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Día: 14 de abril de 2022 (página 1 de 1)

China se desprende de todas sus inversiones petroleras en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido

El mayor productor de petróleo y gas de China, la empresa pública CNOOC, se retira de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, después de ser expulsada de la Bolsa de Nueva York. Redistribuirá sus invesiones en Sudamérica y África. La medida se produce mientras Estados Unidos amenaza a China por comprar petróleo ruso violando las sanciones.

El gobierno de Pekín va a reducir su dependencia de Occidente. Quiere evitar que le confisquen algunos de sus activos en el extranjero y CNOOC vende todas sus participaciones en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido.

China no sólo se ha negado a condenar la invasión rusa de Ucrania, sino que pretende mantener buenas relaciones con Rusia, cuyos hidrocarburos y otras materias primas le interesan para asegurar su abastecimiento.

Al adquirir la empresa petrolera canadiense Nexen en 2012 por 15.100 millones de dólares, CNOOC se convirtió en uno de los principales productores de hidrocarburos del mundo.

Los activos de la antigua Nexen incluyen intereses en yacimientos marinos en el Mar del Norte, gas de esquisto en el noreste de la Columbia Británica, exploración de petróleo de esquisto frente a Terranova y Labrador y el parque eólico de Soderglen en el sur de Alberta (Canadá).

En Estados Unidos, CNOOC tiene inversiones en las cuencas terrestres de Eagle Ford y Rockies, así como intereses en dos grandes yacimientos marinos del Golfo de México, Appomattox y Stampede. La producción acumulada es de unos 220.000 barriles de petróleo diarios. Fuera de China, CNOOC opera en unos 20 países.

En marzo el monopolio chino encargó al Bank of America la preparación de la venta de sus activos en el Mar del Norte, que incluyen una participación en uno de los mayores yacimientos de la cuenca.

El pasado mes de octubre finalizó su exclusión de la bolsa de Nueva York. CNOOC fue una de las empresas chinas en el punto de mira del gobierno de Trump en 2020 por estar controlada por los militares chinos. Debería cotizar en la bolsa de Shanghai este mes, para poder seguir financiándose.

Sin embargo, CNOOC no renuncia al desarrollo internacional. La empresa china tratará de adquirir nuevos activos en América Latina y África, y priorizará el desarrollo de nuevos proyectos en Brasil (donde coopera con Petrobras y Shell), en Guyana (con Exxon y Hess) y en Uganda y Tanzania (con TotalEnergies).

CNOOC es una de las cinco mayores empresas petroleras de China, junto con CNPC, Sinopec, Yang Chang Petroleum y Sinochem Group, con activos fuera del país.

La presión de Estados Unidos, que ha adquirido una nueva dimensión con las sanciones occidentales contra Rusia, podría dar lugar a la fractura de los mercados mundiales, tanto en el plano diplomático como en el comercial. Esta perspectiva empuja a China a asegurar sus suministros vitales para su desarrollo económico.

El país asiático consume cada vez más petróleo. Tras los 13,1 millones de barriles consumidos diariamente en 2021, debería quemar 15,7 millones este año, un aumento del 9 por cien. Aunque ha aumentado su producción local, sigue siendo muy insuficiente para cubrir las necesidades, sobre todo de productos petrolíferos.

Esta es una de las razones que empujarán a China, pero también a la India y a otros países asiáticos, a incrementar las compras de petróleo ruso, sobre todo porque lo compran con importantes descuentos.

Este movimiento a gran escala aún no se ha materializado. Queda por ver si los compradores asiáticos podrán absorber el crudo y los productos petrolíferos rusos que compró Europa y que están prohibidos en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia. Si no se produce una reasignación completa, Rusia podría verse obligada a interrumpir su producción de petróleo, lo que podría tener consecuencias a largo plazo para el suministro mundial. La Agencia Internacional de la Energía calcula que la producción rusa disminuirá en 1,5 millones de barriles diarios en abril y en casi 3 millones en mayo.

La necesidad urgente de encontrar una salida a sus hidrocarburos es más importante para Rusia que para sus clientes asiáticos. China, presionada por Washington, está aprendiendo las primeras lecciones de la Guerra de Ucrania y se prepara para un bloqueo de Estados Unidos.

Las guerras huelen a gas desde hace diez años

En varias ocasiones hemos destacado la relación de la Guerra de Ucrania con el gas y el transporte del gas. Los imperialistas tratan de impedir la llegada del gas ruso a Europa y evitar un transporte marítimo de gas licuado largo, caro y peligroso.

La Guerra de Ucrania ha impedido la apertura del gasoducto Nord Stream 2 para acarrear gas ruso hasta Alemania.

Recientemente el Primer Ministro italiano Draghi ha viajado a Argelia para intentar sustituir el gas ruso por el argelino, pero el problema del Sáhara y el de Mali están encima de las mesas de Bruselas.

En el Mediterráneo oriental han aparecido importantes yacimientos de gas, de los que se tratan de apoderar Israel y Turquía. Las mayores reservas de petróleo en alta mar del Mediterráneo pertenecen a Siria, con 2.500 millones de barriles, mayores que las de cualquiera de sus vecinos, con excepción de Irak.

El 25 de diciembre de 2013 el presidente sirio, Bashar Al-Assad firmó con Rusia un acuerdo de exploración de petróleo y gas en sus aguas jurisdiccionales.

Estados Unidos y Turquía saquean el petróleo de los yacimientos del norte de Siria, e Israel hace lo propio con los del Golán, una región siria que ocupa militarmente desde la guerra de 1967.

Qatar tenía el proyecto de construir un gasoducto para transportar gas a Europa a través de la región siria de Homs. El plan fue aprobado por el gobierno de Obama. Desde Qatar el gasoducto pasaba por Arabia saudí, luego por Jordania y por Irak, hasta llegar a Homs, en Siria, desde donde se ramificaba en tres direcciones: Latakia, en la costa siria, Trípoli, en el norte de Líbano, y Turquía.

Para destruir a Siria, desde 2011 los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Turquía, todos ellos miembros de la OTAN, han apoyado, financiado y armado a grupos terroristas de todos los colores en Siria, además de las milicias kurdas del norte.

La OTAN y los países que forman parte de la alianza militar, han prolongado la Guerra de Siria durante más diez años, asesinando a 300.000 personas y obligando a huir de sus casas a casi la mitad de la población, una situación que se mantiene a día de hoy.

Las grandes potencias occidentales siguen ocupando Siria. Han volado sus infraestructuras, han saqueado sus riquezas naturales e históricas, han destruido los cultivos agrícolas y han quemado lo que no han podido saquear.

El 31 de mayo de 2020, el gobierno sirio envió una queja formal al Secretario General de la ONU y al Presidente del Consejo de Seguridad contra los gobiernos de algunos Estados miembros, entre los que destacan Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Turquía, para “poner fin a la injerencia hostil de Estados extranjeros en los asuntos internos de la República Árabe Siria y pedir a todos los Estados miembros que se abstengan de cualquier práctica destinada a socavar la independencia y la continuación del proceso político”.

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