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Día: 8 de octubre de 2018 (página 1 de 1)

Los fantasmas de Publico.es juegan a los cazafantasmas con fastasmadas

En un artículo firmado por Pablo Romero, los fantasmas de Publico.es juegan a los cazafantasmas en su guerra contra los bulos y, además, hacen fantasmadas: dicen que no sólo hay que luchar contra los bulos sino prevenirlos. Es el nuevo estilo “Minority Report” que otros cazafantasmas, los policiales, quieren poner de moda, como ya apuntamos aquí en entradas anteriores.

El nuevo periodismo se nutre, pues, de fantasmas, fantasmadas y cazafantasmas, que vienen a ser lo mismo. Si, tienen razón los fantasmas de Publico.es: el periodismo está totalmente desacreditado, pero no sólo por los bulos y fantasmadas que difunden. No tienen más que mirarse el ombligo y explicarnos la siguiente bazofia que publicaron el 4 de enero de 2014: Kim Jong Un ajustició a su tío con una jauría de perros de presa (*).

Con ese nivel, es lógico que Publico.es y gacetilleros parecidos, como Maldita, estén desacreditados. Es imposible diferenciarlos de un vertedero de basura y no van a cambar por más algoritmos que utilicen en su ridícula cacería de bulos; podrían acabar pegándose un tiro en la oreja.

Lo de la prevención de las noticias falsas ya lo hizo el franquismo en 1939; se llama censura y ahora se practica con la mayor naturalidad en redes sociales, como Facebook, entre otras, que cierran todas aquellas páginas que no gustan en Washington o en Tel Aviv.

La caza de bulos es el oficio más viejo del mundo y nunca ha necesitado algoritmos; basta con enviar a la Inquisición o a la Guardia Civil y cerrar un periódico, como ya hicieron con Egunkaria en 2003. El quemar vivos a los periodistas o despellejarlos es optativo.

Quien crea, como el autor del artículo que comentamos, que una máquina puede ayudar a prevenir la difusión de la desinformación, debe hacérselo mirar. De lo que se trata es de disimular la censura con uno de esos programas informáticos asépticos y neutrales, “made in MIT”, que encandilan a los “geeks”.

Naturalmente que los inquisidores, como Clara Jiménez, de Maldita, no quieren limitar su furia a las publicaciones sino también a las conversaciones privadas, de tal manera que a través de chats, como WhatsApp, sólo se expresen afirmaciones verídicas, contrastadas y fiables.

No vamos a aburrirles con más chorradas. Les dejamos con la frase de Preslav Nakov, uno de esos cretinos que elaboran los algoritmos para detectar noticias falsas: “La dicotomía izquierda-derecha no es una división universal”, afirma. “Por ejemplo, estas nociones aparecen invertidas en Europa del Este, donde la izquierda es conservadora y la derecha es liberal”.

Hace falta ser rematadamente tonto para decir tal cosa; imagínense ahora qué tipo de algoritmos fabrican esos descerebrados.

(*) https://www.publico.es/actualidad/kim-jong-ajusticio-tio-jauria.html

Fascismo 2.0: de aquellos polvos vienen estos lodos

Juan Manuel Olarieta

Que este fin de semana una cofradía estrafalaria, como Vox, haya llenado la Plaza de Toros de Vistalegre en Madrid, ha hecho saltar las alarmas que algunos tenían anestesiadas desde hace décadas. La “ultraderecha” está de moda entre Alemania y Brasil porque así lo dice la prensa del mundo entero.

Antes (casi) nadie hablaba de este asunto, que parecía cosa de un pasado remoto; ahora todos los días no menos de 70 noticias en castellano abundan en lo mismo, aunque todas ellas reinciden en los tópicos: hay unas elecciones y ponen la lupa en el número de votos (o de escaños) de la “ultraderecha”, que siempre crece; de lo contrario no es noticia.

Hasta ahora esos que tanto se alarman no tenían miedo, pero ahora sí. Creen que los cafres de Vox, si llegan al gobierno, van a poder hacer algo más que no hayan hecho el PP o el PSOE en 40 años. Por lo tanto, hay que votar a la “izquierda” para que la “derecha” no crezca, y menos los “ultras”.

En España hay dos tipos de clientela antifascista. Unos son alarmistas y los otros estamos alarmados. Los primeros se preocupan por lo que pueda pasar; los otros por lo que ya ha pasado. Pero sobre todo lo que nos preocupa es que haya pasado desapercibido.

Desde 2000 en España está preso Manuel Pérez Martínez, secretario general de un Partido Comunista ilegalizado, un caso único en el mundo, pero eso alarmó a muy pocos. Ahora que tanto se habla de “montajes policiales”, deberían pensar que hace décadas que en España no hay otra cosa que montajes de todo tipo y que, por lo tanto las víctimas de los mismos deberían estar en libertad y, si no lo están, hay que exigir su liberación, es decir, la amnistía.

Lo que decimos se puede extender a quienes, como Alfredo Remírez, han ejercido su derecho a la libertad de expresión, y también están encarcelados; a quienes están pendientes de juicio ahora mismo y cuyos responsables no son los matarifes de Vox sino fiscales, jueces, tribunales, leyes, cárceles… Es decir: el Estado. Si Llarena no es un fascista, ¿qué es exactamente?

Lo que pueda venir en un futuro inminente no debe esconder lo que ya tenemos encima. Pero para enterarse de eso hay que dar un paso más y apercibirse de que el fascismo no es tal o cual colectivo sino la forma misma de dominación del capital monopolista en la fase actual del capitalismo en la que vivimos hoy.

Por supuesto que un partido, como AfD en Alemania, cuyo número de votos crece, es fascista, pero también lo es el jefe del BND, el servicio secreto, que ha amparado los crímenes neonazis que, por ello mismo, se convierten en crímenes de Estado, de los que se asegura la impunidad, para lo cual esos llamados “neonazis” deben contar con la complicidad de policías, fiscales, jueces, políticos y periodistas, algo que en España es de sobra conocido desde los tiempos de los GAL.

Del fascismo sabemos tres cosas desde su mismo surgimiento: que crece si no se le combate, que si está creciendo es porque no se le está combatiendo y que si no se le combate es porque se le oculta, empezando por no llamar a las cosas por su nombre, es decir, por decir que Vox es la “ultraderecha”, que los fiscales o los jueces que participan de los montajes no son fascistas o que meter a un rapero en la cárcel tampoco lo es.

La ocultación del fascismo como “ultraderecha” es una de las preocupaciones principales de las cadenas de comunicación convencionales, que todos los demás, empezando por los “alternativos”, siguen al pie de la letra. Parece que la “ultraderecha” es algo nuevo, sin raíces en el pasado y que el Estado o los partidos “no fascistas” son algo por completo ajenos a ese auge.

Del crecimiento del fascismo, de la represión fascista y de los crímenes fascistas son responsables todos esos que no llaman a las cosas por su nombre y que, por consiguiente, no saben ni contra quién están luchando (si es que luchan contra algo).

Más información:
– Lo que realmente está en auge en el mundo es la lucha antifascista
– Los nazis no llegaron al poder en Alemania por las urnas
– El fascismo avanza si no se le combate
– ¿Más vale el fascismo conocido que el fascismo por conocer?, ¿o es al revés?, ¿o ambas cosas?
– El crecimiento del fascismo en Europa no es un peligro; es una realidad
– Chocolate con churros y una ración de ‘ultraderecha’
– No hay delitos de odio sino crímenes fascistas

 

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