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Día: 10 de octubre de 2021 (página 1 de 1)

Los motivos de una huelga que no sale en los medios: Financiera El Corte Inglés

“Estuve medio año de baja por depresión”, cuenta Cristina. “Cuando entré a trabajar, pesaba 76 kilos, y cuando me di de baja llegaba a los 115”. La joven resume así los efectos que el ritmo y el ambiente de trabajo en la Financiera El Corte Inglés (FECI) tuvieron sobre su salud. Sus compañeros Diego, Paco (nombre ficticio) y José (nombre ficticio) son contundentes al calificar las condiciones laborales en esta empresa: “Precariedad”, “acoso laboral”, “explotación”, “miseria” y “mobbing” son algunas de las palabras que utilizan.

Cristina, Diego, Paco y José son miembros de la Coordinadora Sindical de Clase (CSC), que intenta ejercer de contrapeso a FASGA y FETICO, sindicatos mucho más próximos al coloso empresarial. En FECI, explican, cada trabajador atiende una media de 90 llamadas al día. En el momento en que tuvo lugar el expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) convocado a consecuencia de la pandemia, había en plantilla “882 empleados para 11 millones de clientes, y no todos atienden llamadas”.

Todo esto se traduce en presión y estrés constante para los empleados, además de una actitud fiscalizadora por parte de los superiores que en ocasiones cruza la línea: “Se producen situaciones de acoso personal”, denuncia José.

Sueldos y riesgos laborales

La inmensa mayoría de los trabajadores de FECI están lejos de llegar a mileuristas. Diego, que ostenta el cargo de coordinador, es el único que percibe un sueldo ligeramente superior a los 1.000 euros al mes. Cristina, que trabaja 30 horas semanales, se queda en 600.

Unos emolumentos que consideran “míseros” y que no compensan la dura rutina laboral en unos centros de trabajo que, denuncian, incumplen sistemáticamente la normativa de riesgos laborales. Y no sólo en relación a las pausas para descansar -cuentan con 10 minutos para toda la jornada, que se desarrolla siempre frente a una pantalla de visualización de datos-, sino también a las condiciones del entorno, las cuales, aseguran, les ponen en peligro.

“He puesto, hasta el momento, 10 denuncias por incumplimiento de la ley 31/1995 sobre prevención de riesgos laborales”, dice Cristina, que ejerce de delegada de prevención de riesgos laborales. Cuenta que en la oficina de Serantes (Madrid), “el techo se ha desplomado dos veces ya y no había barandillas de seguridad hasta que lo puse en conocimiento de Inspección de Trabajo”. Diego agrega que llegó a producirse un incendio bajo la sala “y tardaron en desalojar a los empleados 30 minutos, pese a que estaban expuestos al humo”.

Los útiles de trabajo no salen mejor parados: en plena pandemia, los empleados de distintos turnos compartían ratones, teclados y micrófonos, careciendo éstos de espuma protectora. “Tras el estallido de la covid y hasta el confinamiento total, más de 400 trabajadores seguíamos compartiendo el material, no querían darnos útiles individuales”, señala Cristina. “Llegamos a compartir las esponjillas de oreja de los auriculares hasta que Cristina consiguió que dieran recambios”, recuerda Diego.

Respecto a la actitud de la empresa ante las quejas que interpone Cristina como delegada de prevención, la joven es taxativa: “Caso omiso”.

El convenio-estafa

Sin embargo, la reivindicación que CSC ha llevado como estandarte para las huelgas convocadas a principios de abril y mayo ha sido el “convenio-estafa” firmado el pasado mes de marzo por FECI y los sindicatos FASGA y FETICO, a los que acusan de “lacayos” y de haberse “vendido” a los intereses de la empresa.

El convenio colectivo que anteriormente se aplicaba a los empleados de la compañía era el de grandes almacenes, a pesar de que las funciones que realizan son las propias de una empresa crediticia y que un banco, el Santander, posee el 51 por ciento de las acciones. CSC siempre denunció que la aplicación incorrecta de ese convenio estaba hecha a medida de los intereses de FECI, en perjuicio de los de la plantilla.

El pasado marzo la empresa acordó con los sindicatos FASGA y FETICO un nuevo texto. El contenido del mismo fue la gota que colmó el vaso para CSC, que decidió ir a la huelga. Afirman que se trata de un simple “corta y pega” del convenio de grandes almacenes, y que su verdadero cometido es “eliminar todos los complementos históricos de la plantilla y no subir ni un solo euro en salarios gracias a la absorción de complementos”.

Por su parte, Eduardo Prieto, responsable de la sección sindical de FECI y jefe regional de FETICO Madrid, con quien nos hemos puesto en contacto, declara con rotundidad que estas afirmaciones son “falsas”.

“Evidentemente hay cuestiones organizativas que no se han modificado, y además las estructuras del estatuto de los trabajadores hacen que todos los convenios se ‘parezcan’ en materias tales como: desconexión digital, teletrabajo, registro salarial, registro de jornada, libranzas de calidad o planes de igualdad y protocolos de acoso”, explica Prieto. “Todas estas cuestiones evidentemente figuran en ambos convenios. Sin embargo el sueldo en FECI ha crecido entre un 3 y un 31,79 por ciento dependiendo de los años de presencia en la empresa (en grandes almacenes un 2 por ciento), se han bajado 8 horas de trabajo (en grandes almacenes ninguna) o se disfrutan 8 fines de semana de calidad (en grandes almacenes 6). No le veo la verdad, ningún parecido a estas cifras”.

Prieto zanja la cuestión aludiendo al “desconocimiento legal” de CSC y acusando a esta agrupación de “demagogia sindical de mercadillo”.

Una picadora de carne

Ante estas afirmaciones, Diego habla por CSC al replicar que el “truco” del nuevo convenio está en el sistema de complementos. “Todos los complementos salariales que tú tenías antes del convenio son absorbibles, así que se quedan casi igual”.

“Si, por ejemplo, tú tenías 950 euros de salario y un complemento de 50, se aumenta un poco salario y sigues cobrando 1.000, pero de salario base”, explica. “Sólo la poquísima gente que lleva muchos años se ha visto beneficiada”.

Y es que, según CSC, la Financiera El Corte Inglés no es una empresa para hacer carrera. Responde más bien al modelo “picadora de carne”, con una empleabilidad de alta rotación: “En el centro de Serantes, entre el 40 y el 60 por ciento de la plantilla son eventuales”, desvela Diego. “A lo largo del año, hay 400 altas y otras tantas bajas en ese centro”.

Aquellos que aguantan son, en su inmensa mayoría, ajenos a la disputa sindical, pero no a los efectos del desgaste. Cristina cuenta que no ha sido la única, ni mucho menos, en pagar con su salud las consecuencias de un cóctel formado por un ritmo de trabajo frenético y un ambiente tóxico: “Hay muchas bajas por depresión”.

José Sánchez Mendoza https://abusospatronales.es/casos-de-abusos-patronales/financiera-el-corte-ingles-los-motivos-de-una-huelga-que-no-sale-en-los-medios/

Los brasileños hambrientos buscan comida entre las cadáveres de animales en descomposición

Con el título “Camión con piel y huesos se convierte en esperanza de alimento para los que pasan hambre”, el diario Extra de Brasil publicó el 29 de septiembre una serie de espeluznantes fotografías de brasileños que buscan comida entre los cuerpos de animales muertos en Río de Janeiro (*).

Las desgarradoras fotos, que fueron replicadas en medios de todo el mundo, fueron tomadas por el galardonado fotoperiodista Domingos Peixoto, quien incluso después de haber fotografiado años atrás los efectos del narcotráfico y la pobreza en Río de Janeiro, se manifestó sorprendido al ver a los brasileños buscando comida en la basura.

“No he dormido en dos días, tratando de procesar todo. La gente tiene que cocinar con leña, no solo los sin techo. Tenemos que encontrar formas de contar estas historias para tratar de ayudar de alguna manera”, dijo el fotógrafo.

“En el pasado, la gente me preguntaba si podía darle un hueso para el perro. Hoy la gente me pide que consiga algo de comer”, dijo Santos al publicar la serie de fotografías «Brasil 2021: el dolor del hambre”, que generó conmoción en todo el país.

“Maldita sea, tenemos que encontrar formas de contar estas historias para ver si podemos ayudar de alguna manera”, lamentó Peixoto, de 57 años.

Las imágenes, que provocaron que miles de brasileños se manifestaran este fin de semana en Río y San Pablo, muestran a un hombre en cuclillas en un camión contenedor sobre una montaña de restos de animales, huesos, sobras y entrañas, recolectados en supermercados y destinados a fábricas de jabones y alimentos para mascotas.

Una mujer de 51 años, fotografiada buscando comida entre cadáveres para sus cinco hijos, declaró: “No sabes cuánto tiempo pasó desde que vi un trozo de carne. Es desde antes de la pandemia. Estoy muy agradecida por eso”. Sin embargo, en España el ministro Garzón no opinaría lo mismo.

“Joven, o comemos esto o nos morimos de hambre”, dijo una mujer al periodista Rafael Nascimento de Souza, que cubrió la noticia con Peixoto para el diario carioca. “Esta es la realidad. Si esto no te enoja, si esto no te conmueve, entonces no sé…” dijo Souza.

El camionero José Divino Santos, de 63 años, uno de los encargados de transportar los restos de carne, dijo al fotógrafo que en los últimos meses aumentó el número de personas que piden huesos y sobras. “Algunos días llego aquí y tengo ganas de llorar. Un país tan rico no puede ser así. Es muy triste que la gente pase por esta situación. Me duele el corazón”, dijo Santos.

“Antes, la gente pasaba y pedía un trozo de hueso para dárselo a los perros. Hoy, piden un poco de hueso para hacer comida. Pasaron dos o tres vagabundos y se los llevaron. Hay días en los que hay unas 15 personas”, dice el camionero.

El diario Extra remarcó en su informe que una encuesta de la Red Brasileña de Investigación en Seguridad Alimentaria y Nutricional reveló que más de 116,8 millones de personas viven actualmente sin acceso pleno y permanente a los alimentos en Brasil. De ellos, 19,1 millones (el 9 por ciento de la población) padecen hambre y viven en una “inseguridad alimentaria grave”.

Según estimaciones de la Fundación Getulio Vargas (FGV) de abril, 27,7 millones de brasileños (12,98 por ciento de la población) está por debajo del umbral de pobreza, ubicado en 261 reales mensuales (US$49). En 2019, la cifra era de 23,1 millones de pobres (10,97 por ciento).

Según una reciente encuesta del instituto Datafolha, 85 por ciento de los brasileños redujo el consumo de algún alimento este año y un 67 por ciento disminuyó el de las carnes rojas. Además, un 46 por ciento bajó la ingesta de lácteos, y alrededor del 35 por ciento la de arroz y frijoles, centrales en la cocina nacional.

(*) https://extra.globo.com/noticias/rio/xepa-da-carne-caminhao-com-pelanca-osso-vira-esperanca-de-alimento-para-quem-tem-fome-no-rio-25216768.html

Una semana negra de Facebook que conduce a la censura de contenidos en internet

El lunes Facebook sufrió un apagón masivo, junto con sus filiales Instagram y Whatsapp. Al día siguiente Frances Haugen, una experta en bases de datos del monopolio, denunció ante el Congreso de Estados Unidos ciertas prácticas de la red social.

El apagón se produjo el lunes, mientras Haugen tenía previsto declarar ante el Congreso a la mañana siguiente. Ambos elementos se combinaron para crear una tormenta perfecta de comentarios que retratan a la empresa de Zuckerberg como un monstruo que necesita desesperadamente ser controlado mediante una intervención pública.

Durante varias horas del lunes, Facebook Instagram y Whatsapp estuvieron completamente fuera de línea. Circularon rumores de que habían borrado por completo partes enteras de los contenidos. Otros sugirieron que se trataba de un ciberataque.

Facebook insiste en que no hubo ningún ataque y que se trató de un “simple error técnico”. Ninguna empresa tecnológica admite nunca que es vulnerable a un ataque externo.

Paralelamente, Haugen ha estado filtrando documentos durante semanas al Wall Street Journal para no decir nada: Facebook utiliza prácticas comerciales muy poco “éticas”, viola la ley y es un peligro para la salud mental de los niños.

No le acusó a Facebook de vigilancia masiva, censura o abuso de posición monopolista, sino de ser demasiado tolerante. La red “permite el discurso del odio”, “no puede controlar eficazmente la desinformación sobre las vacunas” y “perjudica a la democracia”.

“Facebook ha elegido los beneficios por encima de la seguridad”, añadió Haugen. Cárteles de la droga, genocidio, anorexia… Es un desmadre.

Una denunciante que se presenta con un equipo de abogados y entrevistas coordinadas en horario de máxima audiencia justo antes de su declaración ante el Congreso suena a campaña de relaciones públicas y a promoción política.

Dentro de poco lo veremos en España: los partidos, los sindicatos y los movimientos “alternativos” exigiendo una ley que regule los contenidos de internet, que presentarán como una “lucha antimonopolista” y contra las “noticias falsas”. Newtral, Maldita y demás inquisidores no faltarán a la cita.

Empezarán tertulias del tipo “¿Debemos admitir discursos de odio en las redes sociales?”, “¿Se deben controlar aún más los contenidos de internet?”, ¿Creen que ese control lo deben hacer las empresas privadas, como Facebook, o bien organismos públicos reguladores?”, “¿Hay que responsabilizar a las plataformas digitales de los contenidos que introduzcan los usuarios?”

En toda esta verborrea estarán presentes los “delitos de odio”, que es otro mantra de la posmodernidad. Luego la última palabra la tendrán los jueces, como es habitual, y si el usuario no está conforme podrá acudir incluso al Tribunal de Estrasburgo, después de recorrer un maratón de pleitos…

Están preparando a los internautas para que acojan con satisfacción la censura de contenidos. Si un monopolio del tamaño de Facebook se ve sujeto a regulación, otras empresas más pequeñas se verán mucho más sometidas por cualquier canon de contenidos.

Haugen dijo a los congresistas exactamente lo que querían oír, para que puedan aprobar la legislación que iban a aprobar de todos modos.

Facebook está de acuerdo con la censura de contenidos, como reconoció Lena Pietsch, portavoz de la empresa de Zuckerberg: “Estamos de acuerdo en una cosa: es hora de empezar a crear normas estándar para internet. Han pasado 25 años desde que se actualizaron las normas de internet, y en lugar de esperar que la industria tome decisiones sociales que corresponden a los legisladores, es hora de que el Congreso actúe”.

Un artículo de MSNBC afirma que el apagón de Facebook, Instagram y WhatsApp es una “oportunidad”. Las empresas deben censurar y los reguladores públicos también. Si uno deja pasar contenidos, el otro debe cerrar al grifo por completo.

En su intervención Haugen recomendó un “supervisor independiente” de Facebook, algo así como la “Agencia de Protección de Datos”, uno de esos organismos parasitarios que proliferan por Europa y sirven para todo o contrario de lo que anuncian sus membretes.

También propuso la derogación de la ley que en Estados Unidos exonera a las redes sociales de la responsabilidad por los contenidos creados por sus usuarios. Las empresas digitales quedarían expuestas a numerosas demandas de las ONG que en el mundo luchan contra el “odio”.

Esto no es “lucha antimonopolista”, como lo van a vender las ONG, sino monopolismo puro y duro porque hará imposible la subsistencia de las plataformas de medios más pequeñas y con menos recursos para censurar los contenidos, que no pueden soportar el coste millonario de demandas y pleitos. Es el caso de la plataforma rusa Telegram, que recibiría un golpe de gracia.

La regulación de los contenidos de internet no va, pues, dirigida contra los gigantes digitales, que tienen los recursos necesarios para sobrevivir al control público, como han demostrado siempre, sino a sus competidores más pequeños. Es un mecanismo de concentración y centralización del capital amparado por el poder del Estado.

—https://off-guardian.org/2021/10/06/the-real-story-behind-facebooks-terrible-horrible-no-good-very-bad-week/

Lituania está al borde una crisis social por el aumento de los precios de la energía

Lo que le preocupa al gobierno lituano, más que atender a las necesidades de su población, es dar muestras de servilismo hacia sus amos de la OTAN y la Unión Europea. Su política es de cara a la galería, pero carece de medios para llevar a cabo una política exterior independiente.

Es el tipico país que busca enemigos. En el último año se ha enfrentado a China y Bielorrusia y a Letonia y Estonia por negarse a cortar por completo con Bielorrusia. No le importa incomodar a sus vecinos para sentarse en Washington o en Bruselas.

Ha exigido a los Estados miembros de la OTAN y de la Unión Europea que sancionen a los países que no siguen el guión establecido.

Mientras, los precios de los bienes y servicios de consumo han subido por octavo mes consecutivo. Según las últimas cifras del Departamento de Estadística de Lituania, la tasa de inflación anual es del 5 por ciento.

Los precios de los biocombustibles, que representan una media del 70 por ciento de la producción de calor, son ahora unas 40 veces más altos que el año pasado, dijo Taparauskas, miembro del Consejo Nacional de Regulación Energética.

Los precios de la calefacción urbana aumentarán una media del 30 por ciento.

Uno de cada cinco lituanos esta por debajo del umbral de la pobreza.

“Un salto de este tipo en los precios en un momento tan tenso podría amenazar con una crisis social y un aumento aún mayor de las tensiones en la sociedad. Creemos que el Estado debe asumir la responsabilidad de gestionar la subida de precios, sobre todo teniendo en cuenta la situación de los miembros más vulnerables de la sociedad y las posibles consecuencias para ellos. Sobre todo porque empresas como Ignitis o las redes de calefacción de Vilnius no sólo tienen recursos financieros, sino también un cierto deber”, resume Lukas Tamulynas, presidente del movimiento LSDP Momentum Vilnius.

Los pensionistas son considerados uno de los grupos más vulnerables de Lituania. En 2019 Lituania se encontraba entre los cinco últimos países de la Unión Europea en cuanto a pobreza de los pensionistas. El porcentaje de personas mayores de 65 años en riesgo de pobreza es del 19 por ciento.

Islandia suspende la vacunación con Moderna por el riesgo de miocarditis

Ayer el gobierno de Islandia suspendió el uso de la vacuna de Moderna contra el coronavirus, alegando un mayor riesgo de inflamación del corazón. “Como hay un suministro suficiente de la vacuna de Pfizer en el país […] el jefe de epidemiología ha decidido no utilizar la vacuna Moderna en Islandia”, reza un comunicado publicado en la página web de la Dirección de Salud nacional.

La decisión fue motivada por “el aumento de la incidencia de miocarditis y pericarditis tras la vacunación con la vacuna Moderna”, dijo el jefe de epidemiología en la nota. Desde hace dos meses, Islandia administra una dosis adicional “casi exclusivamente” con la vacuna Moderna a los islandeses vacunados con Janssen, un suero de dosis única comercializado por el laboratorio estadounidense Johnson & Johnson, así como a las personas mayores e inmunodeprimidas que han recibido dos dosis de otra vacuna.

Esto no afectará a la campaña de vacunación en esta isla de 370.000 habitantes, donde el 88 por ciento de la población mayor de 12 años ya está totalmente vacunada. Suecia y Finlandia también han suspendido el uso de la vacuna Moderna, pero sólo para los menores de 30 años, y Dinamarca y Noruega la han desaconsejado formalmente para los menores de 18 años, por el riesgo de inflamación del miocardio, el músculo cardíaco, y del pericardio, la membrana que recubre el corazón. Según las autoridades suecas, en la mayoría de los casos las inflamaciones son benignas.

—https://www.dw.com/es/islandia-suspende-la-vacunaci

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