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Día: 5 de julio de 2018 (página 1 de 1)

El gas siberiano consolida la alianza estratégica entre Rusia y China

Hace un mes Gazprom anunció la finalización de varios tramos del gasoducto “Fuerza Siberiana”, también conocido como “Ruta Oriental”. Con más de 3.000 kilómetros de longitud, ya enlaza varios yacimientos de gas rusos desde Yakutia hasta el noreste de China.

El proyecto nació en 2014 tras el histórico acuerdo firmado entre Gazprom y la CNPC (China National Petroleum Corporation), un contrato, calificado como “el acuerdo del siglo”, que asciende a 400.000 millones de dólares en 30 años, para el suministro anual de 38.000 millones de metros cúbicos de gas ruso a China.

El acercamiento chino-ruso se debe en gran medida al difícil contexto político entre Moscú y los europeos de los últimos diez años. De hecho, antes de 2010 Rusia era un proveedor menor de hidrocarburos a China. Hoy en día, se está convirtiendo en el más importante de ellos.

Tras la caída de la URSS, el alineamiento de Rusia ha cambiado no por una decisión meditada por nadie sino por un fracaso histórico de quienes se pusieron entonces al frente de la nueva Rusia capitalista. Con el final de la Guerra Fría Moscú pretendió la integración rusa en el mundo occidental, pero le cerraron las puertas y tuvo que mirar al otro lado: a China.

En 2000 se redistribuyeron las cartas. Los rusos y los chinos necesitaron aliarse para contrarrestar a Estados Unidos en Europa y Oriente Medio (para Rusia) y Asia (para China) y la alianza ha acabado convirtiéndose en una asociación estratégica.

El año en que se firmó el contrato entre Gazprom y la CNPC no fue una coincidencia. En 2014 llegó el golpe de Estado en Ucrania que rompió la baraja defiitivamente. Rusia se anexionó Crimea y del otro lado respondieron con las primeras sanciones económicas.

Rusia y China estaban condenados a entenderse y el primer paso fue la asociación energética, las relaciones petroleras entre los dos países no son nuevas. Entre 2010 y 2016, Rusia entregó más de 100 millones de crudo a China.

Rusia es el mayor exportador de petróleo y gas, mientras que China es el mayor importador de petróleo y el cuarto mayor importador de gas. Desde 2016, los rusos han superado a los saudíes para convertirse en el mayor proveedor de petróleo crudo a los chinos. En ese año, las entregas aumentaron casi un cuarto en comparación con 2015.

Las ventas de gas y petróleo a China permiten que Rusia esquive su excesiva dependencia financiera de Europa, con el riesgo de trasladar esta dependencia a China, naturalmente. Lo que se ha entablado entre ambos países es una interdependencia energética. Si Rusia depende de la financiación de China, China también depende de Rusia.

Mientras, los europeos están obligados a limitar sus sanciones contra Rusia por su dependencia del gas ruso.

La diversificación de los clientes beneficia a Rusia, que seguirá dependiendo de los europeos y de los chinos, pero no exclusivamente de una de esas dos partes. La situación también beneficia a China, que antes dependía mucho más del petróleo saudí, un aliado geopolítico de Estados Unidos. Al apostar por Rusia, los chinos se liberan de una posible presión de Washington.

En lo que respecta al gas, la relación comercial chino-rusa no tiene las mismas restricciones. Antes de 2016 las importaciones de gas ruso eran anecdóticas para China. A partir del año que viene la “Fuerza Siberiana” convertirá a Moscú en uno de los dos principales proveedores de Pekín.

No obstante, en materia de gas Rusia se enfrenta a la competencia de Turkmenistán, que es hoy el mayor proveedor de gas. En toda Asia central el proyecto “Nueva Ruta de la Seda” hará que ese vínculo con Pekín no se rompa.

A pesar de todo esto, Rusia no renuncia a mejorar sus relaciones con Europa, como lo demuestra el proyecto de gasoducto Nord Stream 2, sobre todo porque es una cuña introducida entre los europeos y los estadounidenses.

Pero ahora mismo Europa tiene más interés en atraer a Rusia que al contrario, porque el interés ruso sigue siendo el mismo: jugar con las dos barajas: en oriente y en occidente.

En Washington están preparados para implementar en Irán el modelo sirio de desestabilización

A finales de diciembre y enero, en unas 75 ciudades de Irán las reivindicaciones sociales se convirtieron rápidamente en protestas generalizadas contra el régimen porque el Departamento de Estado ha lanzado una audaz retórica a favor de la revolución llamando a un gobierno de transición, según palabras de la portavoz Heather Nauert, haciéndose eco de declaraciones anteriores del entonces Secretario de Estado Rex Tillerson.

Estados Unidos e Israel han creado un grupo de trabajo que lleva varios meses reuniéndose con ese objetivo, según han informado periodistas israelíes. El equipo se formó sobre la base del documento marco de Estados Unidos e Israel de 2015 para la guerra contra Irán (Joint Comprehensive Plan Of Action) y está supervisado por John Bolton y su homólogo israelí Meir Ben-Shabbat.

El plan se empezó a ejecutar en tres fases. La primera ha sido la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear de la era Obama. La segunda es la imposición al país de severas sanciones económicas. La tercera es el aumento de la presión interna, al desestabilización, las algaradas callejeras extraídas del modelo “revoluciones de colorines”.

En Washington y Tel Aviv calculan que la presión interna podría tener una influencia positiva en el comportamiento local del gobierno de Teherán. Es la clave de las campañas de desestabilización patrocinadas por la CIA y el Mossad, que marcaron gran parte de la historia de los golpes de Estado del siglo XX en el Tercer Mundo y acabaron con el derrocamiento del Primer Ministro Mohammad Mossadegh en 1953.

En Washington ya lanzan las campanas al vuelo: “El próximo año en Teherán” y “El fin está cerca”, gritó Rudy Giuliani en una conferencia de la oposición iraní (tan moderada o más que la siria).

Hace años que las operaciones encubiertas comenzaron en Irán, probablemente durante el gobierno de Bush, aunque es ahora cuando ha alcanzado su apogeo. En las últimas semanas Israel y Estados Unidos han comenzado a utilizar las redes sociales para transmitir consignas contra el gobierno y Netanyahu publicó recientemente cuatro vídeos en Youtube, Facebook y Twitter traducidos al persa en los que se dirige al pueblo iraní y lo anima a protestar contra el gobierno.

El secretario de Estado Mike Pompeo escribió en Twitter una serie de mensajes apoyando a los manifestantes en Irán, criticando las detenciones masivas de manifestantes por parte de la policía iraní y destacando la financiación creciente de la Guardia Revolucionaria, a medida que se intensifica la controversia sobre el gasto interno de Irán.

En el gazpacho no podían faltar los Muyahidines del Pueblo (MEK), una organización seudomarxista que Obama eliminó del listado de grupos terroristas para presentarla en sociedad y para que John Bolton y algunos miembros del Congreso inflen sus cuentas corrientes.

Tanto Bush como Netanyahu utilizaron a los mujahidines en tareas de espionaje y para cometer asesinatos, pero nadie cree que puedan gobernar en Irán después de la próxima guerra… si la ganan.

A los muyahidines les acusan de haber asesinado a figuras iraníes de alto nivel, en particular científicos e ingenieros nucleares por cuenta del Mossad, que es quien les ha estado financiando hasta ahora. Al menos hasta 2012 está confirmada la intervención del Mossad en estos asesinatos.

En otros tiempos los muyahidines fueron muy diferentes. Durante la década de los setenta mataron a militares y civiles estadounidenses que trabajaban en proyectos de defensa en Teherán y apoyaron el asalto a la embajada de Estados Unidos en Teherán en 1979.

Luego las cosas cambiaron por completo. En 1981 detonaron bombas en la sede del Partido de la República Islámica y en la oficina del Primer Ministro, matando a unos 70 altos funcionarios iraníes, entre ellos el Presidente, el Primer Ministro y el Presidente del Tribunal Supremo del Irán.

En abril de 1992 llevaron a cabo ataques casi simultáneos contra embajadas e instalaciones iraníes en 13 países, lo que demuestra la capacidad del grupo para organizar operaciones a gran escala en el extranjero.

En abril de 1999 atacaron a oficiales militares clave y asesinaron al Jefe Adjunto de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes.

En los planes del grupo de trabajo conjunto entre Estados Unidos e Israel los mujahidines forman parte de la presión interna y la desestabilización de la República Islámica.

Más información:

– Los muyahidines iraníes han colaborado con los yihadistas en los atentados de Teherán
– De la revolución a la traición: los Muyahidines del Pueblo de Irán

¿En qué consiste la doctrina de los Cinco Mares de Bashar Al-Assad?

Hubo una vez un tiempo en que Siria y Bashar Al-Assad no eran lo que hoy. Por ejemplo, en diciembre de 2010 el diario New Orient News publicó un artículo titulado “Bashar Al-Assad, personalidad árabe del año” (*). En Londres y París le condecoraron al Presidente sirio y le pusieron por las nubes como un político moderado, reformador… un modelo a seguir.

Fue pocos meses antes de que se convirtiera en un dictador sanguinario que masacraba a su propio pueblo. “Damasco es la sede principal de los movimientos de resistencia libaneses y palestinos, que han desempeñado un papel decisivo en el establecimiento de las nuevas relaciones de poder en los últimos años”, decía el New Orient News.

Mientras los países árabes “evolucionan en la órbita americana”, añadía, el modelo sirio está “marcado por dos constantes: la independencia y el realismo”, por una “visión estratégica” y un “feroz deseo de independencia y liberación”.

El periódico acababa afirmando lo siguiente: tras “varios años de amargas luchas dirigidas por Bashar Al-Assad”, Siria ha “consolidado alianzas con Turquía e Irán, fortalecido alianzas con el grupo de países independientes de América Latina y desarrollado la teoría de los Cinco Mares, con el objetivo de servir a los intereses árabes. Su visión se basa en la posición geográfica estratégica de Siria, que puede convertirse en el centro del transporte de energía a través de la construcción de redes de gasoductos y oleoductos, y comercial, a través de la construcción de ferrocarriles”.

¿A qué se refería Bashar Al-Assad con esa “teoría de los Cinco Mares”? A lo más básico: los países árabes no se ven a sí mismos como los vemos nostros y como los dibujamos en los mapas. Eso que nosotros llamamos “Oriente Medio” porque nos creemos Occidente, Bashar Al-Assad lo considera como una región del mundo comprendida entre cinco mares: el Mar Caspio, el Mar Negro, el Mar Mediterráneo, el Golfo Arábigo y el Mar Rojo.

Es una geografía distinta, que ni es “natural” ni tampoco llega impuesta por nadie desde fuera. Se trata de un espacio que reúne al Levante árabe (Irak, Siria, Líbano, Palestina, Jordania), Egipto, los países del Golfo, Rusia, Turquía, Irán, los países de la costa africana y los de la costa europea del Mediterráneo.

Esta doctrina, expuesta por Al-Assad en 2004, es lo que la guerra ha confirmado durante siete años. Primero, en ella han participado todos los países comprendidos dentro de los Cinco Mares. Segundo, Siria es el epicentro de esa región. Tercero, Rusia no ha desembarcado allá sino forma parte integrante de la región.

(*) http://www.neworientnews.com/archive1/news/fullnews.php?news_id=18975

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