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Día: 16 de mayo de 2022 (página 1 de 1)

La vacunación forzosa contradice los derechos y libertades fundamentales

El 2 de mayo el Tribunal Supremo de India prohibió la vacunación obligatoria. Sus razones son simples. La integridad física está protegida y es inalienable. No se puede obligar a ningún individuo a vacunarse (1).

Los jueces indios han asumido todos los convenios internacionales firmados desde el final de la Segunda Guerra Mundial para proteger a las personas de las decisiones políticas de los gobiernos, e incluso de los médicos. Ellos no son dueños de los cuerpos de las personas.

Los jueces indios se muestran más preocupados por el libre consentimiento que los occidentales, lo que añade una obligación a los laboratorios e instituciones sanitarias: la de informar a los interesados de cualquier clase de medicamento.

Para ello, se deben poner a disposición de los interesados los datos clínicos existentes, incluidos los relativos a los efectos adversos. Los científicos deben trabajar libremente, las personas deben juzgar libremente, con pleno conocimiento de causa.

Los jueces indios también advierten que es inaceptable la propaganda, las amenazas o la presión indebida sobre la personas, tanto para que se vacunen, como para que no se vacunen. Nadie debe ser intimidado, marginado o perseguido por las opciones que adopte sobre su salud.

Por el contrario, el New York Times exigía pasar de la persuasión a la obligación, y se pronunciaba en favor de la vacunación obligatoria, porque “las consideraciones éticas y convicciones personales no pueden estar por encima de la razón científica en situaciones de emergencia sanitaria” (2).

Es imposible descifrar a qué se refiere el periódico cuando invoca la “razón científica”, que será misma por la que se impone una “emergecia sanitaria”. Desde luego que los que se oponen al uso de la fuerza quedan fuera porque no tienen “razón”. Se limitan a aducir “consideraciones éticas y convicciones personales” y los gobiernos tienen derecho a imponer la vacunación forzosa “para salvaguardar la salud del conjunto de la sociedad”.

Como se ve, los países occidentales nos van introduciendo en un mundo muy oscuro con el mayor de los descaros que cabe imaginar.

(1) https://www.indiatvnews.com/news/india/covid19-vaccination-not-mandatory-supreme-court-order-unvaccinated-individuals-restrictions-2022-05-02-773615
(2) https://www.nytimes.com/es/2021/07/01/espanol/opinion/vacunacion-obligatoria.html

El asalto a la acería Azovtsal no será una epopeya

El asalto ruso a los subterráneos de la acería Azovtsal de Mariupol estaba destinado a ser la gran epopeya de la Guerra de Ucrania, a la altura de El Álamo, cuando John Wayne y los suyos desafiaron a un ejército mexicano, muy superior en número. Nos espera una serie de Netflix, pero aún es pronto para escribir el final.

El destino de quienes se han refugiado en los sótanos, los nazis del Batallón Azov y sus jefes de la OTAN, es el mismo de Ucrania. No tienen la más mínima oportunidad, pero el Pentágono les ha prohibido rendirse porque una serie de éxito no puede tener ese final. Tienen que resistir, pero no hasta el último aliento, como en El Álamo.

Rusia les niega cualquier salida honrosa, una evacuación sin alzar las manos, hacia un país, como Turquía, que se ha ofrecido de mediador. Se les ha acabado el rancho y han empezado a comerse los cerdos a los que han encerrado con ellos. Pero los cerdos tampoco tienen comida.

Las familias ven un final desolador y vuelven sus miradas contra Zelensky, el “Garant” (garante) de la constitución y la ley en Ucrania. La viceprimera ministra ucraniana, Iryna Vereshchuk, está censurando sus mensajes en las redes sociales. Ya no hay noticias de ellos.

Para inflar el drama hace sólo unos días decían que había 3.000 hombres encerrados; ahora Vereshchuk ha reducido a cifra a la tercera parte. “Compartimos su preocupación”, dice invariablemente la web oficial del Estado Mayor ucraniano cuando un familiar busca alguna información.

A algunos los han llevado hasta el Vaticano para hacerse la foto con el Papa y llenar de lástima las portadas de los noticiarios. Pero las imágenes les han traicionado. Esos mismos familiares aparecen en otras fotos con las banderas nazis y los fusiles de asalto del Batallón en las manos.

En una entrevista el fundador y primer comandante del Batallón, Andriy Biletsky, dice que la ONU se negó a evacuar a los nazis, alegando que iba en contra de su política de atender a los combatientes heridos: “Son soldados, por lo que tienen dos salidas. O se rinden o mueren” (*).

Los integrantes del Azov no tienen una profesión civil, ya que se alistaron a los 16 ó 17 años. Se trata de una tropa muy joven. “Algunos de ellos todavía eran escolares en 2014… un número significativo de combatientes de Azov son nacionalistas ucranianos ideológicos”, añadió el dirigente nazi. Es lo mismo que dice La Sexta: no son nazis, sólo “ultranacionalistas”.

No saben hacer nada; no son nada sin un arma en la mano. En la misma entrevista Biletsky también reconoce que el Batallón es una unidad adiestrada por instructores de la OTAN durante ocho años completos, 24 horas al día, los 7 días de la semana.

Las fotos de los heridos, publicadas por los medios de comunicación ucranianos, muestran a personas de mediana edad, posiblemente mercenarios. El diario británico The Guardian escribe que piden ayuda a la Cruz Roja. Rusia se la ha ofrecido pero la han rechazado. Es algo que tampoco puede ir al guión de la serie que se está escrbiendo.

El Batallón Azov, como el pistolero de Buffalo que mató a 10 personas en un supermercado, está defendiendo a la raza blanca. “Sí, soy fascista”, escribió en un manifiesto de 180 páginas. En Estados Unidos y en Ucrania la OTAN necesita a esos voluntarios para proteger a una raza blanca amenazada.

Hasta The War Zone, una publicación de financiada por el Pentágono, se interesa por un guión a la carta. “A pesar de semanas de incesantes ataques aéreos y terrestres, las fuerzas ucranianas dicen que siguen controlando la mayor parte de la planta siderúrgica de Azovstal”, asegura un reportaje. “Planean luchar hasta el último hombre”, añade. El relato no puede ser más peliculero: “Los rusos pudieron entrar en la fábrica porque un trabajador de Azovstal traicionó a Ucrania y les habló de los túneles subterráneos que conducían a ella”.

(*) https://svpressa.ru/war21/article/333830/


Esta mañana las tropas ucranianas que permanecen en la acería han llegado a un acuerdo con las rusas para evacuar a los heridos a un hospital de Donetsk. El acuerdo se ha negociado sin la participación del gobierno de Zelensky ni del ejército ucraniano.

Diez soldados ucranianos salieron con banderas blancas de uno de los agujeros. En total el número de soldados atrapados en la acería es de 2.227, de los que 51 heridos se han rendido. 20 de ellos son incapaces de caminar. Según fuentes rusas sobre el terreno, además de los heridos se han rendido 300 integrantes del Batallón.

Los misiles más perniciosos son los que explotan en la conciencia de una población

El pasado mes de noviembre, con motivo de la edición 2021 del Foro de Innovación de la Defensa (FID), la ministra francesa del ejército, Florence Parly, anunció el Proyecto Miríada para la manipulación de las masas (*), esto es, un plan de propaganda de guerra o guerra sicológica.

Como es corriente, estos planes se presentan -y justifican- a la inversa: debemos impedir que el enemigo intoxique a nuestra población con bulos y falsedades. Sin embargo, la guerra sicológica está dirigida contra la población propia. La manera de evitar que el enemigo engañe a los nuestros es que les engañemos nosotros previamente.

En el mundo moderno la coexistencia de una información plural no es posible porque las opiniones son un arma equiparable a cualquier otra. Por lo tanto, hay que desarmar al enemigo impidiendo la difusión de su pensamiento, bien entendido que el enemigo no es alguien de fuera sino todos aquellos que no piensan como los militares.

El ejército francés lo llama “guerra cognitiva”, donde el campo de batalla llega hasta la conciencia. Se trata de actuar sobre el pensamiento de las masas para influir en sus opiniones o convencerlas de que cambien su comportamiento sin que sientan que alguien les obliga a ello.

La propaganda de guerra ha existido siempre. No hay más que recodar las películas de Hollywood. Pero sólo se podía ejercer sobre un número limitado de individuos. Sin embargo, con el desarrollo de las redes sociales, los medios para manipular las opiniones se han multiplicado, y su alcance también.

La guerra sicológica tiene una importancia creciente. En su discurso, Parly mencionó los manuales publicados con anterioridad por el Ministerio francés de Defensa, que también formaban parte de la guerra cognitiva.

La AID (Agencia de Innovación de la Defensa), el equivalente francés de Darpa, ha convocado un concurso de ideas para implementar el Proyecto Miríada: “Después de los combates en tierra, en el mar, en el aire, en el espacio y en el ciberespacio, una sexta área de intervención será cada vez más marcada. Con la guerra cognitiva, las guerras se libran y se librarán en la mente. Se trata de un espacio operativo que debemos seguir explorando para protegernos de estas amenazas y saber cómo actuar. Por ello, la Agencia de Innovación de la Defensa hace un llamamiento a los agentes académicos, institucionales e industriales para que unan sus fuerzas y propongan trabajos que permitan preparar mejor las confrontaciones del mañana”, explica la convocatoria.

La Agencia “se refiere a las operaciones militares realizadas en la capa de información del ciberespacio para detectar, caracterizar y contrarrestar los ataques, proporcionar información o llevar a cabo el engaño, ya sea de forma autónoma o en combinación con otras operaciones”. También se hará hincapié en la detección de “infox”, información modificada y falsificada, “deepfakes”, “datos contradictorios, controversias, discursos de odio” y “bots sociales”, así como en el análisis de redes de influencia, incluyendo la identificación de sus relaciones y miembros y sus roles, y la clasificación de “perfiles psicológicos” y “personalidades”.

El ejército francés quiere preparar “operaciones de contrainfluencia en los medios sociales” y “automatizar o ayudar a la conducta” de la población. “Los objetivos operativos son poder denunciar, contener, debilitar o desacreditar los ataques informativos, debilitar la legitimidad de nuestros adversarios y apoyar las operaciones en el terreno físico mediante el engaño”, según confiesa.

(*) https://anr.fr/fr/detail/call/accompagnement-specifique-des-travaux-de-recherches-et-dinnovation-defense-appel-thematique-sur-l-1/

El ingreso de Finlandia en la OTAN es una declaración de guerra contra Rusia

Lo mismo que Ucrania, Finlandia debe lo que tiene a la Revolución de Octubre, que le permitió conquistar su independencia como Estado, bajo el paraguas de Alemania. Sin embargo, la derrota del Reich en la Primera Guerra Mundial les permitió guardar ciertas apariencias de autonomía.

La actual Guerra de Ucrania también tiene muchos paralelismos con la “guerra de invierno” que enfrentó a Finlandia con la URSS entre 1939 y 1940.

El 30 de noviembre de 1939 el Ejército Rojo atacó a Finlandia, iniciando así la “guerra de invierno” entre ambos países. En 1963 el presidente finlandés Urho Kekkonen reconoció que los soviéticos tenían razones “comprensibles” para iniciar aquella guerra.

La “guerra de invierno” terminó con la firma del Tratado de Moscú el 13 de marzo de 1940, que Finlandia no respetó al unirse a la agresión alemana contra la URSS en junio de 1941. En Finlandia los historiadores la llaman “guerra de continuación”.

En ella Finlandia desempeñó un papel importante -pero ignorado- en el asedio nazi a Leningrado que acabó con el exterminio de un millón de personas, la tercera parte de la población.

La guerra con Finlandia acabó el 19 de septiembre de 1944, un poco antes que con Alemania. Ambos países firmaron el Armisticio de Moscú, en el que la URSS realizó importante concesiones al país nórdico, porque el combate fundamental era con el III Reich. El Ejército Rojo necesitaba concentrarse en la derrota de Alemania.

El tratado de paz definitivo se firmó en París el 17 de febrero de 1947 bajo los auspicios de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia.

El elemento fundamental del tratado era la neutralidad de Finlandia porque la URSS necesitaba, como ahora Rusia, un cordón para proteger sus fronteras, es decir, que sus vecinos no se convirtieran en un foco de conflictos.

Los tratados de paz han estado vigentes durante más de 70 años si que jamás se haya producido ningún conflicto entre embas partes.

La adhesión de Finlandia a la OTAN supone, pues, una violación de los términos del Tratado de París o, en otras palabras, anularía el armisticio de 1944. Eso significa que ambas partes, Finlandia y Rusia, volverían a la situación anterior, es decir, a la guerra.

En ella, una vez más, Finlandia jugaría exactamente el mismo papel subordinado respecto a la OTAN que ahora juega Ucrania.

Gracias a Finlandia, la OTAN pondría sus misiles a 50 kilómetros de San Petersburgo. Uno de los motivos de la “guerra de invierno” fue precisamente la nacesidad de la URSS de desmilitarizar la frontera con Finlandia para salvaguardar Leningrado.

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