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Mes: enero 2023 (página 1 de 12)

Nuland viaja a India para estrechar el aislamiento de Rusia

La subsecretaria de Estado Victoria Nuland ha estado de visita en Nepal y hoy llega a India. Nuland dirigió el Golpe de Estado fascista de 2014 en Kiev y se alegró abiertamente del sabotaje y destrucción del gasoducto Nord Stream.

A Washington el tiro le ha salido popr la culata: las sanciones contra las exportaciones rusas han provocado un importante fortalecimiento de los lazos con India. Rusia vende crudo a India a la mitad del precio mundial y, además, la producción de derivados se está transfiriendo también a India (*).

Tras el embargo de la Unión Europea sobre los productos petrolíferos rusos, India es el principal proveedor europeo de petróleo refinado ruso, con un volumen de exportación potencial de decenas de miles de millones de dólares.

Técnicamente, eso no viola las sanciones a Rusia, pero inquieta al gobierno de Biden, que había previsto que sería posible impulsar las exportaciones estadounidenses para sustituir a los productos petrolíferos rusos en el lucrativo mercado europeo.

A Estados Unidos le preocupa la unión gasista entre Rusia, Pakistán e India. Los viejos aliados regionales toman sus propias decisiones, sin contar con Washington y, además, ganan mucho dinero.

Ese trío de países se complementa con otro que ya está en marcha un poco más al norte, en el que participan Uzbekistán y Kazajistán. Un invierno muy crudo les ha obligado a firmar contratos de suministro con Rusia, que irán acompañados de nuevos oleoductos.

Victoria Nuland estará en India para buscar la manera de estropear una fiesta asiática que les ha dejado al margen del tablero.

(*) https://www.ng.ru/economics/2023-01-16/1_8635_india.html

Japón y Países Bajos se suman al bloqueo tecnológico de Estados Unidos contra China

Japón y Países Bajos han llegado a un acuerdo con Estados Unidos para imponer restricciones a China en la industria de los semiconductores. Delegaciones de ambos países estuvieron en Washington para escuchar una amplia gama de bloqueos con el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan (*).

El portavoz de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Kirby, reconoció que ambas delegaciones hablaron de cuestiones que son “importantes” para los tres, “y, desde luego, la seguridad de las tecnologías emergentes esta en el orden del día”, declaró a la prensa.

Entre los temas tratados figuraba la restricción de las exportaciones de equipos de fabricación de semiconductores a China. Conseguir que Países Bajos y Japón impongan controles más estrictos a las exportaciones chinas es una importante victoria diplomática para Biden, que en octubre anunció un bloqueo para impedir el acceso de Pekín a la tecnología estadounidense de fabricación de chips, con el pretexto de frenar sus avances tecnológicos y militares.

Las empresas japonesas podrían seguir vendiendo componentes no avanzados a China en virtud de la normativa, y cualquier descenso de los envíos a China podría cubrirse a medio y largo plazo aumentando la producción en regiones como Estados Unidos, Alemania e India.

La fragmentación del mercado mundial sigue, pues, su curso y el servilismo de los aliados hacia sus jefes de Washington es imprescindible para estrechar el cerco económico a China.

Estados Unidos intenta mantener su hegemonía y, a través del bloqueo tecnológico, asesta un golpe al conjunto de la economía china, perjudicando su industria de manera permanente, especialmente en inteligencia artificial y computación cuántica.

Huawei sólo fue un comienzo. Más que un competidor, era un enemigo, una amenaza para la infraestructura de telecomunicaciones de Estados Unidos y, por ello mismo, de todo el mundo. Al gigante chino lo retrataron como un caballo de Troya moderno, porque en su plataforma 5G tenía una supuesta puerta trasera que nunca han mostrado.

El nudo es el concepto de “fusión tecnológica”, que repite la noción de la tecnología de “doble uso” de la Guerra Fría: las tecnologías avanzadas tienen fines tanto comerciales como militares, son parte esencial del capitalismo monoplista de Estado.

Las empresas privadas han entrado en la lista negra del Departamento de Comercio de Estados Unidos por motivos de seguridad nacional. El último caso es el de TikTok. Los pretextos militares y de seguridad esconden que la tecnología china se acerca peligrosamente a lo que hasta ahora era un coto reservado a las empresas estadounidenses.

El año pasado Estados Unidos aprobó la Ley Chips, por la que el Estado apoyará la innovación tecnológica, es decir, dinero público para grandes empresas privadas. El gobierno cierra una puerta, la extranjera, y abre otra, la autóctona, porque el libre comercio ya no existe. El capital también tiene pasaporte y visado.

En Washington se creyeron sus propias leyendas: la “mano invisible” de Adam Smith seguía funcionando. En 1964 la investigación financiada con fondos publicos era del 1,9 por cien del PIB; en 2020 había caído al 0,7 por cien y la hegemonía tecnológica se les escapaba de las manos. El Estado (el ejército) tiene que salir al rescate de los monopolios privados, una vez más.

(*) https://www.reuters.com/world/officials-netherlands-japan-washington-chip-talks-2023-01-27/

Yenín bajo el fuego del odio

Hay que pasar por Calandia para llegar a Yenín. Multitudes de palestinos se cruzan en silencio en este espantoso lugar controlado por los militares, que nunca se limpia. Hay que tomar un “servicio de taxi” a la salida del puesto de control que separa Ramala de Jerusalén.

Mohammed, el conductor, una buena cabeza, me recibió con gran amabilidad. Ocupé el último asiento del pequeño taxi-bus. Rumbo a Jenin. Me encontré con los ojos de los viajeros que ya estaban instalados. Ocho hombres jóvenes, altos, guapos y tímidos.

El conductor estaba a punto de arrancar el autobús cuando apareció un jeep, seguido de otro cuyo megáfono gritaba en árabe que nadie se moviera. Dos policías con uniforme azul oscuro recogieron las identificaciones de los hombres del taxi-bus. Otros seis policías comprobaron la identidad de todos los hombres de la zona. Una vez recogidas las identificaciones, los policías se encerraron en sus jeeps.

¿Cómo se sintieron todos los hombres en ese momento, cuando fueron colocados en una posición de inferioridad y se sometieron tan obedientemente a la fuerza de ocupación? En los últimos meses miles de hombres han sido controlados, secuestrados, arrojados a la cárcel, sin juicio previo, sin otra razón que degradarlos… Se veían obligados a permanecer a la espera, mientras los policías se complacían, se reían de la enésima humillación que no dudaban en prolongar.

Cuando los policías entregaron finalmente los documentos de identidad a todos los pasajeros, el conductor arrancó inmediatamente el motor. El viaje fue fascinante y doloroso al mismo tiempo. Fascinante por la calurosa acogida que me dispensaron mis compañeros de viaje. Doloroso, a la vista de estos magníficos paisajes bíblicos desfigurados por la construcción de asentamientos agresivos; todos iguales, todos horribles, todos rodeados de vallas electrificadas. Doloroso también al ver a los colonos enarbolando la bandera israelí mientras los palestinos estaban aquí, en un “territorio autónomo”.

Al acercarnos a un puesto de control en campo abierto, sentí que mis compañeros estaban nerviosos. El taxi-bus se detuvo. Los soldados, con ametralladoras apuntándonos, nos hicieron señales para que saliéramos. Los hombres hicieron lo que se les dijo. En fila, en silencio, con los brazos en alto y la mirada perdida. Eran de Yenín y volvían a casa. Pero a los ojos de los soldados, cualquier palestino que quisiera ir a Yenín sólo podía ser malintencionado, sospechoso.

Fríos, petulantes, groseros, los soldados no les hablaban de forma humana; les ladraban para que se desnudaran. Humillantes como eran, se quitaron las chaquetas y las camisas, se bajaron los pantalones, sin inmutarse ni mostrar ninguna animosidad. Si hubieran querido, era arriesgado negarse o simplemente hablar con los soldados sobrearmados que les gritaban, violando su intimidad. La tensión fue palpable cuando el mayor de ellos no obedeció y los soldados se lo llevaron aparte.

Sólo hablaban los ojos. Había fuerza en sus ojos. ¿La fuerza de los oprimidos que están seguros de su derecho?

Estaba claro: el testarudo no se descubriría el pecho, sino que moriría. Tal vez incluso había hecho este valiente movimiento porque se había dado cuenta de que en presencia de un testigo, una mujer, los soldados, quién sabe, se contendrían, y que ésta era su oportunidad de hacer valer su dignidad, de resistir. No se le había escapado que el oficial había tratado inmediatamente de ganarse mi simpatía y que se había mostrado bien dispuesto hacia mí.

Estos hombres jóvenes y fuertes se encontraban en una posición de debilidad, mientras que yo me salvé simplemente porque no era ni palestina ni musulmana.

Cuando el agente ordenó que se llevaran al testarudo, me recorrió un escalofrío. Intenté hablarle con amabilidad, pidiéndole un poco de humanidad. En ese momento, cuando los soldados rebuscaban entre todo el equipaje, ordenaron abrir una pequeña caja de cartón que pertenecía al testarudo. Qué alivio fue ver salir de ella a un polluelo. El testarudo lo sostuvo en la palma de la mano y sonrió. Aun así, había conseguido inquietar a los soldados, sobrearmados y de aspecto estúpido.

El pollito encontró su lugar en la cajita y nosotros encontramos nuestro lugar en el taxi. Mientras nuestro pequeño autobús avanzaba, todos permanecían absortos en sus propios pensamientos, como retraídos en una especie de autosatisfacción. Esto no duró. A medida que nos acercábamos a Yenín, la tensión era máxima. Nuestro chófer, con su carácter sonriente y controlado -que aprendió a gustarme mucho en aquellos escalofriantes minutos-, fue recabando información de los pocos viajeros con los que se cruzó, que le confirmaron que el ejército israelí patrullaba, rodeando Yenín. Los hombres que querían entrar o salir de la ciudad a menudo eran detenidos o rechazados.

En cuanto vio un control militar, apagó el motor, recogió nuestras identificaciones y bajó del autobús. Se cuidó de abrirse la camisa y, con los brazos en alto, recorrió los cien metros que separaban su vehículo del puesto de control militar. Por su andar lento y vacilante, se notaba que estaba ansioso. Sólo cumplía con su deber como conductor palestino, y estos arrogantes, armados con sus armas, tenían el poder de tratarle como a un criminal.

Mis compañeros de viaje, trabajadores que regresaban con sus familias tras largos meses de ausencia, también tuvieron que aceptar, sin abordarlo, que se les prohibiera viajar por su propio país y que ¡podrían dispararles! No se trataba de una barricada cualquiera. Era uno de esos “puestos de control móviles”, además de los cientos de controles de carretera permanentes, diseñados para hacer incierto cualquier movimiento, vayas donde vayas en Palestina.

Cuando venían hacia nosotros se comportaban de forma obscena. Gritaban, disfrutando claramente humillando a estos hombres dignos que no tenían más remedio que ser maltratados y ver cómo sus torturadores examinaban las identificaciones, sin mostrar ninguno de sus sentimientos.

En ese momento, comprendí que a esos soldados que habían crecido odiando a “los árabes”, que habían perdido su sentido de la humanidad, no les quedaban salvaguardias. Y que, simplemente por eso, eran peligrosos a los ojos de los ocupantes. Todo esto era repugnante. Porque los palestinos estaban constantemente amenazados, ¡inmensamente solos contra esos brutos! ¿Por qué el mundo se negó a ver que existía la obligación moral de protegerlos de los abusos de Israel?

Después de aterrorizarnos, utilizando el ritual que debió de someter a estos hombres a una presión extrema, los soldados nos ordenaron marcharnos. Tomamos asiento y se hizo el silencio. Hasta que, tras muchos rodeos, nuestro maravilloso conductor nos hizo comprender que esta vez Jenin estaba a nuestro alcance. En el emotivo momento de la separación, vi al conductor seguir su camino con una punzada de tristeza.

¡Yenin! Una ciudad hecha jirones. Asesinada. La alegría de estar allí. Luego el miedo. La llegada repentina de tanques y jeeps desde los que los soldados, invisibles, empezaron a disparar a los transeúntes, a los niños principalmente que tenían la desgracia de estar allí. El ejército más experimentado del mundo disparaba contra niños, contra personas que no luchaban contra ellos o les devolvían los disparos con piedras.

Las ambulancias gritaban. La gente gritaba. Luego, a través de altavoces, los soldados proclamaron el toque de queda. Teníamos que volver cuanto antes, dejar la calle. Yenín, con sus casas en ruinas, sus calles rotas, sus niños harapientos, era un espectáculo digno de contemplar. ¡Qué escándalo! Aunque deberíamos haber acudido en su ayuda, nada, todo sigue igual desde la carnicería de abril de 2002, cuando, en pocas horas, el ejército israelí bombardeó, arrasó y pulverizó cincuenta años de trabajo, ¡dejando en la calle a miles de palestinos!

Encontré a Tobías, un voluntario del Movimiento de Solidaridad Internacional que, tras seis meses aquí, no se resignaba a la idea de marcharse. Se había encariñado mucho con esta gente. Se sintió muy preocupado por su angustia y por el hecho de que Israel siga enviándoles soldados, día tras día, para brutalizarlos, detenerlos y asesinarlos.

El 5 de abril de 2003 estaba aquí cuando los soldados les dispararon, destrozando la cara de Brian Avery, un estadounidense de 24 años. A pesar de sus graves heridas, Brian, que fue sometido a una cirugía reconstructiva a fondo y quedará mutilado de por vida, mantiene la moral alta.

Tobías no tiene 30 años. Es reservado y reflexivo. Sobre la creciente violencia del ejército, la dureza de la vida aquí, Tobías me respondió amablemente: “Es horrible lo que está pasando aquí. Los palestinos soportan una pesada carga. Sólo llevo mi parte. Mi sufrimiento en los meses que llevo aquí no es nada comparado con lo que los palestinos han soportado a diario durante 38 años de ocupación 38 años de sufrimiento continuo. Me gustaría quedarme aquí, seguir participando en esta acción solidaria aunque, a veces, ante la gravedad de la situación, me sienta impotente”.

Sobre su compromiso, su futuro, respondió con calma: “Sueco o palestino, me da lo mismo. Vengas de donde vengas, cuando crees en algo, todos podemos contribuir, cada uno a su manera, a cambiar las cosas”. Sobre la omnipresente muerte violenta aquí, Tobías dice gravemente: “Ahora mismo estoy afectado. Necesito ir a descansar. Al mismo tiempo veo llegar la hora de la partida con angustia. Sí, creo que todos los muertos y heridos han dejado su huella en mí. Vi con mis propios ojos cómo mataban a 38 personas. No sería humano si dijera que no me afecta. Es duro, pero me gustaría que se supiera que cualquiera que venga aquí puede ayudar a mejorar la suerte de la gente y apoyarla en su resistencia pacífica. Aprecio y admiro a todos los voluntarios que han venido a Palestina y que, tras haberse comprometido aquí, van y cuentan al mundo lo que han visto”.

Sobre la generosidad y amabilidad de la gente, Tobias dijo con emoción apenas contenida: “En Yenín la gente es terriblemente pobre. Cuando Estados Unidos bombardeó Irak, sufrieron; recaudaron dinero para enviar libros de texto a los niños iraquíes. Les desmoralizó mucho ver a sus hermanos iraquíes derrotados”.

Tobías se levantó de repente de la silla, reconoció el sonido de los tanques. Corrió hacia la ventana para ver por dónde venían. Luego vimos pasar helicópteros y aviones. Vimos enormes bolas de fuego que se elevaban hacia el cielo, iluminando Yenín como la luz del día y haciéndola aún más vulnerable. Nuestros corazones se hundieron. Lo sentimos mucho por los palestinos que no pueden descansar ni siquiera por la noche.

Recuerdo con profunda indignación su atroz y penosa vida cotidiana. Sus vidas están llenas de miedo e incertidumbre debido a la violencia perpetuada por los soldados israelíes.

Silvia Cattori http://www.silviacattori.net/spip.php?article244

Holanda prohíbe las explotaciones ganaderas por motivos ‘ecológicos’

En 2019 el Consejo Superior holandés, la máxima autoridad judicial del país, dictaminó que un plan de 2015 para permitir nuevas emisiones de nitrógeno mediante la exigencia de compensaciones, no cumplía con los límites acordados por la Unión Europea.

La decisión del Alto Consejo daba la razón una demanda interpuesta en 2016 por los seudoecologistas holandeses ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Los demandantes alegaban que el gobierno no había protegido las más de 200 zonas Natura 2000 de la Unión Europea de las emisiones de nitrógeno (1).

El Consejo Superior paralizó casi todos los permisos para nuevas explotaciones, incluidas las ampliaciones de cabañas ya existentes. Desde entonces, los ganaderos han emprendido una batalla judicial con el gobierno, que ha tenido su extensión en las calles y carreteras del país, donde se han convocado numerosas movilizaciones.

Países Bajos es el mayor exportador de carne de la Unión Europea (2) y, si las decisiones prosperan, como parece, miles de ganeros tendrán que abandonar su medio de vida.

En junio el gobierno presentó un plan para reducir “drásticamente” el número de animales criados en el país en más de 35 millones para cumplir con la Agenda 2030. El plan prevé pagar a algunos ganaderos holandeses para que se trasladen o abandonen el sector, y ayudar a otros a cambiar a métodos de ganadería más extensivos (en lugar de intensivos), con menos animales y más tierra” (3).

La aberración seudoecologista está alcanzando cotas dignas de un consultorio siquiátrico. El Ayuntamiento de Haarlem ha prohibido los anuncios de carne para “luchar contra el cambio climático”.

Es extraño que este tipo de políticas se traten de implementar en un país como Holanda. ¿Cómo es posible que haya 200 zonas protegidas en un país tan minúsculo?

Los “expertos” dicen que el estiércol del ganado se aprovecha para abonar los cultivos agrícolas, lo que contamina el suelo y acaba en zonas protegidas, como Natura 2000. Es un caso más de que el ser humano perjudica la naturaleza, que deberíamos conservar tal cual.

Pero los “expertos” no parecen enterarse de que si en Países Bajo el ser humano no hubiera puesto diques al mar, no existirían la mayor parte de los cultivos, ni del ganado, ni tampoco los 200 parques naturales que hay en el país. Lo más “natural” es que esos parques “naturales” estuvieran en el fondo del mar.

Pero lo peor es que esta aberración es contagiosa. Unos meses más tarde los estudiantes de una universidad pública de Escocia votaron a favor de prohibir la venta de carne en el campus por la misma razón.

Cada vez más estudios seudocientíficos piden que los alimentos que contienen carne roja incorporen una advertencia climática (4), algo parecido a los mensajes en los paquetes de tabaco: “fumar perjudica gravemente su salud”.

El diario The Guardian sugiere que los agricultores estadounidenses podrían correr la misma suerte que los holandeses, y no vacila en dar explicaciones absolutamente estúpidas: “¿Hemos alcanzado el ‘pico de la carne’ como el pico del petróleo: tanto ganado, tanta contaminación local, que el único futuro sostenible está en la reducción?” Estados Unidos, el mayor productor de carne de vacuno del mundo, también tendrá que responder pronto” a esa pregunta, concluye el periódico (5).

A la tonteoría del “pico del petróleo” se le suma ahora la del “pico del ganado”.

(1) https://www.science.org/content/article/nitrogen-crisis-jam-packed-livestock-operations-has-paralyzed-dutch-economy
(2) https://www.cbs.nl/en-gb/news/2021/25/the-netherlands-is-the-eu-s-largest-meat-exporter
(3) https://www.theguardian.com/environment/2021/dec/15/netherlands-announces-25bn-plan-to-radically-reduce-livestock-numbers
(4) https://reason.com/2022/09/24/in-purported-global-first-dutch-city-bans-meat-ads/
(5) https://www.theguardian.com/environment/2023/jan/16/netherlands-european-union-regulations-livestock

Ucrania secuestra a su propia población para meterla en la picadora de carne

El ejército y la policía ucranianos secuestran en la calle y en las viviendas a hombres de todas las edades para llevarlas a la picadora de carne. En Dnipropetrovsk han llegado a detener a hombres en las entradas de las estaciones de metro durante las alertas antiaéreas.

El Estado Mayor del ejército ucraninano ha acordado con la Oficina Presidencial distribuir cartuchos de fogueo para la movilización a los automovilistas en los puestos de control de la policía.

Los ucranianos han dejado de acudir a las inglesias, donde tanbién se han producido secuestros de feligreses para llevarlos al frente a la fuerza.

La movilización se ha vuelto implacable, ya que el Estado Mayor ha aumentado sus planes para llegar hasta las 200.000 hombres.

Los países de la OTAN van a enviar a Ucrania carros de combate y otros equipos militares a cambio de Kiev intente una ofensiva en primavera.

El objetivo no es crear dos nuevos batallones de tanques, sino formar un cuerpo de ataque mecanizado capaz de romper la línea del frente y penetrar profundamente en el territorio controlado por Rusia.

El nuevo cuerpo de ataque tendrá unos 60.000 hombres y 250 carros de combate. Como Ucrania no puede lograrlo, los equipos occidentales serán operados por tripulaciones de la OTAN. No hay tiempo ni recursos para formar a las tripulaciones ucranianas.

Los secuestros en las calles de las ciudades ucranianas no pueden servir para operar los nuevos tanques que la OTAN quiere enviar. Están destinados a las brigadas de defensa territorial, que emprenderán la primera oleada de ataques. Son la carne de cañón.

Sin su sacrificio ni siquiera podrán emprender la nueva ofensiva. Según el plan, tras ellos llegarán los especialistas de la OTAN para golpear a la agrupación de tropas rusas en el Donbas e irrumpir en Crimea.

Las brigadas de defensa territorial y las brigadas de infantería motorizada formadas con los movilizados atravesarán primero las defensas rusas. En el que improbable caso de que lograran hacerlo sería, obviamente, a costa de pérdidas colosales.

A continuación llegarán los restos de las brigadas de tanques del ejército ucraniano, armadas con vehículos de la era soviética. Están destinados a chocar con las defensas rusas y sus unidades móviles.

Si tienen éxito, allanarán el camino para que los nuevos cuerpos mecanizados, equipados con las nuevas armas occidentales, rompan las líneas rusas.

El ataque irá acompañado de ofensivas de distracción en otras direcciones para impedir el redespliegue de las reservas rusas.

Al final, la OTAN busca implementar uno de los dos escenarios, o bien llegar a Crimea (y quizá penetrar en la península), o cortar al Donbas de Rusia, como se planeó en 2014, es decir, destruir una de las dos agrupaciones del ejército ruso.

Una advertencia a Stalin y un ultimátum a Europa: el bombardeo de Dresde en 1945

Las televisiones se inundan de reportajes sobre los bombardeos rusos contra las ciudades ucranianas, e incuso contra la población civil. Lo mismo dijeron en Alepo, en Siria, durante los ataques contra las madrigueras yihadistas. Sin embargo, apenas pueden mostrar cadáveres, lo que no deja de resultar sorprendente. En efecto, Rusia ha llevado ataques devastadores contra instalaciones militares ucranianas y nudos de comunicaciones, pero el número de bajas es muy reducido. Son ataques quirúrgicos.

La táctica rusa es totalmente opuesta a los bombardeos estadounidenses en cualquier otra guerra, como en Indochina, donde masacraron indiscriminadamente a la población civil vietnamita y camboyana. Son prácticas adquiridas por estadounidenses y británicos desde el final de la Segunda Guerra Mundial por una razón muy evidente: porque no se trataba de derrotar a la Wehrmacht sino de intimidar a la URSS.

En febrero de 1945 la aviación angloamericana destruyó la antigua ciudad alemana de Dresde en tres días de ataques devastadores. La llamaron Operación Rayo y era un anticipo de lo que luego ocurriría en Hiroshima y Nagasaki, aunque en versión convencional.

Dresde era una ciudad del tamaño de otras en Alemania, aunque no contaba con industria pesada. Era una de las capitales culturales de Alemania, famosa por sus monumentos arquitectónicos, museos y teatros. Desde el punto de vista militar era irrelevante, lo mismo que Hiroshima y Nagasaki.

Prueba de ello es que los aliados nunca la habían bombardeado, excepto en una incursión el 7 de octubre de 1944, cuando unas 30 fortalezas volantes estadounidenses atacaron la zona industrial de la ciudad, un objetivo alternativo en el ataque a una fábrica en Ruhland. En aquel bombardeo murieron 435 personas, en su mayoría trabajadores, entre ellos franceses y belgas empleados en las pequeñas fábricas Zeidel-Naumann y Hartwig-Vogel. También hubo muchas bajas entre los prisioneros de guerra aliados que trabajaban en la estación de clasificación.

Una ciudad indefensa, un bombardeo cobarde

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial se instalaron en la capital sajona numerosas baterías antiaéreas pesadas, pero como no la bombardeaban, la gran mayoría de los cañones se trasladaron al Ruhr y al frente oriental, frente al Ejército Rojo.

Muchos de ellos eran cañones antiaéreos soviéticos de 85 milímetros de un modelo de 1939, que habían sido perforados para adaptarse al calibre alemán de 88 milímetros. A mediados de enero de 1945, de los cañones antiaéreos de Dresde sólo quedaban las plataformas de hormigón. La total indefensión de la metrópoli fue un argumento importante en la elección del objetivo a bombardear. Fue un ataque cobarde.

El 2 de febrero de 1945, Hitler ordenó que los aviones de combate de la Luftwaffe sólo atacaran contra objetivos terrestres en el frente oriental, donde las unidades del Ejército Rojo habían tomado cabezas de puente en la orilla occidental del Oder, o contra concentraciones de tropas en al orilla oriental.

Los comandantes británicos y estadounidenses habían planeado de antemano atacar Dresde masacrando a civiles. Se decidió dar a la ciudad el tratamiento que habían dado a Hamburgo en 1943: primero volar tejados y ventanas con bombas explosivas, y luego bombardear bloques, incendiando casas y provocando remolinos de llamas ardientes y resplandecientes a través de tejados y ventanas rotos hasta engullir vigas, muebles, suelos, alfombras, cortinas. Entonces, de nuevo, utilizar bombas de alto poder explosivo para ampliar la zona del incendio y ahuyentar a los bomberos.

“Cuando llegamos a la zona objetivo al final de la incursión, era obvio que la ciudad estaba condenada”, recordó el piloto del Lancaster del Grupo Aéreo 3, que había sido dañado por el fuego antiaéreo y se retrasó. Debía acercarse a Dresde cinco minutos antes del final del ataque, pero llevaba diez minutos de retraso. Probablemente fue el último bombardero que sobrevoló la capital sajona (*).

“Por lo que pude ver, un mar de fuego cubría un área de unas 40 millas cuadradas. De este horno surgía un calor que se podía sentir en la cabina de mi avión. El cielo resplandecía con tonos rojos y blancos brillantes, y la luz del interior del avión era la de un oscuro atardecer de otoño. Estábamos tan horrorizados ante la visión de las monstruosas llamas que volamos solos sobre la ciudad durante mucho tiempo después. Completamente abrumados, imaginando lo que estaba ocurriendo abajo, dimos media vuelta. La luz cegadora de este holocausto era visible desde 30 millas de distancia”.

En la mañana del 14 de febrero Dresde fue atacada por más de 1.300 bombarderos estadounidenses B-17 Flying Fortress y B-24 Liberator. Lanzaron sobre Dresde un total de 1.477,7 toneladas de bombas explosivas, incluidas 529 bombas de fragmentación de 1.800 kilos y una bomba de fragmentación de 3.600 kilos, y 1.181,6 toneladas de bombas incendiarias. En incursiones de distracción, 109 cazabombarderos atacaron Magdeburgo, Bonn, Dortmund, Miesburgo y Nuremberg sin pérdidas. Varias docenas de Fortalezas Volantes se perdieron y alcanzaron Praga por error.

Más de 40.000 civiles murieron en la ciudad, de los cuales 28.736 fueron enterrados en el cementerio de Heidelfriedhof. Se destruyeron monumentos arquitectónicos de valor incalculable. Entre ellos, tres palacios, el antiguo ayuntamiento, el Zwinger construido por Semper, la nueva pinacoteca, cuatro museos y la casa de la iglesia. La mundialmente famosa galería de arte de las Bóvedas Verdes, la obra maestra arquitectónica de Schinkel, el Albertinum -con su valiosísima colección de esculturas- y la Academia de las Artes también fueron pasto de las llamas.

El Ejército Rojo estaba a las puertas de Dresde

El 15 de febrero los dirigentes políticos militares de los aliados recibieron el siguiente mensaje procedente de Moscú: “Tres compañías de tanques al mando del mariscal Konev han realizado un profundo avance hacia Dresde y han hecho retroceder ante ellos a entre 10 y 16 divisiones alemanas derrotadas. El número de prisioneros aumenta cada hora, ya que las formaciones alemanas, debido a su agotamiento, ya no son capaces de replegarse y, por otra parte, la falta de combustible paraliza las columnas de transporte. Esta tarde nuestras columnas de tanques estaban a 80 kilómetros de Dresde”.

Los tanques soviéticos podrían entrar en Dresde en las próximas horas y se hubieran ahorrado 40.000 vidas.

Los británicos afirmarían más tarde que Stalin les había pedido en la conferencia de Yalta que bombardearan Dresde. Era mentira. Ni Stalin ni ningún otro comandante del Ejército Rojo hizo ninguna petición en tal sentido a los aliados.

Los estadounidenses, por su parte, intentaron justificarse diciendo que querían ayudar a la ofensiva del Ejército Rojo destruyendo el nudo ferroviario de Dresde. Pero los ferrocarriles y las estaciones de la ciudad apenas sufrieron daños.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, los políticos estadounidenses y británicos cambiaron el discurso. Querían culpar de la barbarie a la Unión Soviética. El 11 de febrero de 1953 el Departamento de Estado estadounidense emitió un comunicado en el que afirmaba que “el devastador bombardeo de Dresde se llevó a cabo en respuesta a una petición soviética de mayor apoyo aéreo y había sido acordado previamente con los dirigentes soviéticos”.

En febrero de 1955, cuando se cumplió el décimo aniversario del bombardeo, el periódico británico Manchester Guardian recordó que las incursiones fueron una operación “llevada a cabo por aviones británicos y estadounidenses en respuesta a una petición urgente soviética de atacar este importante centro de comunicaciones”.

Cometer un crimen de guerra para intimidar a Stalin

Churchill propuso la Operación Rayo a las fuerzas aéreas en la Conferencia de Crimea, celebrada del 4 al 11 de febrero de 1945. Quería intimidar a Stalin destruyendo una gran ciudad alemana. El mal tiempo retrasó el bombardeo y la destrucción de Dresde tuvo lugar una vez finalizada la cumbre de Yalta.

Los aliados occidentales siempre excusaron sus bárbaros bombardeos con el pretexto de la ayuda al Ejército Rojo. Por ejemplo, el 3 de febrero de 1945, Berlín sufrió el mayor ataque aéreo de la guerra. Ese día, 937 bombarderos estadounidenses B-17 y B-24, escoltados por 613 cazas, aparecieron en el cielo densamente nublado sobre la capital del III Reich. Durante 53 minutos, lanzaron 2.267 toneladas de bombas sobre los distritos de Tempelhof, Schöneberg y Kreuzberg. Durante esta operación fueron derribados 36 bombarderos y 9 cazas.

Fue la primera incursión aérea diurna estadounidense en zonas residenciales de Berlín, siguiendo el espíritu de las incursiones nocturnas británicas. Cuatro kilómetros cuadrados de la zona quedaron completamente destruidos y unas 23.000 personas murieron.

Los mandos estadounidenses comunicaron a sus pilotos antes del vuelo que el 3 de febrero el 6 Ejército Panzer de las SS pasaba por Berlín en su camino desde las Ardenas hacia el frente oriental y que debían ayudar a los soviéticos. Era otra mentira. El 6 Ejército Panzer de las Ardenas se había trasladado al lago Balaton, en Hungría, y no estaba ni a 100 kilómetros de Berlín. Sin embargo, la mentira se repitió incluso después de la guerra.

En cambio, cuando los comandantes soviéticos pidieron bombardear los barcos y puertos alemanes en las costas del Báltico y Prusia Oriental, Londres y Washington se negaron.

El bombardeo de Dresde, Berlín y algunas otras ciudades alemanas no tuvo ninguna importancia militar, lo mismo que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Los interrogatorios realizados por oficiales estadounidenses y británicos a los soldados de la Wehrmacht capturados en la primavera de 1945 dan testimonio elocuente de ello.

Las incursiones aéreas en Dresde y otras ciudades alemanas pretendían chantajear al gobierno y al pueblo soviéticos. Estados Unidos también planeaba arrasar Alemania, Francia e Italia para convertirlos en países clientelares después de la guerra. Es la política del palo y la zanahoria. Por un lado, destruyen cientos de ciudades en Alemania, Francia, Italia, Austria, Yugoslavia y otros países, y por otro, prometen el Plan Marshall: 13.000 millones de dólares de la época.

(*) https://svpressa.ru/post/article/359968/

El ‘dios de la guerra’ ha caído (los Himars son un trofeo en las vitrinas del ejército ruso)

Los bots de la OTAN inundan las redes sociales cantando alabanzas a los tanques que la OTAN va a enviar a Ucrania, que son la octava maravilla del mundo. Ya lo hicieron antes con los Himars, otra joya de la artillería occidental ensalzada hasta el aburrimiento por los tertulianos de la radio y la televisión.

Himars son las iniciales de “High Mobility Artillery Rocket System” o sistema de artillería de misiles de alta movilidad. Tienen troneras para disparar hasta seis misiles casi simultáneamente.

Los traficantes de armas que los venden, Lockheed Martin, los calificaron de “temibles” y, desde luego, Rusia no es capaz de fabricar nada parecido. Newsweek dijo que eran el “dios de la guerra” (1). Según la BBC, los Himars estaban destinados a cambiar el curso de la Guerra de Ucrania. “Se han convertido en un símbolo de la vulnerabilidad rusa”, decían (2).

Ahora el ejército ruso ha logrado derribar varios misiles disparados por los sistemas Himars y capturar su sistema de control (3). A juzgar por el estado visual, la unidad de control del misil no ha resultado dañada, lo que permitirá estudiar sus capacidades y desarrollar una solución para contrarrestar mejor los ataques con este tipo de sistemas de guiado.

En las fotos que ha presentado el ejército ruso se puede ver la unidad de control del misil M30\M31, capturado como trofeo. El bloque no ha sido dañado en absoluto.

Es difícil adivinar qué tipo de información revelará dicha unidad de control, aunque es obvio que es un sistema de guiado de misiles a través de protocolos especiales de satélites militares y GPS.

Hasta la fecha el ejército ucraniano sigue utilizando sistemas Himars para lanzar ataques, pero su eficacia ha disminuido muy rápidamente desde que llegaron a los campos de batalla. No son la panacea que habían prometido a los ucranianos.

(1) https://www.newsweek.com/himars-form-nato-shield-against-russia-baltics-depth-analysis-1759659
(2) https://www.aljazeera.com/news/2022/7/26/the-russians-have-nothing-equivalent-how-himars-help-ukraine
(3) http://avia-pro.fr/news/rossiyskie-voennye-zahvatili-sistemu-upravleniya-raketami-himars

¿Le interesa a Estados Unidos la prolongación de la Guerra de Ucrania?

La Rand Corporation ha elaborado un informe para identificar las diversas áreas en las que Estados Unidos puede obtener un beneficio de su pugna con Rusia y China (*). Sobre todo, busca las vulnerabilidades económicas, políticas y militares de Rusia, incluidas las opciones aéreas y espaciales, marítimas y terrestres.

La Rand Corporation es un instituto de investigación financiado por el gobierno de Washington y la industria de guerra. Fundada poco después del final de la Segunda Guerra Mundial, trabaja principalmente para el Pentágono en la elaboración de estrategias.

No hace falta recordar que el informe está redactado en el contexto de la Guerra de Ucrania y ninguno de los escenarios que estudia la Rand contempla la posibilidad de que Rusia sea derrotada. Estados Unidos debe suministrar “ayuda letal” a Ucrania, pero debe impedir tanto la escalada militar como la prolongación de la guerra.

En el caso contrario, si la guerra se prolongara, Estados Unidos debería “tomar medidas que hagan más probable un eventual final negociado del conflicto”. Para ello tiene dos opciones, que son compatibles. Puede presionar a Ucrania a negociar y aceptar un mal resultado amenazando con dejar de financiar la guerra y, por el otro lado, puede presionar a Rusia para que inicie negociaciones ofreciéndole un alivio sustancial de las sanciones económicas.

A Estados Unidos no le interesa la prolongación de la guerra porque puede distraerle de “sus otras prioridades internacionales”, en particular la pugna con China, que “seguirá siendo limitada mientras la guerra [de Ucrania] absorba el tiempo político y los recursos militares de los altos cargos estadounidenses”.

A largo plazo a Washington le interesa que Rusia no se subordine completamente a Pekín y la prolongación de la Guerra de Ucrania aumentaría la dependencia de Moscú respecto de China, lo cual beneficia al país asiático en su lucha con Estados Unidos.

Lo interesante del informe de la Rand es que no se trata del primer llamamiento a iniciar negociaciones para poner fin a la guerra. El anterior procedió del Jefe del Estado Mayor estadounidense, Mark Milley, y el hecho de que lo hiciera públicamente es una señal de que había perdido el debate interno en la Casa Blanca.

Es muy posible que su fracaso le condujera a pedir a la Rand que apoyara su propuesta con más argumentos. Si esta hipótesis es correcta, entonces en la Casa Blanca hay dos posturas enfrentadas. La de Milley y la Rand está enfrentada a la del consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan, el secretario de Estado Anthony Blinken y su adjunta Victoria Nuland, que son los principales artífices de la guerra contra Rusia.

La conclusión es bastante obvia, aunque parece una paradoja: en la medida en que Rusia avance en los campos de batalla y en la medida en que guerra se prolongue, la paz estará más cerca.

Es lo contrario de una opinión bastante extendida, según la cual a Estadas Unidos le interesa prolongar la guerra para “desgastar” a Rusia. Es probable que hayan caído en la cuenta de que no está ocurriendo eso, sino todo lo contrario, de que lo que se “desgastan” son sus promotores: Estados Unidos y sus socios de la OTAN.

(*) https://www.rand.org/content/dam/rand/pubs/perspectives/PEA2500/PEA2510-1/RAND_PEA2510-1.pdf

La carrera de armamentos no existe: Estados Unidos siempre va muy por delante

Antes de la Guerra de Ucrania, en 2021, se superó la barrera de los 2.000 millones de dólares de gasto militar por primera vez en la historia de la humanidad. Por lo tanto, es un tópico volver a repetir que en todo el mundo el gasto militar sigue superando todas las cotas anteriores.

Pero no lo es constatar la desproporción abismal entre lo que gasta Estados Unidos, por un lado, seguido también por el resto de los países miembros de la OTAN, y, por otro, lo que gastan los demás países del mundo. En consecuencia, la carrera de armamentos no existe; no hay tal “carrera” porque uno de los corredores siempre va por delante.

La diferencia entre lo que Estados Unidos gasta y lo que gastan sus competidores más cercanos siempre ha sido abismal. Según el Instituto de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri), el gasto militar de Estados Unidos en 2021 supuso el 41 por cien del gasto militar total en el mundo (1).

El competidor más cercano de Estados Unidos, es decir, el segundo país que más dinero gasta en armamento, es China, con la diferencia de que en 2021 “sólo” gastó 293.000 millones de dólares, es decir, menos de la mitad que Estados Unidos.

Rusia es un pariente pobre, con La carrera de armamentos no existe: Estados Unidos siempre va muy por delante “sólo” 69.500 millones de dólares gastados en armas.

La cantidad total de todo tipo de armamento que se habría fabricado y vendido en 2021, así como la forma en que se distribuiría (2). Según estos otros datos, Estados Unidos seguiría estando a la cabeza, muy por delante del resto del mundo, en cuanto a todos los diferentes tipos de armamento fabricados por empresas estadounidenses y vendidos al gobierno estadounidense, entre otros; estos datos también incluirían todas las ventas de armas a escala mundial.

El 40 por cien de las mayores empresas de armamento del mundo son estadounidenses. Las 5 primeras son también estadounidenses, por tamaño: Lockheed Martin, seguido de Raytheon Technologies, Boeing, Northrop Grumman y General Dynamics.

El 51 por cien de todas las armas vendidas en 2021 procedían de Estados Unidos y fueron fabricadas por empresas estadounidenses, frente al 18 por cien de China y sólo el 3 por cien de Rusia.

Si a todas las armas fabricadas por empresas estadounidenses se añaden las que también han sido fabricadas por empresas europeas, que operan en países miembros de la OTAN, así como las procedentes de Israel, así como de Japón y Corea del Sur, se obtiene una proporción del 75 por cien.

En otras palabras, el 75 por cien del valor de todas las armas vendidas en 2021 procedía de Estados Unidos o de sus aliados incondicionales.

Cualquier discurso de paz que no incluya, al mismo tiempo, un llamamiento concreto al desarme de Estados Unidos, en primer lugar, junto con la disolución de la OTAN, es falaz.

(1) https://sipri.org/media/press-release/2022/world-military-expenditure-passes-2-trillion-first-time
(2) https://sipri.org/media/press-release/2022/arms-sales-sipri-top-100-arms-companies-grow-despite-supply-chain-challenges

Ocupación, expropiación y construcción de viviendas públicas asequibles

En todas las ciudades del mundo, un número cada vez mayor de trabajadores no pueden comprar vivienda, tampoco puede alquilarla, ni hay viviendas sociales, mientras la especulación marcha viento en popa.

Berlín es un ejemplo, como otro cualquiera. El 85 por cien de los berlineses habita en viviendas de alquiler. La diferencia es que en 2021 se celebró un referéndum para expropiar todo el parque de viviendas de las empresas propietarias que tuvieran al menos 3.000 unidades de alquiler dentro de la ciudad. El referéndum fue convocado por el Ayuntamiento de la capital, dominado por la socialdemocracia, porque nunca creyó que el resultado pudiera resultar favorable a la expropiación.

El referéndum fue favorable a la expropiación. Algo más del 59 por cien de la población votó a favor de expropiar un parque de unas 200.000 viviendas. El Ayuntamiento tuvo que inventar una estratagema para eludir el resultado del referéndum: formar un “comité de expertos” encargados de examinar la viabilidad real de la expropiación.

Era una manera de ganar tiempo y enfriar el compromiso. A mediados de diciembre los “expertos” presentaron su informe, concluyendo que la expropiación era factible.

El Ayuntamiento había perdido el tiempo y el informe llegaba en el peor momento, ya que a mediados de febrero hay nuevas elecciones municipales y la vivienda será un elemento importante de la campaña de los partidos, que no están por la labor. En un país “democrático” como Alemania todos piensan en la mejor manera de pasar por encima del resultado de un referéndum.

Incluso Die Linke, los “progres” alemanes, se inclina por buscar soluciones menos “radicales”, como un aumento de las ayudas a la vivienda, para seguir poniendo parches a un problema acuciante sin solucionarlo nunca.

La solución al problema de la vivienda, en Berlín y en cualquier otra gran metrópoli, pasa por tres ejes: la ocupación, la expropiación y la construcción de viviendas públicas asequibles.

En cualquier otro caso, dentro de 50 años los precios de las viviendas seguirán subiendo porque ocurre lo mismo que en todos los mercados capitalistas: hay superproducción. La oferta privada de viviendas aumenta, pero los salarios de los trabajadores no son suficientes para pagarlas, lo que da lugar a otra paradoja característica del capitalismo: cada vez se construyen más viviendas, pero van a parar a manos de especuladores y quedan vacías.

La superproducción no impide que los precios sigan aumentando porque las presiones inflacionarias son más fuertes. El problema de la vivienda, pues, será cada vez más acuciante.

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