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Día: 11 de diciembre de 2022 (página 1 de 1)

Bienvenidos al país de los hambrientos: Estados Unidos

El personal de Bread for the City, una venerable organización de beneficencia en la capital de Estados Unidos, pensaron que estaban preparados para el donativo anual de alimentos Holiday Helpers previo al Día de Acción de Gracias de este año. La pandemia se había desvanecido, pero la inflación era alta, por lo que presupuestaron repartir 12.000 comidas, un 20 por cien más que los niveles normales previos a la pandemia.

Pero rápidamente quedaron abrumados, con largas filas de clientes que esperaron horas para recibir un pavo gratis y una tarjeta de débito de 50 dólares para comprar comestibles. Se vieron obligados a cerrar tres días antes tras ayudar a 16.000 personas, muchas más de las que preveían.

“No queremos volver a traumatizar a nuestra comunidad haciéndola esperar afuera durante cuatro horas por un pavo”, dijo Ashley Domm, directora de desarrollo de la organización de beneficencia. “No estamos preparados para tener a cientos de personas haciendo fila en una calle de la ciudad”.

La experiencia de Bread for the City refleja una dinámica más amplia que está desarrollándose en todo el país. La que muchos estadounidenses esperaban sería la primera temporada navideña normal en tres años, en lugar de ello ha entrado de nuevo en una crisis intensificada de hambre, con la Navidad en el horizonte.

Un informe de septiembre del Urban Institute —un grupo de investigaciones sobre políticas económicas y sociales con sede en Washington— estimó que aproximadamente 1 de cada 5 adultos experimentó inseguridad alimentaria en el hogar el verano pasado, una cifra casi similar a la del primer año de la pandemia, pero un incremento agudo en comparación con la primavera de 2021. Los adultos negros e hispanos reportaron tasas más altas de inseguridad alimentaria que sus contrapartes blancas, según el informe.

Durante la pandemia, nadie tenía trabajo y nadie tenía dinero”, dijo Nancy Murphy, una cuidadora de 45 años que recogió un pavo congelado y comestibles la semana pasada de un donativo en la parroquia Asamblea Vino Nuevo de la Iglesia de Dios El Cristiano Redimido, en el noreste de Washington. “Ahora están de regreso en sus trabajos, pero el dinero no es suficiente. Todavía es difícil”.

El gobierno estima que los precios de los alimentos subirán entre un 9,5 por cien y un 10,5 por cien este año. Y eso está presionando los presupuestos de muchos estadounidenses y los bancos de alimentos que los han ayudado, especialmente luego de que expiró el flujo masivo de ayuda por la pandemia.

“La inflación ha sido la historia del año”, dijo Michael Altfest, director de compromiso con la comunidad en el Banco de Alimentos del Condado Alameda en Oakland, California.

Altfest agregó que el nivel de necesidad en la comunidad todavía es entre un 50 por cien y un 70 por cien más alto que los niveles previos a la pandemia, y aproximadamente el 30 por cien de las llamadas a la línea de ayuda de emergencia del banco de alimentos son de personas que telefonean por primera vez.

En muchos casos, las organizaciones de beneficencia y los bancos de alimentos se habían preparado para un número mayor debido a la inflación, sólo para descubrir que el nivel de necesidad había superado por mucho sus proyecciones.

El Banco de Alimentos del Área de la Capital, en Washington, originalmente calculó que necesitaría distribuir unos 43 millones de comidas durante el año presupuestario de julio de 2022 a junio de 2023. Ahora, cuatro meses después de iniciado ese año fiscal, ya está un 22 por cien por encima de esas predicciones.

“Esa fue una predicción informada con cuatro o cinco buenos meses de información”, dijo Radha Muthiah, directora general del banco de alimentos. “Nosotros siempre estamos pensando en el Día de Acción de Gracias y la Navidad justo cuando todo el mundo se encamina a la playa en verano”.

En Illinois, Jim Conwell, del Banco de Alimentos de la Zona Metropolitana de Chicago, dice que la necesidad todavía es elevada. “Así que estamos comprando más y gastando más en lo que compramos”, señaló.

La red de su organización prestó servicios a aproximadamente un 30 por cien más de hogares en agosto de 2022, en comparación con el agosto previo.

“Las familias que apenas estaban logrando enderezar las cosas están experimentando un reto completamente nuevo, o incluso si tienen empleo, o tienen varios trabajos o fuentes de ingresos, (el dinero) simplemente no está rindiendo igual que hace dos años”, añadió. Los precios más altos están obligando a las personas a hacer “sacrificios en alimentos”, señaló Altfest.

Por ejemplo, dijo, el precio del pollo ha aumentado más del doble: de 78 centavos por libra (453 gramos) el año pasado a 1,64 dólares por libra este año. Las estimaciones de la fundación Farm Bureau establecen que el costo del pavo es un 21 por cien más alto que el año pasado. Y el investigador mercadológico Datasembly estima que una caja de relleno de 16 onzas (453 gramos) cuesta un 14 por cien más que el año pasado, y una bolsa de papas Russet de cinco libras (2,27 kilos) cuesta un promedio de 45,5 por cien más.

Mike Manning, presidente del Banco de Alimentos de la Zona Metropolitana de Baton Rouge, en Luisiana, hace una distinción entre el aumento de los niveles de hambre causado por la pandemia y la crisis actual. Durante la pandemia, los trabajos e ingresos de millones de personas prácticamente desaparecieron, lo que creó una ola inmediata de necesidad que él comparó con las secuelas de un huracán.

Pero la crisis actual ha sido un incremento lento y constante que comenzó a fines de febrero y sigue en aumento. Manning dijo que su banco de alimentos ha visto un aumento del 10 por cien al 15 por cien en la inseguridad alimentaria local tan sólo en los últimos dos meses.

“Uno está hablando con personas que tienen ingresos más bajos y tienen varios empleos; sólo hay que pensar en el costo de ir de un trabajo a otro, con la gasolina consumiendo cualquier extra que estén tratando de ganar”, agregó. “¿Qué van a hacer? ¿Renuncian a la gasolina, y por lo tanto no pueden llegar a trabajar, o se sacrifican en la comida y regresan y nos piden ayuda?”

Y sin indicios claros de cuándo podría disminuir la ola de inflación a largo plazo, “esto casi se siente más como un maratón sin una línea de meta a la vista”, dijo Conwell, del banco de alimentos de Chicago.

Domm recuerda las filas en Bread for the City que “permanecieron abrumadoramente largas” durante semanas. El hecho de que los clientes estuvieran dispuestos a esperar afuera durante horas por un pavo y una tarjeta de débito habla de “la intensidad y profundidad de la necesidad”, señaló.

Domm también cree que hay además un elemento psicológico en juego: después de dos temporadas navideñas consecutivas afectadas por la pandemia, las familias están muy ansiosas por tener algo más cercano a la normalidad. “La gente ha evitado reunirse con sus familias durante los últimos dos años. Así que este año hay más presión para conseguir comestibles y tener una comida grupal”, dijo.

—https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2022-12-10/eeuu-inflacion-agrava-el-hambre-en-esta-temporada-navidena

Israel trata de silenciar la historia de la limpieza étnica en Palestina

Los grupos de presión de Israel en Occidente andan frenéticos estos días. Están desesperados por desacreditar y denunciar cualquier acto político o trabajo artístico que exponga la fea cara criminal de la ocupación israelí, especialmente en el mundo occidental y sus festivales, foros, universidades y medios de comunicación.

Se trata de un ataque a la libertad de expresión, que antaño fue un pilar de la democracia occidental, pero que desgraciadamente ya no lo es.

Actualmente se está llevando a cabo una feroz campaña contra la película Farha, del director jordano Darin Sallam, que narra la historia de una niña de 14 años cuyo pueblo fue brutalmente atacado por soldados israelíes durante la Nakba de 1948.

Desde su escondite, ve cómo matan a sangre fría a toda una familia, una experiencia que cambia su vida y el futuro con el que soñaba.

El ministro israelí de Finanzas, Avigdor Lieberman, ha proferido una retahíla de insultos contra la película y la cadena Netflix por planear su exhibición. Él y un grupo de organizaciones sionistas pidieron que se prohibiera la película en el Festival de Cannes por considerar que sus creadores son antisemitas, y que no fuera nominada a los Oscar, como había solicitado el Ministerio de Cultura jordano.

El cineasta israelí Alon Schwartz se enfrentó a una campaña de odio similar por su documental sobre la masacre de Latrun, en la que más de 80 prisioneros de guerra egipcios fueron quemados vivos. Sus cuerpos fueron arrojados a una fosa común que luego se pavimentó para crear un aparcamiento y ocultar así cualquier rastro del crimen.

Los grupos de presión israelíes intentan presentar a este Estado como un oasis de democracia, coexistencia, derechos humanos y libertad de expresión, negando y suprimiendo la narrativa palestina y presentándola como antisemita.

Por desgracia, esta repugnante falsificación de la historia cuenta con la complicidad de algunos gobiernos europeos -sobre todo en Londres, Berlín, París y Bruselas-, además de Washington.

Las bandas criminales sionistas desalojaron por la fuerza a más de 760.000 palestinos de sus hogares so pena de muerte antes de la Nakba de 1948, y borraron del mapa más de 450 de sus aldeas, en un plan sistemático de limpieza étnica.

Estos hechos han sido ampliamente descritos y documentados por historiadores israelíes como Ilan Pappé, basándose en testimonios personales y archivos internacionales. La película no hace nada más.

De lo que no se dan cuenta los israelíes es de que están fracasando sus esfuerzos por ocultar su sangrienta historia y las masacres que han cometido y siguen cometiendo contra personas inocentes en la Palestina ocupada, y por impedir que el relato veraz palestino llegue a distintas partes del mundo.

Europa no es el mundo, y los gobiernos europeos no son sus pueblos. Hay medios alternativos, sociales y de otro tipo, que pueden utilizarse. Lo más importante es que la nueva generación de jóvenes árabes y musulmanes -incluidos los palestinos- es muy consciente y creativa, también en las artes, los medios de comunicación y en todo tipo de soportes. Es este cambio acelerado lo que tanto preocupa y asusta a Israel.

El fracaso de sus campañas de desinformación, el amordazamiento de la libertad de expresión y la utilización del arma tóxica del antisemitismo quedaron patentes durante el Mundial de Qatar. Los equipos de televisión israelíes que se encontraban allí quedaron conmocionados por el odio que les mostraron los aficionados árabes y de otros países, incluidos los procedentes de países “normalizadores”.

La llegada al poder de un gobierno abiertamente racista y fascista bajo Benjamin Netanyahu -producto de décadas de criminalidad y supremacismo- puede ayudar a levantar el velo de duplicidad de la fea cara de Israel.

Farha llegará a todos los espectadores con principios del planeta, y el insulto antisemita no ayudará. Aunque no gane ningún premio, conquistará corazones en todo el mundo. Y si Netflix se somete a la presión sionista y lo retira -como han hecho Facebook, Instagram y Twitter al prohibir y excluir contenidos palestinos-, hay muchos otros puntos de venta a los que se puede recurrir.

El director y el equipo de producción de la película merecen todo nuestro apoyo y solidaridad frente a estas campañas nauseabundas.

Esta solidaridad, junto con el enorme apoyo a la causa palestina mostrado por los aficionados árabes y de otros países en el Mundial de Doha -que ondeaban banderas palestinas en sus partidos y se negaban incluso a hablar con los equipos de televisión israelíes- me hace confiar en que esta causa está resurgiendo, apoyada por un resurgimiento de la resistencia creativa en los territorios palestinos ocupados, y que el fin de la ocupación es sólo cuestión de tiempo.

Abdel Bari Atwan https://www.raialyoum.com/israels-war-on-the-palestinian-narrative

Los apagones de luz en el centro París fomentan el pánico

Los apagones de luz en el centro de París han sacado a Francia de su ensimismamiento. Es uno de los mejores ejemplos del declive de los países europeos. No ha hecho falta que llegue el invierno. En 2018 nadie prestó atención a las movilizaciones de los chalecos amarillos, precursoras de lo que le espera a una Europa que naufraga en medio de una crisis energética galopante.

“No anunciamos que vaya a haber cortes de electricidad este invierno”, dijo Olivier Véran, portavoz del gobierno. Pocas horas después, Olivia Grégoire, ministra de Comercio, dijo lo contrario en la televisión: “Es posible que haya cortes de electricidad que afecten a varios millones de franceses diariamente”.

Tres barrios céntricos de París se quedaron a oscuras durante casi veinte minutos y cunde el desconcierto. No hay más que leer los mensajes en las redes sociales. Algunos muestran claramente su pánico. Otros compran generadores de luz para sus chalets.

“Que no cunda el pánico”, dijo Macron para confirmar que, en efecto, el pánico ya ha cundido y él personalmente ha tenido que salir a la palestra después de que la Primera Ministra no fuera capaz de frenar el desconcierto. Los cortes de electricidad son un “escenario ficticio”, sentenció Macron. Tan ficticio que ya ha comenzado la ficción. Las previsiones son de 80 horas de apagones este invierno, y posiblemente se queden muy cortas.

Por primera vez en 42 años, este año Francia será importadora neta de electricidad. Es un país que depende de la energía nuclear, pero tiene a los reactores en el taller de reparaciones. La semana pasada la empresa eléctrica EDF, recién nacionalizada, anunció que había conseguido poner en marcha hasta 40 reactores, 14 más que hace un mes. Además tiene previsto poner en marcha algunas más antes del 1 de enero. Frente a los cortes de luz, la empresa lo que anuncia son sus buenas intenciones.

“EDF debe convertirse en el campeón mundial de la energía”, dijo Bruno Le Maire, el Ministro de Economía, para levantar el ánimo. Pero pasarán al menos doce años antes de que entre en servicio el primero de los seis nuevos EPR2 y 18 años antes de que entre en funcionamiento el primer minirreactor SMR.

De momento, el panorama es tan oscuro como el centro de París. En octubre los trabajadores que reparaban las centrales nucleares se pusieron en huelga. Trajeron a soldadores estadounidense de Westinghouse y de la filial americana de Framatome para ayudar a los equipos de mantenimiento. Pero algunos de ellos tuvieron que marcharse porque no tenían los conocimientos necesarios.

Lo mismo que Reino Unido, Francia da marcha atrás a las absurdas políticas europeas de transición energética y reabre la central térmica de Saint Avold que había cerrado en marzo.

Francia ostenta el récord en Europa, e incluso en el mundo, de emisiones de deuda a medio y largo plazo: 270.000 millones de euros con tipos de interés crecientes que costarán una fortuna y ni siquiera servirán para pagar las reparaciones y chapuzas en los reactores nucleares.

Google crea una Inquisición Internacional para censurar la información

Con 12 millones de dólares Google financiará una red mundial de inquisidores a través del Instituto Poynter Media. Los nuevos Torquemada están encuadrados en 135 chiringuuitos que operan en 65 países y en más de 80 idiomas.

Es un mordisco de los 13,5 millones de dólares concedido por los grandes monopolios tecnológicos a la IFCN (International Fact-Checking Network), una división del Instituto Poynter que, sin embargo, asegura que no tiene ánimo de lucro.

En España forman parte de la IFCN los censores de Newtral y Maldita.

El dinero se utilizará para ampliar las actuales operaciones de la IFCN, así como para estrechar el control del flujo informativo sobre lo que consideran como “desinformación”, que es todo aquello que desmiente las versiones oficiales de los gobiernos y las grandes empresas.

La IFCN fue creada en 2015 por el Instituto Poynter para reunir los inquisidores de todo el mundo en una red unificada. En la actualidad colabora con más de 100 tinglados de todo el mundo que adiestran a los nuevos Torquemada y demás aficionados a quemar libros.

A pesar de que no tiene ánimo de lucro, los ingresos de Poynter han aumentado un 150 por cien desde 2017. Este año sus ingresos superaron los 15 millones de dólares. Entre sus principales financiadores se encuentran Facebook, TikTok y Google.

La privatización de la censura

El objetivo de Google no es ayudar a encontrar información, sino a controlarla y crear un nuevo “Index”, una lista negra de fuentes independientes y alternativas, como mpr21.info, enterrándolas entre los resultados de su buscador.

La distinción entre lo que constituye “información” y lo que constituye “desinformación” es arbitraria y depende de si se alinea con la versión oficial que suministran quienes detentan el gobierno, la industria, la universidad, las instituciones o los colegios profesionales.

En Estados Unidos, en un reciente pleito, Facebook ha reconocido que la llamada “verificación de hechos” que encubre la censura, son opiniones y, como tales, están protegidas por la libertad de expresión. No son declaraciones objetivas, por lo que unas opiniones, las dominantes, sirven para censurar otras, las independientes.

La transferencia de la censura de los organismos públicos a los privados es característico de los nuevos tiempos. Permite que el Estado, los fiscales, los jueces, los policía y demás aparatos de represión queden al margen y se mantenga la imagen de la defensa de los derechos fundamentales. Son las empresas tecnológicas las censuran, no el Estado, que no puede inmiscuirse en una cuestión que parece “comercial” más que política.

Sin embargo, en Twitter se ha demostrado que no es así, que las nuevas empresas tecnológicas actúan por encargo o en connivencia con los gobiernos y que la Unión Europea ha exigido a Twitter que imponga un censura más estricta a las opiniones.

Así se refuerzan los aparatos represivos del Estado, mientras que su responsabilidad pública desaparece. El cierre gubernamental de un periódico se puede recurrir ante el juez; el cierre de una cuenta de Facebook no.

Las redes sociales aumentan la capacidad del Estado para vigilar, controlar, censurar y despersonalizar a los “bichos raros” que suministran informaciones fuera de los circuitos oficiales de las grandes cadenas.

El siguiente paso ya está en marcha. Se trata de controlar la información por medio de inteligencia artificial, que es más barato que tener a un Torquemada visitando las páginas de los “bichos raros” a tiempo completo.

Merkel confiesa que los Acuerdos de Minsk permitieron a Ucrania prepararse militarmente

La antigua canciller alemana Angela Merkel ha confesado que firmó los Acuerdos de Minsk para dar tiempo a que el gobierno ucraniano se preparata militarmente frente a Rusia. “El acuerdo de Minsk de 2014 fue un intento de dar tiempo a Ucrania. También aprovechó este tiempo para fortalecerse, como puede verse hoy. La Ucrania de 2014-2015 no es la Ucrania moderna”, declaró al periódico alemán Die Zeit.

Según ella, “todo el mundo tenía claro” que el conflicto estaba congelado y que el problema no estaba resuelto. “Pero esto es lo que dio a Ucrania un tiempo precioso”. También se pregunta si, entonces, los países de la OTAN hubieran apoyado a Kiev tanto como lo hacen hoy.

Merkel era canciller de Alemania cuando la Estados Unidos dio un Golpe de Estado fascista en 2014 en Ucrania y se inició una guerra civil. La canciller alemana no sólo firmó los Acuerdos sino que se comprometió a garantizar su vigencia. Todo fue una estratagema, reconoce ahora.

El 22 de febrero Putin declaró que los Acuerdos de Minsk habían dejado de existir tras el reconocimiento de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, pero que no era culpa de Rusia. Según él, los Acuerdos habían sido anulados por el gobierno de Kiev mucho antes del reconocimiento de las Repúblicas Populares del Donbas.

Durante varios años la OTAN estuvo preparando al ejército ucraniano para una guerra con Rusia al amparo de los Acuerdos de Minsk. La terminación aparente de las hostilidades en el Donbas permitió pasar de una guerra civil a otra internacional.

El gobierno fascista de Kiev aceptó los Acuerdos de Minsk bajo la presión de Occidente, sabiendo perfectamente que nunca se respetarían. Hace unos meses Petro Poroshenko, que asumió la Presidencia de Ucrania tras el Golpe de Estado de 2014, dijo exactamente lo mismo que Merkel. Necesitaban ganar tiempo.

La firma de ambos, tanto la de Merkel como la de Poroshenko, aparece en los Acuerdos. “Nuestro objetivo era, en primer lugar, poner fin a la amenaza o al menos retrasar la guerra: dar ocho años para restablecer el crecimiento económico y crear unas fuerzas armadas fuertes”, comentó Poroshenko.

Las potencias occidentales intentaron convencer a Moscú de que la situación podía resolverse diplomáticamente. Los años de relativa tregua se emplearon en rearmar y reentrenar al ejército ucraniano para un ataque a Rusia.

La invitación a Ucrania para ingresar en la OTAN fue una provocación. Estados Unidos, Alemania, Francia y Ucrania sabían que era una declaración de guerra contra Rusia.

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