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Día: 9 de diciembre de 2020 (página 1 de 1)

El fondo buitre que se ha apoderado de la banca española: BlackRock

BlackRock es el principal inversor del Ibex-35 en general, y de la banca española en particular. Controla alrededor de un 20 por ciento en total del accionariado de los principales bancos, con una inversión de unos 6.000 millones de euros y subiendo. En estos momentos es el primer accionista del BBVA (5,91 por ciento), del Santander (5,42 por ciento) y del Sabadell (3,37 por ciento), aunque está también presente en Bankinter (5 por ciento), CaixaBank (2,99 por ciento) y Bankia (3 por ciento).

No busca sólo rentabilidad, porque si no, hace tiempo que la falta de ésta, lo habría hecho poner pies en polvorosa. El superfondo de inversión de Larry Fink parece más bien querer participar en la orientación empresarial y social de sus participadas. Sin consejeros y sin ruido, lo que no significa sin influencia. Ahora, el interés está en el baile de fusiones.

No es el único súper fondo que está presente prácticamente en todas y cada una de las empresas del Ibex, los bancos especialmente, pero si es el que más dinero tiene invertido. Le siguen los Vanguard (que tienen un nada despreciable 15 por ciento de la banca española) o los Norges Bank, pero a cierta distancia. Pero es que BlacRock tiene cerca de un 20 por ciento y eso es mucho dinero invertido. Aunque fluctúa casi a diario según coticen las acciones, aproximadamente ese 20 por ciento vale según los analistas unos 6.000 millones de euros. No es de extrañar que les ocupe y preocupe lo que esté por venir tras el baile de fusiones.

El BBVA es el banco en el que más participación tiene el fondo estadounidense y donde más estable se ha mantenido. Un 5,9 por ciento desde principios de 2019. En el caso del Sabadell, hace solo unos días, subía su participación del 3,317 por ciento al 3,381 por ciento. De haber llegado a buen puerto el intento de fusión de estas entidades, que al cierre de esta edición se frustraba al considerar el banco que preside Josep Oliu insuficiente el precio ofertado y decidir que prefiere seguir en solitario por el momento, BlackRock se hubiera convertido también en el primer accionista de la entidad fusionada.

Al tiempo que compraba ‘sabadelles’, subía también su posición en Bankinter desde el 4,815 por ciento anterior al 5,028 por ciento actual, convirtiéndose en el tercer accionista del banco que dirige María Dolores Dancausa.

El gigante también ha participado en la otra operación en ciernes de la de fusión de CaixaBank y Bankia. En la primera BlackRock controla actualmente cerca de un 3 por ciento del banco, lo que le convierte en su segundo accionista solo por detrás de la Fundación La Caixa (40 por ciento). En el caso de Bankia, el fondo estadounidense afloró una participación por primera vez el pasado mes de mayo, y ahora tiene una participación similar a la de Caixabank, y solo por detrás del FROB, por lo que ese 3 por ciento será también su participación en la entidad resultante.

También es el primer accionista del Banco Santander, con un 5,42 por ciento, en una relación que se remonta a 2010. En la entidad que preside Ana Botín es el primer accionista, con una participación del 5,426 por ciento del capital desde el 24 de octubre de 2019. También es primer accionista en BBVA, con una participación en este caso del 5,917 por ciento, invariable desde abril de 2019.

Los grandes fondos de inversión son los máximos accionistas de los bancos en todo el mundo, no solo de los bancos españoles. La orientación de estos fondos es a largo plazo, es decir, inversiones estables sobre estos bancos. Por otro lado, la intención es también participar en la orientación empresarial y social de dichas entidades, así como sus aportaciones a la sociedad (ESG, tecnología, fomento de la educación financiera…).

Todo parece indicar que permanecerán tras las fusiones, si se forman bancos más estables, resilientes, solventes y rentables, pues tiene sentido que permanezcan en los bancos, sobre todo en la banca española que hay que aplaudir la proactividad que han tenido en esta ronda de integraciones, adelantándose a otros sistemas como el alemán o el francés.

Su interés no es solo pecuniario, que también, sino de influencia. Hace solo unos días, el capitoste de BlackRock, Larry Fink, participaba junto a Ana Botín, telemáticamente, en la Conferencia Internacional de Banca 2020 organizada por el Santander. Habló de jubilaciones, de teletrabajo, de países buenos para invertir, y hasta de transición ecológica.

Los fondos están obligados por ley en Estados Unidos a mirar las ganancias como único criterio. El Banco de España le pidió asesoramiento a BlackRock en el diseño de la Sareb. En España, sus inversiones no llevan aparejadas, hasta ahora, presencia alguna en los consejos de administración de los bancos. La influencia es más sutil. No en vano The New York Times lo llama “el gigante silencioso”.

https://elnuevolunes.es/portada/blackrock-dueno-y-senor-de-la-banca-espanola/

Alemania aprueba una nueva ley sobre el estado de guerra por motivos sanitarios

El 18 de noviembre el Parlamento alemán aprobó la Tercera Ley de Protección de la Población ante una Situación de Epidemia. Votaron a favor el CDU, la socialdemocracia y Los Verdes. En contra los neonazis de AfD, los liberales del FDP y La Izquierda (Die Linke).

Antes de la modificación de la ley, los tribunales alemanes habían destacado repetidamente que el toque de queda y demás medidas restritivas de derechos carecían de una base legal suficiente.

El debate se celebró en medio de multitudinarias manifestaciones populares de protesta, todas ellas convocadas ilegalmente, sin mascarillas y sin guardar ninguna distancia de seguridad. La policía las dispersó con cañones de agua y aerosoles de pimienta.

La nueva ley es un estado de guerra apenas disimulado en medio de pretextos sanitarios. El artículo 7 enumera los derechos constitucionales que pueden ser suspendidos temporalmente: libertad personal, derecho de reunión, libertad de circulación e inviolabilidad de domicilio.

Como es natural, el artículo 28 de la nueva ley otorga carta blanca al Ministro Federal de Sanidad y a los gobiernos de los Estados, incluso para suspender derechos constitucionales.

Expresamente el nuevo artículo establece “la prohibición de reuniones o manifestaciones“ y “reuniones religiosas o ideológicas“ y “la prohibición de entrar o visitar instalaciones … como asilos de ancianos o de ancianos, instituciones de apoyo a los discapacitados, maternidades u hospitales y de visitar a familiares cercanos”, que sólo son posibles en la medida en que “la contención efectiva de la propagación de la enfermedad (Covid-19) se vea considerablemente amenazada”.

No obstante, el artículo tambiém previene que “las medidas de protección no deben conducir al aislamiento completo de individuos o grupos”, debiendo garantizarse un nivel mínimo de contacto social.

En el futuro, el estado de guerra será de cuatro semanas, con la posibilidad de prorrogarlas si es necesario, siempre que haya una “epidemia de importancia nacional”.

‘América’ vuelve por sus fueros

“América está de regreso” es la consigna que sustituye a “Hagamos grande a América de nuevo”. Hay un cambio de marionetas: Biden sustituye a Trump y nombrará a Anthony Blinken como secretario de Estado, o mejor al revés: Biden se limitará a llevar a los micrófonos la política exterior del nuevo gobierno de Washington.

A su vez, Blinken es una marioneta de la industria armamentista que -como ven- mantiene vínculos muy estrechos con el partido demócrata.

No obstante, para ejecutar una política exterior de amplio consenso, Blinken ha publicado un manifiesto con una parte del partido republicano. La orientación general es una política más activa, mostrar el peso de Estados Unidos en el mundo y recuperar aspectos olvidados del orden del día, como el cambio climático.

Al mismo tiempo, Blinken se declara partidario de un cierto multilateralismo para buscar apoyos en organizaciones como la OTAN.

En fin, da la impresión de que el mandato de Trump sólo ha sido un paréntesis; ahora todo vuelve a la nueva normalidad, que consiste en que los “progres made in USA” den la cara, en impulsar la “democracia” y los “derechos humanos” en el mundo a golpe de bayoneta.

Durante muchos años Blinken fue el “alter ego” de Biden cuando era presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Senado. Como tal, en 2003 apoyó la invasión militar de Irak. Cuando el truco de las armas de destrucción masiva quedó al descubierto, ambos reconocieron que habían cometido un error. “Si lo hubiéramos sabido, no habríamos invadido Irak”. Sin embargo, a pesar de todo, seguimos invadiendo Irak muchos años después. No nos marchamos, no enmendamos nuestro “error”…

Es como en el fútbol: sólo hay errores si pierdes el partido. Cuando era secretario de Estado adjunto de Obama, Blinken se enfrentó al mismísimo Presidente en defensa de una intervención militar en Siria. Obama se basaba en la experiencia “errónea” de Irak. No se podía reproducir en Siria. Blinken estaba empecinado en el mismo “error”.

¿La intervención militar se debe hacer a cielo abierto o en los subterráneos? Unas horas antes de su nominación, Blinken seguía insistiendo en su “error” sobre Siria, donde el fracaso “será recordado de por vida”. Lo mismo que Obama, el futuro secretario de Estado no quiere repetir el “error” y para ello se ha puesto de acuerdo con los mastodontes que rodearon a Bush, como Robert Kagan.

Junto con William Kristol, Kagan creó el equipo “Project for the New American Century” (Pnac), una especie de manifiesto bipartidista en cuatro capítulos para una nueva política exterior estadounidense, publicado en el Washington Post en enero del año pasado (*).

Es más de lo mismo, un aburrimiento mortal, pero a los gringos les encantas este tipo de declaraciones solemnes. Estados Unidos tiene que dirigir el mundo. Si no lo hacemos nosotros, lo harán otras potencias. “Los errores cometidos en Irak y Afganistán” no deben llevarnos a descuidar este campo, porque “la fuerza es necesaria y complementaria de una diplomacia eficaz”.

Sin la fuerza “no se puede negociar la paz y mucho menos imponerla”. La OTAN se debe ampliar para incluir “Europa y el Lejano Oriente”. La seguridad militar incluye la seguridad informática.  Estados Unidos se tiene que proteger frente a la agresividad del “moderno capitalismo de estado autocrático”, o sea, de China.

El texto resume en palabras la política que Blinken ha conocido desde siempre y de la que ha formado parte, desde el bombardeo de la antigua Yugoslavia en 1999 hasta las incursiones de la OTAN en Libia en 2011, pasando por Afganistán y luego Irak en 2002 y 2003, hasta el apoyo logístico en 2015 a Arabia Saudita en su ofensiva, tan sangrienta como empañada por los crímenes de lesa humanidad en Yemen, decidida bajo Obama y ampliada por Trump, sin olvidar el amplio uso de los aviones teledirigidos y los crímenes de guerra, el programa de torturas de la CIA…

Pero Blinken, como Zaplana, también está en las cloacas políticas para forrrarse, por lo que queda por explicar la parte industrial: en 2018 fundó una empresa de consultoría de negocios, WestExec. Está a medio camino entre la venta de armamento y las empresas de alta tecnología, que cada vez parecen lo mismo.

En WestExec está también Michèle Flournoy, que posiblemente acabará al frente del Pentágono, convirtiéndose en la encargada de justificar -por primera vez- las intervenciones militares con la ideología de género.

(*) Anthony Blinken y Robert Kagan: America First is only making the world worse. Here’s a better approach (“América primero” hace que el mundo sea más malo. Veamos una aproximación mejor), https://www.washingtonpost.com/opinions/america-first-is-only-making-the-world-worse-heres-a-better-approach/2019/01/01/1272367c-079f-11e9-88e3-989a3e456820_story.html

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