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Día: 10 de junio de 2022 (página 1 de 1)

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Las revelaciones realizadas por una asociación anticorrupción de Talavera de la Reina, en la que publican los números de cuenta y depósitos millonarios en el extranjero de los dos jueces del Tribunal Supremo, ya tienen su principal consecuencia: la investigación al denunciante. Leer más

Colombia envía tropas a la Guerra de Ucrania para demostrar su fidelidad a la OTAN

Tropas del ejército colombiano viajarán a Ucrania en julio o agosto. El gobierno de Bogotá pone el más estúpido de los pretextos para justificarse: van a apoyar al ejército ucraniano en operaciones de desminado. Así como suena, burlándose del mundo. En la Guerra de Ucrania quien pone las minas son los ucranianos (porque retroceden) y quienes las quitan son los rusos (porque avanzan). Por lo tanto, la operación de los colomibianos en Ucrania es secreta.

Las tropas colombianas pretenden viajar primero a uno de los países vecinos de Ucrania. La estancia total de las tropas extranjeras fuera de su país durará de cinco a nueve meses. Según el ministro de Defensa colombiano, Diego Molano, la ayuda a Kiev se enmarca en la condición de “aliado clave no perteneciente a la OTAN”. La colaboración se acordó previamente con el Secretario de Defensa estadounidense Lloyd Austin.

Colombia no tiene ningún interés militar en Ucrania, pero el gobierno pelele tiene interés en fortalecer su relación con su protector. El país sudamericano es un socio privilegiado de la Alianza atlántica. El pasado mes de octubre la OTAN y Colombia anunciaron la consolidación de su cooperación en materia de defensa y seguridad, tras la cuarta reunión de diálogos políticos entre el país sudamericano y la Alianza.

Colombia se está convirtiendo en una herramienta esencial de Estados Unidos en América Latina, como Kosovo contra Serbia, Ucrania contra Rusia o Taiwán contra China. Participa en la creación de una OTAN latinoamericana para hacer frente a Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina, Nicaragua y otros países del continente que no se doblegan ante Estados Unidos.

Colombia fue el primer país de la región latinoamericana en incorporarse al Programa de Asociación Individual a Medida de la OTAN y en recibir el estatus de Socio Internacional de la Alianza.

El Plan Individual de Cooperación entre Colombia y la OTAN se firmó el 31 de mayo de 2018 durante la visita del expresidente Juan Manuel Santos Calderón a Bruselas y su encuentro con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Calderón dijo entonces que la inclusión de Colombia en la lista de socios internacionales de la alianza era un “enorme privilegio” para su país.

La OTAN cuenta ahora con nueve socios con este estatus. Además de Colombia, son Australia, Afganistán, Irak, Japón, Corea del Sur, Mongolia, Nueva Zelanda y Pakistán. No obstante, la Alianza se mantiene fiel a su principio de que sólo un país europeo puede convertirse en nuevo miembro. Sin embargo, Bruselas considera cada acuerdo individual con sus socios en el contexto de la creación de las condiciones más favorables para la OTAN en ese país: el despliegue de tropas y equipos, su libre circulación en el territorio, el trabajo de los servicios de inteligencia de la Alianza, la inmunidad diplomática y la posibilidad de realizar ejercicios de entrenamiento.

Las asociaciones internacionales de la OTAN subrayan la tendencia de la política exterior estadounidense de los últimos años, es decir, una mayor atención a la región Indo-Pacífica para hacer frente a China. Lo mismo podría decirse de Asia Central y del Sur. Sin embargo, Oriente Medio y América Latina no han desaparecido de la esfera de interés de Estados Unidos. Por tanto, la OTAN tiene un “socio internacional” en cada región. Colombia actúa como “policía regional” para América Latina.

A cambio, los firmantes reciben garantías de seguridad que no están respaldadas por nada concreto, así como ciertas preferencias en el comercio de armas y beneficios financieros. Fue la “transparencia en el acceso a las últimas armas” lo que los dirigentes políticos y militares colombianos citaron como el principal beneficio del tratado de la OTAN.

Los colombianos también tuvieron acceso a programas específicos, seminarios y formación para militares que antes sólo estaban disponibles para los países miembros. “El aumento de los vínculos entre nuestras fuerzas armadas y la OTAN tiene como objetivo mitigar las catástrofes naturales causadas por el cambio climático, la ciberdefensa y el desminado de territorios. El acercamiento a la OTAN permitirá al país ahorrar recursos”, dijo el ex presidente colombiano Calderón.

El ejército colombiano es un “regimiento basura” para Washington. Es aún menos adecuado para Ucrania. Colombia no se aparta ni un ápice de los principios de la estrategia de Estados Unidos hacia América Latina: los países de la región deben reconocer incondicionalmente la hegemonía de Estados Unidos, llevar a cabo reformas en la economía y en la esfera social, ofrecer las condiciones más cómodas al capital estadounidense, asegurar su dominio de sus mercados para la venta de sus bienes y servicios. Esto incluye el mercado de armas.

Colombia es, pues, un cierto modelo de capitalismo en una región turbulenta y volátil, donde muchos países tienen gobiernos reformistas en el poder. Ciertamente, Washington puede enviar colombianos a Ucrania -por la apariencia y por la forma-, pero la Casa Blanca no necesita al ejército colombiano para ello.

Ucrania: cómo vestir una derrota sin paliativos de la OTAN con unos ropajes de cierta compostura

En Washington cada vez hay más voces que se replantean la Guerra de Ucrania. La dan por perdida y tratan de averiguar dos cosas: la primera, dónde estuvo el error y la segunda, cómo salir del atolladero. La mayor parte cree que deberían desembarazarse de Zelensky, cuanto antes mejor. Es un personaje amortizado que se ha convertido muy rápidamente en un estorbo. Deberían abrirle una sustanciosa cuenta corriente para que se pasee por el mundo concediendo entrevistas y dando charlas en las universidades explicando lo malvados que son los rusos.

“El fracaso no está ocurriendo, ya ha ocurrido”, dice Andrei Martyanov (1). “No hay manera de que los ucranianos destruyan o derroten a los rusos”, dice el general Stephen M. Twitty, antiguo Comandante del Mando Europeo de Estados Unidos (2).

¿Cuanto tiempo más va a tardar Zelensky en ceder, o no lo hará hasta que sea derrocado? Cuanto más tiempo transcurra, mayores concesiones tendrá que hacer. Los rusos ya les han dejado bien clarito que no se han embarcado en una guerra para volver a los Acuerdos de Minsk de 2015, que los propios ucranianos se encargaron de enterrar. Aparte de perder Crimea y el Donbás, ¿qué otras regiones van a desaparecer del mapa de Ucrania?

Un Golpe de Estado en Kiev o una destitución fulminante de Zelensky sería una buena salida para la OTAN. Es el mejor chivo expiatorio que podían encontrar. Les permitiría imputarle sus propios errores y fracasos.

“La idea de utilizar a Ucrania para buscarle las cosquillas al oso ruso fue una tontería desde el principio”, dice Larry Johnson (3). Entre los críticos cada vez suena más lo de que han subestimado a Rusia, que es una constante de la historia desde los tiempos de Napoleón.

En Estados Unidos se tiran de los pelos porque saben que son los responsables de la derrota de Ucrania. Hay quien, como el New York Times, no quiere hacer sangre y opina que todo ha sido consecuencia de una “falta de inteligencia” (4). Los espías han vuelto a fallar. Se creen las noticias que aparecen en los medios de comunicación y entran en un bucle de mentiras y fantasías.

Se engañan unos a otros. Luego la censura y subsiguiente imposición de un discurso uniforme impide corregir los errores y refuerza la falta de alternativas políticas.

En una audiencia del Senado el mes pasado, Avril D. Haines, directora de inteligencia nacional, dijo algo curioso: tenemos más información sobre el enemigo (los rusos) que sobre el amigo (los ucranianos). ¿Cómo es posible? Son los misterios absurdos con los que las centrales de inteligencia salen de los apuros. Como no vigilamos a los amiguetes, no sabemos nada de ellos…

A quien deberían haber espiado es a Zelensky y su camarilla, que tienen un pie en tierra. Seguir enviándoles armas es “apostar por el caballo equivocado”, dice Yves Smith (5). “Ya se ha hablado de un posible golpe militar”, añade Smith, cada vez más verosímil a medida que las tropas rusas sigan avanzando porque, en contra de lo que dicen los “expertos”, el tiempo juega a favor de Rusia. Por eso en Moscú no tienen ninguna prisa. Están dispuestos a dejar que la OTAN y su gobierno en Kiev se cuezan a fuego lento y en su propio jugo.

(1) https://smoothiex12.blogspot.com/2022/06/i-am-getting-tired-writing-posts-with.html
(2) https://www.cfr.org/event/russias-war-ukraine-how-does-it-end
(3) https://sonar21.com/is-u-s-intelligence-really-this-screwed-up/
(4) https://www.yahoo.com/news/u-lacks-clear-picture-ukraines-120806912.html
(5) https://www.nakedcapitalism.com/2022/06/the-tricky-question-for-russia-of-how-far-to-go.html

Nicaragua autoriza el ingreso de tropas rusas en el país

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, autorizó la salida hacia Rusia de 50 militares nicaragüenses, de forma rotativa, “para participar en ejercicio de intercambio e instrucción militar y adiestramiento en operaciones de ayuda humanitaria” del primero de julio al 31 de diciembre próximos.

Ortega también autorizó el ingreso de tropas, naves y aeronaves del ejército ruo para participar en operaciones “en contra de ilícitos” en el mar Caribe y en el océano Pacífico nicaragüense, según un decreto presidencial.

El mandatario autorizó, además, el ingreso a Nicaragua, de forma rotativa, de 80 efectivos militares rusos para participar con miembros del Comando de Operaciones Especiales del ejército nicaragüense “en intercambio de experiencias y ejercicio de adiestramiento en operaciones de ayuda humanitaria”.

Asimismo, autorizó el ingreso a otros 50 efectivos militares rusos, de forma rotativa, para participar con miembros de la Fuerza Naval, Fuerza Aérea y Cuerpo de Transmisiones “en intercambio de experiencias y de comunicación operacional con naves y aeronaves del Ejército de Nicaragua en labores de enfrentamiento y lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado trasnacional”.

En total, Ortega autorizó que un número indeterminado de militares, naves y aeronaves rusas ingresen a Nicaragua del 1 de julio al 31 de diciembre de este año, según el decreto presidencial.

Además de participar en operaciones “en contra de ilícitos” en el mar Caribe y en el océano Pacífico nicaragüense, capacitar a la fuerza élite del ejército y al cuerpo de transmisiones en materia de comunicación operacional, los militares rusos participarán en ejercicios “de adiestramiento e intercambio en operaciones de ayuda humanitaria, misiones de búsqueda, salvamento y rescate en situaciones de emergencia o desastres naturales”.

También participarán “en intercambio de experiencia y adiestramiento en labores de seguridad, planeación de ejercicios de ayuda humanitaria y atención ante desastres”, de acuerdo con el decreto presidencial.

En el mismo decreto presidencial, Ortega autorizó por seis meses, a partir de julio próximo, el ingreso al territorio nacional de personal, naves y aeronaves de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela que llevarán a cabo las mismas funciones que las de Rusia.

También autorizó el ingreso de militares de Cuba y de México, quienes participarán con los de Nicaragua en “intercambios y labores de carácter humanitario”.

En el caso de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, el dirigente sandinista autorizó el ingreso de personal militar, en un número que no precisó, y a diferencia de los otros cuerpos armados, su presencia será “previamente planificado y coordinado con el Ejército de Nicaragua”.

El objetivo, según el gobierno, es que los militares estadounidenses atraquen en puertos y aterricen en aeropuertos nacionales con el fin de que realicen “operaciones de ayuda humanitaria y misiones de búsqueda, salvamento y rescate en situaciones de emergencias o desastres naturales, por aire, mar y tierra, en apoyo al Gobierno de la República de Nicaragua, del 1 de julio al 31 de diciembre de 2022”.

Ortega ordenó enviar el decreto presidencial a la Asamblea Nacional para su ratificación.

Rusia es un antiguo aliado de Nicaragua que, durante la primers época sandinista (1979-1990), dotó de armamento soviético a las Fuerzas Armadas nicaragüenses y Putin ha dicho que Nicaragua es un socio “muy importante” de Rusia en América Latina.

Ortega volvió a la presidencia en 2007, tras haber coordinado una Junta de Gobierno de 1979 a 1985 y presidir por primera vez el país de 1985 a 1990.

Nicaragua es uno de los contados países, junto a Venezuela y los pequeños Estados insulares de Nauru y Tuvalu, que se han sumado a Rusia en el reconocimiento de la independencia de las regiones separatistas georgianas de Abjasia y Osetia del Sur, y que ha recibido a altos funcionarios rusos desde que Moscú invadió Ucrania.

A fines de 2020 estableció un consulado en Crimea, territorio ucraniano anexado a Rusia, lo que provocó el rechazo de Ucrania.

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