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Día: 12 de enero de 2021 (página 1 de 1)

Protestas populares en Senegal contra el segundo toque de queda

El miércoles de la semana pasada el gobierno de Senegal impuso el toque de queda y al instante las protestas populares saltaron a las calles de Dakar, la capital.

Los piquetes levantaron barricadas, quemaron neumáticos y lanzaron proyectiles a los antidisturbios, que respondieron con el lanzamiento de gases lacrimógenos en el barrio de Ngor. Se han notificado incidentes en otros barrios de la capital senegalesa, como la Medina o Yoff, y en sus suburbios, en Pikine, Guediawaye o Thiaroye.

El ministro del Interior Antoine Félix Abdoulaye Diome, minimizó los incidentes. “Ha habido algunas manifestaciones y después de algunas intervenciones [de la policía], se ha restablecido el orden”. La población cumple el toque de queda, añadió el ministro.

El restablecimiento del toque de queda preocupa a una abrumadora mayoría de la población que trabaja en la economía sumergida. “Muchos trabajamos de noche”, dijo Jean Paul Mendy, un repartidor del barrio de Parcelles Assainies, que dijo que tenía que hacer su trabajo después del anochecer porque el tráfico era más fácil. “Nos ganamos la vida día a día”, dijo.

Modou Niang, un taxista del mismo barrio, dijo que el toque de queda empezó justo cuando se suponía que iba a empezar a trabajar. “Tengo hijos y me impiden trabajar. La decisión de Macky Sall [el Presidente de Senegal] es una tontería… parece que se cree el rey”.

Otro manifestante, Babacar Seck, dijo que el toque de queda era inconsistente con lo que pasaba durante el día. Los mercados callejeros seguían abiertos y la gente seguía repleta de gente en el transporte público, dijo. “El toque de queda no va a hacer que el virus desaparezca”, observó Seck.

Es la segunda vez que Senegal declara el estado de emergencia desde el inicio de la pandemia. El primero comenzó en marzo pasado y no se levantó hasta finales de junio.

Desde hace mucho tiempo el gobierno de Senegal mantiene medidas que incluyen la obligatoriedad de las mascarillas en los edificios y transportes públicos, y la prohibición de reunirse en zonas públicas, incluyendo las playas.

El presidente senegalés dijo que estaba siguiendo las recomendaciones de los médicos y no fijó una fecha límite para la vacunación.

El Consejo de Ministros justificó la medida por “un aumento meteórico de las contaminaciones, de los casos graves y del número de muertes”.

El gobierno ha comunicado más de 21.245 “casos” y 465 muertes, que atribuye al coronavirus.

https://www.channelstv.com/2021/01/07/protests-erupt-in-senegal-capital-dakar-over-covid-19-curfew/

Arrastrar el nombre por el lodo del menosprecio

A principios de 1954, el periodista suizo F.R. Allemann escribía en la revista Encounter que el Primer Ministro iraní, Mohammad Mosaddegh, era lo que hoy llamaríamos un “populista” que mediante la demagogia convocaba a matones a las protestas callejeras.

Aquellas manifestaciones eran “campañas de terror de las sociedades secretas político-religiosas” vestidas con la apariencia de un auténtico movimiento de masas. El artículo estaba lleno de adjetivos orientalistas. Era sutil, intelectualoide. De ningún modo parecía formar parte de una campaña de intoxicación de la CIA.

Mosaddegh era un “derviche” carismático y “nadie se inclinaba más por las escapadas de Munchausen que los orientales en general y los persas en particular”.

No sólo el pueblo iraní admiraba a aquel estadista, que también fue elogiado por el Presidente Truman y la revista Time le nombró Hombre del Año. No bastaba con derrocarle. El manual de la CIA exigía, además, arrastrarle por el lodo del menosprecio. Ese era el papel reservado a un plumífero de mierda como Allemann y una revista a su altura, como Encounter.

En aquellos tiempos sólo a un conspiranoico (a sueldo de Moscú) se le ocurría decir que Encounter era un montaje de la CIA y el MI6, pero algunos de los fundadores de Encounter, como Christopher Montague Woodhouse, participaron en el Golpe de Estado.

Sin embargo, antes de que Encounter ejerciera de portavoz de la CIA, Kennett Love ya hacía lo mismo para el Times y, naturalmente, la Associated Press no podía faltar en un montaje tipico de la Guerra Fría.

Tras el Golpe de Estado contra Mosaddegh, volvió el Sha Mohammed Reza Pahlevi y la CIA envió a un coronel del ejército estadounidense para crear la Savak, la policía política que debía prevenir que personajes como Mosaddegh volvieran a Irán, mediante el asesinato, la detención, la cárcel y la tortura.

En 1979 cayó el Sha y llegó la República Islámica, tan denostada por los posmodernos, versiones actualizadas de Alemann, porque a las mujeres les obligan a llevar velo y cosas parecidas.

La historia es así de extraña: para aupar al Sha en 1953, la CIA pagó a los mismos ayatollahs que en 1979 le derribaron. El ayatolah Seyyed Abolqassem Kashani, padre espiritual de Jomeini, es el mejor ejemplo.

En torno a la nacionalización del petróleo, Mosaddegh había creado un amplio frente nacional, que la CIA tuvo que desgajar, grano a grano, para que el Golpe de Estado pudiera triunfar en 1953. Uno de esos granos era Kashani, representante de los dirigentes religiosos, que comenzaron a convocar manifestaciones y a desestabilizar al país por encargo de la CIA.

Cuando en su artículo Allemann hablaba de las “campañas de terror de las sociedades secretas político-religiosas” se refería a Mosaddegh, pero hubiera debido hacerlo a Kashani. No eran manifestaciones para apoyar sino para derribar a Mosaddegh. Las revistas como Encounter debían contar los acontecimientos al revés.

Estados Unidos conquistó a los ayatollahs de la misma manera que el Imperio Británico: con sobornos que financiaron a las multitudes que inundaron las calles para protestar contra Mosaddegh, dirigidas por “sociedades secretas político-religiosas”.

https://www.truthdig.com/articles/the-cias-masterful-use-of-fake-news/

El confinamiento intensifica el terror policial contra los manifestantes en Grecia

A pesar del confinamiento, Atenas vive enfrentamientos violentos entre manifestantes y la policía. La pandemia ha marcado, precisamente, un punto de inflexión. En los últimos meses han aumentado los informes sobre terrorismo policial.

Grecia vive ahora un segundo confinamiento desde el mes de noviembre con el pretexto de la segunda oleada de coronavirus. Con el nuevo confinamiento, las manifestaciones están prohibidas y la policía impone la nueva ley a palo limpio.

Grupos de derechos humanos y partidos de la oposición advierten que con el pretexto de luchar contra el coronavirus, el gobierno conservador del primer ministro, Kyriakos Mitsotakis, está llevando a cabo medidas severas contra las protestas. “Haber perdido el control de la pandemia y la economía, los intentos del gobierno para establecer una escena artificial de tensiones con la finalidad de distraer la atención de sus responsabilidades”, dicen los de Syriza, principal partido de la oposición, justo cuando se prohibieron las manifestaciones.

Amnistía Internacional ha documentado varios incidentes en los últimos meses de maltrato a detenidos y manifestantes, uso excesivo de gases lacrimógenos y otros casos del uso de la fuerza.

Amnistía no es la única, sin embargo, que ha denunciado el terror policial. También la Liga Helénica por los Derechos Humanos, los partidos de la oposición y el Colegio de Abogados de Atenas, aseguran que la brutalidad policial ha aumentado.

En un informe publicado el mes de noviembre, pero acabado el mes de mayo, un comité especial creado para investigar la violencia policial encontró que los agentes actuaban a menudo con impunidad cuando se veían involucrados en incidentes violentos. “La violencia policial y la impunidad tienen un largo historial en Grecia y en ningún concepto pueden ser considerados ‘incidentes aislados’”, explicaba el director ejecutivo de Amnistía Internacional en Grecia, Gabriel Sakellaridis.

“Especialmente, durante el último año y medio, es bastante evidente que hay un aumento de estos incidentes”.

http://www.politico.eu/article/police-brutality-on-the-rise-in-locked-down-greece-activists-warn/

El confinamiento sólo se justifica con la seudociencia medieval de revistas como ‘Nature’

Que a estas alturas de la pandemia un demagogo como Neil Ferguson tenga la cara-dura de seguir publicando artículos seudocientíficos no deja de sorprender; que una revista como Nature se preste a publicarlos es aún peor (*). Demuestra lo bajo que está cayendo eso que hoy califican como “ciencia”.

Esa “ciencia” es una verdadera cloaca. No cabe otra explicación cuando Ferguson y sus secuaces se jactan de sus errores y los siguen amplificando, sin que los revisores de Nature pongan objecciones. Es evidente que no se trata de una chapuza más o menos gorda de un equipo científico en concreto sino de un estado general. En el mejor de los casos, la ciencia ha vuelto a los tiempos oscuros de la alquimia.

La tarea de Ferguson es puramente política: salir en defensa de los gobiernos que han impuesto el confiamiento porque, según dice, ha evitado tres millones de muertes en Europa.

Al principio de la pandemia las cábalas de este mequetrefe auguraban que eso que llaman “covid-19” era una enfermedad con una elevada mortalidad que podía matar a dos millones de estadounidenses, 550.000 británicos, 500.000 franceses, 650.000 alemanes, 100.000 holandeses y 70.000 suecos. Las medidas convencionales de contención de las epidemias, aseguraba Ferguson, no podrían limitar la mortalidad y los hospitales quedarían colapsados.

Sólo las medidas estrictas de distanciamiento social podían evitar una catástrofe sanitaria y poblaciones enteras deberían ser obligadas a permanecer en cuarentena en sus viviendas de manera indiscriminada, es decir, tanto si están contagiados como si están sanos.

Afortunadamente, algunos países europeos (Suecia, Bielorrusia, Holanda y Finlandia) no siguieron las instrucciones de Ferguson al pie de la letra y se negaron al confinamiento indiscriminado. De esa manera, la evolución de la epidemia en esos países permite juzgar las predicciones de Ferguson.

En Suecia los hospitales no colapsaron nunca. El crecimiento de contagios no fue exponencial, como establecen los modelos epidemiológicos, incluido el de Ferguson, sino lineal. El pronóstico era de 70.000 muertes y las cifras reales son de 9.262 hasta este mes, sin mascarillas, sin distanciamiento, sin cierre de escuelas…

En Holanda, durante los primeros 18 días de pandemia, los contagios se multiplicaron exponencialmente. El número de contagiados fue dos veces superior al pronosticado por Ferguson, pero los hospitales holandeses nunca se vieron colapsados. Según Ferguson se deberían haber producido 100.000 muertes, pero la cifra real es ocho veces menor: hasta el 9 de enero de este año el número es de 12.084 según la OMS.

El caso es mucho más simple en Finlandia y Bielorrusia: a pesar de que no hubo confinamiento, no se puede hablar de pandemia y, en cualquier caso, nunca constituyó un problema de salud.

Por consiguiente, los modelos epidemiológicos no es que se equivoquen, sino que son falsos y se han elaborado para imponer y justificar el confinamiento.

Otra conclusión que se desprende de las cifras reales: el confinamiento indiscriminado no sirve para nada. Los cinco principales países europeos que han confinado indiscriminadamente se encuentran entre los cinco primeros países europeos en términos de mortalidad por millón de habitantes, con una tasa de 1.720 en Bélgica, 1.278 en Italia, 1.105 en España y 1.018 en Francia.

Pero la propaganda política va a decir lo siguiente: en un determinado país en el que se deberían haber producido 800 muertes sin confinamiento, según los augurios informáticos, “sólo” han muerto 100 personas gracias al confinamiento; luego hemos logrado reducir el número de muertes a la octava parte. Hemos salvado a 700 personas de una muerte segura. Es lo que repite Pedro Sánchez para España. No hay más que inflar las cifras: cuanto peores eran los pronósticos, más vidas habremos salvado.

(*) https://www.nature.com/articles/s41586-020-2405-7

Más información:
– El ‘doctor confinamiento’ dimite por romper el confinamiento para echar una canita al aire
– Bill Gates financió el diseño del modelo epidemiológico fraudulento de coronavirus utilizado en Gran Bretaña y Estados Unidos

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