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Día: 5 de noviembre de 2019 (página 1 de 1)

Nuestra percepción de la realidad ni es nuestra ni es real

Hasta ahora Ustedes conocían las verdades, las mentiras, las medias verdades, la posverdad, las estadísticas, los telediarios, las tertulias, las cortinas de humo, el lavado de cerebro, las guerras sicológicas, la intoxicación informativa y la callada por respuesta.

Ahora les toca familiarizarse con la “gestión de la percepción” y enterarse de que la percepción de la que hablan es la suya, es decir, de hay alguien que se preocupa de gestionar la manera en que Usted percibe la realidad. En otras palabras: de manipularle.

Es una técnica inventada por el ejército estadounidense que imparten a los cadetes en las academias militares, pero también a aquellos que forman parte de la diplomacia, el espionaje extranjero (CIA) o interno (FBI). De ahí pasó a las escuelas de negocios, de sicología y de periodismo, de tal manera que la manipulación de los demás se ha convertido en una disciplina científica, aceptada y admitida como moneda corriente, o sea, en una profesión.

Según el Pentágono la gestión de la percepción es una técnica que proporciona u oculta información selecta a audiencias extranjeras con el fin de influir en sus emociones, motivaciones y razonamientos objetivos.

Los militares estadounidenses han enseñado a las cadenas de comunicación el arte del ilusionismo y la manipulación de las apariencias, de los aspectos externos y superficiales de las cosas, considerados de una manera separada de las cosas mismas.

Por ejemplo, lo que hoy se considera como “política” es, la mayor parte de las veces, de ese tipo, un discurso sobre otro, una opinión sobre otra, es decir, una tertulia o una jaula de grillos que discuten sobre los aspectos superficiales de la realidad. Cuanto más superficiales mejor. Lo mismo que la televisión ha acabado en tele-basura, la política ha acabado en politica-basura por una buena razón: es la mejor manera de que la mayoría se quede al margen, hastiada y asqueada de esa “política”.

En la mayor parte de las publicaciones académicas la realidad también está ausente. Los escritores se engendran unos a otros. Las obras de unos dan lugar a las réplicas de los otros. El mes pasado la Universidad Rey Juan Carlos organizó un Congreso Internacional sobre la pobreza y lo cambió de nombre por el de “exclusión social”. No era una reunión convocada “contra” la miseria sino para hablar “sobre” la miseria y, como es lógico, los miserables no estaban allá, ni siquiera como espectadores.

Hoy cualquier organismo que se precie se rodea de una oficina de prensa, publicistas, gabinetes de imagen y departamentos de comunicación (“community manager”) que nos imponen a los demás la manera en que los percibimos. Crean “marcas”, de manera que no los vemos como ellos son sino como quieren que los veamos.

Para aprobar una ley que elimine los derechos fundamentales o vender alarmas no hay nada mejor que iniciar una campaña sobre la inseguridad ciudadana, los robos y los crímenes. Por más que el número aparente de delitos se reduzca, la inseguridad no es más que un estado sujetivo muy fácil de alterar, y lo mismo ocurre si el número de delitos aumenta y quieres promocionar el turismo: es suficiente con iniciar una campaña diciendo que es un país muy tranquilo y apacible. La misma empresa que te diseña una campaña, te diseña la contraria; ni siquiera el precio en un caso es diferente del otro.

No sólo Benetton es una marca; el capitalismo convierte cualquier cosa en un producto comercial, como la monarquía fascista, por ejemplo, todo un ejemplo de la sofisticación que puede llegar a alcanzar la gestión de la percepción.

Para realzar lo bueno hay que fabricar lo malo, las “marcas negativas”. Las religiones tienen al demonio y las películas tienen sus “malvados” como contrapunto. Cuando una campaña fabrica un malo muy malo, como Corea del norte, por ejemplo, los buenos parecen más buenos, e incluso los regulares parecen mejores de lo que son.

En las elecciones es algo que no falla casi nunca: “todos son iguales”, según dicen, lo cual significa que “todos son iguales de malos”. Por lo tanto, para arrastrar a alguien hasta un colegio electoral hay que crear la marca del “menos malo” o el “mal menor” a la que se aferran casi todos los votantes para justificarse a sí mismos.

Al mismo tiempo que en un aula las universidades enseñan a manipular la percepción de la realidad, en la de al lado enseñan lo contrario: el “fact checking”, la corroboración de una determinada información con la realidad. Lo que ninguna universidad enseñará nunca es que la mayor parte de los lectores no pueden contrastar ninguna información y mucho menos hacer frente a toda una campaña de gestión de la percepción.

Los bombardeos nucleares de la OTAN contra Serbia empiezan a causar víctimas también en sus propias filas

La semana pasada un tribunal francés condenó al Estado a indemnizar a un gendarme, Henri Friconneau, que contrajo cáncer cuando en 1999 le enviaron a Kosovo con el pretexto de investigar los crímenes que estaban cometiendo los serbios.

Como consecuencia de los bombardeos de la OTAN con munición de uranio, el gendarme contrajo cáncer, lo que le llevó a la tumba (*). Le enviaron a investigar unos crímenes pero se encontró con otros: los que estaban cometiendo los imperialistas contra los serbios.

La historia convierte a los victimarios en su contrario, por más que el mundo se empeñe en mirar hacia otro lado. El propio gendarme, que formaba parte de la expedición de castigo imperialista contra Serbia, pasó a victimario a víctima.

Lo mató la OTAN y su viuda será indemnizada, pero ¿quién indemnizará a los serbios? Incluso, ¿quién indemnizará a los kosovares que fueron a salvar y también son víctimas de su propio rescate?

Dentro de poco, los medios callarán este mismo tipo de noticias referidas a Siria y nadie se acordará entonces, como tampoco nadie se acurda ahora de Kosovo, de los farsantes y los tramposos que calificaron a Bashar Al-Assad y su gobierno de “carniceros” y aplaudieron y justificaron los crímenes imperialistas en Oriente Medio.

Durante los 78 días que duró la Operación Ángel de la Caridad, la OTAN lanzó 15 toneladas de uranio empobrecido en siete lugares del sur de Serbia, principalmente en los alrededores de Vranje y Bujanovac, y casi 20 toneladas en 105 lugares de Kosovo, en particular en los alrededores de Prizren y Pec.

Recientemente los expertos han anunciado que para el año que viene hay que esperar una explosión de enfermedades malignas entre los ciudadanos de Serbia y Kosovo Metohija, como resultado del uso de municiones con uranio en 1999.

Las bombas de uranio también se han utilizado en Somalia y el Golfo Pérsico. Incluso en Bosnia-Herzegovina hay localidades, como Hadzic, que siete años después de los bombardeos de la OTAN ya habían perdido casi la totalidad de su población, a causa de la proliferación de enfermedades cancerosas.

En Serbia las estadísticas médicas van mostrando un aumento de la mortalidad por carcinomas y alteraciones congénitas, tanto en las personas como en los animales. En determinados países los crímenes de la OTAN no se han podido tapar porque “afortunadamente” la radiación también alcanzó a las tropas de países como Alemania o Italia.

Las bombas que llaman “de uranio empobrecido” proceden del reciclaje de los residuos radiactivos de las centrales nucleares, cuyo almacenamiento causa un problema de muy difícil resolución. Los países del mundo que acumulan mayor cantidad de residuos son los más nuclearizados, sobre todo Estados Unidos. Como el coste de mantenimiento de dichos residuos es gigantesco, lo que hace el Pentágono es deshacerse de una parte de ellos, lanzándolos a terceros países en forma de bombas.

(*) https://www.marianne.net/societe/exclu-l-armee-condamnee-pour-mise-en-danger-de-ses-soldats-par-l-usage-d-uranium-appauvri-au

Imperialismo y terrorismo: en todo el mundo la misma moneda siempre tiene dos caras

Mamadu Dabo

Para precipitar la caída de Gadafi, la OTAN distribuyó 20.000 toneladas de armas y municiones a grupos «revolucionarios» a través del Ministro de Defensa de Qatar, como pagador de la factura. En septiembre de 2011 la OTAN también le encomendó la tarea de recuperar las armas en cuestión, pero dejó arsenales enteros a disposición del Grupo de Combate Islámico en Libia (ICGL), una filial de Al Qaeda. El 10 de noviembre de 2012 Mahmud Jibril, dirigente del CNT [Consejo Nacional de Transición] y del partido Alianza de Fuerzas Nacionales Libias, ganador de las elecciones del 7 de julio de 2012, dijo en el canal iraquí Al Hurra que Qatar todavía se negaba a recuperar las armas que había distribuido a los grupos rebeldes que habían «liberado» su país, lo que implica que Doha también tenía control sobre estos grupos. En realidad, son los Estados Unidos y Francia los principales responsables de esta situación, porque Qatar no puede dejar armas en la calle sin un cheque en blanco.

El efecto dominó de la «revolución» libia no se limita a África porque afecta directamente a Siria y Yemen. Obama reconoció (24 de enero de 2013) que los arsenales de Gadafi se utilizan en Mali. No dice cómo llegaron hasta aquí y quién los trajo, para que no se le haga responsable si se comete una locura contra un avión civil en algún lugar del mundo. Obama no puede ignorar el caso del Lutfallah II, el barco de Libia, que pasó por Egipto y Turquía y fue detenido por la marina libanesa con toneladas de armas a bordo: el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, alertó a la opinión internacional diciendo que el barco «no llevaba armas para los ángeles».

Todos los escenarios en los que opera el terrorismo están interconectados porque el terrorismo es un sistema transnacional con los mismos operadores y agentes a diferentes niveles hasta los jefes de Estado, los diputados, los ministros, los jefes de los servicios de inteligencia y los traficantes de armas, como en la primera guerra de Afganistán, cuando los ministros saudíes y del Golfo, así como los directores de los mayores bancos y empresas, se enorgullecían de financiar a Bin Laden, el predilecto de los estadounidenses a los que ayudó a deshacerse del malvado comunista ruso.

Hoy en día el patrocinador del terrorismo internacional sigue siendo el mismo, aunque da la impresión de ser polimorfo. El objetivo también es mostrar la cara de este Darth Vader con una máscara de metal. Además, la transferencia de armas de un país cuyo gobierno se originó en las «primaveras árabes» al eje que quiere imponer nuevas «primaveras árabes» indica que esas «revoluciones» se fabricaron en las oficinas y que el plan sigue en marcha. No sólo se ha creado una multitud de regímenes, sino que se ha introducido un número infinito de traidores y agentes de Occidente en el funcionamiento de todos esos Estados a todos los niveles. Están trabajando, a diferentes niveles jerárquicos, para hacer posible el tráfico de armas para los terroristas que llevó al viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Gennady Gatilov, a decir que «las amenazas de la oposición siria de derribar aviones civiles son el resultado de entregas irresponsables de Manpad», los sistemas móviles de defensa antiaérea.

A principios de agosto de 2012 algunos reportajes de los medios de comunicación revelaron que el Ejército Sirio Libre había obtenido unos 20 de estos Manpads (Man Portable Air Defence, cuyo modelo más famoso es el Stinger) de Turquía. Según los expertos rusos, Arabia saudí y Qatar están detrás de esas entregas. Fue el propio Obama quien autorizó (a finales de agosto de 2012) la entrega de armas pesadas a los rebeldes anti-Bashar, y Hillary Clinton hizo una declaración en la que pedía a los mercenarios sirios que no depusieran las armas el mismo día en que el «muftí» de Al Jazeera, Al-Qardaui, emitió una fatwa a este respecto.

Las miles de armas incautadas por el ejército sirio a los terroristas no tienen nada que ver con el arsenal ruso de Gadafi, y una decena de Stinger han sido incautados recientemente en ese país. Turquía no sólo alberga terroristas, los entrena y los envía con armas a los países vecinos, donde es responsable de enviar al 90 por ciento de los 100.000 terroristas que saquearon y masacraron ese país: envió dos barcos cargados de armas a los yihadistas de Yemen, la última incautación de armas por parte de las autoridades yemeníes tuvo lugar el 25 de enero de 2013. ¿Puede un país miembro de la OTAN, vasallo de Estados Unidos, permitirse enviar armas a Al Qaeda en Yemen sin un cheque en blanco?

En 2011 la División de Inteligencia de la OTAN (que no tiene nada que ver con la CIA) estimó que había entre 200 y 300 elementos de Al Qaeda entre los combatientes libios antiGadafi, los cuales, hay que decirlo, estaban apoyados por oficiales estadounidenses, entre ellos dirigentes del Grupo Islámico Libio de Combatientes (LIG), como Abdelkrim Belhadj, Ismael As-Salabi y Abdelhakim Al-Assadi…

Al igual que en Afganistán, Bosnia, Chechenia, los mercenarios de Al-Qaeda y los soldados estadounidenses lucharon en el mismo frente en Libia. El terrorismo se ha vuelto transnacional y sus armas se trasladan a domicilio en barcos y cargueros de los países de la OTAN. Muchos autores, funcionarios, ex funcionarios de inteligencia, incluidos los estadounidenses, muchos escritores -entre ellos Peter Dale Scott, David Ray Griffin, Thierry Meyssan, Michel Bounan, Nafeez Mosaddeq Ahmed, Gerhard Wisnewski, Mathieu Kassovitz- aportan pruebas de la instrumentalización del terrorismo por parte de los Estados, que en la actualidad son cada vez más numerosos para utilizarlo como medio de presión y/o destrucción de otros Estados.

El presidente nigeriano ha hablado de terrorismo transnacional. El investigador Ghaleb Kandil también escribe: «Fue Estados Unidos quien dirigió la guerra en Siria, creó centros de operaciones en Turquía, que incluyen agentes de la CIA para coordinar los esfuerzos internacionales y regionales para movilizar a terroristas de todo el mundo y enviarlos a Siria. Los funcionarios estadounidenses se jactan públicamente de haber proporcionado materiales de comunicación modernos a las bandas armadas, y no se han lamentado, incluso después de reconocer que gran parte de este equipo ha caído en manos de combatientes de Al-Qaeda y el Frente Al-Nosra, una organización que incluyeron tardíamente en su lista de terroristas, en la que podrían incluir a otros grupos en un futuro próximo, sin cambiar su posición sobre los compromisos para detener la violencia».

Por lo anterior, es innegable que no hay más ladrones que los que gritan ¡al ladrón! en esta supuesta lucha contra el terrorismo. Son ellos, las potencias militares y los arsenales de armas pesadas, quienes los entrenan, les suministran armas de destrucción masiva y los organizan para el combate. Ellos son los que los financian y les proporcionan drogas para convertirlos en verdaderos criminales de guerra. Una vez cumplida la misión de poner de rodillas a un determinado régimen, estos mercenarios se quedan atrás, incapaces de vivir sin las drogas que les cuestan fortunas, sin una función o título que les permita llenar sus bolsillos. Estos nuevos desempleados, armados hasta los dientes y con experiencia en la profesión de las armas, se vuelven en contra de su patrono (caso de Bin Laden) o crean situaciones de conflicto (crisis maliense) que les permiten vivir a base de armas con el apoyo de los productores y traficantes de armas.

No cabe duda de que la invasión de Afganistán (noviembre de 2001) e Irak (20 de marzo de 2003) fue planeada con falsos pretextos: una para la «eliminación» o «arresto» de Bin Laden, y otra para destruir las «armas de destrucción masiva» de Saddam Hussein. Todos estos años después de la invasión de Irak y Afganistán, en lugar de eliminar a Al-Qaeda, la intervención norteamericana la convirtió en una plaga internacional y puso a estos países de rodillas.

Además, Obama dijo en junio de 2010, pocos meses antes de la «Primavera Árabe»: «En este mundo incierto, ha llegado el momento de un nuevo comienzo, un nuevo amanecer de la hegemonía estadounidense. Nuestro poder económico debe apoyar nuestra fuerza militar, nuestra influencia diplomática y nuestro hegemonía mundial», añadió. «Por eso construiremos un ejército del siglo XXI y una asociación tan poderosa como la alianza anticomunista que ganó la Guerra Fría, para seguir a la ofensiva en todas partes, desde Djibouti hasta Kandahar». Ese «ejército del siglo XXI» se dirige claramente al mundo musulmán, porque cita dos ciudades musulmanas. Por «asociación tan poderosa como la alianza anticomunista», se refiere a una alianza estratégica y fundamental con Estados locales como Qatar, Arabia saudí y los nuevos gobiernos de la «Primavera Árabe» que ya están trabajando arduamente para destruir a otros pueblos árabes y aplastar al último de los «rais» dignos de ese nombre (*). Esta asociación se ha puesto en movimiento de forma devastadora: varios presidentes fracasados en el espacio de un año, varias nuevas crisis en el mundo árabe y, finalmente, un Sahelistán que está tomando forma en varias regiones. Nunca antes el mundo musulmán había experimentado crisis tan graves y destructivas, tantas divisiones y particiones.

La invasión del norte de Malí forma parte de esa lógica, pensada hasta el último detalle. En Malí no se trata de terrorismo sino de terrorismo de Estado; los mercenarios utilizados con ese fin son sólo tentáculos de un mismo pulpo, tanto si pretenden actuar en nombre del Islam como en nombre de Azawad. La crisis maliense forma parte de una visión geoestratégica imperialista con un área geográfica precisa cuyo propósito es controlar los recursos, la extensión y la dominación, pero también conceder presupuestos astronómicos a las empresas del complejo militar-industrial, entre otros.

Digámoslo alto y claro: el llamado terrorismo «islamista» es una fabricación americana que sólo sirve a los intereses occidentales, con el apoyo y la bendición de sus auxiliares. Este terrorismo y el islamismo que subyace en él no son una ideología, sino grupos mercenarios que trabajan para fuerzas extranjeras. Dado que mata, aterroriza y pretende establecer una dictadura fascista, el «islamismo» no es, por lo tanto, una ideología, sino un crimen. Hoy en día, esa estrategia ya no se dirige a un solo país, sino a varios a la vez, ya que la «Primavera Árabe» inició la transición del plan imperialista a una escala superior.

Por ello, Rusia es bienvenida, junto con China, a traer a estos sepultureros que encienden el fuego para seguir sus intereses en lugar de apagarlo. Así pues, el objetivo de la Operación Serval (2) es redirigir un terrorismo que escapó a sus promotores. El terrorismo había destruido el MNLA (3) y planeaba controlar todo Malí. Malí es propiedad de Francia y el norte de Malí es compartido entre Francia por razones económicas (el subsuelo) y Estados Unidos por razones tecnológicas (el espacio aéreo utilizado para datos satelitales o investigación espacial).

Por lo tanto, la Minusma (4) permanecerá en Malí al menos hasta 2023, si IBK (5) no refuerza la ofensiva hacia Rusia. Y tendrá la oportunidad de permanecer más tiempo, si los amos del mundo logran instrumentalizar a un candidato presidencial e imponerlo por los medios que les son familiares en la conquista del poder en nuestros países durante siglos. ¡Que Dios no lo permita!

https://www.maliweb.net/insecurite/en-toute-verite-lotan-est-a-lorigine-de-la-crise-au-mali-la-russie-en-est-lunique-porte-de-sortie-2846449.html

(1) “Rais” es una palabra árabe que significa “dirigente”. Durante el Imperio Otomano el “rais” era un cargo político y hoy se llaman así a los Presidentes de las Repúblicas árabes.
(2) Plan del imperialismo francés para mantener su presencia militar en el Sahel
(3) Azawad es el norte de Mali, la parte desértica del Sahel poblada por tuaregs, que han organizado el MNLA (Movimiento Nacional de Libreración de Azawad)) para exigir la independencia. La expresión, que significa “zona de pastos”, está prohibida en Mali.
(4) Plan de la ONU para la pacificación de Mali.
(5) Iniciales de Ibrahim Bubacar Keita, el Presidente de Mali.

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