La web más censurada en internet

Día: 25 de septiembre de 2020 (página 1 de 1)

No hay campesinos desplazados por la guerra, hay una guerra para desplazar a los campesinos de sus tierras

Hace cuatro años, el 26 de septiembre de 2016, se firmó un acuerdo llamado “de paz” entre el gobierno de Colombia y las FARC que es “letra muerta” porque el terrorismo de Estado ni ha acabado, ni acabará.

Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, a finales del año pasado en Siria había poco más de seis millones de personas desplazadas a causa de la guerra que asola al país desde 2011. En Colombia la cifra es de ocho millones de refugiados internos. El país sudamericano sigue teniendo el mayor número de desplazados internos del mundo.

Desde principios de 2020, más de 16.000 personas han sido desplazadas. Pero si ahora hay “paz”, ¿cuáles son las causas de que continúen los desplazamientos? Porque no hay campesinos desplazadas a causa de una guerra, hay una guerra para desplazar a los campesinos de las tierras que cultivan.

La cuestión, pues, es y siempre ha sido la propiedad de la tierra, no la lucha armada. Una parte del acuerdo “de paz” habla de otro brindis al sol: la reforma agraria integral que, tras cuatro años después de la firma de los acuerdos es letra muerta: de los 6,5 millones de hectáreas despojadas en las décadas anteriores, han sido devueltas a los campesinos menos del 6 por ciento.

En Colombia hay un problema de clase camuflado bajo las vestimentas de los derechos humanos. Por ejemplo, desde 2017 el número de asesinatos de sindicalistas ha vuelto a aumentar.

En casi la mitad de los casos los autores de los asesinatos de sindicalistas no han sido identificados. De los que han sido identificados, la mayoría son paramilitares.

En 2019 fueron asesinados 66 miembros del pueblo nasa, una minoría étnica colombiana.

En 2019 la Fundación para la Libertad de Prensa registró 113 amenazas y 360 agresiones contra periodistas. En 2018 fueron asesinados 34 sindicalistas. Otros 14 murieron entre 2019 y principios de este año.

Colombia es el país donde la vida de un ecologista no vale nada. 212 personas fueron asesinadas en todo el mundo por defender su tierra o por oponerse a la destrucción de la naturaleza en 2019. De ellos, 64 eran colombianos.

El 26 de febrero de 2020 la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos presentó su Informe Anual sobre la situación en Colombia el año anterior, que describe un panorama sombrío. 36 ataques, que resultaron en la muerte de 133 personas – el número más alto desde 2014 – se registraron ese año. Además, 108 defensores de los derechos humanos fueron asesinados. La organización colombiana Indepaz, el 21 de agosto de 2020, contabilizó el milésimo dirigente social o defensor de los derechos humanos asesinado desde la firma del acuerdo “de paz” en 2016.

La “paz” ya ha llevado al cementerio a mil personas. A ese precio es preferible la guerra.

Cuba suspende la práctica de pruebas de coronavirus por su ‘poca eficacia’

El Ministerio cubano de Salud Pública (Minsap) ha ordenado la suspensión de la práctica de pruebas rápidas para detectar el coronavirus debido a la “poca eficacia” que tienen.

La doctora Yanelis Calviño Vega, jefa del Puesto de Dirección de Salud Pública de Holguín, aclaró que a partir de ahora se considerarán los criterios clínicos y epidemiológicos a la hora de buscar e identificar posibles “casos positivos”.

La médico de Holguín no especificó qué clase de pruebas rápidas eran las que el gobierno cubano estaba aplicando.

La decisión no ha sido anunciada de manera oficial por el Minsap pero explicaría lo observado por los médicos respecto a la detección de varios “casos positivos” sin vínculo alguno con casos detectados anteriormente.

Se desconoce cómo pueda afectar esta decisión a la situación epidemiológica del país en un futuro inmediato, pues hasta ahora el Minsap ha confiado en las pruebas rápidas para detectar casos sospechosos y aplicarles pruebas PCR en caso de dar positivo.

Pero algunas de las pruebas rápidas han llegado a tener un margen de error del 80 por ciento y el costo de los falsos positivos ha sido un factor importante que ha obligado al gobierno cubano a cambiar de criterio.

Los falsos positivos de las pruebas rápidas han multiplicado innecesariamente la realización de pruebas PCR, cuyo costo es de alrededor de 50 dólares.

Tras la detección de los primeros casos, a Cuba llegaron una gran cantidad de equipos médicos procedentes de varios países, así como de la Organización Mundial de la Salud y el Fondo de Población de la ONU.

En marzo el país caribeño cerró sus fronteras, permitiendo la entrada de residentes y la salida de los turistas que se encontraban en la isla.

El número de fallecimientos atribuidos al coronavirus en la isla ha ascendido a 108 desde el mes de marzo, una cifra absolutamente insignificante que no justifica las medidas políticas aprobadas por el gobierno de cara a la galería.

La segunda ola se ha trucado con pruebas de coronavirus que arrojan muchos falsos positivos, dice un científico

Las pruebas de coronavirus que, son muy poco fiables, se están utilizando para fabricar una segunda ola de la pandemia basada en nuevos “casos”, según el doctor Mike Yeadon, antiguo director científico de la multinacional farmacéutica Pfizer.

La mitad, por no decir “casi todas” las pruebas de coronavirus son falsos positivos, según Yeadon, quien fue vicepresidente de la multinacional durante 16 años. La unidad que dirigía era la que investigaba el asma y las enfermedades respiratorias. Tras dejar la farmacéutica fundó una empresa de biotecnología que fue adquirida por Novartis, otro gigante de la industria.

En una entrevista que concedió la semana pasada le preguntaron: “¿Estamos basando una política gubernamental, una política económica, una política de libertades civiles, en términos de limitar la gente a seis personas en una reunión… todo basado en, lo que podrían ser, datos completamente falsos sobre el coronavirus?”

Yeadon respondió afirmativamente con un simple “sí” (1).

“Sin los datos de las pruebas que se obtienen todo el tiempo en la televisión, se concluiría con razón que la pandemia ha terminado porque no ha sucedido nada importante. Por supuesto, la gente va al hospital a medida que se acerca la temporada de gripe de otoño… pero no hay evidencia científica de que sea probable una segunda ola”, añade Yeadon en la entrevista.

En un artículo publicado este mes, del que es coautor junto a dos de sus colegas, afirma que los datos correspondientes a Reino Unido, Suecia, Estados Unidos y el mundo en general muestran en todos los casos que las muertes aumentaron de marzo a mediados y finales de abril, para luego comenzar a disminuir gradualmente en una suave pendiente que se aplanó hacia finales de junio y continúa hasta el día de hoy. Sin embargo, los “casos” están aumentando y fluctuando hacia arriba y hacia abajo (2).

Se trata, pues, de una “epidemia de sanos” provocada por la proliferación de tests de muy escasa fiabilidad. “Es probable que más de la mitad de los positivos sean falsos, potencialmente todos ellos”, escribe Yeadon en su artículo.

La PCR se limita a detectar “simplemente la presencia de secuencias parciales de ARN presentes en el virus intacto”, que podría ser un trozo de virus muerto que no puede enfermar al sujeto, no se puede transmitir y no puede enfermar a nadie más.

“Un positivo verdadero no indica necesariamente la presencia de un virus viable. En los limitados estudios realizados hasta la fecha, muchos investigadores han demostrado que algunos sujetos siguen siendo positivos en la PCR mucho después de que haya desaparecido la capacidad de cultivar el virus a partir de las muestras. Lo llamamos ‘positivo en frío’ (para distinguirlo de un ‘positivo en caliente’, que es el que arroja una persona infectada con un virus intacto). El punto principal de los ‘positivos en frío’ es que no están enfermos, no tienen síntomas, no van a tener síntomas y, además, son incapaces de infectar a otras personas”.

El mes pasado otro artículo científico publicado en el BMJ volvía a recordar que las pruebas PCR son “muy poco fiables”, lo que altera las estadísticas epiodemiológicas, “entre ellas la proporción de asintomáticos, la prevalencia y las tasas de hospitalización y de mortalidad” (3).

Si siguen hablando de pandemia en base a los resultados de las pruebas PCR, no se acabará “nunca”, dice el profesor Carl Heneghan de la Universidad de Oxford, Director del Centro de Medicina Basada en la Evidencia de Oxford (4).

(1) https://www.youtube.com/watch?v=Ch7wze46md0
(2) https://lockdownsceptics.org/addressing-the-cv19-second-wave/
(3) https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.04.26.20080911v3
(4) https://www.spectator.co.uk/article/how-many-covid-diagnoses-are-false-positives-

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies