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Día: 12 de junio de 2022 (página 1 de 1)

150.000 inmigrantes africanos son una avalancha, 6 millones de ucranianos son bienvenidos

Se llama racismo y se define fácilmente: los países europeos levantan vallas para impedir la llegada de una “avalancha” de 150.000 inmigrantes africanos, mientras acogen con los brazos abiertos a 6,5 millones de ucranianos.

Esta misma semana los países del sur de Europa que miran al Mediterráneo (Italia, España, Grecia, Chipre y Malta) han protestado por la “avalancha” migratoria procedente del otro lado (*), que es es 43 veces inferior a la ucraniana.

La llegada de 150.000 negros y magrebíes se llama “avalancha”; la de los ucranianos es pura solidaridad desinteresada que muestra nuestro buen corazón y tranquiliza nuestra podrida conciencia. Los africanos desafían “nuestra civilización” y son un pesado fardo económico que no nos podemos permitir. Nos gustaría, sí, pero no podemos, estamos en crisis…

La población de España e Italia es de poco más de 100 millones de habitantes y 150.000 africanos representan el 0,14 por cien del total. Según las estadísticas de la Unión Europea, ni España ni Italia se encuentran entre los 10 países del mundo con mayor proporción de residentes procedentes del extranjero.

Según informaciones recientes de la Oficina de la ONU para los Refugiados, unos 6,5 millones de ucranianos se han refugiado en Europa desde el 24 de febrero de este año y nadie ha protestado, sino todo lo contrario: hemos mostrado nuestro buen corazón paseando a los desconsolados ucranianos por todas las cadenas de televisión.

Los europeos somos tan manipuladores que creemos que los africanos lo que quieren es venir porque somos el paraíso terrenal. Se confunden. En 2020 el total de la población migrante africana era de 40,4 millones, de los cuales sólo el 23 por cien (9,3 millones) se encuentran en alguno de los 27 países de la Unión Europea.

África es una tierra de acogida. Alberga a casi 24 millones de inmigrantes no africanos, algunos de los cuales, como los libaneses, han abandonado condiciones difíciles en sus países.

Europa necesita inmigrantes, fuerza de trabajo barata para ocupar los segmentos laborales peor remunerados, pero tan esenciales como los demás. Sin la inmigración, la población europea habría disminuido en 500.000 personas en 2019.

África no nos necesita; nosotros necesitamos a África.

(*) https://www.financialmirror.com/2022/06/06/cyprus-demands-eu-solidarity-on-migrants/

La CIA es un cachondeo

“Un Pearl Harbor digital”: así es como un funcionario de la CIA bautizó la publicación masiva de datos confidenciales por Wikileaks en 2017. La filtración mostró la capacidad de pirateo informático de la CIA.

Como es habitual, la fuga provino de un funcionario de la central. Sin embargo, a diferencia de los casos de Chelsea Manning o Edward Snowden, el acusado no actuó por imperativo moral, sino para vengarse de sus colegas.

Se trata del hombre que aparece en la foto de portada, Joshua Schulte, ahora encarcelado por poseer una enorme cantidad de pornografía infantil descubierta durante la investigación. Trabajaba en la Rama de Apoyo Operativo (OSB), una división de élite de la CIA.

La función del OSB era producir programas espía para ser insertados físicamente en los dispositivos seleccionados por los espías de campo o las personas reclutadas por la central.

Aunque estas misiones eran extremadamente peligrosas y altamente clasificadas, el ambiente en las oficinas del OSB, situadas en un tranquilo suburbio de Washington, se parecía más a un patio de colegio que a una unidad de espionaje. Varios funcionarios de la OSB describieron el ambiente como de cachondeo, asegura el New Yorker (*).

Los programadores intercambiaban apodos, bromas e incluso dardos de pistola Nerf. Fueron precisamente estos proyectiles de espuma los que supuestamente incendiaron el mundo cuando llegó un nuevo espía en 2015.

El comportamiento del recién llegado, más rígido que la media, hizo que Schulte lo convirtiera en su mascota, lo que incluía molestarle con su pistola Nerf. La situación se agravó rápidamente, con muchos insultos, hasta que cada uno de ellos acudió a sus superiores para quejarse del otro.

La dirección de la CIA tomó numerosas medidas para separar a los dos hombres, pero Schulte se quejaba constantemente de las decisiones tomadas en su contra, como la de ser asignado a una oficina demasiado alejada de las ventanas. Como el problema se agravó dentro de la unidad, acabó siendo trasladado a otro departamento, lo que supuso que se le negara el acceso a las aplicaciones que había desarrollado. Tras amenazar con hablar con la prensa, Schulte acabó dimitiendo.

Tras la filtración, el FBI no tardó en centrar su atención en su caso, y en sus datos. Además de su videoteca pedófila, los investigadores descubrieron búsquedas en Google sobre Wikileaks, así como aplicaciones de transferencia de datos recomendadas por el sitio fundado por Julian Assange.

Tras perder su acceso a los servidores de OSB, Schulte consiguió volver a entrar en ellos utilizando una puerta trasera que había creado previamente, asegurada por la contraseña “KingJosh3000”. Hizo una copia de seguridad exacta de los documentos filtrados.

El juicio tuvo lugar en 2020, pero giró sobre todo en torno a complejos detalles técnicos que aparentemente desconcertaron al jurado, y que al final dieron lugar a la anulación del juicio. Se inició un segundo juicio, en el que Schulte eligió esta vez representarse a sí mismo.

(*) https://www.newyorker.com/magazine/2022/06/13/the-surreal-case-of-a-cia-hackers-revenge

‘Así nos ven’: otro retrato de los montajes policiales en Estados Unidos

Merece la pena ver la serie “Así nos ven” que exhibe Netflix. Dirigida de manera extraordinaria por Ava DuVernay, es la historia real de un sucio montaje policial contra un grupo de adolescentes negros e hispanos.

En una entrevista, la directora dice que el sistema judicial estadounidense no funciona mal: se ha organizado para funcionar de esa manera, buscando chivos expiatorios entre los sectores más oprimidos de la sociedad.

En 1989 una mujer fue asaltada y violada en Central Park al mismo tiempo que un grupo de chavales entre 14 y 16 años se divertían por las cercanías. Nada más sencillo que obligarles a confesar que habían sido ellos y cuando alguien confiesa su culpa no hay manera de solucionar el entuerto. No se necesitan más pruebas.

El futuro de los chavales es la pesadilla carcelaria, las palizas y un futuro marcado por el estigma de “violador” porque los medios de comunicación jalean su caza y captura, en el ambiente gringo típico de racismo y falta de escrúpulos. Trump paga anunción en los periódicos para pedir la pena de muerte a los adolescentes.

Los linchamientos modernos son así. Tienen su publicidad pagada, sus policías pagados, sus fiscales mercenarios, sus periodistas vendidos… No falta de nada para condenar a un grupo de jóvenes por un delito que no han cometido.

Los “salvajes” no eran los niños que fueron al parque a divertirse sino el implacable aparato de represión puesto en funcionamiento para montar un fraude judicial y mediático. Los “salvajes” no estaban en una población de Harlem, miserable y empobrecida, sino en Wall Street.

Ahora algunas facultades de derecho estudian la manera en que la policía lleva a cabo los interrogatorios, cómo se falsifican las pruebas y cómo los demás, fiscales y periodistas, se comen esos montajes sin hacer preguntas incómodas.

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