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Día: 24 de marzo de 2020 (página 1 de 1)

La Armada de Estados Unidos utilizó a sus propios marinos como conejillos de Indias en experimentos con gases tóxicos

El proyecto SHAD (Project Shipboard Hazard and Defense) formó parte de un plan mucho más amplio denominado Proyecto 112, que se inició en 1962, durante el gobierno de Kennedy. Fue desarrollado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Aunque el proyecto SHAD no fue firmado directamente por Kennedy, sí lo fue por su Secretario de Defensa, Robert McNamara.

La explicación oficial del Proyecto SHAD fue que se llevó a cabo “para identificar las vulnerabilidades de los buques de guerra estadounidenses a posibles ataques con agentes de guerra biológica o química y para desarrollar procedimientos para responder a tales ataques, manteniendo la capacidad bélica”.

Inicialmente, se proyectaron 134 pruebas, pero sólo se completaron 46. En estas pruebas, se rociaron agentes químicos y biológicos, sobre el personal militar de la marina estadounidense, que durante todo el tiempo que estuvieron sometidos a este experimento, no tuvieron conocimiento del mismo.

En el experimento se incluyeron agentes nerviosos como el gas VX, el gas Tabún, Sarín, Soman, y agentes químicos como el sulfuro de cinc, sulfuro de cadmio y QNB. Los agentes biológicos utilizados fueron globigii Bacillus, Coxiella burnetii (causante de la fiebre Q), y Francisella tularensis (que causa la tularemia o “fiebre de los conejos”).

Las primeras revelaciones sobre Proyecto SHAD las llevó a cabo el periodista Eric Longabardi y fueron difundidas por la CBS en mayo de 2000. Después de la emisión de estos reportajes, el Pentágono y las asociaciones de veteranos abrieron sus propias investigaciones.

Hasta hoy el Pentágono admite que probó el gas Sarin, conocido como VX, y toxinas biológicas en el personal militar americano. Hasta el presente, 12 de las operaciones han sido parcialmente desclasificadas, pero la información entregada es muy limitada. Se ha notificado sólo a aproximadamente unos 600 veteranos, de las decenas de miles que fueron expuestos a los tóxicos, que podrían estar padeciendo efectos nocivos relacionados con los experimentos.

El estudio de los veteranos se completó en 2001, pero no se ha publicado nunca; ni siquiera han informado a los propios afectados. No obstante, se sabe que quienes participaron como cobayas padecen el riesgo de sufrir enfermedades cerebro vasculares y respiratorias y que tendrían tres veces más probabilidades de morir de enfermedades del cerebro, respiratorias y vasculares que la población en general.

Steve Robinson, el director ejecutivo del National Gulf War Resorse Center, dijo: “Estos veteranos podrían estar muriendo en una proporción tres veces mayor que la población general por enfermedades que podrían relacionarse a su servicio militar”.

Si no les importa en absoluto la salud de sus propios mercenarios, ¿les interesará la de los demás?, ¿la salud de la población mundial acaso?

—https://www.va.gov/disability/eligibility/hazardous-materials-exposure/project-112-shad/
—https://www.geisinger.org/-/media/onegeisinger/pdfs/ghs/research/find-an-investigator/pdfs/find-an-investigator/boscarino/iom-shad-ii-final-report

Alemania quiere imponer la censura con el pretexto del coronavirus

El socialdemócrata Boris Pistorius
El Presidente del Bundestag, Wolfgang Schäuble, de la CDU (Unión Demócrata Cristiana), ha propuesto a los dirigentes de los grupos parlamentarios modificar la Constitución para amplíar las leyes de emergencia, según informan la DPA y Der Spiegel.

Las leyes de emergencia fueron aprobadas para aplastar las protestas de mayo de 1968, cuando se produjeron las mayores huelgas de trabajadores de la posguerra. La legislación de emergencia otorgó al Estado poderes absolutos en situaciones de crisis (catástrofes naturales, levantamientos, guerras).

Entre otras cosas, permiten sustituir a las dos Camaras parlamentarias, el Bundestag y el Bundesrat, por un parlamento de emergencia, llamado “Comité Conjunto”, formado por sólo 48 miembros selectos.

Schäuble propone incluir una regulación similar en la Constitución para los casos de epidemias.

A principios de esta semana el ministro de Interior de Baja Sajonia, Boris Pistorius, del SPD (Partido Socialdemócrata), pidió que se sancionara la difusión de “noticias falsas” sobre la pandemia. “Debe prohibirse la difusión pública de falsas acusaciones sobre la situación de la oferta de la población, la atención médica o la causa, los modos de infección, el diagnóstico y la terapia del Vidoc-19”.

Según Pistorius, el gobierno debería considerar si las prohibiciones podrían basarse ya en la Ley de Protección de la Infección. De no ser así, el código penal o la ley de delitos administrativos se deberían modificar “lo antes posible”.

Es la censura de guerra. Cualquier crítica a la política sanitaria del gobierno debe ser criminalizada y castigada. El gobierno debe preservar el monopolio de la información y la opinión.

Con su llamamiento a la censura y la represión, Pistorius habla en nombre de un partido que siempre ha respondido a las situaciones de crisis y a la resistencia popular abriendo el camino al fascismo.

En Alemania fue la socialdemocracia, en época de Gerhard Schröder, la que liquidó el sistema público de bienestar social con las leyes de Hartz.

La histeria ha llegado para quedarse


Al ahorcado no le mata el verdugo sino su propio peso, dice un viejo refrán. Si además es uno mismo quien se pone la soga al cuello, es difícil que podamos acusar a terceros de ser los responsables de la muerte.

Las medidas terroristas impuestas por los diferentes Estados como consecuencia de la histeria no sólo cuentan con el aplauso de una parte importante de sus víctimas, sino que hay quien pide más y pone como ejemplo a China, donde el confinamiento ha sido muy estricto. Como en China la epidemia ha remitido, queda demostrado que, en efecto, es una medida eficaz.

Sin embargo, si observamos la imagen veremos un hospital de campaña instalado en Camp Brooks, Boston, en 1918 como consecuencia de otra epidemia mucho peor que ésta: la llamada “gripe española”, donde los médicos sacaron a los enfermos al aire libre para que tomaran el sol, es decir, todo lo contrario del confinamiento.

La consecuencia que sigue al confinamiento es la detención, cuyo fundamento no es el delito sino la salud. El ministro de Justicia de Estados Unidos ya lo ha pedido al Congreso. El encarcelamiento será indefinido, o bien hasta que se cure, o bien hasta que un médico diga que ya no es un “riesgo”, es decir, que la víctima sabe cuándo entra pero no cuándo sale (si es que sale alguna vez porque quizá no se cure nunca).

La actual mascarilla será sustituida por un distintivo que diferencie a los sanos de los apestados, que serán discriminados. Desde luego que no podrán entrar en locales públicos porque son “personas de riesgo”, es decir, sospechosos de algo. A fin de que no se mezclen, habrá locales para unos y para otros debidamente señalizados. En los autobuses los sanos se sentarán en un lugar debidamente habilitado y los demás en otro un poco alejado del anterior.

Las fronteras se cerrarán para siempre, pero según y como ordene el Estado. Por motivos de salud pública, para ciertos países apestados el turismo se ha acabado y con él ciertas líneas aéreas, ciertos hoteles, balnearios, turoperadores…

La salud pública no permitirá que consumamos determinados productos que proceden de países sospechosos y consumiremos lo mismo, pero procedentes de países seguros, sanitariamente impecables, aunque tendremos que pagar un poco más, lo cual siempre es recomendable porque reunirán todas las garantías, que serán muy estrictas (con unos y no con otros).

Ya han llegado los salvoconductos sanitarios, que antes estaban reservados sólo para los perros. Todos deberemos llevarlo encima, junto con nuestro DNI, el pasaporte, el abono de transporte y el de socios del Rayo Vallecano. En Italia los salvoconductos no los extiende un médico sino el Ministerio del Interior. A quienes la policía no les entregue dicha acreditación, les darán un carnet que los convertirá en un punto intermedio entre los ciudadanos de pleno derecho y los extranjeros.


Quedan prohibidos los partidos políticos de riesgo, pero como todos somos iguales, a los apestados también les dejarán votar, aunque en colegios diferentes y en urnas diferentes. Es más, el voto será obligatorio, pero sólo se podrán elegir a cargos sanos porque, para evitar el contagio, en el Congreso no se podrán juntar unos diputados con otros. Las coaliciones de sanos y enfermos no serán posibles.

El estado de sitio será permanente. El ejército seguirá patrullando las calles por si acaso. Aprovisionarán a la policía con drones intimidatorios dotados de altavoces para impartir órdenes a los vecinos, como en Niza. A su vez, aprovisionarán a los drones con lectores de código de barras, a los cuales habrá que mostrar la documentación.

En lo sucesivo las personas deberán guardar una distancia de seguridad unas de otras. Por si acaso. Es recomendable no hablar con nadie, no saludar a nadie, no abrazar a nadie y si encuentras pareja, lo primero que debes hacer es exigirle un certificado de sanidad para que no te contagie.

Para que el miedo nunca salga del cuerpo, periódicamente el ejército desinfectará aparatosamente ciertos lugares públicos, de mucho tránsito, a plena del día, para que todo el mundo lo vea y no olvide que su vida está en riesgo si no toma las debidas precauciones.

(Nota: Se entiende que “tomar las debidas precauciones” consiste en hacer lo que los expertos digan que hagas)

¿Para qué sirve el Estado?

Darío Herchhoren

La pregunta de para que sirve el Estado, se contesta explicando que el Estado refleja la relación de fuerza que existe entre las diversas clases sociales que luchan entre si. Decía el viejo Marx (no Groucho sino Carlos), que la historia es la historia de la lucha de clases.

Dicho esto si miramos con atención veremos que el Estado capitalista donde vivimos, no es capaz de asegurar a los ciudadanos la vivienda, la educación, el vestido, el empleo o la salud. Solo los que pertenecen a las clases privilegiadas, logran garantizarse esas seguridades.

Y entonces deberíamos preguntarnos ¿para qué queremos un Estado que no nos cuida, que no nos da lo que necesitamos? La respuesta es, para nada.

Pero los seres humanos tendemos a juntarnos, a formar parejas, a constituir asociaciones, a crear Estados. Y ahora que se ha desatado la nueva plaga del coronavirus, deberíamos plantearnos si el mundo, la humanidad entera que esta siendo azotada por esta nueva peste, será igual que antes de la misma.

Indudablemente no. Estamos viendo que los que desmantelaron la sanidad pública apostando por una sanidad privada, ahora reclaman a voz en grito que el Estado les entregue los materiales necesarios para combatir la plaga. ¿Parece esto coherente? No, no es coherente.

Es necesaria la intervención del Estado en todos los ámbitos de la producción y la comercialización de ciertos bienes. Vemos como las organizaciones patronales que claman contra la intervención del Estado en la economía, ahora le piden al Estado al  que antes denostaron ayudas para salir de la situación de quiebra en que se encuentran. Ante estos reclamos el Estado tiene dos posibilidades a saber: La primera es apuntalar a las empresas privadas con generosos créditos a fondo perdido, y la segunda es aplicar esos mismos fondos y hacer por su cuenta lo que en principio iba a hacer la empresa privada.

El capitalismo es hijo de la revolución francesa de 1789, que instaura la famosa expresión «dejar hacer, dejar pasar». Ese es el paradigma del capitalismo. e Poner al Estado al servicio de una clase, que en un principio significó un avance, pero que ahora es solo una rémora, que intenta subyugar al mundo entero. Y en esta etapa en que el capitalismo ha llegado al cenit, convirtiéndose en imperialismo, que es su fase superior, estamos viendo como enormes cantidades de seres humanos han quedado fuera de esa economía, y no logran acceder ni siquiera a lo más básico, que es su alimentación.

Estamos asistiendo a una situación extraordinaria, donde está a la vista que sin la intervención preeminente del Estado la humanidad entera corre el peligro de verse irreversiblemente fragmentada con la desaparición de millones de seres humanos. Muchos de aquellos que eran panegiristas de la iniciativa privada, están viendo que sin la intervención del Estado la situación se les escapa de las manos, y corren peligro sus privilegios.

Es hora de soltar lastre por parte de las clases privilegiadas y entender que la situación que estamos viviendo puede llegar a traducirse en graves tumultos que lleven a una situación incontrolable. Imaginemos, y quizá no haga falta mucha imaginación que esta peste se prolongue, que el toque de queda que se cierne sobre toda la humanidad se prolongue por dos, tres o más meses. ¿Sería posible mantener a millones de personas en sus casas, sin que se produjeran graves disturbios? ¿Sería posible tener la economía paralizada durante tanto tiempo?

Todos estos interrogantes más tarde o más temprano habra que hacérselos. Seguramente el mundo que nos espera cuando esto pase deberá ser distinto.

Las recetas actuales no servirán. El Estado avanzará en su actividad económica mediante algún tipo de planificación, los salarios deberán aumentarse para que la población gaste dinero y otra vez se ponga en marcha la rueda, y seguramente los teóricos del capitalismo volverán a aplicar las recetas keynesianas, que en su momento fueron aplicadas por Franklin Roosevelt, pero que estimo ahora no servirán. Necesariamente se aplicarán medidas propias del socialismo, y lo curioso es que quienes las apliquen serán los propios liberales, ya que si no lo hacen sucumbirán necesariamente. La situación les pasará por encima.

Si buscas coronavirus, los encontrarás por todas partes, tanto en los enfermos como en los sanos

Doctor Wolfgang Wodarg

Desde principios de año, la atención del público, la ciencia y las autoridades sanitarias ha cambiado por completo de repente. Algunos médicos de Wuhan, una ciudad de 12 millones de habitantes, han logrado atraer la atención del mundo con, inicialmente, menos de 50 casos y algunas muertes en la clínica donde habían identificado los coronavirus como patógeno. Los coloridos mapas que nos presentan ahora sobre el papel o la pantalla son impresionantes pero, en general, tienen menos que ver con la enfermedad que con el trabajo de los esforzados virólogos y los múltiples de reporteros sensacionalistas.

El 13 de febrero de 2020 se practicaban casi 9.000 pruebas semanales en 38 laboratorios de toda Europa, donde se encontraron rápidamente resultados positivos y cada caso se convirtió en un acontecimiento mediático. El hecho de que el descubrimiento de una infección por coronavirus lleve a una búsqueda intensiva en el entorno de la persona explica el aumento de casos en una región.

Los informes del horror de Wuhan son algo que los virólogos de todo el mundo han estado esperando. Inmediatamente, las cepas de virus de los refrigeradores se escanearon y compararon febrilmente con los recién llegados de Wuhan. Un laboratorio benéfico ganó la carrera con la OMS y se le permitió comercializar sus pruebas internas en todo el mundo a varias veces el precio habitual.

Sin embargo, es mejor no hacerse la prueba de coronavirus por 200 euros. Según varios años de investigación prospectiva en Escocia de 2005 a 2013 incluso si sólo tienes una leve infección parecida a la gripe, el riesgo de detectar el coronavirus es de un 7 a un 15 por ciento. Una detección de coronavirus tendría graves consecuencias para la vida cotidiana de las personas sometidas a prueba y su entorno, en el sentido más amplio, como se puede ver en todos los medios de comunicación sin perder mucho tiempo en investigarlo.

Sin embargo, el descubrimiento en sí mismo no tiene importancia clínica. Es sólo uno de los muchos nombres que se dan a las enfermedades respiratorias agudas (ARI), que cada invierno incapacitan temporalmente, a unos un poco más, a otros un poco menos, del 20 al 40 por ciento de la población de nuestro país [Alemania].

Según un buen estudio realizado en Escocia, los patógenos más comunes de las enfermedades respiratorias agudas eran: 1. los rinovirus, 2. los virus de la gripe A, 3. Virus de la gripe B, 4. Virus RS (sincitial respiratorio), y 5. Coronavirus. Este orden ha cambiado ligeramente de año en año. Aparentemente el elenco de virus que compiten en nuestras células de la mucosa pueden cambiar, como sabemos por nuestros intestinos en el caso de los microorganismos y por el Parlamento en el caso de los partidos políticos.

Por lo tanto, si ahora hay un número creciente de infecciones de coronavirus “probadas” en China o Italia, entonces, ¿puede alguien decir cuántas veces tales pruebas se han llevado a cabo en los inviernos anteriores?, ¿a quién, por qué razón y con qué resultados? Cuando se afirma que algo está aumentando, seguramente debe referirse a algo que ha observado antes.

Como epidemiólogo experimentado de la enfermedad, uno se sorprende cuando observa la agitación actual, el pánico y el sufrimiento que se deriva [de la epidemia de coronavirus]. Si estuvieran en contra de la corriente principal, muchas personas responsables se arriesgarían probablemente a perder sus trabajos ahora como les ocurrió antes con la “gripe porcina”.

Cada invierno tenemos una epidemia de virus con miles de muertes y millones de personas infectadas, también en Alemania. Y los coronavirus siempre están ahí por algo. Así que, si el gobierno alemán quiere hacer algo bueno, puede hacer como los epidemiólogos de Glasgow y hacerlo para que las mentes brillantes del Instituto Robert Koch miren “de frente” y vean que en invierno el viroma (1) de la población alemana cambia cada año.

Los políticos también deben asegurar que el trabajo científico fiable del Instituto Robert Koch, el Instituto Paul Ehrlich y otros departamentos vuelva a ser más fácil. Trabajar científicamente no significa seguir los deseos de la política y la economía. La ciencia es fiable si utiliza métodos transparentes para impugnar los supuestos conocimientos siempre y en todo momento de manera profesional y coherente. Aunque eso a veces lleva mucho tiempo, puede salvarnos de muchas aberraciones costosas en materia de salud, que los guardianes de la gripe, motivados por el interés, querrían hacer pasar por beneficiosas para nosotros.

Y para los individuos se aplica lo siguiente: cualquiera que sea forzado a la cuarentena y sufra un daño económico únicamente por un test positivo en la prueba de PCR (2) para el coronavirus, tiene derecho a una indemnización en Alemania en virtud del artículo 56 de la Ley de protección contra las infecciones.

(1) Un viroma es el conjunto de virus presentes en un ecosistema, como el interior de cada uno de los órganos del cuerpo humano.
(2) El PCR (Polymerase Chain Reaction) es un test indirecto de identificación de virus que arroja numerosos “falsos positivos”, como ya advirtió su descubridor, Kary Mullis, Premio Nobel de Química.


https://www.wodarg.com/vortr por cientoC3 por cientoA4ge/ https://www.kla.tv/15925

Están inflando al máximo las cifras de muertos por coronavirus en Italia

Uno de los detalles más sorprendentes que aparecen entre los datos oficiales sobre la “pandemia” revela la disparidad en las cifras de mortalidad según los distintos países. El virus es el mismo en todo el mundo, pero la cifra de fallecidos a causa de su contagio se multiplica por seis, en diferentes zonas. ¿Cómo es posible?

Caben varias explicaciones. La primera es que los datos son falsos o se han inventado. Otra manera de decir lo mismo de una manera más elegante, es que “hay un sesgo en el recuento”. Una tercera podría derivar de que los sistemas de salud en el mundo son muy diferentes. Una cuarta nos conduce a las características demográficas de la población en cada país. Una quinta apunta a los métodos de detección de los enfermos, especialmente de los que tienen sintomas más leves.

Cuando nos referimos al mundo, es posible que haya diferentes combinaciones y explicaciones, lo que no cambia la conclusión de que las cifras se están inflando al máximo para que la pandemia sea una realidad aparente.

La periodista Sarah Newey, corresponsal de Global Health Security (Seguridad Sanitaria Mundial), ofrece una explicación desde las páginas del periódico británico The Telegraph (*). Sostiene que Italia tiene una serie de desventajas que pueden explicar su mayor tasa de mortalidad en Europa y también en el mundo. Pero un factor que explica elevados porcentajes de mortalidad es un “exceso de notificaciones de muertes”.

El profesor Walter Ricciardi, asesor científico del Ministro de Sanidad de Italia, afirma que el exceso de denuncias de muertes en Italia se debe a la forma en que se contabiliza el número de muertes en Italia, donde se considera que los pacientes que mueren en un hospital con el coronavirus tienen el coronavirus, mientras que sólo en el 12 por ciento de las muertes registradas aparece una causa directa relacionada con el coronavirus: “La forma en que codificamos las muertes en nuestro país es muy generosa en el sentido de que todas las personas que mueren en los hospitales con el coronavirus se consideran que están muriendo de coronavirus”.

“Tras la reevaluación del Instituto Nacional de Salud, sólo el 12 por ciento de los certificados de defunción mostraron una causa directa del coronavirus, mientras que el 88 por ciento de los pacientes que murieron tenían al menos una premorbilidad y muchos tenían dos o tres”. Eso significa que han multiplicado por 9 la tasa de mortalidad directamente relacionada con el coronavirus.

Una enfermera británica que trabaja en un hospital italiano dice que “los pacientes de coronavirus en Italia son tratados como números”. El coronavirus “es sólo una acumulación de muertes», dice esta enfermera.

Los expertos también advierten contra las comparaciones entre países debido a las discrepancias entre las pruebas. Martin McKee, profesor de Salud Pública Europea en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, dice que los países no tienen todavía un buen indicador del número de infecciones leves que se producen.

Si las pruebas adicionales muestran que más casos asintomáticos se están propagando sin ser detectados, la tasa de mortalidad bajará, sostiene McKee.

“Es demasiado pronto para hacer una comparación en toda Europa”, dice. “No tenemos una serovigilancia detallada de la población y no sabemos cuántas personas asintomáticas lo están propagando”.

McKee añade que las pruebas no son actualmente uniformes en todo el continente, ni en todo el mundo. “En Alemania, la vigilancia epidemiológica es más difícil, simplemente por la complejidad del trabajo en un estado federal y porque la salud pública está organizada a escala regional”.

Pero hay otros factores que pueden haber contribuido a las tasas de mortalidad de Italia, según los expertos. Estos incluyen una alta tasa de fumadores y una alta tasa de la mayoría de las muertes se produjeron en la región septentrional de Lombardía, conocida por la mala calidad del aire.

No hay duda de que una parte del sistema de salud italiano ha sido abrumado por la afluencia de pacientes con coronavirus y están luchando para hacer lidiar con ello. “Los médicos en Italia no tenían que tratar con uno o dos pacientes… sino hasta con 1.200”, dice el doctor Mike Ryan, director ejecutivo de emergencias sanitarias de la Organización Mundial de la Salud.

“Hay tres factores en juego en Italia: en primer lugar, la población es mucho más vieja, en segundo lugar, el sistema de salud se ha visto desbordado y en tercer lugar, hay tuvo una pérdida significativa de trabajadores de la salud debido a la alta tasa de infección de coronavirus entre ellos”, dice McKee.

(*) https://www.telegraph.co.uk/global-health/science-and-disease/have-many-coronavirus-patients-died-italy/

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