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Día: 24 de septiembre de 2019 (página 1 de 1)

De carcelero a Presidente de la República de Guatemala (el sangriento caso de un motín penitenciario de ‘bandera falsa’)

Alejandro Giammattei: de carcelero a Presidente
En las pasadas elecciones guatemaltecas ganó la presidencia el exdirector del Sistema Penitenciario Alejandro Giammattei, quien tomará posesión de su cargo el próximo mes de enero.
Giammattei es conocido por haber sofocado un motín de “bandera falsa” en la Granja Penal de Pavón el 25 de septiembre de 2006.

Fue la Operación Pavo Real: más de 3.000 efectivos policiales, militares y penitenciarios ingresaron en la Granja que, según los carceleros, se encontraba en poder de un grupo de presos que la utilizaba como base para sus operaciones criminales.

La versión oficial asegura que tras un enfrentamiento entre las fuerzas del orden y presos fuertemente armados, los carceleros retomaron el control del penal, con un resultado de siete presos muertos. Alejandro Giammattei, quien dirigió la Operación Pavo Real, llevaba menos de un año como director del sistema penitenciario. De la noche a la mañana fue elevado a la categotría de héroe nacional.

Tres años después, la suerte de Giamma­ttei, del exjefe de la policía Erwin Sperisen y del exministro de Gobernación Carlos Vielmann sufrió un revés. La recién creada Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), formada por la ONU para desmantelar redes de corrupción y crimen organizado en el país, reveló que el verdadero motivo de la Operación Pavo Real no fue recuperar el control de la cárcel, sino la ejecución extrajudicial de varios presos.

Fotografías que la CICIG presentó como evidencia muestran a un reo capturado por las fuerzas del orden, quien en una foto posterior aparece ya muerto y vestido de manera diferente, con un arma a su lado. La investigación también reveló que los presos que supuesta­mente murieron en el enfrentamiento mostraban señales de tortura y heridas de bala a corta distancia. A Giamma­ttei en particular se le acusó de facilitar la lista de los presos que había que ejecutar.

El carcelero quiso evadir la orden de detención en su contra refugiándose en la embajada de Honduras en Guatemala para solicitar asilo, pero finalmente se entregó a la justicia y se declaró “preso político”.

Después de 10 meses bajo custodia, tres de ellos en la Brigada Militar Mariscal Zavala (donde actualmente se encuentra el expresidente Otto Pérez Molina bajo cargos de corrupción), en 2007 fue candidato presidencial de la reaccionaria Gran Alianza Nacional (Gana) y quedó en tercer lugar gracias a la popularidad ganada como carcelero.

Cuatro años después, el Tribunal Primero de Alto Riesgo cerró el caso en su contra, aduciendo falta de pruebas, lo cual le permitió participar como candidato presidencial del partido Centro de Acción Social (Casa). Pero ya habían pasado cinco años desde el Operativo Pavo Real y su partido ni siquiera logró representación en el Congreso.

Sperisen, quien huyó a Suiza, donde gozaba de doble nacionalidad, fue condenado allá por su complicidad en la ejecución de los siete presos.

Con tales antecedentes, no es de sorprender que el presidente electo de Guatemala, quien ganó las elecciones de agosto en su cuarto intento de llegar al poder, sea un acérrimo opositor a la CICIG. Esta comisión internacional se vio obligada a concluir su mandato en el país centroamericano después de 12 años, después de que el presidente saliente, Jimmy Morales, investigado por la comisión por cargos de corrupción, decidiera que representaba “un riesgo para la seguridad nacional”.

Giammattei, de 63 años, es un evangelista fanático que promueve la pena de muerte y el uso del ejército para desempeñar funciones de seguridad, como estrategia contra los altos índices de criminalidad en Guatemala. También quiere sustituir a la CICIG, la cual presentó cargos contra tres expresidentes, con una comisión nacional, sin precisar cómo se integrará ni cuál será su presupuesto.

https://www.proceso.com.mx/600467/guatemala-de-carcelero-a-presidente

Balance de la represión contra los ‘chalecos amarillos’: 3.000 condenas y 1.000 manifestantes encarcelados (de momento)

La represión contra los “chalecos amarillos” ha sacudido todos los rincones de Francia. Las condenas más antiguas se las inventó la policía con informes falsos, pero las más recientes se han basado en grabaciones de videovigilancia o en grabaciones tomadas durante las manifestaciones.

Según el Ministerio de Justicia, se han dictado más de 3.000 condenas, un tercio de las cuales han dado lugar a penas de prisión firmes. Hasta principios de julio se habían emitido aproximadamente 440 órdenes de busca y captura (1). Entre noviembre y julio, tribunales pequeños, como el de Boulogne-sur-Mer (Pas-de-Calais), juzgaron 44 casos por las manifestaciones de los “chalecos amarillos”. En Tarbes (Altos Pirineos), 86 personas han sido procesadas. En París, el escenario principal de las manifestaciones, la fiscalía ha acusado a 626 personas de los casi 3.000 detenidos por la policía (2).

A finales de marzo se habían impuesto más de 300 penas de prisión, con suspensión condicional de la ejecución. De febrero a junio la actividad del Juzgado de lo Penal de Clermont-Ferrand se centró en los hechos ocurridos el 23 de febrero, el Acto 15 de los “chalecos amarillos”.

Un hombre de 28 años acusado de violencia grave y desacato fue condenado a finales de junio a 18 meses de prisión, incluidos 12 meses de trabajo en una granja. Los videos lo mostraban de frente rompiendo una piedra para lanzar proyectiles a los policías. “He sido contrario a la policía desde que era un niño”, dijo el acusado en el juicio.

La violencia contra la policía y los daños siguen siendo las principales razones para condenar a prisión. “Han sido procesados por violencia contra la policía, la mayoría de las veces negada por los acusados”, según una abogada de Lille que defiende a los “chalecos amarillos”. Muchas de las condenas se basan únicamente en el testimonio de la policía.

Los actos condenados no sólo incluyen los cometidos durante las manifestaciones. Alrededor de 30 sentencias se refieren a incendios y daños a los radares, que van desde cuatro meses de prisión con suspensión de la ejecución de la pena, hasta un año de prisión.

Las condenas más recientes muestran también las primeras consecuencias de la nueva ley antivandalismo aprobada el 10 de abril de este año, que crea el delito de ocultación del rostro y facilita la prohibición de las manifestaciones. El nuevo delito se utilizó rápidamente contra los manifestantes detenidos. Un hombre de Toulouse fue condenado a dos meses de prisión en abril por ocultar su rostro. Otros dos meses también para una manifestante de Lyon. Otros vieron que a las capuchas se sumaba la participación en un grupo para cometer daños o violencia, con o sin armas, y otros ultrajes y agresiones los funcionarios encargados del cumplimiento de la ley.

“El objetivo de esta medida no es obtener resultados judiciales”, según un abogado parisino que ha defendido a muchos “chalecos amarillos”. Es una herramienta de aplicación de la ley que permite mantener a las personas detenidas por el simple hecho de cubrir su rostro. “El propósito principal es evitar que alguien proteste”. Los policías pasan su jornada laboral viendo vídeos para identificar a las personas que esconden sus rostros y luego los citan a declarar. Los abogados consideran que es un reflejo de cualquier manifestante: cuando hay humo de gases lacrimógenos, es necesario taparse la nariz con algo.

La ley de 10 de abril ha facilitado los controles preventivos en las inmediaciones de las manifestaciones y ha logrado la prohibición de otras. Es un ejemplo típico de pescadilla que se muerde la cola: la ley se aprueba apresuradamente sobre la base de un consenso que no se puede cuestionar en la calle.

Lo mismo que las manifestaciones, la represión y las condenas no han terminado. El Ministerio de Justicia sigue llevando cabo muchas investigaciones, generalmente en fase preliminar, y se están abriendo expedientes para identificar a los autores de los actos más graves, como por ejemplo los daños del Arco del Triunfo, el incendio en la prefectura de Le Puy-en-Velay o el intento de linchar a motociclistas de la policía en los Campos Elíseos.

(1) https://www.streetpress.com/sujet/1568288596-en-prison-comme-440-gilets-jaunes-ils-racontent
(2) https://www.lemonde.fr/police-justice/article/2019/07/17/la-justice-face-aux-gilets-jaunes-une-activite-hors-norme-a-paris_5490162_1653578.html

¿Por qué los sindicatos amarillos se suman a la política económica de los imperialistas y los monopolistas?

Ayer el sindicato ESK (Ezker Sindikalaren Konbergentzia) se sumó a la seudohuelga mundial climática en un comunicado (*) relleno de tópicos que es intercambiable con cualquier otro comunicado sobre el mismo asunto, cualquiera que sea la clase social a la que digan representar, es decir, tanto si hablan en nombre del proletariado como si lo hacen en nombre de la burguesía.

Así está el planeta. Ha logrado conciliar la lucha de clases, poner de acuerdo a “la izquierda” con “la derecha” porque, además de finito, el planeta es único para todos y debemos rescatarlo entre “todos” porque “todos” navegamos en el mismo barco…

Ese tipo de discursos coincidentes fue el sueño de la burguesía desde su surgimiento, de manera que es sorprendente que haya tantos sindicatos, todos con la misma naturaleza de clase y todos con el mismo discurso unánime, llorón y empalagoso. Este fenómeno siempre se llamó “amarillismo”.

Lo que da uniformidad a ese discurso, naturalmente, es su origen de clase burgués, imperialista y reaccionario. Lenin lo llamaba hegemonía y consiste en imponer una ideología lo mismo que en imponer un ejército, o una política económica, a lo largo y ancho de todo el mundo. Hasta en la recóndita Uganda han fabricado su propia Greta Thunberg. Se llama Leah Namugerwa y hace exactamente lo mismo, y dice exactamente lo mismo que la sueca. Los publicistas del imperialismo fabrican sus muñecas en serie, en una cadena de montaje.

Después hay que esperar a que esa ideología burguesa cale hasta los huesos de organizaciones que -incluso- dicen que están en el bando contrario, como ESK y tantas otras, que necesitan ocultar el origen del llamamiento a la huelga del 27 de setiembre con falsificaciones y mistificaciones, como “los jóvenes”, o “los estudiantes” para ir a ponerse a rebufo: los obreros deben seguir esos mismos dictados.

Ni siquiera son capaces de cambiar un poco el lenguaje, que es igual que el discurso climático, absolutamente plano, tópico, posmoderno y, sobre todo, burgués, negador de las clases sociales y de la lucha entre ellas. Es absolutamente vergonzoso que ESK (y tantos otros) se siga calificando a sí mismo como “sindicato” y debería pensar en deseanmascararse y reconvertirse a sí mismo.

Los de ESK se muestran partidarios de la “transición ecológica” que han impuesto los imperialistas y le allanan el camino. Se han propuesto “conseguir que la clase trabajadora no sea un obstáculo” a las políticas económicas imperialistas y monopolistas. Es, pues el seguidismo de siempre, el corporativismo fascista, el intento por lograr que los sindicatos defiendan la política económica que los patrones imponen a los obreros o, como dicen en su comunicado, “introducir en los centros de trabajo un debate que estamos obligadas a hacer”.

La parte más sentimentaloide del comunicado llega cuando ESK pretende que el coste de la “transición ecológica” no se haga a costa de los trabajadores, cuando está ocurriendo todo lo contrario, como no podía ser de otra forma. No hay más que ver el movimiento de los “chalecos amarillos” en Francia, que lleva un año en la calle enfrentándose a la “transición ecológica” de Macron, que no es otra cosa que un aumento de los impuestos para financiar la política económica monopolista.

La diferencia entre un sindicato amarillo y uno de verdad es que el primero convoca una huelga porque le preocupa el planeta, aunque no sepa lo que es, mientras que el segundo convocaría una huelga contra la explotación infantil, por ejemplo, que saben muy bien por qué se produce.

La tarea de los sindicatos nunca ha sido el planeta sino una clase social, los trabajadores, cuya lucha no está dirigida a “cambiar el modelo de producción” sino a acabar con el capitalismo para construir el socialismo en todo el mundo. Si quieren salvar al planeta, los sindicatos deberían desaparecer y reconvertirse en ONG, que es mucho más moderno.

(*) https://www.esk.eus/index.php/es/noticias/1096-cambiemos-el-modelo-de-produccion-para-salvar-el-planeta

Más información:

— Terapia de choque contra la crisis del capitalismo: su más gigantesca movilización de recursos
— El gran negocio de la ‘transición ecológica’
— La promoción del capitalismo en el Tercer Mundo con el pretexto del ‘cambio climático’
— 2,6 billones de dólares invertidos en energías renovables en la última década
— El clima es el nuevo negocio de los grandes especuladores, como Bill Gates
— La ‘revolución verde’ de Merkel saqueará 40.000 millones de los bolsillos de los contribuyentes y consumidores
— El PSOE se suma a la política monopolista de ‘New Deal verde’
— El sindicato United Electrical de Estados Unidos apoya la ‘huelga mundial por el clima’ de 27 de setiembre

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