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Día: 23 de enero de 2023 (página 1 de 1)

Una intensa ola de frío mata a más de 100 personas en Afganistán

Desde el 10 de enero una ola de frío polar ha llegado a Afganistán con consecuencias dramáticas. Según el Ministerio de Gestión de Desastres, al menos 104 personas han muerto desde que las temperaturas comenzaron a caer.

Se teme que la pérdida de vidas por el frío sea bastante mayor, debido a la falta de registros oficiales en algunas provincias. Los cálculos también estiman que han muerto unas 70.000 reses, un bien vital para la población.

Pero en todo el mundo lo que mata en realidad no es tanto el frío como la pobreza. En Afganistán muchas personas con ingresos reducidos no pueden permitirse comprar leña y carbón durante el invierno.

“Este invierno es, con diferencia, el más frío de los últimos años”, ha declarado Mohammad Nasim Muradi, jefe del servicio meteorológico afgano. “Esperamos que la ola de frío continúe durante otra semana o más”, advirtió.

La región central de Ghor registró las temperaturas más bajas: -33 C° durante el fin de semana de mediados de enero.

En el campo las familias sin hogar se acurrucan alrededor de hogueras, mientras que en Kabul los más afortunados se reúnen en torno a las tradicionales cocinas de carbón.

En la provincia de Herat la semana pasada recogieron los cadáveres de 45 toxicómanos de la calle que murieron de hipotermia. Hay unos 7.000 drogadictos que viven en las calles de la provincia. La policía ha tenido que sacar de ellas a 3.500 de ellos para llevarlos a albergues.

En varias provincias del centro y del norte, las fuertes nevadas han provocado cortes de carretera. La ola de frío se ha sumado a los numerosos retos a los que se enfrenta el país.

El gobierno talibán ha intentado socorrer a más de un millón de personas en todo el país, según la agencia Associated Press, pero la economía ha quedado muy maltrecha por décadas de guerra y, además, se ha visto sumida en una crisis tras el corte de miles de millones de dólares en ayuda internacional desde agosto de 2021.

Las ONG ya no envían tampoco ayuda por la discriminación impuesta a las mujeres por el gobierno de Kabul. Para ese tipo de movimientos es preferible la muerte por hambre o por frío que la discriminación.

Las tropas francesas tienen un mes de plazo para salir de Burkina Faso

Burkina Faso ha instado a las tropas francesas movilizadas en su territorio a marcharse en el plazo de un mes, lo que refuerza el acercamiento del nuevo gobierno a Rusia.

En un contexto de tensiones continuas entre los dos estados durante meses, Uagadugu ha reclamado en la semana la salida de las tropas dentro de un mes. La Agencia Burkinesa de Información (AIB) confirmó la información. El pasado miércoles el gobierno burkinés denunció el acuerdo que rige la presencia de las fuerzas armadas francesas en su territorio desde 2018. Eso da un mes a las tropas francesas para abandonar el territorio de Burkina Faso, según los términos del acuerdo firmado el 17 de diciembre de 2018.

La decisión no supone, “de ningún modo”, una ruptura de las relaciones con Francia, ya que afectaba “únicamente” a los acuerdos de cooperación militar, dicen las fuentes africanas.

La presencia militar de la antigua potencia colonial en el país ha sido problemática. Recientemente se organizaron manifestaciones en Uagadugú para exigir la retirada del ejército francés de Burkina Faso, que acoge a 400 fuerzas especiales.

La semana pasada el presidente del gobierno de transición, el capitán Ibrahim Traoré, declaró que la lucha por la soberanía estaba “comprometida”. El hombre que llegó al poder el pasado septiembre, tras el segundo Golpe de Estado en ocho meses, prometió que se revisarían las relaciones con “ciertos Estados”.

Los militares quieren “diversificar sus alianzas”, especialmente en la lucha contra los yihadistas. Ibrahim Traoré tiene como prioridad la “reconquista del territorio ocupado por las hordas de terroristas”, según sus propias palabras.

Uagadugu podría plantearse un acercamiento a Rusia. La semana pasada, el Primer Ministro, Apollinaire Kyelem de Tembela, afirmó que una asociación más estrecha con Moscú sería una opción razonable, durante una reunión con el embajador ruso Alexey Saltykov. “Creemos que nuestra asociación debe reforzarse”, declaró el Primer Ministro, que realizó una discreta visita a Moscú el pasado mes de diciembre.

Occidente no puede permitir que gane Rusia y Rusia no puede permitir que gane Occidente

El viernes Borrell dijo que Occidente debe seguir enviando armas a Kiev porque Rusia está acostumbrada a ganar guerras muy largas. “Rusia es un gran país, una gran nación que está acostumbrada a luchar hasta el final, casi perder y volver a levantarse”, dijo Borrell en un discurso en Madrid, citando como ejemplos históricos la invasión de 1812 por Napoleón y la de 1941 por Hitler.

“Sería absurdo pensar que Rusia ha perdido la guerra o que su ejército es incompetente”, añadió Borrell. Es cierto que Moscú va perdiendo la guerra, “pero sigue teniendo una enorme fuerza y capacidad para seguir combatiendo”.

“Por eso ha llegado el momento de seguir armando a Ucrania con el equipo militar y los medios necesarios para librar el tipo de guerra que necesita librar”, concluyó.

Según Borrell, la guerra no es sólo “defensiva”, sino que le permite a Ucrania “tomar la iniciativa y romper los frentes e impedir que Rusia lance otra ofensiva muy poderosa y sangrienta dentro de unos meses”.

Para Borrell la victoria en la guerra es sólo cuestión de armamento. Bastarían unos cuantos tanques Leopards, Challengers o Abrams para llegar a Moscú y convertir a Rusia en un nuevo reino de Taifas, como los Balcanes.

En cierta manera Borrell está de acuerdo con Putin. En Rusia casi todos los medios hablan de la misma manera: Occidente se pone de acuerdo para invadir la “Madre Patria” por tercera vez. Las dos anteriores se llamaron “Guerra Patriótica” y “Gran Guerra Patriótica”, respectivamente. Lo que en la memoria occidental son guerras “mundiales”, en Rusia son guerras “nacionales”. Muchos siguen sin comprender la diferencia, que es abismal.

Lo mismo ocurre con otra expresión en boca de todos: la Tercera Guerra Mundial. El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki ha advertido de que la derrota del ejército ucraniano en la batalla de Soledar allana el camino para una victoria rusa no sólo en el Donbas, sino en toda Ucrania. Según él, es el preludio de la “Tercera Guerra Mundial”.

Dmitry Medvedev, que actualmente ocupa el cargo de vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, dice lo mismo, pero al revés: lo que desataría una nueva guerra mundial no sería una victoria rusa sino una derrota: “Los imbéciles que piden una derrota rusa en Ucrania no parecen darse cuenta de que tal resultado podría conducir a una escalada nuclear”, dijo Medvedev.

Es la pescadilla que se muerde la cola: Occidente no puede permitir que gane Rusia y Rusia no puede permitir que gane Occidente. Ambas partes están de acuerdo en que cualquier de las dos posibilidades supone que estallará una nueva guerra mundial, nuclear.

Medvedev lanzó la advertencia antes de la cumbre en la base aérea de Ramstein, en Alemania. “La derrota de una potencia nuclear en una guerra convencional puede desencadenar el inicio de una guerra nuclear. Las potencias nucleares nunca han perdido un conflicto importante del que dependiera su destino”, afirmó Medvedev.

Un impago de Estados Unidos desencadenaría una crisis financiera mundial

Como anunciamos, el jueves Estados Unidos alcanzó su techo de deuda pública. Este límite obliga al Departamento del Tesoro estadounidense a recortar gastos para garantizar el cumplimiento de sus compromisos financieros. El gobierno de Biden tiene que recortar el gasto público y subir los impuestos.

El techo de endeudamiento lo fijó el Congreso en unos 31 billones de dólares. ¿Conseguirá Estados Unidos evitar el impago? No sólo tendría consecuencias para el funcionamiento de los servicios públicos del país, sino también, como mayor economía, para el resto del mundo.

La Secretaria de Finanzas estadounidense, Janet Yellen lo advirtió el viernes. En caso de impago “nuestros costes de endeudamiento subirían y todos los estadounidenses verían subir los suyos”.

“Pero más que eso, la incapacidad de hacer un pago, ya sea a nuestras obligaciones de deuda, a nuestros beneficiarios de gasto social o a nuestro ejército, causaría sin duda una recesión en Estados Unidos y podría conducir a una crisis financiera mundial”, dijo Yellen.

En sí mismo, no se trata de un hecho insólito, ya que el límite máximo se ha legislado 79 veces desde 1960. El límite actual de 31 billones fue fijado por el Congreso en diciembre de 2021, antes de la Guerra de Ucrania. “Sin duda dañaría el papel del dólar como moneda de reserva utilizada en las transacciones de todo el mundo. Muchos estadounidenses perderían su empleo”, insistió Yellen.

Una vez alcanzado el techo, el Tesoro estadounidense ya no puede pedir dinero prestado, ni siquiera a corto plazo con fines de capital circulante, y ha puesto en marcha un periodo de suspensión de la emisión de deuda que durará hasta el 5 de junio.

También se han puesto en marcha medidas excepcionales, como la suspensión de los pagos a varios fondos de pensiones y de las prestaciones sanitarias y por incapacidad de los funcionarios públicos, ajustes técnicos que no son inmediatamente necesarios para pagar las pensiones.

Estas medidas sólo pueden ser temporales y, si el Congreso no llega a un acuerdo, Estados Unidos podría acabar incurriendo en impago.

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