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Día: 18 de julio de 2021 (página 1 de 1)

Estados Unidos claudica ante Alemania y el Nord Stream 2 traerá gas ruso a Europa

Los agoreros que denuncian el servilismo alemán ante Estados Unidos han vuelto a mostrar su error: tras la reunión del jueves en la Casa Blanca entre Biden y Merkel, el gasoducto Nord Stream 2 ha quedado fuera del bloqueo contra Rusia.

Alemania se ha salido con la suya y el proyecto Nord Stream 2, con un presupuesto de 11.000 millones de dólares, traerá el gas ruso a Europa a través de Alemania y del Mar Báltico, evitando a Ucrania, que queda privada de los derechos de tránsito.

Naturalmente, Estados Unidos ha tenido que tragar sapos y carretas. Al término de la reunión Biden dijo que él y la canciller alemana estaban de acuerdo en que “no se debe permitir que Rusia utilice la energía como un arma” contra sus vecinos. Parece que el gas también es una arma y que sólo Rusia hace uso de su armamento.

“Los buenos amigos pueden estar en desacuerdo […] cuando llegué a la presidencia [el oleoducto] estaba completado en un 90 por ciento. Y la imposición de sanciones no parecía tener sentido. Tenía más sentido trabajar con la Canciller para determinar cómo procedería en función de si Rusia estaba tratando de chantajear a Ucrania de alguna manera”, dijo Biden.

Estados Unidos y Alemania estudiarán las medidas prácticas a tomar conjuntamente si las acciones de Rusia suponían una amenaza, dijo Biden. El gas es un arma, las armas son una amenaza, luego Rusia no se limita a exportarnos su gas sino que nos amenaza.

El único que lleva años amenazando y oponiéndose al gasoducto es Estados Unidos. Las sanciones, primero a Rusia y luego a Alemania, no han sido suficientes. En un último y desesperado esfuerzo, Estados Unidos intentó que Alemania se comprometiera a cerrar automáticamente el suministro de gas “en caso de que Rusia violara los derechos humanos o el derecho internacional” (*).

Se espera que el gasoducto duplique la capacidad de Rusia para suministrar combustible bajo el Mar Báltico a Alemania, y también que aumente el suministro de GNL (gas natural licuado) a la Unión Europea a un coste inferior al de las importaciones de gas natural licuado de Estados Unidos y otros países que ya suministran al mercado común.

Ni siquiera bajando los precios, compensa importar gas procedente de Estados Unidos, aunque la oposicion al Nord Stream 2 no es sólo ni principalmente por motivos económicos. Alemania ha tenido que elegir entre Estados Unidos y Rusia y su decisión no debería causar sorpresa, aunque haya tenido que pasar por encima del Parlamento Europeo que, una vez más, ha mostrado repetidas su complicidad con Estados Unidos.

A partir de ahora quedan varios flecos interesantes encima de la mesa. Uno de ellos es la “cuestión ecológica”, los compromisos “decarbonizadores” y los planes de “lucha contra el cambio climático” que concuerdan muy poco con ningún tipo de gas. En este punto Los Verdes han sido los mejores aliados de Estados Unidos en la batalla interna contra el Nord Stream 2.

(*) https://www.spiegel.de/wirtschaft/unternehmen/nord-stream-2-soll-ab-naechster-woche-weitergebaut-werden-a-00000000-0002-0001-0000-000175304187

Churchill aplastó a la guerrilla antifascista en Grecia en 1945 con la ayuda de los colaboracionistas nazis

Cuando el 8 de mayo de 1945 los sucesores de Hitler firmaron la capitulación de Alemania, en Grecia se habían liberado de los nazis seis meses antes. Durante más de tres años, el pueblo griego había mantenido una guerra de guerrillas contra los ocupantes fascistas italianos, búlgaros y, sobre todo, alemanes.

La liberación no fue competa. Un nuevo terror comenzó a golpear el país, ya que mientras los colaboracionistas de los nazis conservaban sus puestos al frente del ejército, la policía y los organismos de poder del Estado, los guerrilleros fueran perseguidos de nuevo, deportados y asesinados. Durante muchos años, hasta 1974, la resistencia griega fue calificada de “criminal” por los sucesivos gobiernos. No fue reconocida hasta 1982 y hoy día su lucha heroica no se conmemora oficialmente, ni siquiera tras el gobierno de Syriza.

“Eres responsable de mantener el orden en Atenas y de neutralizar o destruir cualquier banda del EAM-ELAS [Frente de Liberación Nacional-Ejército de Liberación del Pueblo Griego] que se acerque a la ciudad. Podéis tomar las medidas que consideréis necesarias para el estricto control de las calles y para inutilizar a todos los grupos de alborotadores… Por supuesto, sería mejor que vuestro mando estuviera reforzado por la autoridad de un gobierno griego… Sin embargo, no dudéis en actuar como si estuvierais en una ciudad conquistada en la que se está produciendo una rebelión local… Debemos mantener y dominar Atenas. Sería bueno que lo hicieras sin derramamiento de sangre si es posible, pero no dudes en derramar sangre si es necesario”.

El hombre que escribió estas líneas no fue otro que el Primer Ministro británico Winston Churchill. Era diciembre de 1944. Las tropas nazis seguían resistiendo a los aliados, que avanzaban lentamente en Italia y eran empujados hacia las Ardenas ante la contraofensiva final de la Wehrmacht. Sin embargo, las “bandas” a las que se refería Churchill no eran los colaboracionistas, sino los antifascistas del Frente de Liberación Nacional (EAM), que llevaban tres años encabezando la resistencia armada contra los ocupantes nazis.

El imperalismo británico en el Mediterráneo oriental

A lo largo del siglo XIX, el Mediterráneo oriental fue el centro de la rivalidad imperialista entre Gran Bretaña y Rusia. En octubre de 1917 la revolución bolchevique puso fin a las ambiciones de estos últimos en la región, por lo que a principios de la década de los cuarenta Grecia estaba bajo la influencia británica. El país tenía una importancia estratégica.

En los años cuarenta, el desarrollo de la resistencia contra el fascismo que agrupaba a militantes comunistas con pequeños partidos socialistas, pronto hizo saltar las alarmas en el Ministerio de Asuntos Exteriores británico. Desprestigiada entre la población y asociada a la dictadura fascista del general Metaxas entre 1936 y 1941, la monarquía griega le parecía a Churchill la única forma de garantizar el mantenimiento del dominio británico.

En marzo de 1941, cuando se hizo evidente la amenaza alemana en los Balcanes, Churchill ordenó a su cuartel general de Oriente Medio que destinara 50.000 soldados a Grecia, una iniciativa que interrumpió la victoriosa ofensiva británica en Libia, pero no impidió la invasión de Grecia por parte de la Wehrmacht al mes siguiente.

El rey griego, Jorge II, se exilió en Londres con su gobierno, que era en gran medida el mismo que bajo la dictadura de Metaxas. Sus tropas se reagruparon en Egipto y lucharon junto a los británicos. Los soldados cuestionaban que la mayoría de los oficiales que dirigían el ejército fueran monárquicos.

En el interior de Grecia se desarrolló rápidamente un movimiento de resistencia antifascista. El Frente de Liberación Nacional, el EAM, nació en septiembre de 1941. Organizó grandes manifestaciones en las principales ciudades y en la primavera de 1942 empezó a crear las primeras unidades guerrilleras bajo la dirección de su ejército popular, el ELAS. Al mismo tiempo, los agentes del Special Operations Executive (SOE) británico -creado por Churchill en 1940 para llevar a cabo sabotajes tras las líneas enemigas en colaboración con los movimientos de resistencia en los países ocupados- desarrollaban sus propios combates con relativa autonomía.

Los británicos intentaron sin mucho éxito crear o fomentar organizaciones rivales del EAM. Pero los dirigentes de los demás partidos no querían resistir activamente. El EAM-ELAS siguió siendo, con mucho, la principal organización de la resistencia, indispensable desde el punto de vista militar. A cambio de su participación en las operaciones de los británicos, sus representantes fueron recibidos en El Cairo en agosto de 1943 para alcanzar un acuerdo con el gobierno griego en el exilio.

Los británicos se dieron cuenta de la importancia que había adquirido el EAM. En la Conferencia de Quebec, en agosto de 1943, Roosvelt no apoyó el plan británico para desembarcar en Grecia. Entonces Churchill bloqueó cualquier posibilidad de negociación con el gobierno griego, envió a los delegados del EAM a casa y redactó el Plan Manna: tras la retirada de las tropas alemanas de Grecia, el Imperio Británico las sustituiría con una fuerza expedicionaria.

A partir de entonces, los agentes británicos trataron de sabotear al ELAS por cualquier medio disponible. Intentaron comprar a sus partidarios, sobornándolos con soberanos de oro. Financiaron pequeñas organizaciones paralelas, incluidas las que se autodenominaban “nacionalistas” que, en realidad, eran cómplices de los nazis. Colocaron a sus propios hombres en el gobierno colaboracionista y en los “batallones de seguridad” creados por el gobierno de Atenas.

Esos batallones participaron en las operaciones de castigo de las tropas nazis, con su estela de masacres y pueblos quemados. En las ciudades, colaboraron en el bloqueo de barrios enteros, rodeándolos por la noche y localizando y asesinando a los guerrilleros con la ayuda de soplones enmascarados.

El doble juego de los británicos sembró la semilla de la guerra civil en el invierno de 1943-44. A pesar de ello, el EAM-ELAS consiguió liberar gran parte de Grecia. Estableció instituciones populares que formaron un poder paralelo. En marzo de 1944 la guerrilla creó un “gobierno de montaña” para organizar las elecciones.

El nuevo gobierno despertó el entusiasmo de las tropas griegas que seguían en Egipto, que exigieron que la guerrilla fuera incluida dentro del gobierno en el exilio. Churchill respondió con una implacable represión. Deportó a los soldados rebeldes a campos en África y creó una Guardia Pretoriana preparada para volver a Grecia con el rey y las tropas británicas tras la liberación.

Al no poder eliminar al EAM por la fuerza en el interior de Grecia, los británicos recurrieron a maniobras políticas a las que los dirigentes de la montaña -que carecían de experiencia- tuvieron dificultades para responder. Atrapados entre su estrategia de unidad nacional y el peligro de un golpe de los británicos y la reacción autóctona, cayeron en la trampa en una conferencia cuidadosamente preparada en Líbano en agosto de 1944.

Tras muchas dudas, aceptaron participar en un gobierno de unidad nacional encabezado por un peón de Churchill, Yorgos Papandreu. Al mes siguiente, los dirigentes del EAM llegaron a reconocer la autoridad del gobernador militar británico, Ronald Scobie, que llegaría a Grecia tras la liberación.

Guerra después de la guerra

La ofensiva del Ejército Rojo en Bulgaria en septiembre de 1944 obligó a la Wehrmacht a retirarse de Grecia, bajo los ataques de los guerrilleros del ELAS. Tras la retirada llegó la fuerza expedicionaria británica, acompañada de Papandreu y demás sicarios griegos. Se instalaron en Atenas el 18 de octubre y exigieron que el ELAS depusiera las armas, al tiempo que rechazaban el desarme de la Guardia Pretoriana que se había formado en Egipto y trasladado a Atenas a principios de noviembre.

No se celebraron juicios contra los colaboracionistas de los nazis y los milicianos de la reacción circularon armados impunemente por Atenas, persiguiendo a los combatientes de la resistencia. Tras intentar obtener garantías durante todo el mes de noviembre, los ministros del EAM dimitieron.

El 3 de diciembre de 1944 tuvo lugar una gran manifestación popular en la plaza Syntagma de Atenas para exigir la dimisión de Papandreu y la formación de un nuevo gobierno. La policía abrió fuego contra los iviles desarmados, matando a más de veinte e hiriendo a más de cien. La masacre desencadenó la insurrección del pueblo de Atenas. Era el pretexto que buscaba Churchill para acabar con la resistencia antifascista.

Churchill ordenó a su sicario Scobie que aplastara a los guerrilleros. En plena Guerra Mundial, hasta 75.000 soldados británicos fueron desviados del frente italiano a Grecia. Las propuestas de negociación de la EAM fueron rechazadas.

Mal armados, mal alimentados y en su mayoría muy jóvenes, los partidarios del EAM en Atenas y el Pireo resistieron durante 33 días un diluvio de fuego, enfrentándose tanto a las tropas británicas como a los batallones de seguridad sacados de sus cuarteles y rearmados. El propio Churchill viajó a Atenas a finales de diciembre y logró forzar que el rey Jorge II -que seguía en Londres- aceptara una regencia. Pero se mantuvo inflexible sobre las demás garantías exigidas por la EAM.

Mientras el ELAS seguía presente en el resto de Grecia, sus dirigentes temían imponer más penurias a una población agotada y hambrienta: 1.770 pueblos habían sido incendiados, más de un millón de personas no tenían vivienda y la producción de cereales había descendido un 40 por ciento. La ayuda de los aliados no les llegó a ellos. En el Acuerdo de Varkiza, firmado el 12 de febrero de 1945, el ELAS aceptó la renuncia a la lucha armada unilateralmente.

Pero el EAM no fue destruido y consiguió ganar las elecciones por amplia mayoría. Los imperialistas británicos tuvieron que reaccionar rápidamente. El gobierno laborista que sucedió a Churchill en julio de 1945, mantuvo a las fuerzas de ocupación y contó con la ayuda de los que habían colaborado con los nazis. Los británicos reorganizaron la policía y un ejército griegos. Los partidarios de EAM fueron detenidos, condenados y sometidos a un terror sin precedentes.

El ministro de Asuntos Exteriores británico, Ernest Bevin, ordenó la celebración de elecciones en marzo de 1946. La EAM y las organizaciones antifascistas se negaron a participar y tuvieron que pasar a la clandestinidad para escapar de la persecución.

El 12 de marzo de 1947 Truman pidió al Congreso los fondos necesarios para una nueva guerra en Grecia. Estados Unidos tomaba el relevo del imperialismo británico. La Guerra Mundial se convertía en guerra civil, que duraría -de forma abierta o latente- unos 30 años, con una breve pausa entre 1963 y 1965. Sólo terminó en 1974 con la caída de la dictadura de los coroneles.

El 99 por ciento de las muertes atribuidas al ‘covid’ oficialmente padecían afecciones previas

Debía ser algo ampliamente conocido, pero es bueno que lo admitan ahora los CDC, que son el ágora de esta pandemia, por encima incluso de la OMS: la abrumadora mayoría de los adultos hospitalizados en Estados Unidos porque los consideraban “infectados” con el coronavirus padecían una o más afecciones preexistentes.

Más del 99 por ciento de los pacientes registrados como “covid” que fallecieron tenían al menos una afección preexistente.

El estudio lo publicaron la semana pasada los CDC (*). Se basaron en los datos de la base de datos Premier Healthcare, que abarca casi 5.000.000 millones de hospitalizaciones totales en más de 800 hospitales de todo Estados Unidos desde marzo de 2020 hasta marzo de 2021.

De esos casi cinco millones de hospitalizaciones, el once por ciento (540.667) de los pacientes fueron diagnosticados de coronavirus.

La gran mayoría de los pacientes hospitalizados “con covid” tenían al menos dos condiciones médicas preexistentes y cerca de la mitad de todos ellos tenían al menos seis condiciones preexistentes.

Sólo el 5,1 por ciento de los pacientes hospitalizados “con covid” no tenía ninguna enfermedad preexistente, frente al 94,9 por ciento que tenía al menos una. Sólo el 7,4 por ciento tenía una única enfermedad preexistente, mientras que el 39,3 por ciento tenía de dos a seis enfermedades, el 31 por ciento de seis a diez y el 17,3 por ciento más de diez.

De los 540.667 pacientes hospitalizados por coronavirus incluidos en el estudio, 80.174 murieron durante el periodo de observación (de marzo de 2020 a marzo de 2021).

La friolera del 99,1 por ciento de los pacientes que murieron tenían al menos una afección preexistente y solo 740 no tenían ninguna afección previa registrada.

La mayoría de los pacientes cuya muerte atribuyeron al coronavirus tenían múltiples afecciones preexistentes, ya que solo el 2,6 por ciento sufría una sola afección, en comparación con el 32,3 por ciento que tenía de dos a cinco afecciones preexistentes, el 39,1 por ciento que tenía de seis a diez y el 25,1 por ciento que tenía más de diez afecciones preexistentes.

La edad media de los pacientes hospitalizados “con covid” era de 68 años, mientras que la edad media de los fallecidos “con covid” era de 74 años. Casi la mitad (49,8 por ciento) tenía más de 75 años.

Entre los pacientes más jóvenes (menores de 40 años) que fueron hospitalizados “con covid”, más de un tercio (36,9 por ciento) fueron diagnosticados como obesos, el 17,9 por ciento tenía diabetes y el 16,7 por ciento tenía hipertensión esencial (presión arterial alta).

El estudio analiza los factores de riesgo de muerte “con covid” y descubre que, después de la obesidad, el segundo factor de riesgo que más se ha correlacionado con la muerte de los “infectados” por el coronavirus es la ansiedad y los trastornos relacionados con el miedo. Literalmente: los enfermos se murieron de miedo.

Los pacientes obesos presentaban un ratio de riesgo de 1,30 en comparación con los pacientes sin afecciones preexistentes, lo que significa que un paciente diagnosticado de obesidad pero sin otras afecciones tenía un 30 por ciento más de probabilidades de morir por el virus que un paciente no obeso sin afecciones preexistentes.

Los trastornos relacionados con la ansiedad y el miedo quedaron en segundo lugar, con un cociente de riesgo de 1,28, lo que indica que los pacientes que sufrían ansiedad tenían un 28 por ciento más de probabilidades de morir de COVID que los que no sufrían ansiedad.

La diabetes tenía un cociente de riesgo ligeramente inferior al de la ansiedad, con 1,26, seguida de la enfermedad renal crónica, con 1,21, los trastornos neurocognitivos, con 1,18, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, con 1,18, y la anemia aplásica, con 1,17.

(*) https://www.cdc.gov/pcd/issues/2021/21_0123.htm

Los Estados y las multinacionales informáticas venden las armas de piratería al mejor postor

Como en el mundo real, en el virtual no hay ninguna diferencia entre un Estado y un delincuente. Quien fabrica las herramientas de piratería informática son los Estados más fuertes del mundo y las multinacionales del sector. Las utilizan y luego las venden al mejor postor. Es un comercio tan ilegal como el tráfico de armas convencionales.

El precio del programa Pegasus de piratería es de 20 millones de dólares. Sin embargo, por esa cantidad el comprador sólo puede rastrear 10 dispositivos al mismo tiempo y en un solo país. Se necesitan otros 1,8 millones de dólares para rastrear 15 más. Para rastrear 25 dispositivos en más de 5 países simultáneamente precio sube otros 6,5 millones (*).

Son como las piezas de repuesto de cualquier vehículo: primero te la venden y cuando se estropea, te la vuelven a vender otra vez, por un precio aún más elevado. Además de los Estados, en la piratería informática están involucrados los grandes monopolios tecnológicos, como Microsoft o Google.

Estas empresas se atacan a sí mismas. Por ejemplo, Citizen Lab, un departamento de la Universidad de Toronto, en Canadá, fue contratado por Microsoft para atacar su propio sistema operativo Windows en España y en otros países del mundo con un programa espía conocido por DevilsTongue que aprovechaba los agujeros de Windows, Google Chrome e Internet Explorer.

Los piratas de DevilsTongue identificaron 750 dominios para desplegar un programa espía con el que vigilaron a más de un centenar de colectivos populares, políticos y periodistas.

Pero Microsoft realiza ataques informáticos por el bien, no por el mal, como los delincuentes. Lo llaman “piratería ética”. No ataca sino que se defiende de un ataque: “Las armas que desactivamos se utilizaron en ataques de precisión que tuvieron como objetivo a más de 100 víctimas en todo el mundo”, escribe Cristin Goodwin, directora general de la Unidad de Seguridad Digital de Microsoft.

Como ocurre en el mundo del hampa, las empresas se ponen un apodo, que en este caso fue “Sourgum”, que no es otro que Candiru, que a su vez comercializa las herramientas de piratería informática del espionaje israelí.

Los dos agujeros fueron los puntos de partida de una cadena de ataques diseñados para desplegar el programa DevilsTongue, que permite robar archivos, robar identificadores (y cookies de sesión) para apoderarse de las cuentas de la víctima, o leer los mensajes recibidos en cualquier aplicación informática.

Es un mecanismo de espionaje construido para evitar las medidas de detección de Windows. Microsoft la describe como un “arma informática”, aunque sus víctimas son civiles, vigilados por sus propios gobiernos: militantes políticos y sociales, políticos, periodistas, académicos, funcionarios de las embajadas…

Candiru se creó en 2014, aunque ha cambiado de nombre varias veces. Recuerda a otro pirata, NSO Group, cuyo programa espía Pegasus fue utilizado para preparar el asesinato del periodista saudí Jamal Kashoggi. Los gobiernos afirman que recurren a la piratería en la “lucha antiterrorista” o a la captura de “delincuentes”, pero se ha demostrado una y otra vez que se utilizan principalmente para controlar a la población, para la represión y la censura.

(*) https://www.theregister.com/2021/07/16/microsoft_candiru_malware/

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