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Día: 15 de enero de 2019 (página 1 de 1)

Rusia invertirá 10.000 millones de dólares en bitcoins para eludir al dólar

Rusia invertirá 10.000 millones de dólares de sus reservas de divisas (de un total de más de 460.000 millones de dólares) en bitcoins, una moneda virtual. Forma parte de la lucha de Mocú por escapar de la asfixia financiera impuesta por los imperialistas, que recientemente han expulsado a Moscú del sistema Swift de transferencias internacionales.

Las criptomonedas, como el bitcoin, están fuera del radio de alcance de las instituciones financieras del imperalismo. Las transacciones las hacen directamente las empresas, sin la necesidad de que intervenga ninguna institución o banco.

Por ello constituyen una buena oportunidad para Rusia, lo mismo que para Venezuela, de eludir las redes trabadas desde Bretton Woods y el dólar en 1945, así como las sanciones y el bloqueo económico.

A principios de 2017 Putin se entrevistó con el diseñador de una de las monedas virtuales, ethereum, Vitalik Buterin. Sin embargo, en junio del año pasado, el Presidente ruso se mostró cauteloso, ya que “las monedas virtuales son un fenómeno que apenas está desarrollándose a nivel internacional”.

“Rusia no puede tener su criptomoneda, al igual que ningún otro territorio debería tenerla, pues cuando hablamos de monedas digitales, esto es debido a que es un asunto que va más allá de las fronteras de la nación y no inherente de nuestra jurisdicción. El Banco Central cree que las criptomonedas no pueden ser medios de pago y liquidación, no pueden ser un medio de acumulación y no están garantizadas por nada. Es por eso que nuestro enfoque debe ser cauteloso durante este período”.

El bloqueo económico del imperialismo es lo que progresivamente ha hecho cambiar de opinión a Rusia. A finales de 2017 el ministro de comunicación Nikolai Nikiforov anunció el posible  lanzamiento de un “criptorublo”. Además, el Ministerio de Finanzas iba a estudiar medidas para el lanzamiento, comercio, inversiones y almacenamiento de criptomonedas en el territorio.

Este cambio de actitud es muy significativo porque el año pasado vio caídas espectaculares de todas las criptodivisas, incluido el bitcoin. La baja en la cotización corrió paralela a una compra creciente de bitcoins en Rusia y durante el Mundial de fútbol, los extranjeros pudieron pagar con criptomonedas en muchos establecimientos, como los hoteles.

La CIA y Newsweek: crímenes, mentiras y cortinas de humo

Orlando Letelier
El 21 de septiembre de 1976 una bomba dirigida por control remoto que viajaba en el vehículo del diplomático chileno Orlando Letelier explotó mientras circulaba por el centro de Washington.

Junto al diplomático falleció también su asistente estadounidense Ronni Moffit.

Hasta el más inepto podía sospechar que un atentado en el centro de Washington sólo puede ser un trabajo “interno” de cualquiera de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, sobre todo teniendo en cuenta la complejidad del “modus operandi”. En otras palabras, el atentado fue obra de la CIA. Hoy lo llamarían “de falsa bandera”.

Entonces la CIA estaba dirigida por Bush padre, recién fallecido, y ahora la sede central de la central en Langley lleva su nombre, lo que pone de manifiesto la naturaleza criminal de ambos: de la Bush y de la CIA.

El vicepresidente de los matones de Langley no era otro que Vernon Walters, recién cumplida su misión en España.

Los asesinos borran unas pistas y fabrican otras, naturalmente falsas, que es lo que hizo entonces la CIA: fabricó un informe falso en el que exoneraba del crimen a la dictadura pinochetista, se lo envió al FBI y, naturalmente, a la prensa, en este caso a la revista Newsweek, desde donde comenzó a circular por todo el mundo como versión oficial, rigurosa y seria. Lo demás era asunto de los conspiranoicos de siempre.

No hará falta decir que exonerar a la dictadura chilena era como exonerarse a sí misma en todos y cada uno de los crimenes que se cometieron, dentro y fuera de Chile.

El dato es importante porque el crimen formaba parte de la Operación Cóndor, una campaña internacional dirigida al exterminio de cualquier clase de oposición a la dictadura militar.

Pasaron 24 años hasa que en un informe dirigido al Congreso el 18 de septiembre de 2000, la CIA reconoció oficialmente por primera vez que quien ordenó el atentado terrorista fue el jefe de la DINA Manuel Contreras.

Lo que el informe callaba era que, a su vez, Contreras no era otra cosa que un agente a sueldo de la propia central de espionaje. En consecuencia, quien ordenó el atentado fue la propia CIA, por si cabían dudas, lo que es tanto como calificar de asesino a Bush y a Walters.

En su informe la CIA añadía que la central estaba al corriente del papel desempeñado por el gobierno chileno en el crimen de Washington y en los demás asesinatos cometidos por la Junta militar.

Newsweek publicó su fraude el 11 de octubre de 1976, asegurando que “la policía secreta chilena no estaba involucrada” en el asesinato de Letelier. “La agencia [CIA] llegó a esta decisión porque la bomba era demasiado burda para ser obra de expertos y porque el asesinato, que ocurrió mientras los dirigentes chilenos cortejaban el apoyo estadounidense, sólo podía perjudicar al régimen de Santiago”.

La CIA y la prensa actuaron, como hacen ahora, de manera sincronizada y con esa falta absoluta de escrúpulos a la que nos tienen acostumbrados. Después del asesinato de Letelier y Moffitt, Bush prometió la plena cooperación de la CIA para encontrar a los asesinos. Pero en su lugar, lo que hizo fue crear pistas falsas, cotinas de humo e intoxicar al mundo entero con mentiras.

Newsweek no fue el tonto útil del crimen y el engaño subsiguiente. En 1988 el gran periodista Robert Parry, ya fallecido, descubrió que la CIA había sido informada por su embajador en Paraguay de que Michael Townley, el ejecutor material del asesinato, se disponía a entrar en Estados Unidos con un pasaporte falso suministrado por la DINA. La revista no quiso publicar el artículo de Parry porque 12 años después dejaba al descubierto su complicidad con el engaño de la CIA.

Por si no fuera suficiente, en lugar de autocriticarse, la revista cargó contra Parry, al que acusaron de “difamar a Bush”, que es tanto como difamar al Jack El Destripador.

Más información:
– El asesinato de Letelier es el primer acto de terrorismo internacional cometido en Washington
– España: el paraíso perfecto para todos los criminales latinoamericanos 

El asesinato de Rosa Luxemburgo un siglo después

Josefina L. Martínez
La historia política alemana del último siglo puede leerse como el relato de un crimen. Un asesinato político que anticipó un genocidio. Pero para eso hubo que aplastar, primero, la esperanza de una revolución.

El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron arrestados en el piso donde se escondían y trasladados a la sede de la Guardia de Caballería de los “freikorps” (cuerpos paramilitares) en el aristocrático hotel Eden. Cuenta una testigo que Luxemburgo colocó algunos libros en una maleta, pensando que le esperaba una nueva temporada en la cárcel. Unas horas después, el capitán Waldemar Pabst se comunicaba telefónicamente con el ministro del Ejército del Reich, el socialdemócrata Gustav Noske, para pedirle indicaciones sobre cómo proceder con tan importantes prisioneros. Hacía días que la prensa lanzaba amenazas e insultos contra “Rosa, la sangrienta”, dirigente de la Liga Espartaco y del recién fundado Partido Comunista Alemán (KPD).

Los socialdemócratas se encontraban en el poder desde la dimisión del Kaiser. El levantamiento de los marineros y trabajadores de Kiel había sido el puntapié inicial de una serie de insurrecciones locales que culminaron con una huelga general en Berlín el 9 de noviembre. Ese día, el socialdemócrata Philipp Sheidemann proclamaba la Republica alemana desde una ventana del Reichstag. Pocas horas después, Karl Liebknecht anunciaba –prematuramente– la creación de la Republica Socialista Libre de Alemania desde el balcón del Palacio.

Se vivía una situación de doble poder, con la formación de consejos de obreros y soldados, siguiendo el ejemplo ruso. Para evitar que ese fuera el camino, el 10 de noviembre el Gobierno llegó a un acuerdo con el Estado mayor alemán: el objetivo era frenar la revolución y liquidar a los espartaquistas, su ala más radical. “¡Odio la revolución como la peste!” había declarado Friedrich Ebert.

Después de su conversación con Gustav Noske, el capitán Pabst dio las órdenes y el teniente Vogel dirigió el comando de ejecución. Rosa Luxemburgo fue arrastrada escaleras abajo, pateada y golpeada en el estómago. Cuando cruzó la puerta, el soldado Otto Runge destrozó su cráneo con la culata del fusil. Agonizante, la subieron en un coche donde el oficial Hermann Souchon le dio un tiro final en la sien. Su cuerpo fue arrojado en el Landwehrkanal donde apareció flotando cuatro meses después. Karl Liebknecht había sido fusilado unas horas antes en un parque cercano. La primera versión “oficial” fue que habían sido asesinados por una “turba” furiosa cuando intentaban escapar. Pero el bulo no resistió la menor pesquisa. Leo Jogiches, quien había sido compañero de Rosa Luxemburgo durante muchos años y dirigente de la Liga Espartaquista, investigó y expuso quiénes eran los responsables del asesinato. El 19 de marzo de 1919 Leo Jogiches fue asesinado en la cárcel “intentando escapar”; miles de espartaquistas y obreros revolucionarios fueron fusilados en los meses siguientes. El cineasta alemán Klaus Gietinger prueba todos estos hechos en un riguroso trabajo de investigación que se publica por primera vez en inglés este año por editorial Verso.

En 1962 el capitán Pabst hizo alarde de su responsabilidad en el asesinato de los dirigentes revolucionarios: “Yo participé, en aquel entonces (enero de 1919), en una reunión del KPD, durante la cual hablaron Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Me llevé la impresión de que los dos eran los líderes espirituales de la revolución, y me decidí a hacer que los mataran. Por órdenes mías fueron capturados. Alguien tenía que tomar la determinación de ir más allá de la perspectiva jurídica… No me fue fácil tomar la determinación para que los dos desaparecieran… Defiendo todavía la idea de que esta decisión también es totalmente justificable desde el punto de vista teológico-moral”.

Pabst tan solo contó lo que la cobarde socialdemocracia no se atrevió a confesar. El capitán volvió a tener protagonismo durante el golpe de Estado de Kapp (Kapp Putsch) en 1920. Más tarde colaboró en la organización de grupos paramilitares de ultraderecha en Austria. Si bien nunca se afilió al partido nazi, formó parte de grupos ultraderechistas hasta su muerte, en 1970. Nunca fue juzgado por sus crímenes.

Ya sabemos quién mató a Rosa Luxemburgo. La pregunta más importante ahora es por qué. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht se habían opuesto a la traición de la socialdemocracia que apoyó los créditos de guerra en el Reichstag el 4 de agosto de 1914. El Partido Socialdemócrata Alemán se había transformado en la organización más poderosa de la Segunda Internacional: un bloque de 110 parlamentarios, más de 4 millones de votos, 90 periódicos propios, numerosas asociaciones juveniles y de mujeres. Pero ese monumental aparato fue puesto a disposición del Imperio alemán cuando comenzó la guerra, justificando con la idea de la “defensa nacional” que los trabajadores alemanes se mataran en las trincheras con los franceses.

Luxemburgo y Liebknecht representaban la lucha contra la guerra imperialista, el combate contra el militarismo alemán, la denuncia de las capitulaciones de la socialdemocracia, la defensa de la revolución rusa y el ala más decidida de la revolución alemana. Como escribió Karl Liebknecht el mismo 15 de enero de 1919, unas horas antes de morir: “‘Espartaco’ significa fuego y espíritu, significa alma y corazón, significa voluntad y acción en favor de la revolución proletaria. ‘Espartaco’ significa toda la necesidad y el anhelo de felicidad, significa toda la determinación a luchar del proletariado con conciencia de clase. ‘Espartaco’ significa socialismo y revolución mundial”.

Ese anhelo de felicidad volvió a resurgir en Alemania en 1921 y en 1923. La historia de aquellos intentos revolucionarios ha sido invisibilizada por la historiografía, pero la esperanza de un mundo nuevo renació desde las cenizas una y otra vez en el corazón de Europa occidental.

https://ctxt.es/es/20190109/Politica/23896/Josefina-L-Martinez-Rosa-Luxemburg-politica-Alemania-Karl-Liebknecht-Otto-Runge.htm

Christian Dior cambia la fecha de su desfile de moda en París para eludir las manifestaciones de los ‘chalecos amarillos’

Christian Dior ha tenido que adelantar su desfile de moda para hombres en París con el fin de eludir las manifestaciones de los “chalecos amarillos”, previsto para el próximo sábado. Adelantará su desfile al viernes 18 de enero.

Dior, parte del conglomerado de artículos de lujo LVMH, escribió a los invitados para reprogramar el desfile.

La revuelta de los “chalecos amarillos” contra Macron, no parece estar cerca de acabar tras dos meses de lucha, a pesar de la represión y de que el presidente francés ha hecho algunas concesiones en materia de impuestos y salarios mínimos.

A principio de diciembre las tiendas de lujo de Dior y Chanel fueron dañadas por los manifestantes. A finales del mes los minoristas habían perdido unos 2.300 millones de dólares en ingresos desde que empezaron las protestas, según la federación francesa del sector (FCD).

Los minoristas y los hoteles se vieron particularmente afectados por las manifestaciones en París antes de Navidad. Las tiendas departamentales y las boutiques de lujo cerraron sus puertas cuando los turistas cancelaron sus reservas al transformarse las protestas en una guerra sin curtel por las avenidas del centro de París.

La marca quiere evitar que el desfile coincida con las marchas callejeras de los sábados, que han vuelto a repuntar tras las vacaciones de fin de año y la fuerte represión desatada por el gobierno.

https://www.capital.cl/dior-reprograma-fecha-de-desfile-en-paris-para-evitar-a-los-chalecos-amarillos/

La policía dispersa una manifestación en Atenas de estudiantes y docentes

La policía lanzó ayer gas lacrimógeno en las calles de Atenas para dispersar a estudiantes y profesores que protestaban contra los cambios que el gobierno quiere introducir en la forma de seleccionar a los profesores de las instituciones públicas.

Los enfrentamientos estallaron cuando cientos de manifestantes trataron de cruzar los controles que los antidisturbios desplegaron cerca del Parlamento, atacando autobuses policiales alineados con bates para bloquearlos.

“Soy profesora a tiempo completo, pero estamos a su lado”, dijo Venetia Reppa, alcanzada en la espalda por una granada aturdidora disparada por la policía, a los periodistas cercanos sobre sus colegas a tiempo parcial. La propuesta de reforma afecta a todo el mundo, añadió Reppa.

El Ministerio de Educación prepara un proyecto de ley en el Parlamento sobre la contratación en la enseñanza pública que, según los sindicatos de docentes, no tiene suficientemente en cuenta la experiencia pasada de los nuevos contratados.

El gobierno de Tsipras ha recortado drásticamente las inversiones en educación para pagar la deuda a los bancos alemanes y no solamente no cede abslutamente nada ante las reivindicaciones populares, sino que ha militarizado las calles de Atenas para acabar con cualquier clase de protestas.

El imperialismo en Kurdistán es como el perro que ni come ni deja comer

Ahora mismo una imagen gráfica de la estrategia del imperialismo en Oriente Medio es la de ese niño que en su cumpleaños le vendan los ojos y le entregan un garrote para que rompa la piñata con los regalos. El Pentágono da palos de ciego; ni siquiera emiten un comunicado coherente, síntoma del Golpe de Estado larvado que viven las diversas camarillas dirigentes.

Por cierto, desde aquí queremos decir que nosotros no somos los únicos que hablamos de “Golpe de Estado” cuando nos referimos a la situación interna de Washington y que lo leímos el 8 de enero también en el diario turco Sarbah, precisamente en relación con la anunciada retirada de tropas estadounidenses de Siria.

John Bolton, consejero de seguridad, y Mike Pompeo, secretario de Estado, han conjurado los planes anunciados por Trump para salir de Siria, al menos de momento, y para recomponer la figura el primero de ellos viajó a Ankara, pero Erdogan le dejó plantado. Ni siquiera quiso recibirle. Así están las cosas entre ambos países y de ahí las posteriores declaraciones de la Casa Blanca de que estaban dispuestos a “arrasar” Turquía económicamente para apoyar a los kurdos.

Resulta enternecedor ese empeño de los imperialistas por sostener a los kurdos, incluso en detrimento de aliados tradicionales, mucho más poderosos, como los turcos. No obstante, si alguien cree que los kurdos son la cuña que separa a unos (estadounidenses) de otros (turcos) se equivoca. Aquí los kurdos no son más que lo que ellos mismos han querido ser, a saber, moneda de cambio entre ambos. En fin, los kurdos son la consecuencia y no la causa de las desavenencias.

El desencuentro deja al descubierto otro rostro sobre la Guerra de Siria, donde Bashar Al-Assad ya no es el agresor sino el protector. ¿De quién? De los ataques de Erdogan.

Al mismo tiempo que Bolton era claramente “humillado” en Ankara, como ha reconocido algún medio en Estados Unidos, el ministro turco de Asuntos Exteriores, Mevlut Cavusoglu, anunciaba reuniones bilaterales con Irán y trilaterales con Rusia, lo cual debió ser el colmo para el enviado estadounidense. Fue otra imagen gráfica del viraje que se ha producido en Oriente Medio.

Una vez comprobado que Ankara ni siquiera escucha a Estados Unidos, Rezan Hido, dirigente de YPG, declaraba a la agencia rusa RIA Novosti que Bolton pretendía sabotear las negociaciones “en curso” entre los kurdos y el gobierno de Damasco.

El kurdo resumió bastante bien la esencia de lo que es el imperalismo ahora mismo en Oriente Medio: el perro que ni come ni deja comer. Los kurdos quieren protección, pero ya no de Estados Unidos; prefieren a Bashar Al-Assad, es decir, volver a la situación que tenían en 2011 y que ellos mismos tiraron por la borda.

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