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Día: 20 de enero de 2019 (página 1 de 1)

Kaliningrado no necesita los ‘buenos oficios’ de sus vecinos para recibir el gas procedente de Rusia

Kaliningrado es un enclave aislado de Rusia, rodeado de Estados que han caído en manos de verdaderos mafiosos. A comienzos de enero Putin se traslado al enclave para inaugurar una obra extraña: un terminal de gas para dar servicio al medio millón de habitantes Kaliningrado.

La ceremonia oficial no tiene mayor importancia que la de poner en evidencia a los vecinos, en este caso a Lituania.

Hasta ahora el gas ruso llegaba a Kaliningrado (y a Lituania) a través de un gasoducto que atravesaba Bielorrusia y Lituania pero, por órdenes de Washington, en 2014 (fecha del Maidan) el gobierno lituano cortó el grifo y empezó a llevar gas licuado procedente de Noruega en buques cisterna que descargaban en el puerto.

En 2017 el gas de esquisto procedente de Estados Unidos sustituyó al noruego.

El gobierno no sólo sustituyó un gas por otro sino que, una vez que pudo prescindir de gas ruso, está en condiciones de cerrar el grifo, como hizo Ucrania, y dejar a Kaliningrado sin suministro.

En Rusia no quieren sorpresas ni enfados con los vecinos, así que han tenido que ponerse manos a la obra en el puerto de Kaliningrado para recibir gas por medio de barcos que zarpan de San Petersburgo.

Hay un buque anclado que es una especie de fábrica que recibe el gas licuado procedente de otro barco, lo regasifica y lo envía a la red de Kaliningrado. No necesita el permiso de los vecinos.

¿Quién ha dicho que los terroristas no pueden triunfar? Hekmatyar se presenta a las elecciones en Afganistán

El afgano Gulbuddin Hekmatyar se postula como candidato a las elecciones presidenciales previstas para el próximo mes de julio. Tiene un dilatado currículum que ha conocido toda clase de vaivenes: señor de la guerra, traficante de heroína, agente de la CIA, del ISI pakistaní, fundador de Al-Qaeda… Es un retrato vivo de la reciente historia de Afganistán, un yihadista cuando aún nadie utilizaba esa palabra.

Como estuvo luchando contra la OTAN, hasta 2016 Washington y sus socios le tenían incluído en la lista de terroristas, que tan pronto es negra como blanca. Todo depende de dónde se encuentre la URSS/Rusia, de la dirección por donde sople el viento…

Aliado de los talibanes, en la época en la que los soviéticos estuvieron en Afganistán, Hekmatyar dirigió el MAK (Maktab al-Khadamat) que gestionaba las armas y el dinero que llegaban procedentes de Washington, Riad e Islamabad.

No eran los talibanes pero casi; tampoco era Al-Qaeda pero no andaban lejos…

Tras la retirada soviética, pasó de la clandestinidad a convertirse en Primer Ministro dos veces. Entonces desalojó al comandante Massud, alias el león de Panshir, de Kabul, destruyó un tercio de la ciudad y mató a decenas de miles de personas.

Dirigía el partido Hesb-i-Islami. Durante la guerra entre los talibanes y la Alianza del Norte, las fuerzas de Hekmatyar, atrapadas entre dos fuegos, se replegaron hacia la frontera con Pakistán, aunque gran parte de sus fuerzas se unieron al nuevo movimiento talibán.

Viejos amigos, nuevos enemigos. En octubre de 2001 la invasión estadounidense sacó a los talibanes del gobierno de Kabul y Hekmatyar hizo un llamamiento a la guerra santa contra la OTAN. Ahora el aliado dejaba de serlo; ya no le entregaban armas: disparaban contra él.

Entonces declaró primero su lealtad a Al-Qaeda; pero de repente dio un vuelco y se acercó a los talibanes. En realidad, Hekmatyar hacía la guera por su cuenta, hasta que en 2016 le concedieron una amnistía y le permitieron volver a Kabul.

El viejo terrorista volvía a ser un político respetable con una tarea de intermediario: debía convencer a los talibanes para que depusieran las armas y negociaran aunque, por su parte, los talibanes sólo ponían una condición para negociar: justamente la de no deponer las armas.

La otra era impensable para los amos del juego, Estados Unidos. Los talibanes están empeñados en sacar del país a todas las fuerzas militares extranjeras antes de emprender ninguna clase de negociaciones políticas.

En fin, Hekmetyar ya no es un terrorista sino un respetable candidato electoral. Son las consecuencias de un desastre político y militar iniciado por Estados Unidos en 2001 y que se prolonga desde hace 18 años. “Si no puedes vencer a tu enemigo, hazte su aliado”, deben pensar en Washington, que ha gastado billones de dólares en sostener uno de sus más estrepitosos fracasos.

¿Quién ha dicho que los terroristas no pueden triunfar? Ahí tienen a Hekmatyar.

Más información:

– La CIA y Arabia saudí en la historia inconfesable de Al-Qaeda (1)
– Al-Qaeda empezó siendo una base de datos de la CIA
– La ocupación soviética de Afganistán (1)

En Idlib los yihadistas presentarán un frente unido contra el ejército regular sirio

Turquía se empeñó en una tarea que presentó a Irán y Rusia como “humanitaria”: evitar el asalto militar del ejército regular sirio a Idlib. Para ello contaba con manejar sus tentáculos entre la “oposición moderada” que opera en la región bajo siglas como “Frente de Liberación Nacional” y, además, con la integración en ella de los yihadistas de Al-Qaeda (Hayat Tahrir Al-Sham).

El plan le daría un lavado de imagen, evitaría una carnicería, salvaría a sus sicarios, le concedería un estatuto claramente ganador en la guerra y con ello la posibilidad de tener bazas para negociar con el gobierno de Damasco.

El plan fracasó porque Al-Qaeda (Hayat Tahrir Al-Sham) se adelantó, se opuso a negociar la rendición y acabó militarmente con la presencia del “Frente de Liberación Nacional” en Idlib. Daba la impresión de que Turquía había quedado fuera de juego y al gobierno de Damasco no le quedaba otra salida que la militar.

Pues bien, hace muy pocas horas se ha producido otro de esos vuelcos tan frecuentes en la Guerra de Siria: el “Frente de Liberación Nacional” acaba de llegar a un acuerdo con Al-Qaeda (Hayat Tahrir Al-Sham) en la llanura de Al-Ghaab, en el suroeste de Idlib, que habían tenido que abandonar hace apenas una semana en manos de quienes entonces eran sus oponentes.

El acuerdo permitirá al “Frente de Liberación Nacional” recuperar el control de sus antiguas posiciones en la región y se desplegará frente a las líneas de vanguardia del ejército regular sirio para impedir cualquier posible ofensiva que tenga previsto lanzar en Idlib.

El acuerdo se produce pocos días después de que el ejército regular emplazara a decenas de miles de soldados en las provincias de Idlib y Hamah en preparación de una ofensiva miliar.

En Damasco habían calculado que el tiempo jugaría a su favor y que las divergencias entre las distintas bandas que les hacen frente se incrementarían con la presión. Ha ocurrido lo contrario. Ya no se enfrentan a un enemigo dividido. Por si quedaban dudas: en Idlib ya no hay una “oposición dura” y otra “blanda”.

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