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Día: 3 de julio de 2019 (página 1 de 1)

Pegasus: si entra en tu móvil también entra en tu cabeza

La empresa NSO Group la fundaron dos militares israelíes en 2010. Su producto estrella es el programa de espionaje Pegasus, que vende a otros gobiernos, que a su vez los utilizan para vigilar e incluso asesinar a disidentes, opositores, periodistas, e incluso a empresas de la competencia (1).

Las empresas israelíes han perfeccionado sus técnicas de vigilancia digital en el contexto de la ocupación de Palestina. Israel domina el arte de vigilar a millones de palestinos en Cisjordania, Gaza e Israel y ahora sus empresas venden sus conocimientos a gobiernos que admiran su capacidad para reprimir cualquier clase de oposición.

Un teléfono infectado por el programa Pegasus es totalmente controlable por terceros desde el exterior. El programa permite determinar la ubicación del teléfono, activar la cámara y el micrófono, grabar conversaciones y tener acceso a todos los datos personales (SMS, correos electrónicos, contactos, fotos, vídeos, así como conversaciones en Instagram, Whatsapp o cualquier red social). Es como estar presente en la cabeza del otro.

NSO Group no es la única empresa israelí que vende tecnologías de espionaje político. Black Cube también está acusada de controlar a los opositores de Joseph Kabila, antiguo Jefe de Estado de la República Democrática del Congo (2001-2019). Harvey Weinstein, el productor de Hollywood que catalizó el movimiento #metoo, contrató a Black Cube para intimidar a las mujeres que le acusaban de violación.

La empresa israelí se dirigió a las ONG para intimidarlas en el contexto de las elecciones presidenciales húngaras, entre diciembre de 2017 y marzo de 2018.

Las técnicas cambian, pero el objetivo es siempre el mismo: capitalistas y Estados poderosos que quieren vigilar o intimidar a sus enemigos y competidores de una manera subrepticia.

Las empresas israelíes de inteligencia son una continuación del servicio secreto. Los dirigentes de Black Cube incluyen a antiguos miembros del Mossad. En cuanto a NSO Group, fueron los veteranos del equivalente israelí de la NSA en Estados Unidos, la Unidad 8200, quienes fundaron la empresa.

En México el gobierno de Enrique Peña Nieto, Presidente de 2012 a 2018, compró Pegasus por 80 millones de dólares. Citizen Lab ha documentado su uso en ataques contra nueve periodistas. Griselda Triana, viuda de un periodista asesinado en 2017, también fue objeto de un ataque a través del programa de espionaje. Se han registrado otros 25 ciberataques contra opositores mexicanos, incluyendo uno contra el comité internacional que investiga el asesinato de 43 estudiantes en Iguala, Estado de Guerrero, en 2014.

Otra víctima de Pegasus es Ahmed Mansoor, un defensor de los derechos humanos y ciudadano de Emiratos Árabes Unidos, que fue objeto de un ataque por parte de Pegasus en 2016. Le condenaron a diez años de cárcel por criticar al gobierno en las redes sociales.

Amnistía Internacional fue atacada en agosto de 2018, lo que les ha llevado a reaccionar poniendo una demanda en los tribunales israelíes el pasado mes de mayo para anular la licencia de exportación de Pegasus.

El pasado mes de mayo Whatsapp acusó a NSO Group de instalar un programa de espionaje en la aplicación.

Arabia saudí compró Pegasus por 55 millones de dólares (2) y lo utilizó para recopilar información sobre el periodista Jamal Khashoggi que -muy probablemente- condujo a su asesinato en Estambul el pasado mes de octubre.

La Casa Real saudí inició una purga en la que detuvo y torturó a miembros de la propia familia real, así como a empresarios acusados de corrupción.

El negocio del espionaje está en auge y es muy lucrativo. El valor en bolsa de NSO Group se estima en 1.000 millones de dólares. La economía del espionaje digital vale 12.000 millones. Incluso un país pequeño con un presupuesto pequeño puede tener una enorme capacidad para iniciar ataques cibernéticos contra sus oponentes.

Pero el descubrimiento del negocio ha acabado afectando a NSO Group. Cuando los fundadores solicitaron un préstamo para comprar la empresa en 2019, los especuladores no se quisieron mojar, hasta que Stephen Peel, un banquero británico, compró la mayoría de las acciones en febrero a través de su holding Novalpina Capital. Desde la adquisición, su tarea fundamental ha sido la de lavar la sucia imagen de marca de la empresa.

(1) https://www.theguardian.com/law/2019/jun/14/yana-peel-uk-rights-advocate-serpentine-nso-spyware-pegasus
(2) https://www.nytimes.com/2018/12/02/world/middleeast/saudi-khashoggi-spyware-israel.html

Imperialismo y capitalismo monopolista de Estado: el mercado mundial del aceite de palma

El 3 de abril de 2017 Le Monde titulaba así una noticia: “La conversión de la tierra en plantaciones de aceite de palma es responsable del 40 por ciento de la pérdida de la cubierta forestal natural de todo el planeta” (1).

El artículo hacía referencia a un informe del Parlamento Europeo, que a su vez se basaba en varias fuentes de esos conocidos “expertos”, “científicos” y organismos internacionales que se manejan como los hilos de las marionetas.

Detrás va la legión de ONG, encabezadas por Greenpeace, con las consabidas consecuencias que los cultivos de aceite palma ocasionan sobre la deforestación, el agotamiento del suelo, la desaparición de especies, los gases de efecto invernadero y el calentamiento del planeta (2). Por si eso no fuera ya suficiente, el aceite de palma es perjudicial para la salud humana (3) y tampoco podían faltar otros tópicos que quedaron en manos de Amnistía Internacional (4) y Oxfam (5): los derechos humanos y las condiciones de trabajo esclavistas en las plantaciones de aceite de palma en los países del Tercer Mundo.

Los ataques contra el aceite de palma comenzaron hace unos 10 años porque el aumento del consumo mundial se hizo en detrimento de los monopolios que hasta entonces dominaban el mercado mundial del aceite gracias a la soja, la colza, el girasol. En veinte años, de 1995 a 2015, el consumo mundial de palma había pasado de 14,6 millones de toneladas a 62,6 millones (6).

En la guerra mundial del aceite no hay ningún problema ecológico, ni sanitario, ni humanitario. Es un caso más de competencia monopolista sobre el mercado mundial en el que los capitales más fuertes han recurrido a sus Estados respectivos, a los organismos internacionales, a las ONG, a los expertos… a todo lo que se les puso al alcance de la mano.

El 90 por ciento de la producción mundial de aceite de palma procede de Indonesia y Malasia, mientras que el mayor productor de soja del mundo es Estados Unidos, así que las cartas estaban marcadas antes de empezar a jugar la partida. No hay más que hablar. La soja es buena y el aceite de palma es malo. Los precios de la soja suben y los de la palma bajan.

En marzo de 2019 un organismo típicamente monopolista, la Comisión Europea, zanjó el asunto de la manera acostumbrada: el aceite de palma queda prohibido completamente para 2030 y la proporción de aceite de palma en los biocombustibles queda limitado por decreto (7). El aceite de palma ha quedado catalogado como un producto de “muy alto riesgo”, algo que no ocurre con la soja.

Aquí -como en otros asuntos- la Comisión Europea tutela los intereses económicos de Estados Unidos.

En China las cosas tomaron un giro distinto desde que en enero del año pasado comenzó la guerra comercial con Estados Unidos, en los que la soja ha tenido un papel relevante. Cuando Estados Unidos subió los aranceles, China cambió de proveedor y empezó a importar soja de Brasil.

Seis meses después, en julio del año pasado, Trump le llamó a su capataz en Bruselas, Jean Claude Junker, para que viajara a la Casa Blanca y se comprometiera a sustituir a China en las compras de soja (y a Rusia en las compras de gas, pero esa es otra historia). A cambio Trump no elevó los aranceles a la importación de automóviles alemanes. Lo uno por lo otro: soja a cambio vehículos; soja a cambio de palma.

Como consecuencia del arreglo de la Casa Blanca, las exportaciones de soja estadounidense a Europa han aumentado un 121 por ciento entre julio de 2018 y mediados de abril de 2019, garantizando el precio y, por lo tanto, los beneficios de los productores estadounidenses (8).

La campaña monopolista contra el aceite de palma ha hecho que su precio haya caído un 46 por ciento mientras que la soja se ha reducido un 29 por ciento. Por lo tanto, la caída de los precios no ha arruinado a todos por igual. Los agricultores asiáticos no son los mismos que los estadounidenses, ni tienen los mismos recursos. En Indonesia y Malasia los campesios han tenido que destruir sus plantaciones de aceite de palma y cambiar a otros cultivos, mientras que los productores estadounidenses de soja están apoyados por la Casa Blanca.

Como en cualquier otra guerra, en las guerras comerciales prima la intoxicación informativa de manera que es falso que las plantaciones de aceite de palma hayan causado el 40 por ciento de la desforestación mundial, sino el 2,3 por ciento (9). Dichos cultivos tampoco han tenido consecuencias medioambientales más serias que otros (10). En 2011 Indonesia y Malasia produjeron conjuntamente el 36 por ciento de la producción mundial de aceites comestibles utilizando sólo el 5,5 por ciento de la superficie plantada con semillas oleaginosas. El cultivo de aceite de palma es altamente productivo. Produce casi diez veces más grasa por hectárea que la soja y más de cinco veces más que la colza.

Es posible que dentro de poco lleguen en patera algunos de esos campesinos de las plantaciones de palma de Asia y África arruinados por la desigual competencia monopolista. También es posible que nos sintamos ajenos por completo a esos refugiados a los que hemos empujado fuera de sus campos después de arruinarles su medio de vida.

¿Qué podemos decir de las ONG, los defensores del planeta y de la humanidad? Que son fieles lacayos de quienes les pagan, a saber la Unión Europea y las organizaciones seudobenéficas de Estados Unidos.

Los manejos de los imperialistas siempre van seguidos de sus secuaces de las ONG, que por algo las financian. Ayer Greenpeace bloqueó en Francia un barco cargado de soja para protestar contra la inacción del gobierno ante el cambio climático y la deforestación (11). Pero hay un pequeño detalle: el barco no llegaba de Estados Unidos sino de Brasil, un país cuya producción compite con la soja estadounidense.

(1) https://www.lemonde.fr/planete/article/2017/04/03/les-ravages-de-la-culture-d-huile-de-palme-passes-au-crible-du-parlement-europeen_5104827_3244.html
(2) https://www.greenpeace.fr/greenpeace-huile-de-palme/
(3) http://nopalm.org/article-21-les-dangers-de-lhuile-de-palme-sur-la-santA
(4) https://www.amnesty.fr/responsabilite-des-entreprises/actualites/huile-de-palme-travail-des-enfants-et-travail-force
(5) https://www.oxfamfrance.org/?s=Huile+de+palme
(6) https://www.palmoilandfood.eu/fr/la-production-d por cientoE2 por ciento80 por ciento99huile-de-palme
(7) https://www.capital.fr/economie-politique/bras-de-fer-sur-lhuile-de-palme-entre-lue-et-lasie-du-sud-est-1333470
(8) http://www.lafranceagricole.fr/actualites/cultures/union-europeenne-les-importations-de-soja-americain-senvolent-1,7,618929371.html
(9) https://theconversation.com/non-lhuile-de-palme-nest-pas-responsable-de-40-de-la-deforestation-76955
(10) https://www.institutmolinari.org/IMG/pdf/note0912_fr.pdf
(11) https://www.dw.com/es/desalojados-activistas-que-bloqueaban-buque-con-soja-de-brasil/a-49427752

—https://www.iveris.eu/list/notes_danalyse/434-la_guerre_de_lhuile

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