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Día: 25 de octubre de 2019 (página 1 de 1)

40 congresistas quieren incluir al Batallón Azov en el listado de organizaciones terroristas

40 miembros del Congreso de Estados Unidos se han dirigido oficialmente al Secretario de Estado, Mike Pompeo, para preguntarle por qué el Batallón Azov no está incluido en el listado de organizaciones terroristas.

La petición es consecuencia de un fracaso: la guerra del Donbas no ha logrado desestabilizar a Rusia y, por lo tanto, lo que concierne a Ucrania ya no interesa a casi nadie. En cuanto los peones del imperialismo dejan de cumplir su papel, como el Batallón Azov, se les puede arrojar por la borda sin contemplaciones.

Ahora bien, en Estados Unidos la actualidad ha vuelto a Ucrania por la puerta falsa: con una reedición del “candidato manchú”, o sea, a causa de las inmediatas elecciones presidenciales.

Nosotros lo podemos aprovechar para aprender (de una vez) lo que es el fascismo. A ver si somos capaces de ello: en Ucrania los imperialistas apadrinaron a perros nazis, como el Batallón Azov, en 2014 porque los necesitaban para que cumplieran su papel de mamporreros.

Los partidos y grupos nazis, cualesquiera que sea su nombre, no son absolutamente nada sin el Estado al que sirven, lo mismo que los curas y reverendos no son nada sin las religiones y las capillas. Lo que es fascista es el Estado que los sustenta, no la parafernalia del grupo, sus consignas, ni sus emblemas, ni sus tonterías.

Otra cosa es cuando ya no son necesarios. Cuando los fascistas han cumplido su papel, hay que esconderlos debajo el felpudo, no vaya a ser que se descubra la verdadera naturaleza de quien está detrás, del director de orquesta.

Entre los 40 congresistas se encuentra Max Rose, diputado por Nueva York, que publicó la carta en su página web y rápidamente fue suscrita por otros 39 parlamentarios de diferentes Estados, pertenecientes todos ellos al Partido Demócrata.

“Hoy en día si un ciudadano estadounidense jura lealtad al Califato Islámico y difunde sus conexiones terroristas, el gobierno tiene varias herramientas a su disposición para contrarrestar la amenaza. Sin embargo, si el mismo ciudadano estadounidense jura lealtad a un violento grupo de extremistas blancos en el extranjero y difunde su retórica terrorista, el gobierno federal no tiene acceso a las mismas herramientas […] El Batallón Azov es una organización policial ultranacionalista muy conocida en Ucrania, que invita abiertamente a los neonazis a unirse a sus filas […] En la historia relativamente corta de este grupo, la ONU ha registrado violaciones de derechos humanos y casos de tortura. A pesar de estos hechos, según el FBI, Azov ha estado reclutando, radicalizando y entrenando a ciudadanos estadounidenses durante años […] El vínculo entre Azov y los ataques terroristas en los Estados Unidos es obvio […] Además de Azov, los miembros del Congreso exigen que las organizaciones derechistas Nordic Resistance Movement (Suecia) y National Action (Gran Bretaña) también sean incluidas en la lista de terroristas”.

Los diputados esperan una respuesta para el 4 de noviembre pero, mientras tanto, la prensa ucraniana ha estallado en titulares (*) porque el Batallón nazi forma parte ahora del Estado ucraniano y no les gusta aparecer en el entramado del racismo y el terrorismo blanco.

El pecado original perseguirá a Ucrania en el futuro, del mismo modo que le persigue a España.

(*) https://www.forumdaily.com/en/kongressmeny-ssha-trebuyut-vnesti-ukrainskij-polk-azov-v-spisok-terroristicheskix-organizacij/

Imperialistas y kurdos quieren jugar con dos barajas (y que el gobierno de Siria les siga la corriente)

El general kurdo Mazlum Abdi
Las tropas estadounidenses que se han retirado del nordeste de Siria, no se han marchado muy lejos. Están al otro lado de la frontera con Irak. La retirada tampoco ha sido completa, ya que quedan las tropas de Al-Tanf, al sur de Siria. Por lo tanto, Estados Unidos no se larga sino que cambia de estrategia en Oriente Medio.

De ese cambio de planes forma parte la invasión militar del sureste de Siria por parte de las tropas turcas.

Por su parte, los dirigentes de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) le han manifestado a Trump que están dispuestos a colaborar en el nuevo plan: “Realmente disfruté de mi conversación con el general @MazloumAbdi. Aprecia lo que hemos hecho y yo aprecio lo que han hecho los kurdos. Tal vez es hora de que los kurdos empiecen a dirigirse a la región petrolera”, escribió Trump en un mensaje de Twitter.

La complicidad de los kurdos con el imperialismo no decae por más que los imperalistas los tratan como acostumbran: como a perros amaestrados. Recientemente un funcionario del Departamento de Estado rompió un lápiz y se puso a gritar a una delegación kurda (*).

“Hemos asegurado el petróleo”, ha escrito Trump en un mensaje de
Twitter, y el equipo de la Casa Blanca que trabaja con el Califato
Islámico, dirigido por James Jeffrey, promueve la política de
incrementar la presencia militar en Deir Ezzor, que es donde se
encuentran los yacimientos de petróleo y gas.

En Deir Ezzor la presencia militar de Estados Unidos parece mayor. Hay más helicópteros y aviones de combate F-35. “Todos los días, la coalición [dirigida por Estados Unidos] es muy fuerte con [el dirigente sirio] Assad”, dijo Omar Abu Layla, director general de Deir Ezzor.

Trump pretende jugar con dos barajas y para ello alienta la reconciliación de los kurdos con los turcos. En una carta dirigida a Erdogan hace unos días, Trump le dice que el general Mazlum podría ser un negociador potencial. “El general Mazloum está dispuesto a negociar con usted [Erdogan] y a hacer concesiones que nunca habrían hecho en el pasado. Adjunto una copia confidencial de la carta que me acaba de enviar”, escribió Trump.

Pero el general Mazlum que dirige las FDS, milita desde hace 30 años en el PKK y por ello es uno de los “terroristas” más buscados por la policía turca. Sería extraño verle estrechar la mano de Erdogan, lo que no impedirá que viaje próximamente a Washington para informarse de los planes de Estados Unidos en la región.

La invasión kurda ha logrado expulsar a los kurdos de a frontera norte, desplazándose hacia las regiones más meridionales de Siria. En ellas están los yacimientos petrolíferos y allá la población es totalmente árabe y no hay kurdos. Estados Unidos no quiere enviar tropas suficientes para ocuparlos. Necesitan un delegado fiable y, de nuevo, los kurdos se prestan a seguir ejerciendo de peones del imperialismo en la zona.

Si Estados Unidos ocupa la zona petrolífera con la ayuda de las milicias kurdas, los árabes lucharán contra los ocupantes de sus tierras y es muy posible que reactiven el Califato Islámico.

Evidentemente, Estados Unidos juaga con dos barajas (turcos y kurdos) y los kurdos les imitan; no rompen con los imperialistas pero, al mismo tiempo, quieren que el ejército regular sirio les defienda en la franja fronteriza. A Rusia le piden que haga de intermediario y presione al gobierno de Damasco. Quieren convertir a YPG en una sección especial del ejército regular sirio, quieren que las tropas de Estados Unidos estén presentes en Siria con el paraguas de “fuerzas internacionales de observación”.

(*) https://nationalinterest.org/blog/middle-east-watch/exclusive-inside-state-departments-meltdown-kurds-90241

El complejo militar industrial: el papel de los científicos como mercenarios del capitalismo contemporáneo

La política económica de Trump ha seguido la moda de los recortes presupuestarios, lo que suscita la pregunta inversa: ¿en dónde no escatiman el dinero? La respuesta es evidente: en gastos militares, dentro de los cuales están los proyectos “cientificos” de Darpa, la agencia de investigación del Pentágono.

La guerra ha sido y es uno de los grandes motores de la ciencia, y los científicos son los más fieles siervos de las guerras porque su trabajo tiene más relación con el sueldo que cobran que con un amor desinteresado por el saber.

Los presupuestos militares han convertido a Darpa en un gigantesco fondo de inversiones a través del cual los militares controlan universidades, laboratorios y centros de investigación por todo el mundo. Los científicos, académicos e investigadores no son más que unos de tantos subcontratistas del Pentágono, de manera que cuando se les acaban los fondos tienen que viajar a Washington a mendigar más dinero para mantener la maquinaria en marcha.

En 2017 Darpa percibió 2.900 millones de dólares que este año llegarán a los 3.200 millones. El destino de ese dinero marca la pauta de lo que interesa a los imperialistas, además de marcar la pauta también de lo que en el mundo actual consideran como “ciencia” que los más papanatas llamaban antes “puntera” y ahora “deep tech” (1). La tecnología “punta” es la más moderna, la mejor, la más innovadora y los demás no hacen más que seguir ese camino: el que marca el Pentágono.

Darpa no invierte en armas sino en hegemonía y, por lo tanto, en poder o, por mejor decirlo, en mantener el poder (el ‘status quo’) a lo largo y ancho del mundo. Poco después de que en 1958 fundara Darpa fue cuando el general Eisenhower acuñó la famosa expresión “complejo militar industrial” (2), un binomio del que se suele olvidar la tercera pata a la que el entonces Presidente también se refirió: la ciencia.

Más que la ciencia propiamente dicha, son los científicos actuales los que portan las taras del complejo militar industrial, por más que se empeñen en disimularlas. Aquí ya hemos expuesto algunas, como la llamada “inteligencia artificial”, que va a consumir 2.000 millones de dólares de Darpa en cinco años. No es más que ingeniería social o, como decía Marx, convertir a la humanidad en una extensión de la máquina (y no al revés).

Por lo demás, la “inteligencia artificial” es lo menos inteligente que cabe imaginar. Es el intento de trasladar el modelo militar a la sociedad, o sea, militarizar a los civiles, convirtiéndolos en automátas, soldados robotizados, carne de cañón.

La subcontratación permite a los científicos cerrar los ojos ante sus verdaderos amos. También le permite al Pentágono contar con la colaboración de instituciones e investigadores que le cerrarían las puertas porque no quieren aparecer como tentáculos de la guerra imperialista. En fin, la maraña de intermediarios mantiene la imagen de la ciencia que los científicos quieren aparentar: aséptica y alejada del mundanal ruido.

Pero la ciencia no sólo depende de los militares y de científicos militarizados, sino también de la industria, es decir, del capital. La biologia moderna es una creación de las empresas de fondos de inversión altamente especulativos. Los laboratorios de biotecnología, la farmacia y la agroindustria actuales serían impensables sin las sociedades de capital riesgo.

La industria funda y destruye revistas científicas, crea, equipa y disuelve laboratorios y centros de investigación, financia cursos de formación, convoca congresos nacionales e internacionales, incorpora a los científicos a su accionariado y a los consejos de administración de sus empresas, nombra y destituye a ciertos ministros…

Desde el punto de vista industrial, la ciencia moderna no tiene que fabricar conocimientos verosímiles, sino algo mucho más simple: es una máquina de hacer dinero rápidamente, bien entendido que quienes hacen dinero no son sólo las empresas sino también los científicos que forman parte de ellas.

Quizá el mejor perfil que hay en España de uno de esos científicos de última generación sea Cristina Garmendia, donde aparecen todas las patas que la sustentan. Doctora en biología, Garmendia fue ministra del PSOE de Ciencia e Innovación, un cargo al que llegó procedente de los grupos de presión de la biotecnología, la famacia y la medicina, unidos en una intrincada red de fundaciones que no son otra cosa que conglomerados empresariales.

Era miembro de la Junta Directiva de la CEOE, presidenta de la Fundación Inbiomed y de la Asociación Española de Bioempresas. En 2000 fundó Genetrix, empresa del sector de la biotecnología y en 2008 la sociedad de capital riesgo YSIOS, especializada en salud y biotecnología. “Cristina Garmendia fue pionera al sentar las bases de una industria de la biotecnología en España al trasladar el ‘know-how’ de la investigación biomédica académica española al ámbito del mundo empresarial”, dice de ella la Wikipedia (3).

En 2011 aquella ministra aprobó la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación que, por primera vez, elevó la innovación a rango de ley, incidiendo en las puertas giratorias del conocimiento: del sector público a las empresas privadas, y a la inversa.

Aquel mismo año 2011 la ministra se concedió préstamos públicos para sus propias empresas privadas, porque en los tiempos del capital monopolista de Estado ¿cómo se diferencia lo público de lo privado?, ¿cómo diferenciar la ciencia de los científicos?, ¿cómo diferenciar a la ciencia del capital?, ¿cómo diferenciar al PSOE de Ciudadanos? En 2015 a la científica ya la veían participando en los actos electorales de Ciudadanos (4).

En el mundo actual a los científicos que marcan la pauta donde se los ve es en los actos oficiales; los otros tienen su jornada de trabajo en los laboratorios y dependen de los anteriores.

(1) En Estados Unidos llaman “deep tech” a los proyectos científicos prometedores o rompedores, pero que requieren un desarrollo a largo plazo y, por lo tanto, de dinero público
(2) Aunque la expresión se atribuye a Eisenhower, quien le escribió el discurso fue Malcolm Moos, rector de la Universidad de Minnesota (https://www.shmoop.com/historical-texts/eisenhower-farewell-address/malcolm-moos.html).
(3) https://es.wikipedia.org/wiki/Cristina_Garmendia
(4) https://cronicaglobal.elespanol.com/politica/c-s-sorprende-con-el-fichaje-de-la-ex-ministra-socialista-cristina-garmendia_29688_102.html

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