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Día: 10 de diciembre de 2021 (página 1 de 1)

Japón vuelve a poner en marcha las centrales nucleares diez años después de Fukushima

Tras la catástrofe de Fukushima en 2011, el gobierno japonés cerró las 54 centrales nucleares. Diez años después vuelve a poner en marcha una parte de ellas.

El último de los reactores de Japón (Tomari-3) se desconectó para mantenimiento el 5 de mayo de 2012, dejando a Japón sin energía eléctrica producida por energía nuclear por primera vez desde 1970.

La central de Mihama, en el centro de Japón, se cerró por completo tras el accidente nuclear de Fukushima y en junio ha vuelto a encender el reactor número 3, que tiene de 40 años de antigüedad.

No obstante, el gobierno ha cambiado el reglamento de seguridad.

Mihama se convierte así en la primera central nuclear que funciona en Japón más allá de los 40 años, desde la aplicación de las nuevas normas de seguridad, dijo el presidente de Kansai Electric Power, Takashi Morimoto.

También es el primer reinicio de un reactor nuclear en Japón desde 2018.

El gobierno japonés es partidario de reactivar la energía nuclear, imprescindible para entrar en la carrera armamentista, para reducir la elevada dependencia energética actual del país y cumplir con los objetivos de reducción de emisiones, que es un pretexto muy socorrido en estos casos.

A finales de abril, Tatsuji Sugimoto, gobernador de la prefectura de Fukui, donde se encuentra la central de Mihama, eliminó el último obstáculo reglamentario para la reanudación del reactor.

Dos reactores de la central de Takahama, también con más de 40 años de antigüedad y situados en la misma prefectura de Fukui, también han recibido luz verde de los gobiernos locales, pero aún no han vuelto a funcionar debido a los trabajos de mejora en curso.

Junto con Mihama, ya son diez los reactores activos en Japón, frente a los 54 de hace diez años. Se ha decidido el desmantelamiento de una veintena de reactores, incluida la central de Fukushima.

Por razones militares, la energía nuclear es una prioridad estratégica de Japón. En 2007 firmó con Estados Unidos el Plan de Acción Conjunto de Energía Nuclear con el objetivo de establecer un marco para la investigación y el desarrollo conjuntos de tecnología de energía nuclear.

En 2019 la participación de la energía nuclear en la generación de electricidad fue solo del 6,2 por ciento, frente al 30 por cien anterior a 2011. De hecho, en aquel momento planeaba aumentar esa proporción al 40 por ciento.

El país depende en gran medida de los combustibles fósiles, como el carbón o el gas natural licuado, este último importado masivamente.

Ucrania monta una provocación naval en el Mar Negro en medio de una conversación con Biden

El buque de guerra ucraniano Donbas se dirigió hacia el estrecho de Kerch sin hacer caso a las peticiones rusas de cambiar de rumbo. El servicio fronterizo del Servicio Federal de Seguridad de Rusia dijo que, cuando salió del puerto de Mariupol y se dirigió al puente de Crimea, la unidad naval ucraniana ignoró las normas establecidas para solicitar una salida del Mar de Azov al Mar Negro.

El Donbas acabó acercándose al estrecho de Kerch, de 30 kilómetros de ancho, lo que interfiere en la seguridad de la navegación. Sin embargo, el analista político Vladimir Kornilov afirma que el Donbás no supone una amenaza militar:

“Era un taller flotante para la flota del Mar Negro. Según me contaron los oficiales de la Flota del Mar Negro, tenía varias literas y a veces se utilizaba como dormitorio temporal para los marineros. Cuando fue remolcado desde Odesa hasta el Mar de Azov por Ucrania en 2018, estaba seguro de que sería amarrado permanentemente en Berdyansk para albergar al personal hasta que se pudieran construir los cuarteles de la base prevista. Pero, al parecer, ahora han decidido sacrificar esta chatarra para utilizarla como herramienta de provocación”, dice Kornilov.

Mientras el barco se dirigía al puente de Kerch, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky mantenía una conversación telefónica con Biden. La conversación duró una hora y media; cuando terminó, el Donbass cambió de rumbo y se movió en la dirección opuesta.

Biden le informó a Zelensky de su conversación con Putin y discutió con él posibles formas de resolver el conflicto en el Donbass.

Al mismo tiempo la ONU aprobaba otra resolución antirrusa sobre Crimea. El acercamiento al Estrecho se hizo justo en el momento de la llamada de Biden a Zelensky, donde se le comunicó al títere de Kiev la posición actual de Estados Unidos. La resolución de la ONU sobre la militarización de Crimea incluye una mención a la libertad de navegación en el Mar de Azov y el Mar Negro. Sesenta y tres países votaron a favor de las resoluciones, 19 en contra y 66 se abstuvieron.

El presentador de televisión Andrei Medvedev cree que si el barco hubiera cruzado el estrecho de Kerch, podría haber sido el pretexto para iniciar una guerra.

«Bueno, esta es, de hecho, la provocación que todos estaban esperando. En vista de toda la situación, en vista de todas las declaraciones de los últimos días, me atrevo a suponer que los camaradas británicos aconsejaron a Zelensky que tomara medidas extremas. A saber, intentar que la nave sea destruida. Para que haya víctimas y, por tanto, una reacción de Occidente. Porque es la única posibilidad de arrastrar a los países occidentales a una guerra por Ucrania», dijo Medvedev.

Dmytro Yevstafyev predijo hace unos días una provocación en el Mar Negro y cree que los ucranianos se inspiraron en la fallida hazaña británica. “Kiev necesita una explosión. Una gran explosión a toda costa. Para que todo el mundo se involucre. Y, sí, no creo que fueran los yanquis los que estuvieran detrás. Fue contra los americanos. Fueron los británicos. Es su firma”, dice Yevstafyev.

—https://www.politnavigator.net/ukraina-ustroila-provokaciyu-vozle-kerchenskogo-proliva-vo-vremya-zvonka-bajjdena-v-kiev.html

Cuba también hace un buen negocio con sus vacunas contra el coronavirus

Durante la pandemia, el intento de infantilización de la audiencia ha sido evidente, no sólo por parte de la telebasura, sino también de ciertos medios “alternativos” que han recurrido, como fuente de autoridad a países, como Cuba, que parecen estar al margen del mercado mundial y de las grandes farmacéuticas. Los oportunistas carecen de argumentos propios y recurren a las políticas implementadas por algunos gobiernos (Cuba, Venezuela, quizá incluso China) que toman como referencia. Lo que los gobiernos de esos países digan es correcto porque no procede de las multinacionales farmacéuticas sino de una autoridad pública que, además, goza de cierto prestigio internacional y carece de intereses económicos lucrativos.

Los argumentos de los oportunistas no se caracterizan por su sofisticación precisamente. La política sanitaria implementada por gobiernos, como el español, es correcta porque en países como Cuba, han procedido de la misma manera (o parecida). Luego la pandemia no es un asunto político; está por encima del tipo de régimen o de las clases sociales.

Lo mismo cabe decir de las vacunas, que en los países capitalistas pueden sembrar desconfianza, mientras que en Cuba no hay antivacunas. En un caso, son una mercancía cuya venta genera importantes beneficios privados, mientras que en Cuba se administran para proteger a la población de un virus y no se lucra ningua empresa privada.

Seguimos, pues, en la dicotomía entre lo público (Estado) y la sociedad civil, el universo de los intereses privados egoístas, es decir, en una dicotomía de hace 200 años que ya no existe.

Un esquema tan cutre corre paralelo con la aplicación de la ciencia a la industria, olvidando la aplicación de la industria a la ciencia, seguida de la privatización de ámbitos que hasta ahora eran característicos del saber, como las universidades.

Sin embargo, hoy la ciencia y el conocimiento no están sólo ni principalmente en las universidades sino en las empresas, en general, y en las emergentes, en particular. Bajo el nombre de “institutos” y “laboratorios” lo que hay son acciones, capitales, mercados, patentes y libros de contabilidad. Ocurre en la mayor parte de los países del mundo y también en Cuba.

Hoy los científicos innovan en empresas capitalistas, punteras en I+D, financiadas por capital riesgo y fondos de inversión, que a su vez han dado lugar a bolsas de valores características, como el Nasdaq. Del mismo modo, las instituciones de la biotecnología cubana no son sólo centros científicos, sino empresas y organizaciones económicas como BioCubaFarma, creada por un decreto del gobierno en 2012, que cubre la mitad de las actividades de investigación cubanas.

La ciencia también crea cierto tipo de mercancías, no en el sentido exacto en el que las definió Marx, sino en el de que la ciencia es rentable porque vende productos en el mercado, como las patentes, que tienen un precio, pagan sueldos y generan beneficios.

Hoy la farmacia y las empresas de biotecnología producen para un mercado mundial, lo cual también ocurre en el caso cubano, donde tienen que competir con los grandes monopolios, en unas condiciones muy desfavorables, como consecuencia del bloqueo económico imperialista y el hundimiento en 1990 de sus socios socialistas. A pesar de ello, Cuba no sólo es uno de los pocos países del mundo que no sólo ha sido capaz de fabricar una vacuna, sino cinco.

Es evidente, pues, que Cuba es uno de los países cabeceros en biotecnología, farmacia y medicina, lo cual es consecuencia de una poderosa industria que tiene características propias, como IncuBio, donde lo público está estrechamente ligado a la economía, a lo privado.

Las empresas cubanas no sólo producen medicamentos para su propia población sino para el mercado mundial. Exporta veinte veces más vacunas de las que destina a satisfacer su demanda doméstica. Es una característica común de las empresas emergentes. En el mercado mundial, que es capitalista, hay una superproducción de mercancías tradicionales, como el textil. Hay países, como China, que son capaces por sí solos de abastecer la demanda mundial. Para lo único que no hay superproducción es para los productos innovadores y de alta tecnología, como los fármacos, los medicamentos y las vacunas.

La naturaleza no le ha dado casi nada a Cuba; lo que tiene se lo debe a la revolución de 1959; se lo ha ganado con su esfuerzo, lo ha levantado con sus manos y ha superado el Periodo Especial gracias a una nueva política económica que ha puesto el acento en la tecnología y, sobre todo, en la biotecnología, con grandes empresas capitalistas, como BioCubaFarma, que es “es el principal grupo empresarial del sector biofarmacéutico” (*).

El holding está compuesto por más de 30 instituciones en las que trabajan 10.000 especialistas, en centros repartidos por Cuba y otros países que fabrican 141 medicamentos que luego se exportan a más de 50 países. Las exportaciones cubanas de alta tecnología han estado creciendo a más de un 30 por ciento anual desde el cambio de siglo, un ritmo vertiginoso a pesar de la competencia con las grandes farmacéuticas.

Cuba no puede exportar materias primas porque no las tiene. La única manera de saldar el déficit de la balanza de pagos corriente es vendiendo mercancías de alta tecnología y para lograrlo tiene que fabricar a gran escala, mucho más allá de su mercado doméstico.

El gobierno cubano es, pues, uno de los más interesados en sostener todas y cada una de las pamplinas de la pandemia, porque en el futuro le aguarda un bocado gigantesco del mercado mundial con el que pagará muchas facturas.

(*) https://www.fiiapp.org/en/biocubafarma-constituye-principal-grupo-empresarial-del-sector-biofarmaceutico-cubano/

Más información:
— Cuba crea una empresa biotecnológica de capital riesgo en una zona franca
— En Cuba no hay pandemia pero el gobierno hace como si la hubiera

La vacuna rusa Sputnik flota en medio de un océano de dinero e intereses económicos

El covid se ha convertido en un negocio lucrativo para toda una casta. El hecho de que en una sociedad capitalista siempre haya personas que se beneficien de una desgracia es banal, pero se vuelve problemático cuando la duración oficial de la crisis depende de sus decisiones.

La agencia de noticias rusa Regnum, que no se financia desde el extranjero, es la única que está planteando la cuestión, junto con el Partido Comunista de la Federación Rusa. Ambos han llevado al debate público la cuestión, discretamente ignorada, del interés, no sólo en términos de poder sino también en términos económicos, de quienes han decidido estirar la pandemia, las vacunas y las restricciones en Rusia.

Por eso hay que matar el mensajero (o por lo menos silenciarle) y la fiscalía ha abierto una investigación criminal contra el diputado comunista Rashkin, opuesto a los pasaportes sanitarios y la vacunación obligatoria, por un caso banal que nada tiene que ver con la pandemia.

La vacuna rusa Sputnik fue diseñada y fabricada por el Instituto Gamaleya, a su vez está financiado por un fondo soberano ruso, el RDIF (Russian Direct Investment Fund o Fondo de Inversión Directa de Rusia), creado en 2011 para realizar inversiones de capital riesgo, como la vacuna, junto con inversores financieros internacionales.

Este fondo actúa como catalizador de la inversión directa en la economía rusa. En la actualidad ejecuta conjuntamente más de 80 proyectos con inversores extranjeros que suman un total de 2,1 billones de rublos. Ha establecido asociaciones estratégicas conjuntas con los principales inversores internacionales de más de 18 países que suman más de 40.000 millones de dólares. Las empresas en cartera del fondo emplean a más de un millón de trabajadores y generan ingresos que equivalen a más del 6 por ciento del PIB de Rusia.

El Instituto Gamaleya está dirigido por Alexander Guintsburg, condecorado por el Kremlin y por la Asociación de Judíos de Rusia por “su gran aportación a la ciencia y a la humanidad con la vacuna Sputnik”. Al Instituto Gamaleya le llueve el dinero, público y privado. Literalmente. A su director y a su subdirector, Denys Logunov, también. Ambos se han enriquecido personalmente con la vacuna, asegura la agencia de noticias Regnum:

“En el primer año de la pandemia, sus ingresos [de Guintsburg] aumentaron de 7,7 a 18,3 millones de rublos. También se observó un aumento de los ingresos declarados de otro autor de esta vacuna, el subdirector del Instituto Gamaleya, Denys Logunov (hasta 37 millones de rublos). Guintsburg dijo que los códigos QR deberían introducirse rápidamente y a través de ellos segregar rigurosamente a los vacunados de los no vacunados”.

Pero no son los únicos que se están forrado. Nicolas Kolomeytsev, diputado de la Duma, miembro del Partido Comunista de la Federación Rusa, ha exigido que se comprueben los conflictos de intereses de los miembros del Centro Operativo Covid, entre ellos Tatiana Golikova (Viceprimera ministra) y Anna Popova (Rospotrebnzadzor), porque también están directa y materialmente interesados en la producción de la vacuna Sputnik.

Kolomeytsev ha pedido que se investigue el conflicto de intereses: “Hemos sabido que Anna Popova (la directora de Rospotrebnadzor) es coautora de la patente de una de las vacunas, para la que también da permiso de uso, por lo que puede influir en los pedidos públicos y los autores de la patente reciben el 30 pro ciento de estos pedidos públicos […] También nos hemos enterado de que uno de los familiares del director del Centro Operativo (Tatiana Golikova, viceprimera ministra) es uno de los directores de la fábrica que elabora una de las vacunas más extendidas.

El Presidente de la Duma, V. Volodin, pidió que se debatiera la cuestión, y el gobierno y el primer vicepresidente del partido Rusia Unida en la Asamblea, A. Zhukov, reaccionó inmediatamente, en un claro ataque de pánico: niegan cualquier conflicto de intereses, pero no desmienten la titularidad de las patentes, ni el interés de los familiares cercanos de quienes dirigen la pandemia y la vacunación.

Al final, la Duma no se ha arriesgado a pedir al gobierno los documentos sobre el conflicto de intereses de Golikova y Popova, por lo que la desconfianza de la población hacia la pandemia y las vacunas, que ya era muy importante en Rusia, crece por momentos.

Anna Popova, que aparece en la foto de portada, es directora del Rospotrebnzadzor, el Servicio Federal de Protección de los Derechos de los Consumidores y el Bienestar Humano

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