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Día: 27 de febrero de 2021 (página 1 de 1)

En las manifestaciones los disturbios los provocan los antidisturbios

Cuando las personas salen a la calle a manifestarse ejercen un derecho fundamental.

Los policías que acuden a ellas no sólo no ejercen ningún derecho sino que tratan de impedir u obstaculizar que lo ejerzan los demás.

La presencia de la policía durante una manifestación no se justifica en nigún caso. La policía acude a las manifestaciones porque es su profesión: cobra un dinero todos los meses y se entrena para impedir las manifestaciones y el ejercicio de los demás derechos por la fuerza y la violencia.

La mayor parte de las veces la policía llega al lugar de la convocatoria antes que nadie, pide la documentación y registra las pertenencias personales, lo cual tiene un carácter disuasorio: tratan de impedir que las personas acudan y logran que quienes lo hacen tengan miedo.

De esa manera, las manifestaciones se han convertido en una acción de riesgo personal que la mayoría de las personas no puede soportar, aunque quisiera.

Si en una jornada de votaciones la policía estuviera presente en los colegios electorales de la misma manera en que está presente en las manifestaciones, no votaría nadie.

Si la policía no tiene una presencia intimidante en los colegios electorales, a diferencia de las manifestaciones, es porque el Estado quiere una sociedad castrada, de tal manera que la única participación política de las personas sea de tipo electoral.

La presencia de la policía en las manifestaciones es terrorismo de Estado y no se puede admitir como un hecho normal y corriente, sobre todo cuando la misma se rodea de una parafernalia violenta que el equipamiento represivo denota: cascos, porras, escudos…

La policía desata los episodios de violencia típicos de algunas manifestaciones para crear una cortina de humo sobre las reivindicaciones y los motivos de las mismas. Al día siguiente la noticia no es la protesta sino los adoquines, las barricadas y los incendios.

Los medios de comunicación, que son una prolongación de la policía, nunca analizan las causas de las manifestaciones y de los disturbios sino sólo las consecuencias. El objetivo es arrojar a la población contra los manifestantes y sus legítimas reivindicaciones.

A la prensa las manifestaciones no le interesan en absoluto, prueba de lo cual es que la mayor parte de ellas no son noticia. Los reporteros sólo salen a la calle con las barricadas y los incendios, de manera que quienes quieren airear sus reivindicaciones están obligados a dar un paso al frente y pasar de las procesiones festivas a las medidas de fuerza.

Las personas convocan manifestaciones cuando han agotado las demás formas de protesta. Una manifestación no es más que una oleada de personas indignadas y vilipendiadas que la presencia intimidante de los antidisturbios no contribuye a apaciguar, sino todo lo contrario.

Por eso, si los gobiernos no quieren violencia en las manifestaciones, es mejor que no envíen a unos policías armados hasta los dientes, y si no quieren manifestaciones en las calles es mejor que atiendan las reivindicaciones en los despachos oficiales.

Ocho niños esclavos denuncian a las grandes multinacionales del chocolate

Ocho niños que trabajaron como esclavos en las plantaciones de cacao de Costa de Marfil han presentado demanda contra las mayores empresas chocolateras del mundo. Las acusan de complicidad en la esclavitud ilegal de miles de niños en las plantaciones de cacao de sus cadenas de suministros.

Nestlé, Cargill, Barry Callebaut, Mars, Olam, Hershey y Mondelēz han sido citados como demandados en un pleito presentado en Washington por una empresa de derechos humanos en representación de ocho niños esclavos que afirman haber sido obligados a trabajar sin remuneración en plantaciones de cacao en el país de África Occidental.

Los demandantes, todos ellos de Malí y ahora adultos, solicitan una indemnizació por los daños y perjuicios causados por los trabajos forzados.

Es la primera vez que se presenta una demanda colectiva de este tipo contra la industria del cacao en un tribunal estadounidense.

Costa de Marfil produce cerca del 45 por ciento del suministro mundial de cacao, ingrediente esencial del chocolate. La producción de cacao en África Occidental está vinculada desde hace tiempo a la esclavitud, la pobreza estructural, los bajos salarios y el trabajo infantil.

Una de las principales alegaciones de la demanda es que, a pesar de no ser propietarios de las explotaciones de cacao, las multinacionales se beneficiaron a sabiendas del trabajo infantil ilegal. Los proveedores contratados por los demandados pudieron ofrecer precios más bajos que si hubieran empleado a trabajadores adultos con equipos de protección adecuados.

Los ocho explotados denuncian haber sido reclutados en Malí mediante engaños, antes de ser transportados a través de la frontera a las explotaciones de cacao de Costa de Marfil. Allí se les obligaba a trabajar -a menudo durante varios años- sin sueldo, sin documentos de viaje y sin saber claramente dónde estaban o cómo llegar a sus familias.

Los demandantes, todos ellos menores de 16 años en el momento de su contratación, trabajaban en campos situados en las principales regiones productoras de cacao del país.

Uno de los demandantes tenía sólo 11 años cuando un hombre de su ciudad natal, Kouroussandougou (Mali), le prometió un trabajo en Costa de Marfil por 25.000 francos CFA (38 euros) al mes. El niño trabajó durante dos años sin cobrar nunca, a menudo aplicando pesticidas y herbicidas sin ropa protectora.

Otro niño tenía cortes visibles en las manos y los brazos debido a los accidentes con el machete. Refiriéndose a su experiencia de trabajo forzado entre 2009 y 2011, recuerda que le picaban constantemente los insectos. Como la mayoría de los demandantes, afirma en la demanda que se le prometió un pago posterior a la cosecha, pero que nunca le pagaron.

Muchos de los demandantes denuncian que estaban mal alimentados y que trabajaban muchas horas. A menudo afirman haber estado solos o aislados de otros niños trabajadores, que hablaban dialectos diferentes.

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