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Día: 30 de mayo de 2020 (página 1 de 1)

El ‘doctor confinamiento’ dimite por romper el confinamiento para echar una canita al aire

Volvemos a rebobinar el culebrón en donde lo dejamos, cuando el Imperial College de Londres fabricó uno de esos modelos informáticos de última generación para asustar al mundo entero e imponer el confinamiento a fin de evitar millones de muertos.

Dijimos que el artífice de aquella tonteoría era el doctor Neil Ferguson, un sujeto que lleva en su pecho muchas medallas académicas y distinciones, entre ellas la de cobrar de Bill Gates.

En Gran Bretaña a Ferguson le llaman “doctor confinamiento” y el montaje iba bien hasta que tuvo que dimitir por no respetar el confinamiento.

Ya saben Ustedes cómo va esto: las normas son para que las cumplan los demás, los de a pie. “Consejos vendo y para mí no tengo”.

Ferguson no sólo utiliza el ordenador para para fabricar tonteorías apocalípticas, sino también para ligar y así es como conoció a Antonia Staats, a quien invitó a pasar una dulce velada, olvidando las estrictas normas de confinamiento que han aprobado para el resto de los mortales.

¿Puso Ferguson en peligro su vida o sabe que el confinamiento no sirve para nada?, ¿qué opinan Ustedes al respecto?, ¿se imaginan a Fernando Simón echando una canita al aire?

Los que nos burlamos del confinamiento hemos sido tachados de irresponsables, pero ¿qué debemos decir ahora de quien lo ha impuesto?, ¿realmente Ferguson cree en el modelo epidemiológico que ha inventado o sabe que es una comedia?

Esta historia de amor epidemiológico no ha hecho más que empezar y la repugnante prensa británica se frota las manos cada día con el culebrón.

Algunos dicen que el gobierno de Boris Johnson no quiere asumir el fiasco de un modelo que no ha acertado ni una y de esta manera se han quitado de enmedio a Ferguson, arrojándole a los pies de los caballos.

Los gobiernos utilizan a los científicos como Ferguson a la medida de sus necesidades políticas y se deshacen de ellos de la misma manera, como si fueran piojos.

Lo bueno del escándalo, que fuera de Gran Bretaña permanece en un discreto silencio, es que está destapando algunos de los entresijos políticos y económicos de la pandemia.

Como el resto del mundo, el gobierno británico se enfrentaba a una crisis de superproducción sin precedentes que sólo se puede paliar con una destrucción masiva de fuerzas productivas.

De ahí vienen todas esas metáforas entre la pandemia y la guerra, que durante el siglo XX fue el medio fundamental de destrucción. La pandemia tiene algunas ventajas sobre la guerra. La primera es que crea una cortina de humo en torno a virus, enfermedades y tratamientos. La segunda es que no causa muertes sino que las evita.

El modelo de Ferguson pronosticaba medio millón de muertos que el confinamiento ha salvado y, en lo sucesivo, los que van a escribir la historia son los que se han librado de la muerte, así que lo más probable es que estén aliviados y agradecidos al gobierno de Johnson.

Serán los dos mantras de los portavoces del imperialismo en el futuro: la culpa de la crisis es del coronavirus (y de China) y hemos salvado cientos de miles de vidas gracias al confinamiento.

Los reformistas venderán la moto con su consigna de que “la salud está por encima de la economía”.

Los unos (capitalistas) y los otros (reformistas) ocultarán que por primera vez se han empezado a tomar decisiones a gran escala no en base a experiencias y datos contrastados del pasado, que es la única manera en la que se puede hablar de ciencia, sino sobre previsiones de lo que puede ocurrir en el futuro y que, por cierto, nunca ocurre.

Más información:
– Bill Gates financió el diseño del modelo epidemiológico fraudulento de coronavirus utilizado en Gran Bretaña y Estados Unidos

Relocalización, industria nacional y tambores de guerra imperialista

De un tiempo a esta parte, el fenómeno de la repatriación, relocalización industrial, o si ya te quieres poner del todo pedante, “reshoring” de empresas ha ido en aumento hasta el punto de que ya hay quienes aseguran que esto se ha convertido en tendencia (1).

En su fase imperialista, según Lenin, uno de los rasgos del capitalismo es que la “exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia excepcional”. Esto encajaba como un guante con los procesos de deslocalización industrial que adquirieron un gran impulso en las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado, como una forma de combatir la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia buscando abaratar costes en mano de obra, renta del suelo, etc.

Pero entonces, ¿esta tesis es errónea o el mundo está dando marcha atrás? ¿Este proceso no se está dando en absoluto? Ni una otra cosa ni la otra. Son varios los factores que favorecen ese “retorno” de empresas deslocalizadas sin que suponga retroceder al capitalismo de hace 50 años. Ya el mismo Marx hablaba de que la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia se encontraba causas que contrarrestaban dicha ley, a saber: el aumento del grado de explotación del trabajo, la reducción del salario por debajo de su valor, el abaratamiento de los elementos del capital constante, la superpoblación relativa, el comercio exterior y el aumento del capital-acciones.

Desde la crisis de 2008, la caída en picado de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera en los países imperialistas, así como el encarecimiento de los costes en los países de exportación de capitales fruto del desarrollo del capitalismo en esos mismos países, ha creado un terreno favorable para que las empresas retornen (2).

Pero no son estos los únicos factores a tener en cuenta, y aquí sí hay que tirar de Lenin, y es que igual de importante es la cuestión del reparto territorial del mundo entre las grandes potencias: ante un previsible nuevo reparto que necesariamente se lleva a cabo mediante la guerra, las potencias deben ante todo salvaguardar los capitales que se encuentran exportados, y ante la incertidumbre de si pondrán mantener las “esferas de influencia” (condición necesaria para realizar las exportaciones y que requiere de un gran despligue militar y diplomático) como hasta ahora, tenderán a refugiarlos sobre territorio “seguro”. Ni el imperialismo, ni la exportación de capitales que le caracteriza sigue un desarrollo histórico lineal, sino en espiral, lo que hace que este reflujo sea aparente y transitorio hacia ese nuevo reparto.

Según el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (3), en el periodo comprendido entre 1990-2000 el aumento de inversión extranjera mundial (IED) fue del 21 por ciento, mientras que entre 2000-2007 fue de un 8 por ciento. En el 2008-2019 solo hubo una variación positiva del 1 por ciento. La IED lleva en caída libre desde 2015, sufriendo un descenso en 2018 del 13 por ciento y previsiblemente la “la crisis del coronavirus” continúe haciéndola descender en picado, lo que ya empiezan charlatanes y economistas vulgares a bautizar como la “desglobalización” (4).

Trump (el de “make america great again”, el “nacionalista”) es una de las consecuencias de esta tendencia, la cual es previa a su ingreso en la Casa Blanca en enero de 2017. Un camino que siguen prácticamente todos los países y que demuestra lo poco que importa cómo se definan a sí mismos o se etiqueten a los políticos burgueses. Un ejemplo claro de esto lo dio el “liberal” Macron el martes pasado: anunció un plan de ayudas al sector automovilístico francés por valor de 8.000 millones de euros (5), con la condición del compromiso por parte de PSA y Renault de repatriar su producción.

Siguiendo el guión dictado, el Jefe de Estado francés expuso que debido a la pandemia, el sector ha sufrido una parálisis brutal. “Con excepción de los tiempos de guerra, es lo nunca visto”, dijo en su comparecencia. Esto, en román paladino, quiere decir que efectivamente nos encontramos en tiempos de guerra. La crisis capitalista ha estallado: el edificio de las alianzas y los acuerdos construidos hasta ahora entre las potencias imperialistas empieza a arder, y cada país intenta salvar sus muebles. España sin embargo, quemó gran parte de sus muebles para ingresar en el edificio y ahora pretende improvisarlos con llamamientos a desarrollar una “industria nacional”.

“La guerra universal es inminente, y la guerra significa también la revolución”, citaba Lenin de Kautsky (6). Esta situación de crisis capitalista va a acrecentar sin lugar a dudas las contradicciones entre la clase obrera y los capitalistas, y va a provocar (ya lo está haciendo) un aumento importante de la conflictividad social. A fin de cuentas las revoluciones que dieron origen a la Unión Soviética y a las Repúblicas Populares están ligadas a la I y II guerra mundial respectivamente. Pero no pasemos por alto una cuestión, el proletariado extrajo de esos acontecimientos importantes lecciones sí, pero también lo hizo la burguesía imperialista que va a intentar por todos los medios evitar que se produzcan levantamientos en ese sentido.

Hay una diferencia clara, y si no lo es conviene aclararla, entre aquello que va a provocar un aumento de de las contradicciones sociales, y las medidas adoptadas para tratar, en la medida de lo posible, aislar y neutralizar los futuros focos de descontento. La oportuna “crisis sanitaria” y las medidas que se desprenden de ella operan en ese sentido, y que las principales potencias hayan adoptado líneas semejantes (aunque España en el apartado represivo se lleva la palma siempre) reside en la convergencia de todos estos países en su interés en la represión de su clase obrera y la pacificación interna. El rearme, el chovinismo y la militarización de la sociedad han adoptado formas particulares y en absoluto evidentes en cada época histórica, y los revolucionarios tuvieron que ponerse a denunciarlas y desenmascararlas para poder dirigir sus respectivas revoluciones.

Actualmente ese papel lo están jugando los pretextos sanitarios. Hoy, por poner un ejemplo práctico, ante que los obreros de Nissan y Alcoa se vean obligados a
desarrollar una lucha a cara de perro por defender sus puestos de trabajo y sus medios de vida no caben medias tintas sobre si conviene o no respetar la “distancia social”. Ellos no seguirán esa “nueva norma” porque la situación les obliga a concentrarse y manifestarse como ya lo están haciendo (7)(8), pero aquí la norma de la “distancia social” cumple la misma función que un cordón policial en una manifestación; su objetivo no es disuadir a quienes ya se manifiestan, si no a quien podría unirse o seguir el ejemplo. Quien esté con la clase obrera deberá brindarles todo su apoyo, político y moral, y promover y practicar el acercamiento social y físico a sus protestas.

No es ninguna casualidad que las consignas elegidas por el régimen como “Este virus lo paramos unidos”, “Quédate en tu casa” o la necesidad del “distanciamiento social”, sean la antítesis de las que han acompañado al movimiento obrero y popular en cada una de sus manifestaciones. El contagio que realmente temen es el de la lucha.

(1) https://logicoach.es/reshoring-y-nearshoring-la-relocalizacion-se-convierte-en-tendencia/
(2) https://www.abc.es/economia/abci-fabricas-fueron-espana-crisis-regresan-calor-bajos-salarios-201909220224_noticia.html
(3) https://unctad.org/es/Paginas/PressRelease.aspx?OriginalVersionID=514
(4) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52155208
(4) https://www.lavanguardia.com/economia/20200527/481422907283/macron-anuncia-ayudas-8000-millones-euros-sector-automovil.html
(5) Chovinismo muerto, socialismo vivo. Lenin 1914
(6) https://www.elconfidencial.com/multimedia/video/espana/2020-05-28/nissan-trabajadores-protesta-planta-barcelona_2614871/
(7) https://www.galiciapress.es/texto-diario/mostrar/1973420/trabajadores-alcoa-san-cibrao-lugo-comienzan-barricadas-movilizaciones-contra-despidos

‘El coronavirus estaba al borde de la extinción cuando se impuso el confinamiento en Noruega’

La epidemióloga noruega Camilla Stoltenberg

Con los datos observados -cifras de hospitales, número de infecciones, etc.- Noruega está en condiciones de pintar un cuadro de lo que pasó antes del confinamiento y su último descubrimiento es bastante significativo. En marzo nadie sabía realmente cómo iban a resultar las cosas. Se temía que el virus se propagara y que cada persona infectara a su vez a otras dos o tres; también se afirmaba que sólo el confinamiento podía reducir la tasa de crecimiento exponencial (llamada número R) a un nivel seguro de 1. Esta es la hipótesis presentada en varios gráficos por el Imperial College de Londres para Gran Bretaña, Noruega y varios países europeos.

Pero los noruegos han publicado un informe con una conclusión sorprendente: el virus nunca se ha propagado tan rápido como se temía y ya estaba al borde de la extinción cuando se ordenó el confinamiento (*). “Parece que la tasa de reproducción efectiva ya había descendido a alrededor de 1,1 cuando se aplicaron las medidas más estrictas el 12 de marzo, y que no habría sido necesario mucho para reducirla a menos de 1… Hemos visto en retrospectiva que la infección está disminuyendo ahora”.

El gráfico con el número R en la escala de la derecha es el que se muestra abajo.

Esto plantea una pregunta incómoda: ¿era necesario el confinamiento?, ¿qué logró que no se pudiera lograr con un distanciamiento social voluntario? Camilla Stoltenberg, directora del Instituto Noruego de Salud Pública, concedió una entrevista en la que es franca sobre las implicaciones de este descubrimiento: “Nuestra evaluación actual -y encuentro que hay un amplio consenso sobre la reapertura- fue que probablemente se podría lograr el mismo efecto -y evitar algunas de las desafortunadas repercusiones- si no se confinaba. Pero, en lugar de eso, hay que mantener la apertura con precauciones para detener la propagación”. Es importante admitirlo, dice, porque si los niveles de infección vuelven a subir -o si una segunda ola golpea en el invierno- hay que ser brutalmente honesto sobre la ineficacia de la confinamiento.

El organismo noruego de estadística fue también el primero en el mundo en calcular el daño permanente causado por el cierre de escuelas: cada semana de instrucción en las aulas que se niega a los estudiantes, asegura, frena las oportunidades de vida y reduce permanentemente el potencial de ingresos futuros. Por lo tanto, un país debe aplicar esta medida draconiana sólo si tiene la certeza de que la base académica para el cierre es sólida. Y según Stoltenberg, en esta ocasión “la base académica no era lo suficientemente buena” para imponer el confinamiento.

Los británicos merecen la misma franqueza. Hay una gran cantidad de datos británicos de los que se pueden sacar conclusiones: 999 llamadas, infecciones, datos de hospitales, cifras semanales de infecciones respiratorias y unas 37.000 muertes. A partir de ahí, no será difícil para el gobierno británico hacer lo que los noruegos y suecos han hecho: producir una estimación del número Rs que se remonta a febrero o marzo, y utilizar datos observados -en lugar de supuestos y modelos- para medir el efecto del confinamiento. Los resultados de un estudio así podrían hacer que la lectura de este informe sea incómoda para un gobierno que aún requiere que la policía imponga el confinamiento. Pero estas cosas siempre terminan haciéndose públicas en algún momento.

Puede que haya una historia fuerte que contar. Cuando se reunieron, los datos británicos mostraban que cientos de miles de personas habrían muerto sin confinamiento y que, aunque brutal, fue una medida vital. Pero si los datos indican algo diferente, como es el caso de Noruega, entonces esta discusión vale la pena.

Es hora de restablecer la libertad y pasar a un sistema voluntario. Hay que mantener la cautela y pedir a la gente que use el sentido común. Gran Bretaña está lista para recibir la confianza del pueblo. La cuestión es si el Primer Ministro se siente preparado para confiar en los británicos.

(*) https://www.fhi.no/contentassets/c9e459cd7cc24991810a0d28d7803bd0/notat-om-risiko-og-respons-2020-05-05.pdf

https://www.spectator.co.uk/article/norway-health-chief-lockdown-was-not-needed-to-tame-covid

El confinamiento intelectual

Rebeca Quintáns

Sí, me confieso completamente adicta del blog Movimiento Político de Resistencia. Siempre estuvo bien, pero ahora con el coronavirus se sale. No soy yo sola. El blog recibe más de 260.000 visitas al mes, y subiendo. Y no de personas que vayan a mirar los dibujitos, que no tiene, sino a leer los artículos. 

Las críticas que recibe, sin embargo, son despiadadas. Una de las más frecuentes es que “hace reír”… En fin, a mí me encanta y reconozco que me río un montón, por supuesto. No puedo reprimir la carcajada varias veces a lo largo de la lectura de muchos artículos, evidentemente redactados con estilo jocoso, llenos de ironía y provocaciones directas a la posición del confort del lector. Eso no quiere decir que lo que cuenta sea mentira ni que esté poco documentado, otra de las críticas absurdas que se le hace, porque es de las pocas publicaciones que enlaza a pie de página las publicaciones originales de donde toma la información.

Supongo que el tono y el contenido de los artículos puede dejar perplejo, y que esto puede provocar incredulidad… A mí me pasaba con la revista Interviú en la Transición. Cuando vine a Madrid y conocí a muchos de sus reporteros aluciné. ¡Resulta que todas aquellas cosas que publicaban eran verdad! ¡Yo creía que se lo inventaba todo! Aquellos reportajes en que denunciaban crímenes del franquismo y de la Transición (el robo de niños, por ejemplo), que de tanto en tanto llevaban a un secuestro de la revista, eran trabajos periodísticos de primer orden, y tuve la suerte de poder ver de primera mano el rigor y la profesionalidad que ponían en ellos.

En Interviú trabajaba el mejor equipo de periodismo de investigación que ha habido en España, pero muchos creíamos que era puro amarillismo lleno de bulos.

Al blog MPR le pasa un poco eso. Y es que en cuanto te sales del discurso dominante, es que eres un terraplanista que no cree en la ciencia y estás difundiendo bulos. Porque la ciencia, según la nueva normalidad, es una y grande, y no se puede romper. Por eso, otra de las críticas que se le hacen es que difunde las teorías de gente muy rara, que no es científica ni es ná…

Pero eso tampoco es verdad: rebotan artículos y resumen en artículos teorías muy distintas fuera de la corriente dominante (para eso ya tenemos todas las publicaciones del sistema) y sería ridículo que los administradores del blog tuvieran que comprometerse con las ideas de todos. A mí lo que me gusta es que cuentan cosas que no cuenta ningún otro medio, otros puntos de vista, y no es que esté de acuerdo con todo lo que leo. Pero alguna gente no entiende que hoy digan una cosa y mañana otra, echando de menos la certidumbre de las sectas. Pues esa certidumbre no existe en la ciencia, y mucho menos en lo que respecta al coronavirus, del que todavía saben, los que saben, casi nada.

Por último, lo que más cabrea algunos es el tono tajante y socarrón con el que se concluye, después de abrumadores datos. Y es que en vez de decir, por ejemplo, que “el rey presuntamente se apropió indebidamente de una cantidad elevada de dinero”, te arroja a la cara que “los Borbones son unos ladrones”; en vez de decirte que “las mascarillas podrían ser perjudiciales para la salud” y que “no está demostrado que puedan cumplir con su cometido”, te suelta que “son un timo” y que “sólo a un desquiciado se le podría ocurrir recomendarlas”.

Bueno, pues yo agradezco franqueza y me llevo unas risas. No entiendo el problema. Bravo por el blog, imprescindible lectura en este confinamiento también intelectual en que quieren mantenernos. Mis más fervorosas felicitaciones.
https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10219090324343009&id=1053174124

El gobierno central suspende de empleo a un usuario de Wikipedia que modificó el perfil de Isabel Díaz Ayuso

Fue el pasado 22 de mayo cuando un usuario de Wikipedia modificó desde «la Secretaría de Estado de Administraciones Públicas» la referencia de esta web relativa a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, para calificarla como «la iluminada» y para incidir en que permanecerá en el cargo cuatro años «para nuestra desgracia«.

Fue tras varios intentos de modificación que la web vinculada al ex comisario Jose Manuel Villarejo Moncloa.com, hizo una serie de publicaciones afirmando que «el gobierno estaría intentando modificar el perfil de Wikipedia» de Ayuso.

La «investigación» del gobierno ha concluido: se trataba de un empleado de una empresa proveedora de servicios informáticos que intentó hacer los cambios, como cualquier otro usuario, desde el ordenador del trabajo. 

El empleado ha sido suspendido de empleo y sueldo y se le ha abierto un expediente, que posiblemente concluirá con su despido. Lo que para los medios que han difundido la noticia es «un escándalo» que revela la «campaña online» del gobierno PSOE-UP contra el PP, realmente es un acto de censura ideológica de libro.

La última imbecilidad de la pandemia: una pulsera que vibra al vulnerar el distanciamiento social

A veces es complicado mantener la distancia de seguridad. Por eso la empresa belga Rombit ha creado una pulsera digital que garantiza el cumplimiento de la distancia mínima de seguridad.

Rombit ya tenía una pulsera de seguridad, el Romware ONE, al que ha añadido nuevas funciones que ayudarán a que todos nos mantengamos alejados los unos de los otros, dejemos a hacinarnos en locales, evitemos las reuniones tumultuarias y las manifestaciones de masas.

El capataz de la empresa, John Baekelmans, explica que cada vez que nos acercamos demasiado unos a otros recibiremos una señal de advertencia. De esa manera evitaremos saludar a nuestros familiares y amigos, o que nos saluden ellos a nosotros.

Baekelmans no nos tranquiliza cuando asegura que nuestra intimidad está garantizada porque el artilugio no comparte la ubicación u otra información confidencial con terceros.

El brazalete conserva la ubicación de las personas en cada momento y permite el rastreo de los contactos que ha mantenido a fin de que los “gorrillas sanitarios” verifiquen cada uno de sus movimientos y de los demás.

Según los portavoces de Rombit, las aplicaciones para el móvil tienen un mayor margen de error y conducen falsos positivos o negativos. Pero lo más importante es que a menudo no pueden ser utilizadas en los lugares de trabajo.

La pulsera utiliza una técnica que no necesita conexión a internet.

El capataz de la empresa asegura que se están esforzando por lograr que el dispositivo llegue al mercado en grandes cantidades para facilitar el control y la vigilancia de movimientos, antes de que la paranoia del coronavirus se vaya apagando.

Más información:
– Una nueva profesión represiva creada por la pandemia: los ‘gorrillas’ sanitarios
– 60.000 matones sanitarios para vigilar a los apestados en Italia
 

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