ayuntamiento de la capital, dominado por la socialdemocracia, porque nunca creyó que el resultado pudiera resultar favorable a la expropiación.

El referéndum fue favorable a la expropiación. Algo más del 59 por cien de la población votó a favor de expropiar un parque de unas 200.000 viviendas. El Ayuntamiento tuvo que inventar una estratagema para eludir el resultado del referéndum: formar un “comité de expertos” encargados de examinar la viabilidad real de la expropiación.

Era una manera de ganar tiempo y enfriar el compromiso. A mediados de diciembre los “expertos” presentaron su informe, concluyendo que la expropiación era factible.

El Ayuntamiento había perdido el tiempo y el informe llegaba en el peor momento, ya que a mediados de febrero hay nuevas elecciones municipales y la vivienda será un elemento importante de la campaña de los partidos, que no están por la labor. En un país “democrático” como Alemania todos piensan en la mejor manera de pasar por encima del resultado de un referéndum.

Incluso Die Linke, los “progres” alemanes, se inclina por buscar soluciones menos “radicales”, como un aumento de las ayudas a la vivienda, para seguir poniendo parches a un problema acuciante sin solucionarlo nunca.

La solución al problema de la vivienda, en Berlín y en cualquier otra gran metrópoli, pasa por tres ejes: la ocupación, la expropiación y la construcción de viviendas públicas asequibles.

En cualquier otro caso, dentro de 50 años los precios de las viviendas seguirán subiendo porque ocurre lo mismo que en todos los mercados capitalistas: hay superproducción. La oferta privada de viviendas aumenta, pero los salarios de los trabajadores no son suficientes para pagarlas, lo que da lugar a otra paradoja característica del capitalismo: cada vez se construyen más viviendas, pero van a parar a manos de especuladores y quedan vacías.

La superproducción no impide que los precios sigan aumentando porque las presiones inflacionarias son más fuertes. El problema de la vivienda, pues, será cada vez más acuciante.

El curso de la Guerra de Ucrania no depende de los tanques

La entrega de los tanques Leopard a Ucrania es más política que militar. No se trata sólo de someter a Alemania, una vez más, sino de forzar a Ucrania a que pase a la ofensiva.

En un discurso ante el Parlamento británico, el Secretario de Defensa, Ben Wallace, ha asegurado que la entrega de los nuevos tanques “significa que pueden pasar de resistir a expulsar a las fuerzas rusas del suelo ucraniano”.

Es imposible. Pero aún en el caso de que el ejército ucraniano pudiera pasar al ataque en algún sector del frente, tendría que sacrificar las reservas que pudiera reunir. Los ataques resultarían infructuosos contra un oponente ruso que es muy diferente del que Ucrania tuvo que afrontar en septiembre y octubre del año pasado.

Entonces, un ejército ucraniano reforzado por decenas de miles de millones de dólares en equipamiento, adiestramiento y apoyo operativo de la OTAN, fue capaz de aprovecharse de unas fuerzas rusas escasas, incapaces de sostener los territorios que había logrado en Jarkov y Jerson y con muchas porosidades en varios sectores de la línea de contacto.

En la actualidad, la situación del ejército ruso en Ucrania dista mucho de lo que era en otoño del año pasado. Tras la movilización de 300.000 reservistas en septiembre, Rusia ha consolidado la línea del frente, asumiendo posiciones más densas y, por lo tanto, más defendibles. También ha reforzado sus fuerzas con unos 80.000 soldados, lo que le ha permitido mantener operaciones ofensivas frente a Donetsk.

Rusia ha establecido posiciones diseñadas para derrotar un ataque concertado de la OTAN y con suficiente apoyo de artillería.

El propio general Zaluzhnyi ha reconocido que Ucrania no dispone de fuerzas suficientes para una ofensiva. Incluso si fuera capaz de concentrar en un mismo lugar y al mismo tiempo a las tres brigadas de hombres y material que se están preparando tras la reunión de Ramstein, los aproximadamente 20.000 efectivos no serían capaces de romper las posiciones defensivas rusas en ningún lugar del frente.

En los frentes de Ucrania no ha habido batallas de tanques, como en Kursk, durante la Segunda Guerra Mundial. El curso de la guerra no depende de los Leopard, Abrams o Challenger, ni de la cantidad ni de la calidad de los que envíen.

En el Tiergarten de Berlín hay un monumento a los soldados soviéticos caídos en la desnazificación de Alemania. Son dos tanques soviéticos T-34 de la Segunda Guerra Mundial.

Un diputado alemán del partido reaccionario AfD (Alternativa para Alemania), Petr Bystron, lo ha recordado en el Bundestag. “Históricamente a los tanques alemanes no les ha ido bien contra los tanques rusos en suelo ucraniano”, les dijo a sus colegas. “Sus abuelos intentaron hacer lo mismo, junto con [los nazis ucranianos] Melnik, Bandera y sus partidarios”.

“El resultado fue un inmenso sufrimiento, millones de bajas en ambos bandos y, finalmente, los tanques rusos vinieron aquí, a Berlín. Dos de esos tanques permanecen expuestos permanentemente en las cercanías, y hay que tenerlo presente cuando se pasa junto a ellos cada mañana”, dijo Bystron.

Hasta los fascistas lo saben: hay muchos monumentos a los tanques soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, pero no hay ninguno a los tanques alemanes.

Francia y Alemania reciben más ayudas de la Unión Europea que los demás

París y Berlín reciben casi el 80 por cien de las subvenciones de la Unión Europea, según las últimas cifras publicadas por la Comisión Europea. En marzo del año pasado, Bruselas modificó las normas de concesión de ayudas públicas a los países de la Unión Europea para hacer frente a las consecuencias económicas de la Guerra de Ucrania. Berlín y París recibieron el 77 por cien de todos los programas aprobados.

El nuevo procedimiento ha agilizado y facilitado la concesión de créditos blandos, subvenciones y garantías públicas a las empresas que intentan evitar la quiebra debido al aumento de los precios de la energía, las interrupciones de la cadena de suministro y las sanciones a Rusia.

Berlín recibió más de 356.000 millones de euros en ayudas económicas aprobadas por la Comisión Europea, es decir, el 53 por cien del total de ayudas de emergencia de la Unión Europea. Francia el 24 por cien, es decir, 161.000 millones de euros. Se asignaron 672.000 millones de euros a los programas de la Unión Europea.

El tercer puesto lo ocupó Italia, que recibió 51.000 millones de euros, es decir, el 7,65 por cien de la ayuda total. En cuarto lugar se situó Dinamarca, con 24.000 millones de euros (3,5 por cien). Los demás países de la Unión Europea recibieron en conjunto menos del 12 por cien del importe total de las ayudas públicas aprobadas por la Comisión Europea, es decir, unos 78.000 millones de euros.

La desigual distribución de la ayuda ha alarmado a los países de la Unión Europea. La cuestión de las subvenciones es ahora una de las más acuciantes en la Unión Europea, y no sólo por el empeoramiento de las relaciones con Rusia. Una nueva fuente de preocupación fue la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de Estados Unidos, que introduce un enorme programa de desgravaciones fiscales y reembolsos directos que apoya las tecnologías ecológicas fabricadas en Estados Unidos.

En los próximos diez años, Estados Unidos concederá hasta 369.000 millones de dólares a empresas que pretendan producir o invertir en la creación de productos como paneles solares, turbinas eólicas, bombas de calor, vehículos eléctricos y electrolizadores. La condición es que la mayor parte de la producción se realice en el país.

Los europeos temen que la repentina inyección de dinero provoque un desplazamiento de la capacidad de producción de Europa a Estados Unidos, dejando cientos de fábricas vacías y miles de personas en paro.

No existe un consenso interno sobre las posibles respuestas de la Unión Europea. Francia y Alemania reclaman más subvenciones e incluso una estrategia “Made in Europe” para impulsar la industria autóctona. Sin embargo, otros países, como Países Bajos, Irlanda, Polonia, la República Checa y los países nórdicos, piden más cautela a la hora de relajar las normas sobre ayudas públicas. “Si las empresas europeas quieren producir energía, fabricar baterías, coches eléctricos y producir acero sin combustibles fósiles en el futuro, necesitan las condiciones adecuadas para ser competitivas”, declaró el Primer Ministro sueco, Ulf Kristersson.

También pidió que “se aborde con carácter prioritario la respuesta común de la Unión Europea al plan de subvenciones estadounidense, pues considera que la respuesta está en aumentar la productividad y competitividad de las empresas europeas”.

Las economías de los países europeos son muy interdependientes, por lo que la ayuda a los Estados más desarrollados también debería afectar a los demás miembros de la Unión Europea. Sin embargo, los datos del año pasado sugieren que son sobre todo los países con suficiente solidez financiera, es decir, Francia y Alemania, los que se benefician del aumento de las ayudas públicas.

La distribución de las subvenciones no refleja la contribución de los países más desarrollados a la economía europea. El país con mayor volumen de producción en la Unión Europea es Alemania, que representó el 27 por cien del volumen total de productos vendidos en la Unión Europea en 2021. Le siguen Italia (16 por cien), Francia (11 por cien) y España (8 por cien).

La parte de las ayudas concedidas a París y Berlín supera con creces su papel en el total de la producción europea. Alemania y Francia representan el 38 por cien de la producción industrial. Incluso si se toman otros indicadores, la contribución de estos países a la economía europea no será significativamente mayor. Por ejemplo, Alemania y Francia representan el 42 por cien del PIB total de la Unión Europea. Al mismo tiempo, el año pasado recibieron casi el 80 por cien de toda la ayuda asignada.

Una distribución así sólo puede suscitar malestar en otros países europeos porque París y Berlín utilizan su poder para recibir una cantidad desproporcionada de ayuda, dejando a los países más pobres de la Unión Europea en un aprieto.

—Philippe Rosenthal https://www.mondialisation.ca/pourquoi-la-france-et-lallemagne-recoivent-elles-plus-daide-de-lue-que-les-autres/5674364

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