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Día: 26 de diciembre de 2021 (página 1 de 1)

‘Multas sin contacto’: otra innovación que la pandemia ha traído a la policía

El término “multas sin contacto” significa que la policía redacta y envía denuncias sin llegar a controlar físicamente a la persona sancionada. También se podrían llamar multas a distancia o multas sin control. En algunos casos se trata de multas sin infracción.

Después del confinamiento comenzaron a llegar sanciones a los domicilios de muchos franceses por haber sido rastreados en la calle o viajando en un transporte público. Las cámaras de videovigilancia los han grabado e identificado. Algunas veces incluso los han confundido, pero eso no importa porque el método ya está en marcha. La “inteligencia artificial” aprende, sobre todo, con los errores, las quejas y los recursos de los propios afectados.

Es un verdadero hostigamiento policial contra poblaciones que están en el punto de mira, como los barrios obreros o las concentraciones de inmigrantes. La prensa se está llenando de quejas porque reciben multas por deambular por lugares en los que no han estado nunca. A veces reciben multas por haber permanecido al mismo tiempo en lugares diferentes.

Las quejas muestran que la población está desesperada porque no pueden demostrar que no han estado en un lugar concreto en un momento determinado.

Hay jóvenes que han recibido diez o incluso quince multas de golpe. Pone de manifiesto la voluntad política y policial de vigilar y seleccionar a determinadas poblaciones para excluirlas de un espacio público cada vez más higienizado y vaciado de sus habitantes naturales.

El origen de las multas es siempre una cámara de videovigilancia instalada en la calle y conectada a un servidor policial dotado con un programa de reconocimiento facial.

En Millau, Aveyron, 50 vecinos recibieron una multa de 135 euros en sus buzones en mayo del año pasado por reunirse sin cumplir con las medidas sanitarias tras salir del confinamiento. La identificación la realizó la inteligencia territorial de la policía por medio de una memoria de datos masiva de la población.

En Foix ocurrió lo mismo tras el fin del primer encierro. En este caso fue un carnaval organizado en mayo del ao pasado. Algunos sancionados afirman no haber estado presentes, pero eso es lo demás. Es otro experimento de la pandemia. El ayuntamiento quiere instalar más cámaras, mientras los vecinos se organizan para luchar contra ellas.

La mayor parte de las multas se impusieron una vez finalizado el confinamiento, pero en otras localidades la estrategia de acoso en los barrios obreros ya estaba en marcha antes de la pandemia. Ahora no ha hecho más que intensificarse. Es la política de “limpieza de las calles” que ha seguido la comisaría del distrito 20 de París.

La pandemia ha aumentado considerablemente el poder coercitivo de la policía, se ha modernizado tecnológicamente, se ha convertido en una política masivas y sistemática. Ya no está limitada, como antes, por los recursos humanos y materiales de la policía.

Las nuevas tecnologías represivas se basan en un trabajo previo de inteligencia policial, que ha formado ficheros con fotos, nombres, apellidos, direcciones, huellas dactilares, grupo sanguíneo, amigos, contactos…

La policía se apoya en la vídeovigilancia. Ya no necesitan desplazarse al lugar. Se limitan a comprobar a posteriori las grabaciones.

Algunos municipios se están asociando con las empresas para incorporar tecnologías de lectura automática de matrículas a sus sistemas. Las multas y las bases de datos financian los costosos programas y equipos de esas empresas.

Es un cambio de escala. Las cámaras de videovigilancia más modernas permiten crear nuevas infracciones y recaudar más multas, o multas más elevadas. Algunas están equipadas con altavoces que ordenan a los residentes que recojan los excrementos de sus perros.

—https://www.bondyblog.fr/societe/police-justice/des-jeunes-surendettes-a-cause-des-amendes-du-couvre-feu-dans-les-quartiers/

Santa Klaus inauguró el estilo de vida (norte)americano

Aunque es un relato común a muchas culturas, fueron los emigranes holandeses los que llevaron a Estados Unidos la leyenda de Sinterklaas en el siglo XVII. El personaje llevaba regalos a los niños el 5 de diciembre.

En 1809 el escritor Washington Irving transformó el nombre del santo holandés en la actual Santa Claus, derivado de San Nicolás. No obstante, su popularidad comenzó con el poema de Clement Moore publicado en Estados Unidos en 1823: “Una visita de San Nicolás”, que apareció como anónimo.

En 1863 el ilustrador estadounidense Thomas Nast lo dibujó por primera vez como un hombre regordete, con barba y vestido de piel, en la revista Harper’s Weekly.

Pero la gloria no llegó hasta que en diciembre de 1930 Coca-Cola asoció su nombre al personaje en una campaña publicitaria diseñada por la agencia D’Arcy. En los dibujos, Santa Klaus ganó estatura humano y dejó de ser un gnomo.

En aquella época, la mayoría de los consumidores asociaban la Coca-Cola con un refresco veraniego. Las chicas en traje de baño eran la imagen de marca más conocida del brebaje. Santa Klaus llevó la bebida a la temporada de invierno.

“La sed no conoce estaciones”, comenzó a decir la publicidad de Coca-Cola para ampliar el mercado. Al final fue el invierno el que acabó simbolizado por Santa Klaus, sobre todo durante las fiestas cristianas.

El mercado de Coca-Cola también se amplió con un nuevo segmento de consumidores, los niños, que debían poner una botella del brebaje en la nevera para que cuando llegara Santa Klaus con los regalos pudiera refrescarse.

Para acercarse a los niños, las ilustraciones comenzaron a presentar a Santa Klaus sin su pipa y para acercarse al resto del mundo, se le cambió el nombre por otros, como Papá Noel.

La leyenda de Santa Klaus no sólo demuestra la capacidad de penetración de la publicidad en el mundo moderno, sino la que procede de Estados Unidos, que es capaz de lograr que veamos lo blanco como si fuera negro y lo negro como si fuera blanco.

Fue el primer ejemplo del “estilo de vida americano” que el mundo debía imitar porque la publicidad no sólo transmite mensajes o pensamientos, sino que es capaz de modificar el comportamiento de millones de personas de culturas muy distintas. Todos debemos hacer lo que hacen los americanos.

Francia prepara campos de concentración para internar a los apestados de cualquier clase

El gobierno francés ha presentado un proyecto de ley de pandemias ante la Asamblea Nacional que confirma un postulado fundamental de la historia: toda pandemia trae consigo un estado de guerra. A su vez, el estado de guerra trae campos de concentración para encerrar a los disidentes e insumisos.

En esta pandemia los campos de concentración empezaron en Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Ahora la experiencia se quiere extender a otros países y se quiere normalizar para evitar el confuso espectáculo de restricciones sanitarias, toques de queda, pasaportes de vacunas, confinamientos…

En Francia el proyecto de ley 3714, presentado el martes, impone un régimen permanente de gestión de las emergencias sanitarias. Se llama “carta blanca” o “patente de corso”. La salud ha acabado siendo un pretexto para liquidar los derechos y libertades fundamentales.

En el cuadro de Delacroix, la libertad guiaba al pueblo. Ahora dicen que la libertad está sobrevalorada, o que es burguesa. Antes los revolucionarios gritaban “¡Libertad o muerte!”. Ahora algunos sólo se cuidan de su salud; tienen miedo a la muerte.

El gobierno quiere que el proyecto se tratamite por la vía rápida, limitando el estorbo de los debates parlamentarios, que a veces atraen la atención de la población hacia cuestiones inconvenientes, como ésta.

El texto se ha estado preparando durante mucho tiempo. El gobierno lleva un año y medio pidiendo poderes excepcionales para afrontar la “crisis” porque, en medio de la histeria creada, el viento es favorable para introducir este tipo de leyes.

Si el gobierno pretende normalizar la ley marcial con pretextos sanitarios es porque la maniobra ha salido perfecta en casi todos los países. La reacción popular ha comenzado muy tarde y aún no tiene la amplitud necesaria para hacer retroceder los planes establecidos y otros peores que tienen en cartera. Por lo tanto, en el futuro seguirá habiendo pandemia y pretextos parecidos para domesticar a amplios sectores de la población y mantenerlos encerrados (en sus casas o en campos de concentración).

Incluso en países, como España, los seudoprogres han aplaudido con las orejas medidas atroces como el internamiento de 300 jóvenes en Mallorca sin ningún tipo de motivo, un crimen que no deberemos olvidar en lo sucesivo, porque indica el grado de complicidad alcanzado.

En Francia el gobierno podrá imponer el “estado de crisis sanitaria” y, por decreto, las libertades quedan en suspenso hasta que el gobierno quiera. El Ministro de Sanidad puede ordenar “la colocación y el mantenimiento en aislamiento de las personas afectadas o contaminadas”, o susceptibles de estarlo.

Pero eso no es todo. El Primer Ministro tiene las siguientes facultades:

  1. Puede prohibir la circulación de personas y vehículos y regular el acceso y las condiciones de uso de los medios de transporte
  2. Puede prohibir que las personas salgan de sus domicilios
  3. Puede ordenar el cierre temporal y regular la apertura, incluidas las condiciones de acceso y presencia, de una o varias categorías de establecimientos abiertos al público, así como de lugares de reunión, garantizando el acceso de las personas a los bienes y servicios esenciales
  4. Puede prohibir las reuniones en la vía pública o en un lugar abierto al público, así como las reuniones de cualquier tipo
  5. Puede adoptar cualquier otra medida que limite la libertad de empresa
  6. Puede supeditar la circulación de las personas, su acceso a los medios de transporte o a determinados lugares, así como el ejercicio de determinadas actividades, a la presentación de los resultados de una prueba de detección que establezca que la persona no está afectada o contaminada, o a la realización de un tratamiento preventivo, incluida la administración de una vacuna, o de un tratamiento curativo.

El artículo L 3131-12 del Código de Salud Pública especifica el régimen de “colocación” de las personas, una medida que puede tener lugar, a elección de los interesados, “en su domicilio o en un alojamiento adecuado”.

El gobierno también se arroga el derecho de confinar a las personas “susceptibles de estar contaminadas” en un alojamiento durante quince días sin que consultar a los jueces. No puede quedar más claro que los parlamentos ya no pintan nada y los jueces tampoco.

En cuanto a la prensa, es bien sabido que publica al dictado de lo que le dicen sus amos de las finanzas.

Sólo nos quedan las calles.

Ajuste de cuentas en Libia por todo lo alto

La recuperación de los fondos públicos depositados por Gaddafi y sus familiares en bancos internacionales se está convirtiendo en un ajuste de cuentas. Su primera víctima es Anwar Arif, antiguo director de la Oficina de Recuperación y Gestión de Activos de Libia (Larmo).

La fiscalía de Trípoli ha dictado orden de detención contra Arif en lo que parece ser una guerra político-financiera por apoderarse del botín. El gobierno de Libia ha iniciado una demanda judicial para recuperar 100.000 millones de dólares colocados por Gaddafi en el exterior.

Arif fue citado el miércoles pasado por el fiscal de Trípoli, una querella judicial desencadenada por el Primer Ministro libio, Abdelhamid Dbeibah, que está en guerra con Arif por negarse al traspaso al nuevo director del Larmo, Mohammed Ramadan, nombrado en junio de este año. Tanto Ramadan como Arif, que dirige el organismo desde su creación en 2017, reclaman el control de la recuperación de los fondos libios.

Los intereses personales siguen prevaleciendo en la gestión de este asunto. El Larmo se creó con el apoyo de la ONU y la Unión Europea, pero está resultando ineficaz. Pero el proceso de recuperación está bloqueado por los propios miembros de Larmo por intereses personales. A Arif le acusan de haber rastreado los fondos durante años y de haber malversado parte de ese dinero.

La crisis estalla en la cúpula en un contexto electoral muy tenso, marcado por el aplazamiento de las elecciones previstas para el viernes de esta seamana. Coincide con el descubrimiento de un fondo de 100.000 millones de dólares colocado por Gadafi en ocho bancos estadounidenses e internacionales.

Hace dos semanas una delegación de Larmo encabezada por Ramadan se desplazó a Nueva York para iniciar un procedimiento de recuperación en el tribunal federal de Manhattan. Los bancos son UBS Group AG, Bank of America Corp, HSBC Holdings PLC, Credit Suisse Group AG, Bank of New York Mellon Corp, Deutsche Bank AG, Citibank y JPMorgan Chase. Durante esta visita, Estados Unidos se comprometió a Larmo.

Nadie sabe el importe exacto de los fondos, ni siquiera los países donde están colocados. El antiguo fiscal del tribunal de Trípoli, Abdelkader Redouane, anunció la suma de 350.000 millones de dólares, aunque precisó que no sabía dónde estaban.

Por su parte, el anterior jefe de gobierno, Mustapha Abou Chakour, adelantó otra cifra: 120.000 millones de dólares. La identificación del dinero y su recuperación están vinculados a la estabilidad política de un país devastado por diez años de guerra. Los bancos que poseen los fondos no los entregarán fácilmente y menos a los representantes de un país fragmentado.

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