La web más censurada en internet

Día: 20 de noviembre de 2020 (página 1 de 1)

Las nuevas vacunas rentabilizan las inversiones de las multinacionales farmacéuticas

De las nuevas vacunas contra el coronavirus sabemos dos cosas fundamentales. La primera es que se trata de una técnica nueva que convertirá a la vacuna en un experimento masivo sobre la población cuyas consecuencias se desconocen. La segunda es que a las empresas que las fabrican las han eximido de cualquier responsabilidad.

Hasta el inicio de la pandemia, la empresa de cabecera en esta nueva técnica era la empresa Moderna, aunque a partir de la declaración de la OMS todas las demás se han lanzado a la misma carrera.

Ya hemos expuesto en otras entradas que Moderna es una empresa financiada por el Pentágono y que sus vacunas, y las demás, son un asunto militar, exactamente igual que cualquier tipo de armamento, como el nuclear sin ir más lejos.

En la carrera por la nueva técnica la multinacional Pfizer ha entrado de la mano de Biontech, una pequeña empresa con sede en Maguncia, Alemania, dirigida por un matrimonio turco, Uğur Şahin y Özlem Türeci, que hasta enero de este año se dedicaba a la investigación del tratamiento del cáncer basado en el ARNm, es decir, la misma que ahora quieren trasladar al coronavirus.

El acuerdo de Pfizer con Biontech se firmó en febrero del año pasado para desarrollar vacunas basadas en ARNm para la prevención de la gripe. Pero Biontech tiene muchos vínculos con otros monopolios farmacéuticos y de biotecnología, como Bayer, Genentech, Sanofi, Genmab, Eli Lilly, Roche…

Lo mismo que Moderna, una parte del capital de Biontech procede de la Fundación de Bill Gates, según el diario alemán Handelsblatt: “La Fundación Gates ha invertido unos 50 millones de euros en la empresa biotecnológica Biontech, con sede en Mainz. El dinero se utilizará para la investigación de vacunas contra el VIH y la tuberculosis”, decía el periódico en septiembre del año pasado (*).

Todos los dirigentes de Biontech proceden de grandes multinacionial del mercado farmacéutico. El director general de Biontech es Sean Marett, que trabajó anteriormente en el departamento comercial de GlaxoSmithKline en Estados Unidos y de Pfizer en Europa, así como en Evotec y Lorantis. El doctor Sierk Poetting, director financiero de la empresa, se unió a Biontech en 2014 procedente de Novartis. El director de estrategia, Ryan Richardson, fue director del equipo de inversión en salud del banco J.P.Morgan en Londres, donde asesoraba a empresas de biotecnología en fusiones y adquisiciones.

El interés de las multinacionales por las vacunas se disparó hacia 2005, cuando se produjo una ola de adquisiciones de pequeños y medianos laboratorios, tanto farmacéuticos como biotecnológicos. La competencia entre los principales monopolios se intensificó y el mercado de vacunas fue visto como una apuesta segura.

A finales de 2006 Pfizer compró la empresa británica PowderMed. En el comunicado oficial la multinacional decía que “la tecnología única de vacunas de ADN de PowderMed es particularmente prometedora” y que “su gama de vacunas candidatas para la gripe y las enfermedades virales crónicas podría tener un gran potencial”. Novartis entró en el negocio de las vacunas al adquirir el 56 por ciento de Chiron, mientras que GlaxoSmithKline amplió su base de vacunas al adquirir la empresa canadiense ID Biomedical.

Sólo faltaba una pandemia para rentabilizar aquellas inversiones y multiplicar los beneficios con la venta masiva de vacunas.

(*) https://www.handelsblatt.com/technik/medizin/hiv-und-tuberkulose-impfstoffe-bill-und-melinda-gates-investieren-in-deutsche-biotechfirma-biontech/24978960.html

Más información:
– 6.000 millones de dólares de dinero público en la carrera por las vacunas contra el coronavirus (Operación Velocidad Punta)
– Los efectos adversos de la nueva vacuna de Pfizer contra el coronavirus
– Los fraudes sanitarios jalonan la historia de la multinacional farmacéutica Pfizer
– Muere de covid una de las cobayas que participaba en los ensayos de la vacuna contra el covid
– ‘La bolsa o la vida’ (las vacunas no se inventan para salvar vidas sino para especular en la bolsa)
– Las vacunas están más cerca de la bolsa que de la salud

Los antivacunas son ‘terroristas peligrosos’ (en Gran Bretaña la guerra sicológica también se prepara)

El responsable británico de la lucha antiterrorista, Neil Basu, no admite que las personas critiquen las vacunas contra el coronavirus, porque se trata de desinformación que amenaza la vida humana.

La libertad de expresión ya no importa porque la pandemia lo devora todo, hasta la vergüenza. El más mínimo asomo de duda al respecto es un caso que incurre en la etique de “extremismo”.

No se escapa nadie, aunque Basu aún no ha llegado a exigir abiertamente la aprobación de una ley que prohiba criticar las vacunas. Se limita a pedir “un debate nacional” para ir calentando el ambiente contra los antivacunas.

El miércoles durante una rueda de prensa, el campeón de la lucha antiterrorista se metió donde no le llaman para expresar su preocupación por el “fuerte aumento del material extremista en línea en los últimos años”.

El IRA se ha acabado, pero no la necesidad de buscar enemigos por donde sea. En Gran Bretaña ha surgido una “nueva y preocupante tendencia de radicalización de los jóvenes”, dice Basu. Los extremistas islámicos y los grupos de extrema derecha recurren a “falsas afirmaciones sobre el coronavirus” para radicalizar a sus seguidores.

Basu va tan rápido a la yugular que hasta los medios de comunicación han reaccionado en su contra. Se ha pasado de rosca y si la criminalización de cualquier clase de crítica a las vacunas no se dosifica lo suficiente, puede resultar contraproducente.

Hasta los partidarios de las vacunas han empezado a quejarse en las redes sociales. Hay razones completamente legítimas para criticarlas, dicen algunos. Otros admiten que la decisión de vacunarse es (debe ser) una decisión personal, y no una imposición. Finalmente, muchos han quedado horrorizados porque Basu trate de liquidar la libertad de expresión, “sin importar las opiniones”. “¿Soy el único que encuentra esto más preocupante que el propio virus?”, pregunta un usuario en Twitter.

Pero Basu no habla por su cuenta. El orfeón de políticos, funcionarios y “expertos” que piden la censura e incluso la criminalización de los antivacunas empezó a cantar hace varias semanas. A principios de esta semana el Partido Laborista exigió al gobierno la adopción de una legislación de emergencia para imponer sanciones civiles y penales a las redes sociales que no eliminen inmediatamente los mensajes que cuestionen el axioma de que “las vacunas salvan vidas”.

A pesar de que aún no se aprobado ninguna vacuna, el Secretario de Salud en la sombra del Partido Laborista, Jonathan Ashworth, exigió al gobierno que “se ocupe de algunas de las peligrosas tonterías y disparates contra la vacuna que hemos visto difundirse en los medios sociales, que erosionan la confianza en la vacuna”.

Mientras tanto, el gobierno estudia la posibilidad de imponer códigos QR a las personas que se vacunen para poder asistir a actos multitudinarios, como los deportivos o culturales.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies