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Día: 8 de mayo de 2022 (página 1 de 1)

Se filtran 80.000 documentos internos sobre los efectos secundarios de la vacuna de Pfizer

Se han filtrado unos 80.000 documentos internos sobre los efectos secundarios de la vacuna contra el coronavirus de Pfizer, que se han publicado en internet (1). El trabajo de descifrar las anomalías es descomunal. Algunos trabajan en ello por su cuenta, pero ¿cómo pueden tener éxito solos, o incluso con un pequeño equipo, cuando se enfrentan a una montaña de datos recopilados por cientos de individuos y millones de dólares? Requiere habilidades que pocos tienen, y entre ellas una mente crítica, cualidades que están desapareciendo.

¿Cómo puede salir la verdad de una obra así? ¿Quién será capaz de elaborar una síntesis clara y creíble, accesible para el público en general?

¿Cómo pudieron los orgaismos reguladores analizar esos documentos en tan poco tiempo para validarlos? Es una muestra de la fragilidad de los procesos de validación de los medicamentos. ¿Son capaces de detectar fallos que están deliberadamente enterrados en cientos de miles de piezas de información? La historia de los medicamentos, con sus “accidentes”, ha demostrado que no son capaces de hacerlo con los expedientes más sencillos.

Hoy, con la prohibición de cuestionar la información oficial, se tardará aún más. Las numerosas condenas y liquidaciones económicas de los laboratorios por fraudes, errores o insuficiencias, no parecen haber empañado en absoluto la confianza en ellos, que siguen con los mismos métodos, con la ayuda de los dólares. Peor aún, esta vez han sido absueltos de antemano.

Sasha Latypova es una de las personas que ha analizado la documentación interna de Pfizer. Es ucraniana y vive en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en la industria farmacéutica, trabajando en el desarrollo, la validación, la aceptación normativa y la comercialización de nuevas tecnologías clínicas y de biomarcadores. Ha analizado 468 páginas de los documentos y habla de fraude científico por parte de Pfizer, pero también de la FDA (2).

Según Latypova, el programa de Pfizer no incluía pruebas exhaustivas de todos los componentes de la vacuna aprobada. Los estudios incluidos en el expediente de aprobación se realizaron sobre diferentes versiones del producto, por lo que no se puede hacer una evaluación completa de la seguridad de la vacuna.

“Las omisiones de los estudios de seguridad estándar y la flagrante deshonestidad científica en los estudios realizados son tan evidentes que no pueden atribuirse a la incompetencia de los fabricantes y los reguladores. Más bien debe plantearse la cuestión de la negligencia intencionada”, asegura Latypova.

Tanto la FDA como Pfizer “fueron muy deshonestos y ofrecieron una tecnología y un producto totalmente nuevo a millones de personas sin una sola evaluación de seguridad bien diseñada”.

“Es inaceptable que un fabricante de productos farmacéuticos no investigue la posibilidad de que su producto dañe los principales sistemas orgánicos, no es aceptable que sustituya el producto por un sustituto o una versión diferente, alegue una comparabilidad teórica y luego afirme que no hay riesgo para los principales órganos humanos”, concluye Latypova.

(1) https://phmpt.org/pfizers-documents/
(2) https://home.solari.com/review-of-pfizers-non-clinical-program-by-sasha-latypova/


La versión anterior de esta entrada, en la que se informaba de la detención del vicepresidente de Pfizer en Canadá, es errónea, por lo que pedimos disculpas a nuestros lectores.

Azovstal: una fábrica construida gracias a los planes quinquenales soviéticos

El complejo siderúrgico Azovstal, uno de los mayores del mudo, fue construido en los años treinta del siglo pasado, en tiempos de los planes quinquenales soviéticos. Fue destruido tras el ataque del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial y volvió a ser reconstruido y ampliado tras la victoria del Ejército Rojo en 1945.

Las instalaciones contaban con una especie de urbanización, centro comercial e instalaciones deportivas para los trabajadores. También construyeron subterráneos, que inicialmente sirvieron para el transporte de personas y materiales bajo la factoría. Durante la Guerra Fría los subterráneos se ampliaron con fortines de hormigón, capaces de soportar el impacto de armas nucleares.

Tras la disolución de la URSS, la empresa, que era de titularidad pública, fue vendida por el gobierno ucraniano a un conocido oligarca, Rinat Leonidovych Ajmetov que, durante años, fue miembro del Partido de las Regiones. Era el partido gobernante en Kiev en el momento del Golpe de Estado fascista de 2014.

Rinat L. Ajmetov

Tras el golpe llegó la guerra civil al Donbas y, fiel a su nombre, el Partido de las Regiones defendió los Acuerdos de Minsk y la autonomía para Lugansk y Donetsk.

Cuando el gobierno central convirtió a los Acuerdos en papel mojado, Ajmetov tomó postura por los golpistas nazis contra el Donbas. Siempre apuesta por el caballo ganador. Como su fábrica estaba en el Donbas y había sido incautada por la República Popular de Donetsk, promovió activamente la guerra contra la población civil para recuperar sus dominios. No lo logró en su totalidad; sólo lo suficiente para que Azovstal quedara fuera del alcance de las milicias populares… hasta hace unos pocos días.

Ajmetov ocupa el lugar 330 en la lista Forbes de los magnates más ricos del planeta. Es dueño del club de fútbol Shajtar Donetsk. Pero no es un capitalista típico sino alguien estrechamente vinculado al crimen organizado, como la mayor parte de los oligarcas ucranianos. Como buen “nacionalista”, es conocido porque las ramificaciones de sus empresas, reales y ficticias, empiezan y acaban en paraísos fiscales.

En la noche del viernes comenzó la evacuación de los últimos civiles que quedaban en los subterráneos. El Batallón Azov había anunciado que los dejaría partir a cambio de agua y alimentos. Los zapadores del ejército ruso tuvieron que quitar las minas que el Batallón había colocado en el corredor humanitario que debían seguir los civiles.

Aprovechado la evacuación, un grupo de nazis intentó escapar en un vehículo rompiendo el cerco, pero no lo lograron. Uno murió y algunos resultaron heridos. Otro grupo salió con una bandera blanca para negociar su rendición con las tropas rusas.

Ayer se supo que el 75 por ciento de los más 50 civiles que se encontraban en los subterráneos de la acería y fueron evacuados, decidieron instalarse en las zonas liberadas de la República Popular de Donetsk, e incluso en Rusia. El asentamiento se vio favorecido por el restablecimiento de los suministros de luz y agua a Mariupol.

También se supo que el ejército ruso ya ha entrado en una parte de los subterráneos, donde ha tomado posiciones.

China se prepara para soportar las mismas sanciones que han impuesto a Rusia

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar… China se prepara para soportar las mismas sanciones que las potencias occidentales han impuesto a Rusia. Según el Financial Times, el gobierno de Pekín está evaluando el impacto de las inminentes sanciones económicas (*).

El Banco Popular de China y del Ministerio de Finanzas se reunieron el 22 de abril con representantes de bancos nacionales y extranjeros para prepararse. Una provocación o incluso una guerra con Taiwán podría ser esta vez el pretexto.

Si esas previsiones son correctas, ¿por qué China no ha tomado una postura más beligerante en la Guerra de Ucrania? La neutralidad china ha sido meramente retórica, de cara a la galería. Aunque a principios de marzo llegó a enviar ayuda humanitaria a Ucrania, su postura respecto a Rusia no ha cambiado en absoluto. Debido a su asociación estratégica con Moscú, no puede condenar la intervención rusa en Ucrania.

China sabe que es el siguiente de la lista, tanto si hay guerra en Taiwán como si no la hay y lleva años preocupada por la extraterritorialidad que Estados Unidos impone al mundo entero, es decir, que sus leyes no se limitan sólo a su territorio sino a cualquier país del mundo.

El gobierno chino planea proteger los activos del país en el extranjero de unas sanciones estadounidenses similares a las impuestas a Rusia, lo cual supondría un expolio de buena parte de sus reservas estratégicas: 3,2 billones de dólares que podrían sacar de algún apuro al capital financiero internacional… si es que el dólar sigue manteniendo algún valor, lo cual es discutible.

En 2007 Hongbing Song publicó un libro en mandarín titulado “The Currency Wars”, que ha vendido millones de ejemplares en China. Los militantes del Partido Comunista lo han leído y ha influido fuertemente en el pensamiento chino y, sobre todo, en la desconfianza de Pekín hacia las finanzas mundiales, controladas por Estados Unidos.

Los “expertos occidentales” que, como es habitual, no entienden nada del asunto, reconducen el problema a cuestinoes tales como la reducción del crecimiento económico en todo el mundo que supondrían las sanciones y la respuesta china ante las mismas.

Pero lo que está en juego no son los índices de crecimiento económico o la recesión, sino la hegemonía, es decir, la dominación imperialista, cuyo objetivo es excluir a China de los mercados internacionales, del comercio y de las bolsas mundiales.

Drogados por los números, los economistas en occidente se fían de sus propios artificios contables. Creen que los papeles, las acciones o la moneda fiduciaria aún valen algo. En otros países, como en Rusia o en China, cuentan en términos de millones de metros cúbicos de gas, toneladas de trigo o maquinaria.

Por si los “expertos” no se han enterado, el cierre económico impuesto en China con la política de “cero covid” es un anticipo de lo que puede llegar con un bloqueo naval o un embargo de los activos en el extranjero.

(*) https://www.ft.com/content/45d5fcac-3e6d-420a-ac78-4b439e24b5de

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