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Día: 29 de mayo de 2019 (página 1 de 1)

Huawei: los promotores de la guerra comercial de Estados Unidos contra China están condenados al fracaso

No hay mucho más que añadir a lo que ya expusimos en febrero (1) sobre el bloqueo de Estados Unidos a la multinacional Huawei. No obstante, hay que salir al paso de la catarata de “noticias” que el asunto ha provocado.

Las motivaciones económicas, comerciales y tecnológicas no son las causas principales del acoso a Huawei. Se trata de una guerra contra la misma China, es decir, una cuestión estratégico militar: el control del sistema mundial de telecomunicaciones, que permite tener una ventaja decisiva en materia de inteligencia, contrainteligencia y espionaje.

La empresa china desarrolló de forma autónoma un sistema de cifrado de datos que hasta el momento es imposible de vulnerar incluso para la NSA, lo cual ha llevado a muchos servicios de inteligencia del mundo a preferirlos por encima de sus competidores estadounidenses con el fin de garantizar la fiabilidad de sus comunicaciones (2).

Controlar las telecomunicaciones mundiales permite a Estados Unidos y sus aliados de “Los Cinco Ojos” (Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) seguir dominando la red de espionaje digital mundial denunciada por Snowden en 2013, la misma que hizo a los servicios de inteligencia rusos regresar a las viejas máquinas de escribir para garantizar el secreto de sus informaciones (3).

Anticipar que el bloqueo está condenado al fracaso no debería ser ninguna sorpresa por dos motivos: el primero es la fuerte caída del comercio internacional que ha puesto al capitalismo a las puertas de una nueva sacudida, y segundo, que la medida ha tenido un efecto “boomerang”: lo que ha caído en bolsa han sido las acciones de las multinacionales obligadas a sostener el bloqueo.

La medida se ha vuelto contra los patrocinadores. Al día siguiente del bloqueo Qualcomm perdió en bolsa más de un 10 por ciento y Apple más de 3 por ciento. A su vez, esa caída ha obligado a la Casa Blanca a retrasar el bloqueo hasta el mes de agosto y lo más probable es que no se logre imponer nunca porque, a su vez, los que presionan (en Washington) también están sometidos a presiones (de las multinacionales informáticas).

Al final el asunto se va a resolver de tal manera que quedará claro quién bloquea a quién, porque no bloquea quien quiere sino quien puede.

La excusa de Estados Unidos es como las armas de destrucción masiva en poder de Saddam Hussein, o el espionaje ruso al Partido Demócrata, o el caso Skripal, o los ataques sónicos contra la embajada en La Habana, o cualquiera de las demás farsas típicamente estadounidenses de los últimos años.

De momento, el sueño de internet como una “red mundial” se ha despertado de su desengaño. No hay tal red; la tecnología no es neutra y el mundo marcha hacia una fragmentación cada vez más evidente de las telecomunicaciones. La política de bloques se ha trasladado a los grandes monopolios e incluso a los organismos internacionales que establecen los cánones tecnológicos, como los servidores, los microprocesadores, las señales radioeléctricas (wifi) o los sistemas operativos y las aplicaciones.

No obstante, los charlatanes de la globalización y el neoliberalismo pueden seguir con sus ridículas disquisiciones.

(1) https://mpr21.info/2019/02/huawei-los-viejos-capitalistas-han.html
(2) https://www.voltairenet.org/article204273.html
(3) https://actualidad.rt.com/actualidad/view/99748-snowden-servicio-defensa-rusia-maquinas

La verdadera naturaleza de los crímenes fascistas

Brenton Tarrant
La reciente matanza de 49 personas en Nueva Zelanda ha vuelto a pasar desapercibida porque su sello no es el islam sino el cristianismo y, naturalmente, porque las víctimas tampoco entran dentro del guión.

Por supuesto, otro de los motivos para tender la cortina de humo también es típica y consiste en desconectar a determinadas religiones -y no a otras- con el fascismo. De ese modo se oculta también la verdadera naturaleza del fascismo, algo que en España resulta imperdonable. ¿La guerra civil no fue un “cruzada” para los fascistas?

Sin embargo, el Primer Ministro australiano calificó al autor de la matanza, Brenton Tarrant, como un “violento terrorista de extrema derecha”. En ocasiones es reconfortante leer que este tipo de crímenes no los cometen “locos”, o que no se trata sólo de los famosos “delitos de odio”.

Las cortinas de humo no sólo desconectan al fascismo de determinadas religiones sino también de fenómenos, como el racismo, a pesar de que el 18 de junio de 2015 Dylan Roof atacó una iglesia afroamericana de Charleston, Estados Unidos, matando a 9 creyentes negros con el objetivo declarado de provocar una “guerra racial”.

En 2017 Alexandre Bissonnette atacó una mezquita de Quebec matando a 6 personas e hiriendo gravemente a otras cinco. Ese mismo año Darren Osborne atacó la mezquita de Finsbury Park en Londres y mató a una persona.

Por su parte, Brenton Tarrant explicó en una declaración que había cometido su crimen a causa de la derrota de Marine Le Pen en las elecciones presidenciales francesas de 2017 frente a un candidato “antiblanco”.

Como se ve, tampoco es posible decir que las matanzas tengan un carácter local, ya que se han cometido en países diferentes, que no forman parte del mundo árabe sino de las potencias occidentales más poderosas.

Desde 2007 hay un aumento de los ataques fascistas en Estados Unidos, según el CTC (Centro de Lucha contra el Terrorismo) de la Academia Militar de West Point.

Por estos lares los tertulianos explican el famoso “auge de la ultraderecha” y los crímenes fascistas como secuelas de la inmigración. A partir de ahí, los “expertos” de pacotilla siguen argumentando sobre el “miedo” a la una pérdida de la “identidad europea”, que es blanca y cristiana.

Pero en Europa los musulmanes, por ejemplo, no llegan al 5 por ciento de la población y en Estados Unidos representan el 1,1 por ciento. Quieren dar la impresión de que el islam es mucho más “contagioso” que cualquier otra religión. Un musulmán permanece en su religión toda la vida, sus hijos seguirán siendo musulmanes siempre y si un cristiano se casa con un musulmán, abandonará su religión para adoptar la otra. Dentro de poco todos los europeos seremos musulmanes.

A su vez, asocian al musulmán con el extranjero y el emigrante para aparentar una especie de “invasión”. La cadena de argumentos falsos no se detiene nunca. La inmigración no tiene nada que ver con las guerras que el imperialismo ha desatado en la otra orilla del Mediterráneo, ni tampoco con los “noticias” que para justificarlas han propalado las cadenas de intoxicación.

Parece, pues, que lo mejor para acabar con el fascismo es acabar con la emigración y, de paso, con los emigrantes, es decir, una continua fuga hacia adelante en busca de señuelos para seguir ocultando que el fascismo es consecuencia del imperialismo, y que es imposible acabar con él y con sus lacras sin acabar con el capitalismo.

No se puede acabar con los crímenes fascistas cuando se les niega su condición de tales con eufemismos como la ultraderecha, o el totalitarismo, o el odio, o el supremacismo.

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