La web más censurada en internet

Mes: agosto 2020 (página 10 de 17)

El fin de un mito del capitalismo: el ‘milagro’ económico japonés de la posguerra

En el segundo trimestre el PIB japonés se desplomó en un 7,8 por ciento en comparación con el trimestre anterior, una caída histórica que marca un tercer trimestre consecutivo de contracción para la tercera economía más grande del mundo. La caída del 7,8 por ciento, según los datos preliminares publicados hoy por el gobierno, sigue a las caídas del primer trimestre (-0,6 por ciento) y del cuarto trimestre de 2019 (-1,9 por ciento), que marcaron la entrada del país en recesión.

Es la primera recesión de Japón desde 2015. También es la disminución más pronunciada del PIB del país desde que se introdujeron datos comparables en 1980. La economía del archipiélago ya estaba en mala forma desde el último trimestre de 2019 debido a una subida del IVA en octubre.

El consumo de los hogares disminuyó un 8,6 por ciento durante el trimestre, y la inversión de las empresas se redujo un 1,5 por ciento. El comercio exterior también se encontraba en un punto bajo, con una contracción de las exportaciones del 18,5 por ciento y de las importaciones del 0,5 por ciento (-5,4 por ciento y -4,2 por ciento respectivamente en el primer trimestre). La inversión pública, que había caído en el primer trimestre, aumentó sin embargo un 1,2 por ciento en abril-junio.

Para amortiguar el desplome económico, en la primavera el gobierno japonés estableció dos planes de estímulo de proporciones históricas, incluida una bonificación general de 100.000 yenes (unos 800 euros) para cada residente del país. Esta prima debería fomentar el consumo durante el verano.

Hace 30 años que la economía de Japón se hunde lentamente, así que también allá, donde el gobierno no ha impuesto el confinamiento, la bancarrota económica no tiene nada que ver con el coronavirus. Tampoco tiene que ver con la explosión de la central nuclear de Fukushima en 2011, el justificante habitual de la prensa en Japón para “explicar” la crisis.

Pero no sólo se hunde Japón; lo que se hunde es un mito: el del “milagro económico japonés”, la tercera economía más grande del mundo. En 1987 Forbes lanzó su famosa lista de los hombres más ricos del mundo y colocó a Yoshiaki Tsutsumi, un magnate de las propiedades inmobiliarias, en la cima. Detrás de él, otro japonés, Taikichiro Mori… En tercer lugar, otro japonés, Shigeru Kobayashi… Al pie del podio, otro japonés…

El 29 de diciembre de 1989 el índice japonés, el Nikkei 225, alcanzó su máximo histórico, cerca de los 40.000 puntos. Luego llegó la depreciación del dólar, ligada a los acuerdos del Plaza, provocando que la burbuja inmobiliaria estallara en 1991.

En 1997 a la crisis inmobiliaria se le sumó la financiera y empezó un período de deflación y estancamiento, la “década perdida”. Desde que Shizo Abe llegó al gobierno en 2012, la reestructuración del capitalismo no ha logrado ninnguno de sus objetivos.

Lo mismo que Europa, Japón es un país muerto en vida, y no sólo en el terreno económico. El envejecimiento es tal magnitud que a población podría empezar a disminuir en un 12 por ciento para 2040 y en un 30 por ciento para 2065.

El tiro en la nuca lo daba el CESID: el caso de Lutxi Urigoitia

El 22 de julio de 1987, una unidad especial de la Guardia Civil asalta un piso del barrio de Trintxerpe, en Donosti. Según la nota oficial: como consecuencia del tiroteo que se produjo en el interior de la vivienda, resultó muerta la militante de ETA Lucía Urigoitia. Según el atestado elaborado por los agentes, Urigoitia iba armada e hizo frente a los guardias.

Días después, el diario Egin publicaba la autopsia, que aclaraba que Urigoitia había recibido «dos disparos en dos momentos distintos» y que la bala que la mató fue disparada con el cañón de la metralleta «prácticamente tocando la piel», y el abogado de la familia, Iñaki Esnaola, consiguió la apertura de un sumario judicial para determinar de qué manera había muerto la joven, ya que todo indicaba que había sido ejecutada mediante un tiro en la nuca.

Aunque no figuraba en ningún documento, los guardias civiles que protagonizaron el asalto sabían lo que había pasado y también lo conocieron sus mandos en el cuerpo y en el Ministerio del Interior, según reveló posteriormente el ex director de la Guardia Civil, Luís Roldán. Como podía ser un descrédito para la lucha antiterrorista, alguien decidió que había que tapar los agujeros que podían llevar a demostrar que el tiro en la nuca lo daba el CESID.

Unidades especiales de la Guardia Civil entraron en el domicilio del juez para sustituir un proyectil por otro. En el laboratorio de balística se cambió secretamente el cañón y se manipuló un chaleco antibalas. Sin que nadie se hubiera enterado, habían desaparecido todas las pruebas que podían apoyar la versión del tiro en la nuca. De hecho, en octubre de 1990, el juez instructor dictó el sobreseimiento provisional de la causa, sin que hubiera motivos para que el abogado de la familia Urigoitia presentara recurso. Por no haber, no hubo ni denuncia de la desaparición de las pruebas por parte de los encargados de custodiarlas. Era todo una opereta.

En el CESID tenían cabal conocimiento de lo que en realidad había pasado. El 3 de noviembre de 1987, el jefe del Departamento de Acción Operativa, Alberto Perote, escribió una «nota interior», en la que informaba al director de todos los extremos de las actuaciones irregulares de la Guardia Civil, información que procedía de agentes del cuerpo destinados en el cuartel de Intxaurrondo.

¿Qué hizo el director o alguien del servicio secreto respecto al tema? Absolutamente nada. Según escribió Perote en el informe, «esta información parece ser que es conocida por el presidente del Gobierno, el ministro del Interior, Rafael Vera y alguna persona más«. Según el periodista Fernando Rueda, autor del libro «Las Alcantarillas del poder», todo fue un acto al servicio del ocultamiento donde todas las estructuras del Estado estuvieron involucradas.

Las autopsias sobre 140 muertes atribuidas al coronavirus en Alemania confirman que los pacientes murieron por otras causas

El forense alemán Klaus Püschel ha examinado más de 140 muertes por coronavirus en Hamburgo en las últimas semanas. Dijo en la televisión alemana que la histeria que rodea al virus ha sido exagerada. Todas las personas que han muerto tenían enfermedades previas y habrían muerto rápidamente de todos modos, con o sin el virus, dijo Püschel, y agregó que no existe un «virus asesino«.

«Esto puede sonar duro, pero todos habrían muerto este año«, dijo el profesor del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf. El 80% de los pacientes padecían enfermedades cardiovasculares y la edad media era de 80 años.

Las personas sanas no tienen que preocuparse, dice Püschel . “No es un virus asesino del que muchos morirán. No podemos protegernos de todo. Este virus tampoco es necesariamente una sentencia de muerte para los ancianos y los enfermos. La mayoría sobrevivirá a la enfermedad«.

El forense también predijo que el coronavirus ni siquiera provocará un aumento en la tasa de mortalidad anual.

Añadió que muchos pacientes que murieron y que su muerte fue atribuida al coronavirus eran muy ancianos, fumaban o tenían afecciones subyacentes como diabetes.

Püschel es una figura de relevancia en el campo médico de Alemania, y en especial, en las ciencias forenses. Los grupos de trabajo dirigidos por Klaus Püschel y Stefan Kluge lograron detectar en los últimos meses que múltiples trombosis venosas y embolias pulmonares fatales en pacientes fallecidos fueron la causa de muertes inicialmente atribuidas al COVID-19. De esto resultó que no fue la neumonía relacionada con el virus y la interrupción resultante del intercambio de gases, sino más bien la insuficiencia cardíaca debido a la obstrucción extensa de la circulación pulmonar por embolias pulmonares la que ha sido responsable de una gran proporción de muertes.

Hezbollah sugiere que Israel ha participado de la explosión del puerto de Beirut

El secretario general de Hezbollah, Hassan Nasrallah, dijo el viernes que su organización «no guardará silencio sobre el crimen de bombardear el puerto de Beirut si se demuestra que Israel está detrás».

En su discurso con motivo del aniversario de la guerra del Líbano en 2006, Nasrallah dijo: «Hezbollah no tiene información sobre la explosión del puerto de Beirut«.

Reflexionó que hay simplemente dos posibles explicaciones de las causas de la explosión del puerto de Beirut, a saber, que fue accidental o un sabotaje.

Si se demuestra que la causa de la explosión del puerto de Beirut es un sabotaje, habrá que empezar una investigación acerca de quién está detrás de él.

Explicó que si Israel está vinculado a la explosión en el puerto, no se llegará a la verdad a la luz de la participación del FBI en la investigación en curso.

El secretario general de Hezbollah enfatizó que “lo más peligroso sería que detrás de una calamidad nacional de esta magnitud, hubiera un proyecto para derrocar al estado libanés, quiero que empuje al para empujarlo a una guerra civil”.

«Hezbolá está preocupado por la seguridad directa de la resistencia y no podemos asumir la plena responsabilidad de la seguridad nacional«, emplazando al Ejército libanés a contribuir en la defensa de la soberanía.

No es el primer dirigente de relevancia que apunta al Estado sionista. Días antes, el exministro del Interior, Nohad Machnouk declaró que «Esta operación fue realizada de manera clara y explícita por Israel«, haciéndose eco de las sospechas de segmentos de la ciudadanía libanesa.

La economía de Turquía se argentiniza y se desata una fiebre del oro

La lira turca se ha hundido frente al dólar y el euro, cayendo de las 3 liras por dólar, a un mínimo histórico de 7,37 la semana pasada, después de un breve intento de imponer el control de cambios por parte de Erdogan y que fracasó estrepitosamente a finales de julio.

A medida que la moneda implosiona y el capital financiero se prepara para dar un golpe de Estado a Erdogan, varios mensajes oficiales han desalentado a los turcos realizar compras de dólares, lo que ha llevado a miles de pequeños ahorristas a refugiarse en el oro.

Según una nota difundida por Reuters, puede haber hasta 5.000 toneladas de oro «debajo de los colchones«, y se agregarán más después de la reciente ola de compras, tal y como dijo Mehmet Ali Yildirimturk, subdirector de una tienda de oro en Estambul.

«Los lugareños no quieren quedarse con la lira turca, han estado dolarizando y comprando oro. Esto es una novedad. Los turcos casi nunca han hecho eso históricamente«, dijo Shamaila Khan, jefa de estrategia de deuda de mercados emergentes en AllianceBernstein, con sede en Nueva York. «Es por eso que el país necesita políticas proactivas porque si llega a esa etapa en la que los lugareños no están dispuestos a mantener su dinero en el banco, entonces el país se dirigirá a una crisis de balanza de pagos. Ahí es cuando las alarmas comenzarán a sonar«.

Para detener las corridas bancarias, algunos bancos impusieron tarifas a los retiros esta semana, mientras que el banco central ha frenado los canales de crédito baratos que había abierto para aliviar las consecuencias del coronavirus. Pero lo cierto es que no parece haber síntomas de confianza entre los ahorristas, y la perspectiva recuerda cada vez más a la situación de Argentina previa al estallido de diciembre de 2001.

Los científicos recomiendan a los gobiernos que dejen de hacer tests de coronavirus

Un informe de la oficina científica del gobierno británico, publicado en junio por Sage, estima que la tasa de falsos positivos puede llegar al 2,3 por ciento.

No obstante, un estudio reciente de la revista British Medical Journal (BMJ) indica que la tasa de falsos positivos es aún mayor, alrededor del 5 por ciento.

Por su parte, un equipo de microbiólogos escoceses confirma en otro artículo publicado por la misma revista que, en efecto, la tasa de falsos positivos es mayor en un contexto, como el actual, de baja prevalencia de la epidemia.

Los científicos recomiendan, en consecuencia, que los gobiernos pongan fin a los tests masivos, porque carecen de sentido en este momento, ya que contribuyen a crear la ilusión de una epidemia y dan lugar a medidas contraproducentes (*).

“Las pruebas de detección a gran escala en épocas de baja prevalencia pueden hacer más mal que bien y algunas de estas estrategias deben suspenderse temporalmente”, afirman en su artículo.

Los científicos escoceses señalan que la especificidad de las pruebas PCR depende del nivel de exigencia que se le pide. Dan resultados positivos cuando el sujeto ya no tiene la enfermedad, es decir, crea una impresión falsa de infección.

De esa manera, la epidemia es el cuento de nunca acabar porque cuantas más pruebas, más falsos positivos, más brotes, segundas y terceras olas.

(*) https://www.bmj.com/content/369/bmj.m1808/rr-22

La polémica de la ciencia española

En 1876 el krausista Gumersindo de Azcárate publicaba una serie de artículos en uno de los cuales hacía mención del papel negativo que, a su modo de ver, había desempeñado la intolerancia sobre nuesta cultura. Sus palabras exactas fueron: «Según que, por ejemplo, el Estado ampare o niegue la libertad de la ciencia, así la energía de un pueblo mostrará más o menos su peculiar genialidad en este orden, y podrá darse el caso de que se ahogue casi por completo su actividad, como ha sucedido en España durante tres siglos».

Lo que afirma Azcárate -en La Revista de España– es que cuando el Estado no ampara la libertad no puede darse un desarrollo científico y eso es lo que ha ocurrido en España durante los tres últimos siglos. Esta afirmación que, en principio, carecía de mayor trascendencia -hubo anteriores artículos verdaderamente «duros» a este respecto, como los de Gaspar Núñez de Arce o el matemático y futuro Nobel de Literatura José Echegaray-, al menos Azcárate no se la quiso dar, no pasó inadvertida para otros celosos y vigilantes ojos. Un catedrático de la Universidad de Valladolid, Gumersindo Laverde, escribió a su joven amigo (de veinte años) Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) haciéndole ver que el aserto de Azcárate constituía una ofensa contra la religión católica a la que acusaba de haber cercenado toda actividad intelectual en España durante los siglos XVI, XVII y XVIII (en realidad, Azcárate estaba pensando en el XVII, XVIII y XIX).Por ello, le instaba a escribir una réplica. Es la llamada «segunda polémica de la ciencia española».

Menéndez Pelayo elabora un trabajo donde no sólo defiende a la Iglesia española, sino que rechaza que la Inquisición hubiera ejercido una acción negativa en el terreno cultural; es más: la defiende como una institución que preservó el espíritu genuino del pueblo español.Como ruido cósmico de fondo estaba la primera polémica habida en 1782 cuando el enciclopedista Masson de Morvilliers, a la pregunta ¿qué se debe a España?, contestaba que la aportación de España a la ciencia era prácticamente nula. Más que un ataque general a España, Masson hacía una crítica a las instituciones feudales absolutistas y al Antiguo Régimen, imperantes en España.Si esta polémica dividió a España, la España instruida, se sobreentiende, entre los renovadores y los partidarios de la tradición, como trasfondo ideológico, la segunda polémica lo hizo entre quienes pensaban, como Manuel de la Revilla, Salmerón, Núñez de Arce, Vidart (militar), que la intolerancia religiosa había asfixiado la actividad intelectual desde el siglo XVI, y quienes, como Menéndez Pelayo, Laverde, Juan Valera, Leopoldo Alas («Clarín») y otros, negaban la mayor, es decir, entre partidarios del progreso, como los krausistas, positivistas y neokantianos, y partidarios de la reacción, como el neotomismo que veía en la escolástica el principio y fin de lo mejor de la intelectualidad española de todos los tiempos; incluso criticaron a Menéndez Pelayo por no condenar el Renacimiento que veían como paganizante.La entrada del darwinismo ya sería el non plus ultra.

Controversias de análogas características tuvieron lugar por las mismas fechas en otras latitudes, no fue un fenómeno privativo de la piel de toro. Pero no hubo eruditos de talla como Menéndez Pelayo que reivindica, sin medias tintas, la intolerancia propia de espíritus valientes (que ratificaría en su «Brindis del Retiro» en 1881 en homenaje a Calderón), el dogmatismo, pues la verdad ha sido revelada por la Providencia, o el rechazo a lo extranjero (krausismo, positivismo), ya que de él vienen los males. Para el montañés (nació en Santander donde también murió con 55 años), ciencia y teología vienen a ser lo mismo, pero aquella subordinada a ésta.

Vayan esta pocas líneas como complemento de las cuatro entregas que hemos ofrecido, entre lo jocundo y lo ditirámbico, para solaz del lector avisado.

 

Excepto los muertos, todo es mentira en esta pandemia

Soy consciente que la tendencia general es endosar a Gobierno y comunidades autónomas ocultamiento, por subestimación, del verdadero número de fallecidos por Covid-19. No comparto totalmente este enfoque y, por el contrario, considero que las defunciones por Covid-19, incluso en infectados “confirmados” (30% de falsos positivos posibles, Sin Hang Lee, “Journal of Geriatrics and Rehabilitation”, 17/07/2020), son menos que las oficiales. Si cabe, esto es aún más grave al apuntar a muertes en exceso de personas no infectadas, fragilizadas y desatendidas. La mayoría de exceso de muertes (respecto a la media de defunciones del mismo periodo de los últimos años) se debe a otras causas.

En primer lugar, el «syndrome de glissement-abandon» (dejarse ir) o muerte «psychogène» (Jean Carrié, 1952) en personas mayores que durante la epidemia se sintieron, con razón o sin ella, traumáticamente abandonas a domicilio, hospital o residencias (fallecen en tres semanas); en segundo lugar, el terror a infectarse en el hospital de personas con patologías graves, para todos los efectos huidas, que al no recibir seguimiento, intervención ni atención urgente fallecieron (y las que fallecerán).

Así las cosas, del Informe n°36 del Centro Nacional de Epidemiología (CNE), “Situación De Covid-19. Casos diagnosticados a partir 10 de mayo” obtenemos conclusiones demoledoras relativas a la estrategia y directrices de política sanitaria impuestas por el Gobierno y CC.AA. en aras de minimizar el número de muertos causados por la epidemia en curso. Se trata de una encuesta epidemiológica de casos confirmados. Abstracción hecha de falsos positivos, los casos reales, de haberse hecho más test, serían a buen seguro el doble lo cual haría caer mecánica e imparablemente la tasa de letalidad al 0,3%-0,4%.

En la Tabla 4 del susodicho informe (distribución por grupos de edad) confeccionada por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) con los casos de Covid-19 por nivel de gravedad notificados a Renave con inicio de síntomas y diagnóstico posterior al 10/05/2020 (23/07/2020, fecha de la extracción de datos) se observa que hubo en total 228 defunciones por 35.482 infectados. Obtenemos una tasa de letalidad de 0,6% (228/35.482=0.006=0,6%). Esta tasa discrepa incontestablemente de la que se obtendría para la población general con el número de fallecidos (casi 45.000 confirmados y sospechosos) por Covid-19 estimados por nuestros colegas de «El País» (26/07). EP, Johns Hopkins University, INE, SCIII, deben revisar sus cifras, al copiarse entre sí repercuten los errores. Hay que orientarse siempre por la tasa de letalidad. La pertinente es la aquí calculada (por exceso).

Un primer estudio (26/04) de cuatro investigadores universitarios estimó la tasa de letalidad española en 3,1% contabilizando aproximadamente 38.000 fallecidos en cálculo deslizante. El Ministerio de Sanidad, en el momento de la publicación de la insostenible investigación, proponía 23.822 muertos (28/04). La discrepancia provenía de considerar fallecidos por Covid-19 prácticamente todas las muertes en exceso a partir de los informes del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) elaborados por el ISCIII. Los cálculos eran tan chocantes que con 32 infectados obtenían un fallecido. El estudio nacional de seroprevalencia llevado posteriormente a buen término por el ISCIII es más solvente pero también adolece de graves limitaciones a pesar de haber sido publicado por «The Lancet» (6/07/2020).

Los autores del estudio lo reconocen elegantemente. La tasa de letalidad que obtienen sigue siendo excesivamente elevada (1,14%). Sin embargo, al haber confirmado el estudio del ISCIII la elevada seroprevalencia del personal sanitario disponían de todos los elementos para una estimación robusta. Es cierto que un muestreo aleatorizado, representativo de la población española, debe tener en cuenta criterios de sexo, edad, categoría socioprofesional, región, renta, talla de la aglomeración, etc. Estos criterios no los cumple en su totalidad el colectivo de sanitarios pero se pueden aproximar bastante bien. Con cifras oficiales, la tasa de letalidad entre profesionales sanitarios (52.500 infectados hasta el 25 de junio) puede estimarse en el 0,13% para un rango de edad entre más de 20 y menos de 70 años. Si ponderamos con la tasa de letalidad para la población entre 0 y 20 años obtenemos aproximadamente una tasa de letalidad de 0,11% en el rango 0-70 años. Finalmente, teniendo en cuenta la tasa de letalidad de mayores de 70 años obtenemos una estimación global de 0,5%-0,6%, en consonancia con la que se desprende del informe del CNE arriba referenciado.

Viene ahora lo más inquietante. En la susodicha Tabla 4 se observa que solamente en los rangos 70-79 años y más de 80 se constatan más defunciones que estancias en la UCI. En los de más de 80 años el dato es aterrador: de 781 pacientes hospitalizados solo 20 pasaron por la UCI pero se registran 150 fallecidos. Con una prognosis correcta, dada la sintomatología tan brutal en fase severa (neumonías especificas y «tormentas de citocinas») es dudoso que los 130 pacientes hospitalizados, de más de 80 años, que fallecieron sin pasar por la UCI muriesen por el Covid-19. Habida cuenta que se los reportó infectados se les asignó esa causa de muerte. Además, una cosa es haber sido infectado por el Sars-CoV-2 y otra, bien distinta, morir de ello. Uno puede padecer cáncer y fallecer de un ataque al corazón o una peritonitis sobre todo si ha sobrepasado la esperanza de vida teórica. Entonces ¿de qué fallecieron? Fallecieron del “syndrome de glissement-abandon”: no es el virus el que mata sino la situación resentida. La tristeza, la pena, el desamparo que invade a los mayores en el hospital (o residencias o a domicilio) les resulta fatal, no el virus (o no siempre).

En síntesis, tomando en cuenta falsos positivos, tasa de letalidad discrepante con exceso de muertes por el Covid-19 (confirmadas y sospechosas), muertos por distintas dolencias que en vida, aterrorizados, no acudieron al hospital para no infectarse y fallecidos por “syndrome de glissement-abandon” estimo entre 20.000-24.000 los fallecidos directamente por Covid-19. Siguen siendo muchos, ciertamente, pero no son menos los no infectados que no supimos salvar.

https://www.abc.es/opinion/abci-juan-jose-calaza-excepto-muertos-todo-mentira-202008142141_noticia_amp.html

Más información:
– Dossier coronavirus

La desestabilización de Bielorrusia sigue el guión establecido

Miles de manifestantes se han reunido hoy en Minsk para protestar contra los resultados electorales que mantienen a Alexander Lukashenko en la Presidencia de Buelorrusia.

Las protestas se suceden desde que la oposición perdió las elecciones hace una semana.

Lukashenko ha hablado por teléfono con Putin sobre la situación. Unos minutos antes, el Presidente bielorruso dijo que quería hablar con Putin sobre la “amenaza” que se cierne sobre su país y “toda nuestra región”, una señal de que la tensión sigue siendo alta entre ambas partes.

El bielorruso sostiene que las manifestaciones ponen en peligro el Tratado de Unión entre Rusia y Bielorrusia. Según Lukashenko, su país se enfrenta a una “revolución de colores” como las que se han producido en Rusia y en otros países de la antigua URSS en los últimos 20 años, con “elementos de interferencia externa”.

No obstante, rechazó “toda mediación extranjera”, refiriéndose a un plan propuesto por Polonia, Lituania y Letonia, miembros de la Unión Europea vecinos de Bielorrusia. Washington y sus secuaces en Varsovia llaman al gobierno de Minsk a dialogar “con la sociedad civil”, en referencias a los caballos de Troya internos que ellos manejan.

La cabeza visible de dicho caballo es Svetlana Tijanovskaia, que se ha instalado en Lituania para dirigirt la desestabilización, desde donde ha convocado las manifestaciones de este fin de semana.

Es la Guaidó bielorrusa. Obtuvo en las urnas el 10 por ciento de los votos en la segunda vuelta y ha anunciado la creación de un comité para organizar el “traspaso de poderes” tras un “diálogo” con el gobierno actual.

Para acompañar la desestabilización, la Unión Europea ha acordado nuevas sanciones contra Minsk.

¡Amemus patriam! Serventesio patafísico a lo Jarry (y 4)

El nombre de Iberia no procede de Asia, como se ha dicho por ahí, sino de aquí: Megathenus, Josefo y Estrabón dicen que los íberos transportados a Oriente por Sesostris y Nabucodonosor dieron nombre a la Iberia Asiática, colonización española en el Cáucaso que citan también Apolodoro, Avieno, Prisciano y Sócrates el historiador. Hércules llevó una colonia de sicarios íberos al Palatino, que fue origen de Roma y dieron nombre a la Italia meridional de Sicania, hoy Sicilia; los oscos, amcos y euscos, que son los mismos vascos, formaron las tres confederaciones etruscas o vascas de Italia antes de la dominación gala. Hablando de vascos, fue Elcano de Guetaria quien diera la vuelta al mundo y, de paso, demostrara su redondez, en una nao de 102 toneladas, descuadernada, y que con 19 espectros llegan a Sanlúcar de Barrameda. ¿Descubrió Cook el archipiélago de las Sandwich? Rotundamente no: fue Gaetán, como Torres dio su nombre al Estrecho austral(iano). Los españoles del siglo XVI descubrieron la isla hawaiana de Honolulú, y no Cook (donde, por cierto, muriera de mala manera y peor postura). Fue Irlanda descubierta y civilizada por los españoles en tiempos de los celtas, que colonizaron Galicia, cuyo rey Breogán la señaló desde la gigantesca Torre de Hércules de La Coruña, verificando la segunda incursión San Vicente Ferrer, que bautiza con su nombre la tierra próxima al nefando islote de Blasket, tumba, ay, de la Armada Invencible. Las Canarias, en fin, fueron asimismo descubiertas por los navegantes catalanes de 1414. Pedro Ruiz remonta el Nilo y Páez la Abisinia siguiéndoles, después, a los cardadores de lana los ganadores de fama como Livingstone y Stanley. ¡Así se escribe la Historia, señores!

¿Le leyenda negra? Filfa, envidia. ¿Acaso fuimos nosotros quienes aguillotinaron a Lavoisier o encarcelaron a Galileo o Luis Vives, abrasaron a Servet, Bruno, Juana de Arco o Savonarola? ¿O amargaran la vida de Parmentier cuando propagaba la alimenticia patata por creerla causa de lepra y odiaron a Le Bon por haber descubierto el gas de alumbrado? ¿Hablamos de física? Bien, sépase que 72 años antes (nosotros siempre «antes»; el extranjero, a lo más, «perfecciona» lo nuestro) de que los hermanos Montgolfier, en 1709, se elevaran en globo, ya lo hizo Guzmán en su passarola o globo henchido de aire caliente ante la Corte de Lisboa. ¿Sería osadía decir que Torres Quevedo fue el Edison español, iniciador de la telemecánica? Se habló de Lindbergh, el aviador americano (un nazi, por cierto) y su hazaña, pero nadie de el capitán Jiménez y su «raid» París-Madrid en cinco horas y veinte minutos. O el vuelo del Plus Ultra con Franco (Ramón) y sus compañeros atravesando el Atlántico desde Palos a la Argentina. O Galarza que vuela hasta Manila. Juan de la Cierva inventa su autogiro que necesita poco espacio para aterrizar y esta es su ventaja. En química ahí está la Escuela de Vergara donde Elhuyar descubriera, junto con su hermano, el tungsteno o wolframio.

Me dicen que pare y no abrume y no siga, que tome aliento al menos. Mas ¡vivedios! que no callaré sin citar al catalán Eximenis quien estableciera una estigmatología criminal muchos siglos antes (1389) de Lombroso o la dactiloscopia perfeccionada por Oloriz y su obra sobre la identificación de los delincuentes. ¿No sería un crimen de lesa patria terminar este vademécum (?) sin nombrar al padre de la Toxicología el mallorquín Mateo Orfila? ¿Olvidaremos irresponsablemente a Seoane y Argumosa en su peritaje de 1855 relativo al famoso asunto de las llagas de Sor Patrocinio? Fue Vives, iniciador del psicologismo científico, quien tratando de vesania pide para los locos mejor trato y que no se les atosigue y martirice porque son enfermos. Hubo quien demostrara que fue el sabio catalán Mariano Cubí y Soler, frenólogo que impartiera lecciones en Barcelona y América, el verdadero precursor de Lombroso pues ya en 1840 exponía la teoría del criminal nato como hoy se descubre sin empacho ni repulgos el… «delito potencial» de quien tirando una piedra puede pasar a mayores. Ante todo, prevención.

¿Quienes creen ustedes que inventaron la camisa y el tenedor? ¡¡Nosotros!! Fue Jaime I el que ordenó la monda de cloacas y acequias y reglamentó las mancebías y Fernando VI declaró obligatorias las morberías (cuarentenas), hoy de triste actualidad, con motivo de una horrible peste del siglo XV. De ahí los hospitales de San Lázaro (lazaretos).

Resista el lector, haga un último esfuerzo y lea esto que sólo gente de escaso caletre tacharía de poca enjundia. Hablamos de cocina de la que hoy blasona tanto pazguato. Se habla de la «tortilla francesa»; pues bien, de eso rien de rien, ná de ná; la fórmula la dio Martínez Matiño, cocinero de Felipe IV, en 1637, llamándola «tortilla de Cartuja». Lo que pasa es que la invasión napoleónica les facilitó más platos nuestros por los completos recetarios de conventos como el de Alcántara y manuscritos regionales que usurparon, las noticias llevadas por la emperatriz Eugenia de Montijo, por Alejandro Dumas en su viaje (sopa de ajo, lengua estofada, gallina en pepitoria, pollo con tomate y pimiento, cocido madrileño, etc.). Los benedictinos tenían multitud de fórmulas para guisar perdices y faisanes, modo de aderezar el bacalao, su hígado de pato o foie-gras y sus trufas pasaron la frontera en el regreso napoleónico de 1807, el «consumido» o consommé, famosos sus chorizos sin rival, migas y gazpachos. ¿Se sabe que «nuestros» árabes introdujeron el higiénico uso de manteles y servilletas para las comidas, los pañuelos de hilo para sonarse, el lavatorio de manos antes y después de comer, la vajilla de cristal, los cubiertos, los helados, las confituras y los perfumes? ¿Y quién trajo de América la patata, el tomate, el pimiento, el chocolate y el cacao? ¡Nosotros, cojones! Como veo que pierdo decoro, lo dejaremos aquí. Vale.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies