La web más censurada en internet

Día: 11 de julio de 2021 (página 1 de 1)

Desembarca en España Jigsaw, la herramienta de guerra psicológica utilizada por la policía y por los ‘fact checkers’

No es ningún secreto que Google colabora regularmente con agencias de inteligencia de todo el mundo. Es una empresa contratista del gobierno español y ahora forma parte del diseño de la desinformación y la guerra psicológica en España.

De hecho, Google será el principal proveedor de la tecnología de geolocalización necesaria tras la reciente aprobación del Real Decreto 400/2021, de 8 de junio, por el que desarrollan las reglas de localización de los dispositivos de los usuarios y las obligaciones formales del Impuesto sobre Determinados Servicios Digitales.

En el año 2010, el director ejecutivo de Google, Eric Schmidt, creó Google Ideas, que fue definido en su día como un laboratorio de pensamiento en la intersección existente entre la tecnología y la geopolítica [sic].

Para encabezar Google Ideas, Schmidt llamó a un hombre llamado Jared Cohen, un miembro del Consejo de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos (algo así como la filial local del Club Bilderberg) que había sido asesor de demócratas y de republicanos indistintamente, ya que fue asesor de Condolezza Rice y de Hillary Clinton. De hecho, fue un partícipe clave de las operaciones de cambio de régimen bajo ambas administraciones.

Google Ideas y Cohen fueron esenciales en la operación de cambio de régimen de Ucrania de 2014 y también participaron en el derrocamiento de Hosni Mubarak en Egipto, hecho que se conoció tras las filtraciones de los correos de la agencia Strafor, la llamada «CIA privada».

Las filtraciones de los correos de Hillary Clinton revelaron que Google Ideas también participó en las operaciones de guerra psicológica en Siria, con el objetivo de derrocar al gobierno de Bashar Al Assad.

Tras estas evidencias y la mala prensa, Google Ideas pasó a llamarse Google Jigsaw en 2015, y cambió la estrategia, optando por el llamado «método de redireccionamiento«, que no es más que la manipulación de los resultados del motor de búsqueda previa elaboración de un perfil del usuario que utiliza dicho motor

Y Google tiene perfiles de usuarios en abundancia gracias a los inicios de sesión de Google centralizados: teléfonos Android, cuentas de Gmail, servicios complementarios como YouTube, incluso a niños, a través de Google Classroom, la aplicación preferida de la amplia mayoría de los colegios españoles.

El mayor caso de éxito de Jigsaw en España es el de Maldita.es y Newtral. Si usted busca información alternativa sobre un tema controvertido, y los primeros enlaces que le aparecen en Google son de estos dos medios, no es casualidad. Es la consecuencia de un perfil elaborado por el buscador a través de sus criterios de búsqueda y que le proporcionará la información «buena» que previamente ha sido analizada. De hecho la propia web de Maldita presume de esta colaboración.

Pero la planificación de Jigsaw también tiene utilidades para la Policía Nacional o la Guardia Civil. Es precisamente el objetivo del llamado Plan Estratégico Nacional de Lucha Contra la Radicalización Violenta, un plan iniciado por el gobierno del PP pero luego reforzado por el PSOE y Podemos, que apunta a «constituir un instrumento eficaz de detección temprana y neutralización de los brotes y focos de radicalismo violento», y que incluye actuaciones «preventivas» en el marco del acceso a la información, de vigilancia y de actuación de las Fuerzas de Seguridad. Es decir, que queda muy poco tiempo para que aquellas búsquedas que el Estado entienda como «peligrosas» o «extremistas», tengan como consecuencia una posible citación judicial o una visita de las autoridades a su domicilio.

Lo que implica que la mejor manera de prevenir los efectos de esta guerra psicológica es desconectarse, en la medida de lo posible, de todos aquellos dispositivos que almacenan nuestros intereses: desde los teléfonos o televisiones inteligentes a los vehículos con geolocalización incorporada, ya que el arma principal de esta forma de vigilancia masiva no es la intromisión, sino nuestro consentimiento.

Las publicaciones científicas aparecen envueltas en los montajes políticos de la pandemia

Durante el año pasado, la hipótesis de que el coronavirus podría no tener un origen “natural” sino “artificial”, es decir, fabricado o fugado del laboratorio de Wuhan, en China, fue tratada como conspiranoica y, como tal, aborrecida y censurada por los comentaristas oficiales.

Sólo los medios más reaccionarios y los partidarios de Trump se atrevieron a insistir en ella.

Pero llegó Biden, un demócrata que se ha empeñado en sostener la hipótesis de la reacción, y en los primeros meses de este año todo ha cambiado. Ahora la hipótesis oficial es lo que antes era conspiranoico.

Sostener el origen “artificial” del virus ya no están tan mal visto porque sirve a la política antichina del imperialismo. No importa que sea verdad o mentira porque el argumento es políticamente impecable: la culpa de la pandemia corresponde a China.

Ahora a los “expertos” les corresponde investigar a fondo hasta demostrar la tesis prefabricada, es decir, contratar laboratorios “prestigiosos” hasta que sean capaces de llevar sus elucubraciones hasta una revista con tragaderas para publicarlo.

Pero una maniobra de esa envergadura huele a podrido desde el principio. No es fácil de digerir, ni quiera para los científicos más vendidos. No pueden dar una pirueta de 360 grados sin que su servilismo se note demasiado.

Una revista como el British Medical Journal ya está sobre aviso y ha abierto una rueda de opiniones con los divulgadores científicos. “¿Han sido los medios víctimas de una campaña de desinfomación”, pregunta el British Medical Journal (1).

La desinformación, pues, ya no es propia sólo de los medios generalistas, sino también de los científicos. Ya no es posible saber si las publicaciones científicas lo son realmente, es decir, si corresponden a una investigación académica o sólo son una continuación de las grandes cadenas de intoxicación política, como la CNN, Der Spiegel, la BBC, el Corriere de la Sera o Sky.

No es algo que haya comenzado ahora, cuando han estirado demasiado la pandemia, que amenaza con reventar sus costuras. La cuestión del “orígen” del coronavirus se torció desde los primeros días, ya que “los investigadores financiados para estudiar los virus con potencial pandémico lanzaron una campaña en la que calificaban la hipótesis de la fuga del laboratorio como una teoría de la conspiración”.

Uno de los que encabezaron esa campaña fue Peter Daszak, el personaje de la foto de portada, presidente de la EcoHealth Alliance, una organización que recibió millones de dólares en subvenciones del gobierno de Estados Unidos para la investigación de los virus y la previsión de pandemias.

Pero como tantos otros tinglados siniestros, EcoHealth Alliance no es nada por sí mismo, ya que a lo largo de los años subcontrató su investigación a científicos de varios laboratorios de nula fiabilidad, de esos que declaran no tener interés económico alguno en los artículos científicos que publican.

Sin embargo, del dinero desembolsado por el gobierno de Estados Unidos, unos 600.000 dólares fueron a parar al Instituto de Virología de Wuhan.

Los “expertos” como Daszak son los matones de la ciencia moderna, los que imponen el canon y silencian a los demás. Poco después de que comenzara la pandemia, Daszak logró acallar el debate sobre la posibilidad de una fuga en el laboratorio con una declaración publicada en febrero de este año en otra revista científica, The Lancet (2).

Era una carta en la que Daszak figuraba como uno de los 27 firmantes, algo que se está convirtiendo en característico de varias disciplinas científicas. “Nos unimos para condenar enérgicamente las teorías conspirativas que sugieren que el COVID-19 no se produce de forma natural”, decían los sicarios de Daszak en aquella carta.

Ninguna de las hipótesis sobre el “origen” del coronavirus tienen ningún carácter científico, como ya hemos explicado tantas veces. No son otra cosa que declaraciones políticas para poner a China contra las cuerdas. Demuestran que la “unanimidad científica” que han aparentado desde el inicio de la pandemia es falsa, y si las peleas internas continúan, el montaje político urdido desde el año pasado se puede desplomar como un castillo de naipes.

Sin ningún lugar a dudas, este montaje se vendrá abajo tarde o temprano, pero los navajazos por debajo de la mesa pueden hacer que caiga de manera rápida y estrepitosa, dejando en ridículo al trío de políticos, periodistas y “expertos” que la ha sostenido.

(1) https://www.bmj.com/content/374/bmj.n1656
(2) https://www.thelancet.com/pdfs/journals/lancet/PIIS0140-6736(20)30418-9.pdf

La retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán sólo es una artimaña bélica

La retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán es una artimaña bélica que muestra los cambios operados en la manera de dirigir las guerras modernas, como ya se ha visto en Siria. El Pentágono la llama “reducción de firma”. Se trata de mantener una presencia militar lo más reducida posible, junto a la continuación de las actividades de la CIA que, por su propia naturaleza, no es ostensible.

En el caso de Afganistán, el ejército estadounidense quiere hacer salir a los talibanes “a campo abierto” para entablar batallas simétricas en las que sus fuerzas puedan ser aniquiladas, bien por comandos de operaciones especiales, bien a través del ejército afgano.

El general Petraeus implementó la nueva estrategia en Irak en 2007 y también está operativa a los países del cuerno de África, donde opera contra los yihadistas.

Es un nuevo tipo de guerra, mucho más barata y menos aparatosa porque el grueso de las fuerzas son delegados locales. La CIA y los comandos especiales, con el apoyo de la fuerza aérea, dirigen al ejército afgano en las operaciones militares sobre el terreno y las adiestran permanentemente.

Una guerra barata se puede prolongar en el tiempo y requiere que una parte del dinero vaya a los bolsillos de los “señores de la guerra”, los partidos políticos, las ONG, la policía…

Se trata de una guerra a través de los cómplices locales del imperialismo y del tradicional “divide y vencerás”. Para ello la embajada de Estados Unidos debe enfrentar a unas religiones con otras, a unas etnias con otras y a unas tribus con otras.

El dinero y las armas se entregan a las etnias y religiones que se mantienen leales a Washington y sólo hay que esperar que dicha lealtad se mantenga en el tiempo, porque la Guerra de Siria ha demostrado es muy frecuente que muchos juren fidelidad y luego cambien de bando.

Los programas militares de “reducción de firma” comprenden también la intoxicación en las redes sociales y la subcontratación de mercenarios y empresas privadas de seguridad. Hace ya años que la mayor parte de las tropas de Estados que están presentes en Afganistán operan bajo la forma de contratos con el gobierno de Kabul.

Afganistán dejará de ser noticia gracias a la “reducción de firma”. Las operaciones militares aparecerán como si formaran parte de la actividad de la policía local, como operaciones “antiterroristas”.

La persistente opresión racial de los indígenas canadienses puede ocasionar ‘una rebelión violenta’

Canadá necesita urgentemente una investigación independiente sobre la muerte de miles de niños aborígenes en los internados gestionados por la Iglesia, si el país quiere enfrentarse a los horrores de su pasado colonial, dijo Murray Sinclair, que dirigió la Comisión de la Verdad y la Reconciliación del país (1).

Murray Sinclair, ex senador y uno de los primeros jueces aborígenes del país, admitió que las “verdades ocultas” de los internados son probablemente mucho más devastadoras de lo que muchos canadienses creen, incluyendo el asesinato deliberado de niños por parte del personal de la escuela y la probabilidad de que estos crímenes fueran encubiertos.

En 2015 la Comisión concluyó que los internados religiosos impusieron un genocidio cultural (2). Durante más de un siglo, al menos 150.000 niños indígenas fueron separados de sus familias y obligados a asistir a estas escuelas, muchas de las cuales estaban dirigidas por la Iglesia Católica. Los niños fueron convertidos a la fuerza al cristianismo, se les dieron nuevos nombres y no se les permitió hablar su lengua materna. El último internado cerró en la década de 1990.

Los abusos sexuales, emocionales y físicos eran habituales en los internados. El informe final estimó que más de 4.100 niños murieron por enfermedad, negligencia o suicidio, aunque Sinclair dijo que creía que la cifra real podría ser de hasta 15.000.

Pero la comisión no pudo investigar los crímenes porque, a pesar de sus esfuerzos, no pudo obtener documentos clave en poder de la iglesia y el gobierno. “Escuchamos los relatos de los supervivientes que fueron testigos de la matanza de niños, incluidos los bebés nacidos en las escuelas cuyos padres eran sacerdotes. Muchos supervivientes nos han contado que vieron cómo enterraban vivos o mataban a esos niños, y a veces los arrojaban a los hornos”, dijo Sinclair, que ha supervisado miles de horas de testimonios. “Estas historias deben ser verificadas”.

Los testimonios de los supervivientes y el informe final de la comisión dejaron claro que había enterramientos sin documentar en todo el país. Sin embargo, los recientes descubrimientos han conmocionado a muchos canadienses y han dado lugar a peticiones de una nueva investigación. Hasta ahora el gobierno se ha negado a hacerlo.

Las escuelas estaban financiadas por el gobierno federal, pero a menudo eran gestionadas por instituciones religiosas.

Sinclair pidió un organismo de investigación fuerte, libre de interferencias del gobierno y con poder para citar a los testigos. “Necesitamos saber quién murió, necesitamos saber cómo murió, necesitamos saber quién fue el responsable de su muerte o quién estaba a su cargo en el momento de su muerte”, dijo Sinclair, miembro de la Primera Nación Peguis. “Necesitamos saber por qué no se informó a las familias. Y necesitamos saber dónde están enterrados los niños”.

Canadá se ha visto sacudida por el descubrimiento de cerca de 1.000 tumbas sin marcar en los lugares donde se encontraban los internados eclesiásticos a los que se obligaba a asistir a los niños aborígenes como parte de una campaña de asimilación forzosa.

La Primera Nación Cowessess dijo que se habían encontrado los restos de 751 personas en el emplazamiento de una antigua escuela residencial en Saskatchewan, apenas unas semanas después de que la Nación Tkemlups te Secwepemc descubriera 215 tumbas sin marcar en Columbia Británica.

Justin Trudeau describió las tumbas como un “recordatorio vergonzoso” del racismo sistémico al que todavía se enfrentan los indígenas, y añadió: “Juntos, debemos reconocer esta verdad, aprender de nuestro pasado y recorrer el camino común de la reconciliación, para poder construir un futuro mejor”.

Pero Sinclair insiste en que la reconciliación requiere una verdadera voluntad de cambio por parte de los canadienses de a pie y de las poderosas instituciones del Estado, una voluntad que actualmente no es evidente.

“El gobierno, nuestras instituciones sociales e incluso nuestro pueblo reconocen que lo que se hizo a los aborígenes fue horrible. Ha habido disculpas y promesas de que las cosas cambiarán. Pero no hay ningún cambio”, dijo. “La resistencia incluso a los más pequeños pasos hacia adelante muestra que hay más bien una voluntad, un esfuerzo -de hecho un profundo deseo- de volver a las cosas como eran”.

Los Misioneros Oblatos Católicos de María Inmaculada, que gestionaban 48 colegios, entre ellos el Colegio Residencial Indio de Marieval, en el territorio de la Primera Nación de Cowess, en Saskatchewan, y el Colegio Residencial Indio de Kamloops, ha prometido que harán públicos todos los documentos que poseían.

“Lamentamos profundamente nuestra participación en los internados y el daño que causaron a los pueblos y comunidades indígenas», dijo la orden religiosa en un comunicado. «Reconocemos además que los retrasos pueden causar desconfianza, angustia y trauma continuos entre los pueblos indígenas”.

Sinclair dijo que los funcionarios de la iglesia y del gobierno habían afirmado repetidamente que los documentos habían sido destruidos o perdidos. Además, cuando la iglesia entregó los documentos a la comisión, se habían redactado los nombres y los lugares clave, lo que hizo que los documentos fueran inutilizables para la investigación.

“Francamente, no nos creemos sus promesas”, dijo Sinclair. “Queremos que haya una investigación independiente para acceder realmente a sus registros y ver qué se puede encontrar. Y creo que nos sorprenderá lo que revelarán sus archivos”.

Si bien es probable que algunos registros importantes hayan sido destruidos, otros nunca existieron. “Sabemos que los niños que murieron a manos de uno de los miembros del personal -en particular monjas, o sacerdotes- simplemente no fueron registrados”.

En la Comisión, los supervivientes de los internados afirmaron que el trauma que vivieron se transmitió a las generaciones siguientes, una realidad amplificada por las desigualdades sistemáticas que persisten en todo el país que, según Sinclair, pueden provocar una “rebelión violenta” (3).

Decenas de Primeras Naciones no tienen acceso al agua potable, el gobierno se opone a la decisión de un tribunal de derechos humanos de indemnizar a los niños indígenas que sufrieron en centros de acogida, y un ministro federal admitió que el racismo contra los indígenas es endémico en el sistema sanitario. Los indígenas están sobrerrepresentados en las cárceles federales y las mujeres indígenas son asesinadas en un número mucho mayor que otras mujeres.

Esta realidad es el resultado de la obstinada lucha por crear y mantener la desigualdad racial, según Sinclair. “Ha sido necesario un esfuerzo constante para establecer y mantener esta relación de inferioridad de los nativos americanos y superioridad de los blancos”, dijo. “Para revertir esta situación se necesitarán generaciones de esfuerzos concertados en la otra dirección”.

(1) http://www.trc.ca/
(2) https://www.theguardian.com/world/2015/jun/02/canada-indigenous-schools-cultural-genocide-report
(3) www.aptnnews.ca/national-news/murray-sinclair-warns-of-violent-rebellion-if-indigenous-rights-continue-to-be-oppressed/

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