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Día: 13 de agosto de 2020 (página 1 de 1)

Las grandes cadenas de comunicación se pasan al campo de los antivacunas… si proceden de Rusia

Lo venimos viendo desde el principio de la pandemia: en esta marea de locura que han desencadenado no hay ciencia, ni medicina, sino política (en el peor sentido de la palabra).El mundo suspira por una vacuna como si fuera su última esperanza, pero nunca imaginó que la primera procediera de Rusia, es decir, nunca imaginó que Rusia pudiera ser la primera en nada.

Todo lo que procede de Rusia y otros países del Eje del Mal es sospechoso y la vacuna no podía ser una excepción. El principio de precaución que rige la medicina no enciende las alarmas por la vacuna sino por su pasaporte. No hubiera ocurrido lo mismo si procediera de Estados Unidos o de una multinacional farmacéutica.

El pasaporte ha dado un giro completo a los discursos oficiales, que se han convertido en antivacunas rusas, o sea, están en el campo de los terraplanistas, conspiranoicos, negacionistas y demás.

El martes Putin anunció la primera vacuna diciendo a los periodistas que había vacunado a su propia hija. Los médicos y profesores serán los primeros en ser vacunados en Rusia y en enero del año que viene se extenderá a toda la población.

Las pruebas no se han completado, pero eso ya no es ninguna novedad. Estamos ante una carrera, casi una campaña electoral, donde todo son palabras y todo es publicidad, un coto en el que las cadenas de intoxicación se mueven como pez en el agua.

Pero la intoxicación no es la suya, sino la de Putin. El New York Times acusa al Kremlin de manipular las pruebas clínicas para hacer propaganda (1). El contraste con la doctrina previa es llamativo: “Las vacunas salvan vidas, protegen a nuestros hijos y son uno de nuestros mayores logros en salud pública”, dijo un editorial del New York Times en marzo de este año. “La desconfianza en una vacuna contra el coronavirus”, escribió el periódico en julio, “podría poner en peligro la extensión de la inmunidad”.

Hace unas semanas había muchas prisas. El New York Times atacó a Trump porque era necesaria una vacuna lo más rápidamente posible, la única esperanza en medio de una pandemia atroz.

Las prisas sólo son buenas si no proceden de Rusia, ha dicho el gran padrino Fauci.

The Guardian advierte que “las vacunas pueden ser sólo parcialmente efectivas” incluso después de estrictos ensayos clínicos. Incluso las más rigurosamente probadas pueden ser ineficaces en el mejor de los casos, o en el peor de los casos tienen horribles efectos secundarios (2).

Sin embargo, la semana pasada ese mismo periódico se burlaba de las madres antivacunas que creen en las teorías de la conspiración. Incluso estaban dispuestos a considerar como un éxito una vacuna “imperfecta”.

El Washington Post señala que “las vacunas podrían ser perjudiciales o dar a la gente una falsa sensación de seguridad sobre su inmunidad” (3).

Una portavoz del Ministerio alemán de Salud recuerda algo que no sabíamos: en Europa la autorización de una vacuna presupone, además de la prueba de su calidad, que sea segura y eficaz.

“Una vacuna suele tardar unos diez años en desarrollarse”, asegura 20 minutos.

Los expertos de pacotilla se suben al carro de los “nuevos antivacunas”. François Balloux, investigador del Instituto de Genética del University College de Londres, califica el anuncio de Putin como “inconsciente y sin sentido”, argumentando que una vacuna que no ha sido “debidamente probada” podría tener consecuencias desastrosas.

En Rusia la ciencia es diferente que en el resto del mundo. La investigación biomédica no se ha destacado en Rusia en los últimos años… Los científicos rusos no han seguido todos los pasos para validar su vacuna internacionalmente… Han barrido con todos los usos médicos aceptados…

Si por casualidad el resultado es positivo, el proceso para lograrlo pone fin a un consenso médico, histórico, centenario y aceptado por la comunidad científica, que requiere transparencia y el cumplimiento de un protocolo muy estricto.

Se están llenando la boca de adjetivos, algunos de los cuales nos suenan mucho: una decisión irresponsable, tonta y, sobre todo, peligrosa, no es fiable, una apuesta loca, demagógica, una caja de Pandora, un truco de propaganda, es posible que los rusos hayan manipulado los datos…

“La vacuna rusa llega envuelta en escepticismo”, dice La Vanguardia (4), de donde aprendemos que las vacunas tienen nacionalidad: pueden ser canadienses, peruanas, camboyanas o gallegas.

La eficacia de una vacuna depende, pues, de su origen. A partir de hoy empezaremos a leer este tipo de basura en las televisiones y la prensa española.

(1) https://www.nytimes.com/2020/08/11/world/europe/russia-coronavirus-vaccine.html
(2) https://www.theguardian.com/world/2020/aug/11/russia-approves-coronavirus-vaccine-despite-testing-safety-concerns-vladimir-putin
(3) https://www.washingtonpost.com/world/russia-unveils-coronavirus-vaccine-claiming-victory-in-global-race-before-final-testing-is-complete/2020/08/11/792f8a54-d813-11ea-a788-2ce86ce81129_story.html

(4) https://www.lavanguardia.com/ciencia/20200811/482788453551/vacuna-rusa-coronavirus-escepticismo-eficacia.html 

Más información:
– Dossier coronavirus
 

 

España, motor industrial de Europa

Bianchi

¡Amemus patriam! Serventesio patafísico a lo Jarry (II)


¡Y nosotros sin saberlo! ¡Inaudito! Tuvo que ser el propio Guicciardini, poco amigo de España, el que declarara que de nuestros puertos se exportaban lanas y sedas magníficas. En 1311 se constituye en Barcelona el gremio de curtidos -en París tres siglos después, para que se chinchen-; los cueros de Córdoba inician los famosos cordobanes. Plinio ensalzó ya nuestra tintorería con almagro, cochinilla, campeche y añil. La glíptica se conocía aquí seis siglos antes de Jesucristo sobre ágata, azurita o serpentina. ¿Mencionaré las ingeniosas máquinas ideadas por Juanelo Turriano? El alfabeto se inventó por Argantonio, monarca de los tartesios o turdetanos 650 años antes de Cristo. San José de Calasanz establece en el mundo la enseñanza primaria gratuita en 1550 al fundar el Colegio Mayor de la Presentación, trece años antes de que el Concilio de Trento acordase la creación de seminarios para estudiantes pobres. Los capellanes castrenses dirigen las Escuelas de analfabetos en los distintos Cuerpos del Ejército. Francisco de P. Martí, natural de Játiva, idea la taquigrafía española. ¿Quién enseña a los sordomudos en el siglo XVI sino fray Pedro Ponce? ¿Y a los ciegos? Alejo de Venegas.

Imaginaros por un instante que estáis en un concurso televisivo, y en lugar de preguntaros de qué color es el caballo blanco de Santiago, os dicen ¿no es cierto que Torres Naharro inventó 150 años antes que Boileau los preceptos poéticos? Y vosotros contestaréis que sí, que por supuesto, que faltaría más. Y acertaréis. ¿Hablamos de prosistas? Sería abusar, pero ¿se sabe que fue el cerebro pujante de Hervás y Panduro de dónde salió la filología comparada al establecer la familia de lenguas malayas y polinesias, mucho antes de Guillermo de Humboldt? Eso por no recordar que la crítica literaria nace y descuella con Vives, Fox Morcillo, Larra, y la histórica con Menéndez Pelayo quien, a todo esto, no le hacía ascos a pavonearse entre salones regios y aristócratas y otros de más bajo jaez. ¿Acaso se sabe algo de nuestra riqueza paremiológica (refranes, adagios) reproducida por Sbarbi y Haller? ¿Y qué me decís de la literatura enigmística cifrada en acertijos y adivinanzas? ¿Hablaré de la numismática de Antonio Agustino, del siglo XVI, cuyo libro aún pagaban los ingleses a peso de oro hace cien años?

Antes de pasar a otro interesantísimo capítulo de esta apasionante historia que humildemente redacto en provecho de los jóvenes -y jóvenas-, pido perdón por dejarme en el tintero los discursos del divino Arguelles, que superó a Mirabeau; de Donoso Cortés, que elegiría -decía-  a la noble dictadura del sable antes que a la del plebeyo puñal, y Ríos Rosas, de los Olózaga, Nocedal, Aparisi Guijarro, de un Castelar o Pidal, Moreto, Vázquez de Mella, de Martos, Cánovas, Silvela, Maura, Canalejas, pura escuela de Areópago. Por no remontarme a los españolísimos oradores Osio, Séneca o Quintiliano.

A riesgo de cansar al amable lector, pero honesto con él, no puedo dejar de decir que antes del siglo XII era ya famoso el Colegio de Música de Montserrat, modelo reproducido luego fuera de la Península. La cátedra salmantina daba profesores al extranjero y es aquí, en España, donde se idearon diversos instrumentos músicos o musicales. Por ejemplo, la guitarra, típica de los moros cordobeses, y que los latinos llamaran cítara hispana. El tambor es usado desde el siglo X, del árabe «al-tambor». La gaita, la dulzaina. El acordeón-clarinete fue tomado por los españoles de Manila. La chirimía es antiquísima.

Me salto, por obvio, la pintura y la escultura española para detenerse en la arquitectura y recordar que fue Cerdá quien motivara con su «Teoría general de la urbanización» la Ley de Ensanches de 1864. Fue de España, cómo no, que aprendieron Francia, Alemania, Inglaterra, Italia el empedrado de las calles, su vigilancia y limpieza, darles nombre, las chimeneas, acristalamiento de ventanas y canalones en los aleros. Ya Felipe II estableció el servicio de incendios, Carlos III, que pasa, y es verdad, por ser el modernizador de Madrid, el alumbrado público. También se inauguran las «ciudades-jardines». Y mientras, señores, Europa, en bragas. ¡Así se escribe la historia!

81.500 personas morirán en los próximos 50 años en Gran Bretaña como consecuencia del confinamiento (no del virus)

16.000 personas murieron en Gran Bretaña por falta atención médica del 23 de marzo al 1 de mayo, es decir, durante la etapa más cruda de confinamiento.

De ese total, 6.000 eran enfermos que estaban tan atemorizados que no se atrevieron a acudir a los servicios de urgencias. Hace pocas semanas la Universidad de Oxford descubrió que 5.000 pacientes con ataques cardíacos habían dejado de acudir al hospital entre los meses de marzo y mayo.

Las estimaciones son que 81.500 personas mueran en los próximos 50 años como consecuencia del confinamiento.

Son cifras oficiales. Han sido elaboradas por el Departamento de Salud, la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS), el Departamento de Actuarios del Gobierno y el Ministerio del Interior y se presentaron al Grupo de Asesores Científicos para Emergencias (SAGE) del gobierno a mediados de julio.

Los cálculos estiman, además, que 10.000 ancianos han muerto en los asilos después de un alta hospitalaria temprana y falta de acceso a la atención médica.

Otras 26.000 personas podrían morir dentro de un mes debido a las largas listas de espera para la atención médica no urgente causada por el confinamiento y el impacto de la recesión económica.

Otro informe del gobierno elaborado en abril, pero no conocido hasta ahora, abundaba en el mismo pronóstico.

En los próximos cinco años, 1.400 británicos podrían morir de cáncer a causa de un diagnóstico tardío.

Una trabajadora sanitaria advierte que los enfermos con cánceres tratables morirán a causa del “alarmismo” y de la reducción de los servicios de salud al tratamiento del coronavirus casi en exclusiva.

Varias organizaciones médicas vienen advirtiendo de los peligros a largo plazo del confinamiento y de la obsesiva dedicación del sistema de salud al coronavirus. Por su parte, el informe del gobierno afirma que cuanto más tiempo se desvíen las prioridades de los servicios médicos, mayor será el impacto que tendrá en la salud de la población.

El informe anterior del mismo equipo calculó que las muertes causadas por el retraso en la atención médica por el confinamiento podrían llegar a las 185.000.

https://www.dailymail.co.uk/news/article-8605885/Lockdown-killed-two-people-three-died-coronavirus.html

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