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Día: 24 de octubre de 2018 (página 1 de 1)

Reforma o revolución social

Jon Iurrebaso Atutxa

¿Reforma de lo que un día soñamos y concreción de dicha reforma en lo que hoy y aquí es “posible” (es decir, lo que el capital vasco/español/francés nos permite) o seguimos apostando con todas las consecuencias por la Revolución Socialista Vasca?

Añadimos, con la suficiente humildad que la lucha nos ha dado, que la primera posibilidad está, de antemano, abocada al fracaso. Hoy en día no hay sitio ni siquiera para la socialdemocracia y su dorado y soñado edén, el estado del bienestar. El estado de bienestar fabricado para ahuyentar las ventajas del sistema soviético para con sus mujeres y hombres, hace ya tiempo que no tiene razón de ser. Por escenificar, la caída del muro de Berlín supuso que ese estado de bienestar podía desaparecer sin ningún serio problema. La tasa de ganancia del capital no admite tonterías. No seamos ingenuos. La socialdemocracia tuvo su valor cuando peligraba el orden burgués. Hoy la socialdemocracia es el centro de antaño que se permitía algún lujo por la “izquierda” de vez en cuando.

Hoy en día no hay espacio para jugar ni a demócratas. Ni siquiera en una democracia burguesa. El capital no puede permitir que agentes de su superestructura jueguen al obrerismo, por ejemplo. Hoy en día nadie se puede salir de la foto que le interesa a la burguesía. Hoy en día tenemos extrema derecha, derecha y centro derecha, todos encuadrados en la amplia derecha. Y de ese encuadre caricaturesco, pero cierto, no se salva ningún territorio. En todo caso se pueden exacerbar aún más ciertos comportamientos y siempre lo harán hacia la derecha. Orden, miedo, orden y un pretendido bienestar pisando a quien haga falta.

Así pues, y dependiendo de qué tiempo histórico tengamos en cuenta y en qué lugar, siempre nos encontraremos en el amplio campo de la izquierda con el eterno dilema. ¿Hacemos algo dentro de lo posible o nos metemos en un callejón utópico y de incierta salida? Pregunta/planteamiento con trampa. Hasta tal punto que a veces esa disyuntiva discurre sin que las verdaderas interesadas/os, la clase obrera y capas populares, se den cuenta de lo que se está cociendo. Las más, por desgracia.

Ante tanta insistencia por revisar todo lo que se ha hecho en estos últimos sesenta años, consideramos que éste histérico empeño revisionista no ha hecho sino empezar. Mirándolo desde la perspectiva marxista claro. Telegráficamente podríamos resumir que, en su sentido más positivo, hemos aprendido mucho en los últimos años. No pensamos que nos vuelvan a engañar con liderazgos que finalmente se entregan al enemigo que nos ocupa y a la burguesía vasco-española que nos explota.

Haciendo un somero repaso de los procesos de emancipación nacional y social, estos tienen muchas contradicciones, puntos álgidos, bajos y en lo que se refiere a Euskara Herria no iba a ser la excepción. Y mucho menos teniendo en cuenta su ubicación geográfica. Situada en uno de los centros del capitalismo mundial, como es Europa. Y siendo además una nación oprimida por dos Estados imperialistas con múltiples agresiones, invasiones, matanzas, despojos, etc. a lo largo y ancho del mundo. Y que, encima, les crean problemas serios en lo que pretenden que sea parte de su suelo patrio: Euskal Herria, Corcega, Bretaña, neocolonias…

Por otro lado es cierto que hoy en día en nuestra tierra o en parte de ella (las cifras a veces son de Hegoalde, otras de Euskal Herria, otras de Vascongadas otras de Nafarroa garaia…) hay 300.000 personas (cifras oficiales y por tanto interesadas) que no pueden acceder a la calefacción y demás necesidades básicas por falta de recursos. Es verdad que hoy en día hay pisos ocupados por 3 o 4 personas que no llegan a 1.500 euros y pico entre todos, por poner un ejemplo. Y así y todo se puede decir que no se muere de hambre aunque el nivel de pobreza cada vez más sea mayor y en muchos casos límite.

También podemos afirmar que la burguesía vasca o vasco-española era fuerte antes de la guerra de 1936/1939. Mantenía una estrecha relación con la española e inglesa (de sumisión e interés compartido) y hoy en día la situación es parecida salvando las lógicas distancias. Y, simplemente señalar, que el PNV y la Iglesia han sido y son dos poderes fácticos que han ayudado a esa fortaleza de clase burguesa.

En las coordenadas de ese panorama ha tenido que discurrir el camino que pretende la Revolución Socialista Vasca. Por eso decimos que todavía no ha hecho ni empezar. También con una constante que se ha repetido a lo largo de muchos años y era que los más conscientes, los que mantenían una posición revolucionaria, estaban impregnados de una idea central y era la de que había que tirar para adelante con todo el “carro”. Y en ese carro entraba todo tipo de disidencia vasca, de clase, interclasista… Al final, hace ya tiempo, de concesión en concesión, es la pequeña burguesía y el reformismo mas rancio, quien toma el mando y ha traído a una gran parte del antaño MLNV, que ha llevado adelante luchas de primer orden, a la nada. O al campo de juego del sistema. Según cómo se quiera interpretar.

Esto podría ser suficiente motivo para la auténtica desesperación, pero el problema es que no tenemos tiempo para ello. Ni medio minuto. Tenemos mucha tarea por delante. Tenemos que llevar la Revolución Socialista Vasca adelante por muy negro que esté el panorama. En ese sentido sabemos que no hay que hacer concesiones teóricas ni tácticas ni estratégicas. No se hicieron en su tiempo con los liquidacionistas ni tampoco con los reformistas o revisionistas. Y al final desde casa (ahí tenemos el ejemplo de las FARC como el más visible pero no es el único), como suele ser casi siempre, nos sale la pequeña burguesía y toma las riendas de un proceso que, en nuestro caso, nada tiene que ver con la Independencia y el Socialismo. Y esto era previsible pero… Pero no es tiempo de gemir. Sí de saber dónde se ha errado.

Y en todo caso alguna pista. Cuando los de a pie no sabemos muy bien por qué empezamos a crear líderes y acostumbrarnos a ello hasta considerarlos imprescindibles, mal asunto. En la medida en que la formación política e ideológica empieza a escasear hasta casi desaparecer, muy mal asunto. Si encima vamos percibiendo que la sana discusión y debate está casi desaparecido justificado por uno u otro motivo, el asunto está fatal. Si coincide en que los objetivos principales empiezan a tomar tonos grises, de indefinición, el asunto está peor que fatal. Si miramos hacia atrás y vemos cómo se ha ido desmontado poco a poco todo lo que fue el MLNV (y no hablamos solamente a partir del 2009) entenderemos que algunos y algunos hemos sido demasiado confiados y ante esa confianza algunos y algunas han jugado medianamente bien. En todo caso, suficiente para desmontar 60 años de lucha y dejarlo muy difícil a los que quieran continuar con los objetivos de independencia y socialismo para Euskal Herria.

No os contamos nada si se hacen alianzas desde arriba sin el necesario debate y por obediencia debida a las estructuras y delegamos nuestro futuro en una negociación, a sabiendas que se incumplirán y que las luchas de liberación no se dirimen en las trincheras del enemigo… Cuando no se lucha para tomar el poder con todas las consecuencias, mal andaremos. Estaremos con una muy difícil reconducción y una vuelta a empezar complicadísima. En todo caso, no debemos olvidar que lo difícil no es sinónimo de imposible.

Habría que ver a la pequeña burguesía y a los socialdemócratas, y demás fracciones afines, qué harían por conseguir la independencia cuando comenzaran las encarcelaciones, multas, tensión diaria… Pensamos que podemos adelantar una afirmación clara en dos sentidos. Por un lado, no están dispuestos a sufrir por conseguir la independencia. Por otro, saben que no hay independencia si no va acompañada de la revolución social.

En lo que respecta a los que nos cosideramos revolucionarios y revolucionarias vascas, no es poco el trabajo que nos queda de aquí en adelante. Primero identificar correctamente que es lo qué ha ocurrido en los ultimos 60 años. Y ese análisis ha de ser todo lo conciso y crudo que tenga que ser. De ahí en adelante habrá que tener claro que la teoría revolucionaria conlleva su práctica y sin praxis no hay avances reales y señales palpables que lo que perseguimos se puede conseguir.

Tenemos que ser conscientes que tendremos todo y casi todos en contra y que en la calle hace mucho frio. Tenemos que tener absolutamente interiorizado que, siendo el capital quien marca las reglas del juego, desde dentro del sistema no se puede construir una teoria y práctica revolucionaria. Tenemos que comenzar con dinámicas que conlleven niveles de contra poder popular. Dinámicas que tengan alguna ligazón teórica o práctica con lo que finalmente queremos construir.

En ese camino iremos salvando obstáculos y avanzando. Nada haremos sin lucha revolucionaria, sabiendo que la lucha nunca será gratis pero sabiendo tambien que nos hará libres. Siempre adelante por una Euskal Herria Independiente y socialista.

La ración de ‘ultraderecha’ para esta mañana nos llega desde… Estonia

Nazis estonios de la Waffen SS
El gobierno de Estonia ha pedido a Rusia una indemnización de 92.000 millones de rublos por liberarla de la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial, lo cual es más dramático que pintoresco. En las oficinas públicas de Tallin, la capital, consideran que su país estuvo ocupado por la URSS, pero no por el III Reich, aunque cabe pensar en otra posibilidad: no han pedido indemnización a Merkel porque consideran que el III Reich no causó daños a Estonia. Incluso cabe pensar que los únicos que causaron daños a Estonia fueron los soviéticos…

En pleno auge de “la ultraderecha” nos tememos que las cadenas de intoxicación van a mantener esta exigencia estonia en silencio porque demuestra que todo es una patraña: en Estonia “la ultraderecha” no constituye ningún peligro porque los nazis están en el gobierno desde que el país se “liberó” de la “pesadilla soviética”.

Esa es la dosis de realismo para la mañana de hoy que nos aleja de los peligros y temores a “la ultraderecha” y nos acerca a la Unión Europea. En Bruselas los desfiles anuales de los veteranos estonios de la Waffen SS por las calles de Tallin o Riga no molestan y nadie habla de ello porque eso no forma parte del “auge de la ultraderecha”.

Si del realismo pasamos al materialismo (histórico, por supuesto), extraemos conclusiones muy diferentes a las de los mequetrefes del Canal Historia de Movistar (al que califican como el “Canal Hitler”); más bien opuestas.

Estonia entró a formar parte del Imperio Ruso por un tratado de 1721, donde permaneció ininterrumpidamente hasta la revolución de 1917, cuando tuvo un corto período de independencia desde 1921 (pacto de reconocimiento mutuo) hasta la Segunda Guerra Mundial. En 1939, cuando el III Reich desencadenó la guerra mundial, Estonia y la URSS firmaron un pacto de asistencia mutua, en 1940 ingresó en la URSS y al año siguiente fue ocupada por el III Reich.

Al llegar al poder en 1990, los nazis estonios escriben nuevos manuales de “historia” para las escuelas donde esos detalles son sustituidos por otros: Estonia estaba muy a gusto bajo la ocupación nazi porque los había liberado de la URSS y del stalinismo, que asesinó a 49.000 estonios, aunque nadie sabe de dónde sale esa cifra, ni si los mataron sólo por ser estonios o si concurrían otras “pequeñas circunstancias“, como el hecho de formar parte de la Waffen SS. Sólo el primer año de la ocupación, la Wehrmacht creó tres batallones de 1.330 estonios cada uno y los integró en sus filas.

En 1942 la policía nazi de Estonia se componía de 10.400 efectivos. El 36 Batallón de la Policía de Estonia participó en la masacre de judíos de Novogrudok, Bielorrusia. El Batallón Especial Ostland participó en la masacre de judíos en Ucrania y Bielorrusia asesinando a 12.000 de ellos.

En noviembre de 1942 ese mismo batallón, junto con el ejército alemán, llevó a cabo operaciones contra la resistencia guerrillera en Ovrutch, donde más de 50 aldeas fueron destruidas y más de 1.500 personas asesinadas. En una de ellas, 40 campesinos fueron quemados vivos.

Los policías estonios ejercieron de carceleros en algunos campos de concentración de Europa central, y especialmente en Ucrania, participando activamente en las matanzas. El 5 de septiembre de 1942 un convoy de 1.000 judíos procedentes del campo de concentración de Theresienstadt, establecido por la Gestapo en lo que hoy es la República Checa, fue asesinado por la policía estonia en Kaasiku.

En el campo de concentración de Kooga, en Estonia, custodiado por el 287 Batallón de la policía estonia, varios miles de judíos procedentes de los campos de Vilnius, Transilvania y otros fueron fusilados por los estonios, justo antes de que llegara el ejército soviético.

En Estonia la historia de verdad relata que tras la ocupación, la Abwehr, el espionaje nazi, y el SD, llevaron a cabo 5.033 redadas, detuvieron a 41.135 personas y asesinaron a 7.357 personas sólo en Sinimae.

Cuando el ejército alemán tomó Tartu, asesinó a 12.000 oficiales soviéticos, prisioneros de guerra y civiles.

En 1943 los alemanes reestructuraron a sus peones estonios para llevar a cabo las operaciones Henrich y Fritz contra la guerrilla soviética.

Por orden directa de Hitler, al año siguiente se formó la 20 División de las SS estonias, a la que se unieron varios cuerpos hasta formar un contingente de más de 15.000 efectivos que participó en la lucha contra el ejército soviético y fue diezmado implacablemente.

El 13 de enero de 1945 sus restos fueron enviados a Wittenberg para continuar combatiendo contra el ejército soviético en Alemania hasta el último minuto de la guerra. Se retiraron hacia Checoslovaquia, donde los soviéticos capturaron a unos 10.000 de ellos cerca de Praga. Otros 3.000 lograron huir hacia el oeste, donde los británicos y estadounidenses los acogieron como “refugiados políticos” que habían huido del “terror stalinista”.

En total, durante la Segunda Guerra Mundial, unos 70.000 estonios lucharon junto a los nazis, asesinando a unas 150.000 personas.


1940: manifestación en Riga, Letonia, exigiendo el ingreso en la URSS

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