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Día: 21 de noviembre de 2022 (página 1 de 1)

FTX financió a los ‘expertos’ que defendieron las restricciones sanitarias durante la pandemia

Ayer se supo el alcance del agujero de la plataforma de criptomonedas FTX: 3.000 millones de dólares a sus 50 mayores acreedores. El chiringuito financiero, como ya ha quedado explicado aquí, era una lavadora de dinero negro que unía al Partido Demócrata con el gobierno ucraniano, hasta tal punto de que la familia de Sam Bankman-Fried, el dueño de FTX, está vinculada a los planes seudoprogresistas, que son en Estados Unidos iguales a los españoles.

Hace ya más de cien años que Lenin explicó el especial vínculo de la socialdemocracia y los reformistas con el imperialismo, de tal manera que no es posible luchar contra el imperialismo sin hacerlo contra el oportunismo al mismo tiempo (1).

Los reformistas fueron los mayores defensores de todas y cada una de las medidas aprobadas durante la pandemia y, desde luego, de las vacunas, cuya contrapartida fue un ataque a los remedios antivirales tradicionales, como la cloroquina o la ivermectina, por poner sólo algunos ejemplos de fármacos que fueron desacreditados como ineficaces.

Los “expertos” de pacotilla falsificaron estudios para “demostrar” que eran tratamientos ineficaces, a diferencia de las vacunas patentadas por las multinacionales farmacéuticas. Todo quedaba en casa. Los autores de uno de esos fraudes trabajaron para grandes empresas como Pfizer, Merck, Regeneron y AstraZeneca, todas ellas empresas implicadas en el desarrollo de vacunas que compiten con la ivermectina (2).

Posteriormente, los periódicos, como el New York Times, reproducían los fraudes (3), alguno de los cuales fue financiado por FTX para impulsar a los grandes monopolios famacéuticos.

Dentro del tinglado FTX, la familia Bankman-Fried invirtió 70 millones de dólares desde octubre del año pasado en proyectos “para mejorar la bioseguridad y prevenir la próxima pandemia” (4). Los “expertos” se frotaban las manos a la espera del próximo pelotazo. Entre ellos se encuentra Guarding Against Pandemics, encabezado por uno de los hermanos Bankman-Fried, que apoya el aumento de las inversiones públicas en la prevención de pandemias.

FTX gastó 12 millones de dólares para promover una iniciativa electoral en California para detectar “amenazas virales emergentes”. Además, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos proporcionó más de 11 millones de dólares a la fallida campaña electoral de un “experto en bioseguridad” de Oregón, e incluso una subvención de 150.000 dólares para ayudar a Moncef Slaoui, el asesor de Trump en la Operación Velocidad Punta, a escribir sus memorias.

Los cabecillas del Fondo Futuro FTX, una fundación que ha destinado más de 25 millones de dólares a la prevención de riesgos biológicos, dimitieron el jueves de la semana pasada en una carta abierta, reconociendo que algunas de las donaciones de la organización están en suspenso.

Los compromisos del Fondo incluyeron 10 millones de dólares para HelixNano, una empresa de biotecnología que busca desarrollar una vacuna de próxima generación contra el coronavirus; 250.000 dólares para un científico de la Universidad de Ottawa que busca erradicar los virus de las superficies de plástico; y 175.000 dólares para apoyar a un recién graduado del Centro de Seguridad Sanitaria de John Hopkins.

Guarding Against Pandemics gastó más de un millón de dólares operando como grupo de presión en el Capitolio y en la Casa Blanca durante el año pasado y contrató al menos a 26 grupos de presión para elaborar un plan contra las futuras pandemias.

Otro tinglado de los hermanos Bankman-Fried, Protect Our Future, invirtió 28 millones de dólares para promocionar a los candidatos demócratas que defiendan la prevención de las pandemias.

Durante la pandemia los “expertos” de pacotilla se forraron con ese tipo de subvenciones procedentes de oscuros chiringuitos financieros, como FTX, con sede en paraísos fiscales, como Bahamas.

(1) El imperialismo, fase superior del capitalismo, Pekín, 1972, pg.163.
(2) https://www.cato.org/sites/cato.org/files/2022-07/regulation-v45n2-for-the-record.pdf
(3) https://www.nytimes.com/2022/03/30/health/covid-ivermectin-hospitalization.html
(4) https://www.washingtonpost.com/health/2022/11/16/sam-bankman-fried-ftx-pandemic-prevention/

‘Estamos pagando ahora el terrible coste de los confinamientos’

Es el titular del viernes del diario británico The Telegraph: “Estamos pagando ahora el terrible coste de los confinamientos” (*). Las finanzas públicas de Reino Unido están en peor estado que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial. Es la pandemia. Es Ucrania. Son los tipos de interés a escala mundial. Cualquier cosa que no sea el principal culpable: los confinamientos de los últimos dos años.

El gasto público asociado a la pandemia ha sido, con mucho, el que más ha contribuido al déficit actual. La Oficina Nacional de Auditoría (ONA) ha estimado el coste total en 376.000 millones de libras, o 5.492 libras por cada habitante del país.

La mayor parte de ese gasto no fue en realidad causado por la pandemia, sino por la decisión del gobierno de responder encerrando a la población en sus casas. Menos de una cuarta parte de la cifra de la ONA representa el coste adicional de la asistencia sanitaria y social. La mayor parte del resto es el coste de apoyar a quienes no pudieron trabajar y a las empresas que no pudieron operar.

En el punto álgido de la pandemia, el gobierno gastaba aproximadamente el doble al mes en pagar a personas que no hacían nada que el coste total del NHS.

Suecia, el único país europeo que no confinó, solo gastó 60.000 millones de coronas en 2020 y 2021 en medidas relacionadas con la pandemia, lo que equivale a unas 460 libras por cabeza, una décima parte menos que Reino Unido. Sin embargo, sus resultados en términos de casos y muertes fueron mucho mejores que los británicos.

Lo único bueno que se puede decir de Boris Johnson es que, si el Partido Laborista hubiera estado entonces en el gobierno, los confirnamientos habrían sido aún más largos y costosos.

El verdadero coste del terrible experimento social está ahora más claro. Los profesionales de la salud advirtieron en su momento que los confinamientos tendrían un grave impacto en la salud mental y en el diagnóstico y tratamiento de otras afecciones. Todo esto se ha cumplido. El exceso de muertes se sitúa actualmente un 10 por cien por encima de las tasas históricas, casi todas ellas por afecciones distintas del “covid”. La demencia, una enfermedad agravada por la soledad y la falta de estímulos, es, con mucho, la más importante.

Las repercusiones a largo plazo en la educación, la desigualdad, la ruptura de relaciones, la sociabilidad y las artes son más difíciles de cuantificar, pero son graves y se dejarán sentir durante años. Se calcula que un millón de personas han abandonado la fuerza de trabajo, aproximadamente la mitad de ellas personas mayores que simplemente abandonaron durante los confinamientos.

No es sólo un fracaso político del gobierno, como dice The Telegraph. Es también un ridículo, otro más, de esos “expertos” que se han atribuido a sí mismos el dictado de lo que es ciencia y lo que no. Desde luego que lo suyo no tiene nada que ver con ella, como tampoco con la epidemiología o la medicina.

(*) https://www.telegraph.co.uk/news/2022/11/18/now-paying-terrible-price-lockdown/

El mayor monopolio químico se larga de Europa

El mayor monopolio químico alemán, Basf, planea deslocalizar las producciones intensivas en energía, ante el aumento de los costes. La empresa considera que la industria química europea no es competitiva en el contexto de la subida de los precios del gas.

El monopolio ha aprobado un proyecto para ahorrar 1.000 millones de euros en 2023 y 2024, sobre todo mediante despidos masivos de la plantilla. Pero sólo los cambios en la forma de producir pueden tener un impacto real en la cuenta de resultados, según Martin Brudermüller, su director.

Basf es la empresa química más grande del mundo. También es el mayor consumidor de gas en Alemania, con un consumo de 47 teravatios por hora al año.

Brudermüller ha advirtido que la mayor parte del ahorro que han logrado procede de parar la producción. Para el director de Basf, “a largo plazo los costes serán unas tres veces más altos en Europa que en Estados Unidos”, aunque sólo sea por los mayores costes del gas licuado.

Para seguir siendo competitivo en el mercado mundial, el monopolio alemán tendrá que ir a producir a países donde la energía sea más barata, es decir, a Estados Unidos.

La balanza comercial europea seguirá hundiéndose, el euro seguirá cayendo frente al dólar y el capital financiero se pondrá al borde del abismo.

La fábrica principal Basf está ubicada en la ciudad alemana de Ludwigshafen. Se trata del recinto industrial más extenso de Europa: tiene una superficie de 10 kilómetros cuadrados, un centro de producción con dos mil edificios, 115 kilómetros de calles, 211 kilómetros y un total de 40.000 trabajadores.

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