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Día: 16 de marzo de 2019 (página 1 de 1)

Las predicciones científicas a la luz del materialismo

Juan Manuel Olarieta

Cuando se lee con un mínimo de atención cualquier clase de información sobre el clima de la Tierra, llama la atención que la mayor parte de las veces las conclusiones se apoyan en modelos o simulaciones informáticas.

Es algo que se repite bastante en la actualidad en numerosas disciplinas científicas, que cada vez recurren más al ordenador que a la observación de la realidad, al laboratorio que a los trabajos de campo.

Un modelo climático (denominado MGC o modelo climático planetario) no es diferente de un programa de ordenador, eso que a veces se describe con el oxímoron de “realidad virtual”. En el mejor de los casos, no es la realidad sino un intento de simplificarla. En otros es una deformación grosera de esa misma realidad.

Decía Marx que la modelización diferencia al hombre del resto de los animales. A diferencia de la abeja que construye un panel hexagonal con una precisión milimétrica, antes de levantar un edificio el arquitecto dibuja los planos. Antes de construir una nave espacial, los ingenieros hacen maquetas a escala reducida para probarla.

En medicina se llaman “ensayos clínicos”. Una vacuna que no supera un ensayo no se suministra ni al ganado; una nave que no supera una prueba, no se construye porque, en caso contrario, corre el riesgo de estallar más temprano que tarde.

Lo mismo ocurre con los modelos científicos. Los materialistas deberían saber muy bien lo que es el mundo real y lo que es ficción. La ciencia obtiene sus conclusiones de la realidad mientras que los modelos proyectan sobre ella una serie de concepciones establecidas de antemano. Todo modelo científico tiene un componente tautológico que crea una ilusión: da una apariencia de “demostración” de antemano de lo que pretende demostrar.

Son como las hipótesis: no demuestran nada, tienen que ser demostradas o, en otras palabras, lo que hay que demostrar es que el modelo se acerca a la realidad o la describe con una buena aproximación, con un margen de error tolerable.

Un territorio no es un mapa. La realidad tampoco se puede introducir en un laboratorio. A veces incluso cuando las pruebas “in vitro” salen bien, las pruebas “in vivo” no funcionan conforme a las expectativas.

Hay cientos de variables que afectan al clima, tales como la atmósfera, el océano, el hielo, la superficie terrestre, las erupciones volcánicas o las radiaciones solares. Además de variables hay mediciones, más o menos precisas, que  se introducen en ellas.

Sin embargo, los modelos climáticos que se han utilizado hasta la fecha sólo incluyen un número muy reducido de variables y, en el colmo del reduccionismo, a los más cutres les oímos a veces hablar de una única: las emisiones del CO2 a la atmósfera.

Pero en el estado actual de la técnica, un modelo climático no mejoraría aunque se incluyeran muchas más variables y más parámetros, porque daría más errores y errores más sustanciales.

En esas condiciones tampoco sería posible calcular el futuro del clima sobre la Tierra porque los ordenadores más potentes que se han construido tardarían décadas en hacer los cálculos. Sería más rápido esperar “a ver qué pasa” que esperar a que un ordenador haga los cálculos.

Diversos organismos nacionales e internacionales llevan 30 años financiando unos modelos climáticos que son extraordinariamente limitados. Uno de los primeros modelos, muy simple, se probó en el viejo ordenador ENIAC. Al principio no tenían en cuenta los factores oceánicos, por ejemplo. Con el paso del tiempo, a medida que los ordenadores son más potentes, se introducen más variables y mediciones más precisas, que también han ido cambiando con el tiempo.

Actualmente los climatólogos utilizan casi 50 modelos climáticos diferentes, lo cual ya es un poco extraño porque si las leyes de la física son las mismas en todas partes, no se entienden las diferencias sustanciales que hay entre ellos (por no hablar de contradicciones).

Un modelo no es muy diferente de un programa de ordenador. Los informáticos saben que -la mayor parte de las veces- los ordenadores no dan sorpresas, no devuelven nada diferente a lo que se introduce en ellos y lo que se espera que respondan. Eso significa también que con diferentes modelos los mismos datos devuelven resultados diferentes.

Pero es que los datos también dejan mucho que desear. Las mediciones no son uniformes y la mayor parte de ellas son estimaciones, “a ojo de buen cubero”. Los datos “en bruto” se ajustan y se calibran en función de los propios resultados que se van obteniendo y, en cualquier caso, con un alto grado de arbitrariedad (1). Es un caso de “cocina estadística” que se puede calificar con más o menos elegancia. En un artículo Frederic Hourdin la llamó “El arte y la ciencia de afinar los modelos climáticos”(2). En una encuesta, 22 de los 23 principales centros de modelización climática confesaron a Hourdin que calibraban los parámetros para obtener lo que buscaban.

Hay, pues, un importante sesgo subjetivo y así podríamos seguir enumerando otras limitaciones de los modelos, diciendo cosas elementales, como que se pretenden obtener predicciones para el siglo XXI con datos del siglo XX. Por ejemplo, los modelos climáticos suponen que la actividad volcánica en los próximos 100 años será como ha sido hasta ahora.

A pesar de los enormes esfuerzos (y el dinero) desplegados hasta la fecha, los modelos climáticos utilizados son erróneos. El propio IPCC ha reconocido que “en la investigación y modelización climática, debemos reconocer que se trata de un sistema caótico no lineal acoplado y, por lo tanto, que la predicción a largo plazo de los estados climáticos futuros no es posible”(3).

La conclusión del IPCC es, una vez más, desastrosa. Una realidad compleja les conduce a arrojar la toalla. El clima no es “caótico” y, como cualquier otro fenómeno natural, se rige por leyes y, por consecuencia, se pueden hacer modelos y predicciones.

Los modelos son muy interesantes para la ciencia, incluso aunque fracasen, entre otras cosas porque se aprende mucho de los errores, desde luego más que de los aciertos. Lo mismo que un acelerador de partículas o un experimento de laboratorio, un modelo permite observar fenómenos que son imposibles de comprobar sobre el terreno.

Tan erróneo es asegurar que los modelos actuales son un acierto como decir que nunca se va a conseguir diseñar un buen modelo. Que los elaborados hasta ahora hayan fallado no significa que vayan a fallar siempre. Cualquier modelo vale lo que sus premisas y los climáticos no han fracasado sólo porque sus conclusiones no sean exactas, ya que la exactitud no existe, sino porque sus premisas son erróneas.

Ninguna ciencia puede renunciar a hacer predicciones y, por lo tanto, los científicos seguirán construyendo modelos de todo tipo, lo mismo que los millonarios siguen financiando programas informáticos para predecir las cotizaciones futuras de sus acciones en el mercado de valores, que son mucho más sencillas que el clima. De hecho, hoy la mayor parte de las compraventas de acciones las hacen los ordenadores de manera casi automática y cada corredor de bolsa tiene sus propios programas informáticos para hacerlo, lo que se corresponde a otros tantos modelos sobre el funcionamiento del mercado de valores.

Aunque el IPCC deja claro que “la predicción a largo plazo de los estados climáticos futuros no es posible”, los patanes dicen todo lo contrario para apoyar su rídícula seudociencia: “Los modelos permiten hacer proyecciones de cambio climático para los próximos siglos”, dice David Barriopedro, miembro del Instituto de Geociencias, naturalmente para acabar concluyendo que el calentamiento es “imparable” (4).

Como el resto de los humanos, algunos científicos no logran escapar de sus propias ilusiones. No hay nada más tradicional que engañarse a sí mismo.

Si en lugar del clima estuviéramos hablando de las maquetas de naves espaciales que no han superado ninguna de las pruebas a las que les han sometido los ingenieros aeroespaciales, nadie se metería en una de ellas para salir al espacio exterior.

(1) http://www.sciencemagazinedigital.org/sciencemagazine/28_october_2016?sub_id=rhBdITkIMETR&u1=16468821&folio=401&pg=17#pg17
(2) The Art and Science of Climate Model Tuning, http://journals.ametsoc.org/doi/full/10.1175/BAMS-D-15-00135.1
(3) IPCC Working Group I, The Scientific Basis §14.2.2.2, 2007
(4) https://www.eldiario.es/sociedad/Modelos-climaticos-calentamiento-imparable_0_757324929.html

El Tribunal Penal Internacional mantuvo encarcelado a un acusado durante 10 años por la cara

El montaje del Tribunal Penal Internacional con sede en La Haya, Holanda, se desmorona antes de que haya logrado echar a andar y lo hace, además, de una manera estrafalaria. Uno de los africanos a los que sentó en el banquillo y luego tuvo que absolver, el congoleño Jean Pierre Bemba, ha iniciado un juicio en su contra por daños y perjuicios con toda “justicia”: le mantuvieron detenido y acusado durante diez años sin ningún fundamento.

El caso del juez juzgado no puede ser más rocambolesco y, multiplicado varias veces, por tratarse de algo que concierne a eso que los más mequetrefes califican como “justicia universal”: un tribunal “universal” que, en plena Europa, comete la atrocidad de tener a una persona en la cárcel durante diez años pendiente de juicio, una aberración que no cometería ningún otro tribunal y que sólo se explica porque el acusado es un dirigente político africano, en este caso dirigente del Movimiento de Liberación del Congo.

A Bemba le detuvieron en 2008 en Bélgica y le mantuvieron 10 años preso en la cárcel de Scheveningen, en las afueras de La Haya. Ahora reclama casi 70 millones de euros en concepto de indemnización por sus 10 años de detención y los perjuicios económicos que le han causado.

Es más de la mitad del presupuesto anual del Tribunal.

La demanda contra el Tribunal tiene 60 páginas, se interpuso el 11 de marzo y la reclamación asciende a 26,2 millones de euros por daños, más otros 42,4 millones de euros por la pérdida de ingresos resultante del embargo de sus activos y la confiscación de sus bienes.

Bemba es un antiguo dirigente rebelde que recorrió la República Centroafricana con sus milicias al servicio de Ange-Félix Patassé antes de convertirse en Vicepresidente del Congo con Joseph Kabila. Fue condenado en primera instancia a 18 años de prisión por los delitos de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, pero en apelación el Tribunal le absolvió el 8 de junio del año pasado por unanimidad.

La detención de Bemba en 2008 fue seguida del embargo de sus bienes. En media docena de páginas, el congoleño presentó una lista de bienes que muestra el impresionante patrimonio del hijo de Jeannot Bemba Saolona, un empresario que presidió la Asociación Nacional de Empresas del Zaire (ANEZA) en tiempos de Mobutu: cuentas bancarias en el Congo, Bélgica y Portugal, un chalet familiar en Bruselas, varias propiedades y parcelas de tierra en el Congo , un chalet y un barco en Portugal.

En la lista aparece un Boeing 727-100 inmovilizado en el aeropuerto de Faro, en Portugal, seis aviones en el aeropuerto de N’Djili en Kinshasa, un crucero fluvial, dos chalets en Portugal, uno de las cuales está precintada por ser el escenario de un crimen, varios coches en el Congo y tres vehículos de lujo en Portugal.

Una de las batallas judiciales de Bemba se libró ante los tribunales belgas, en los que intentó recuperar sus bienes confiscados. Pero estos le remitieron al Tribunal Penal Internacional.

El artículo 85 del Estatuto de Roma determina que, en circunstancias excepcionales, cuando el Tribunal determine que se ha cometido un error judicial grave y manifiesto, podrá, a su discreción, conceder una indemnización a un acusado absuelto después de la detención. Corresponderá a los jueces verificar estos criterios y decidir, a su discreción, si ordenar o no la indemnización.

En román paladino eso significa que el Tribunal hará con la demanda de Bemba lo que le de la gana, que es lo mismo que ha estado haciendo durante 10 años. Aquí en Europa lo llaman “Estado de Deshecho” y presumen de ello todos los días: de la libertad, de los derechos, de la justicia y bla, bla,bla,bla,bla,bla,bla…

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