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Día: 16 de mayo de 2018 (página 1 de 1)

No confundir la velocidad con el tocino

Los obreros llevan dinamita en las manos
Bianchi

Hace ya varias décadas, sobre todo después del famoso Mayo del 68 parisino -y no sólo francés, que hubo otros por doquier-, que se decretó la muerte de la clase obrera, o sea, el sujeto revolucionario que, se supone, haría la revolución y nos llevaría al paraíso socialista y al edén comunista. Así vaticinaban elementos de la «izquierda» (la «derecha» se dedicaba a meterse con la «intelectualidad»), sobre todo H.Marcuse, que venían a reivindicar el papel fundamental en el derrocamiento del capitalismo, nada menos, que de cualquier sector marginado por el mismo, por el capitalismo, menos las clases trabajadoras que, por supuesto, se aburguesaban socioeconómicamente y se hamburguesaban culturalmente sin afectarles la crisis estructural del sistema o, al menos, no tanto como a los principales sujetos emergentes de quien cabía esperar las transformaciones y revoluciones sin cuento, esto es, los diversos movimientos surgidos al calor de las excrecencias del capitalismo: feminismo, gays, antinucleares y, cómo no, innumerables ONGs (esto vino después), sin contar lo que me dejo en el tintero y ahora mismo se le ocurre al lector.

¿Y la clase obrera? No existe. Para Marcuse, por ejemplo, muy popular en los ambientes universitarios californianos de los años sesenta (obviaremos que colaboró con la precursora de la CIA, la OSS, para no deturparlo), hippie, etc., el protagonista de la revolución sería el lumpenproletariado porque la clase obrera o no existía o no te podías fiar alienada como estaba por la «sociedad de consumo».

Tenemos, pues, la enésima intentona de enterrar al proletariado y su carga revolucionaria para sustituirlo por otros «sujetos». Otros sujetos a los que, por supuesto, no negamos -ni se nos ocurre- su potencial anticapitalista (otra cosa es su talante discutiblemente revolucionario), pero sí afirmamos el carácter secundario de la contradicción que supone su existencia bajo el capitalismo al mismo tiempo que reafirmamos el carácter principal de la contradicción entre la burguesía y el proletariado que será la que nos lleve a la revolución o sigamos en el infierno capitalista presente que conocemos y padecemos.

El hecho de detenerse en las contradicciones secundarias del sistema, ergo asumibles por el mismo, provoca la proliferación de liderillos, gurús y oportunistas de «izquierda», por supuesto. Nunca llamarán a la clase obrera a huelgas o sublevaciones salvo huelgas-farsa desmotivadoras. O campañas pro-amnistía. ¿Para qué, si no existe? ¿Para qué si los presos políticos en una democracia son «terroristas»?

Hay que valorar, cómo no, cualquier movimiento de carácter democrático, anticapitalista y antifascista, pero sin olvidar el papel de vanguardia lo mismo de la clase obrera que de quien está dispuesto a partirse la cara contra este podrido régimen injusto e inicuo. Hay que saber cuál es la contradicción principal y la secundaria aprovechando todas para debilitar el maloliente y putrefacto sistema sin reinventar infinitamente «sujetos» (revolucionarios) orillando el verdadero protagonista: las clases trabajadoras que componen la mayoría social de la sociedad vayan o no con buzo -como Charlot en «Tiempos Modernos»– sin olvidar a los jornaleros del campo. Detenerse en las contradicciones de carácter secundario que genera el capitalismo y no ver más lejos, o no dar un paso más allá, o, peor, negar ese paso (para medrar dentro del sistema que se dice atacar), además de deshonesto roza la traición a quien se dice defender, a los descamisados.

Buenas noches.

La intervención militar rusa ha permitido a Siria recuperar la mitad de su territorio

Tras la intervención rusa en la Guerra de Siria en septiembre de 2015, los ataques aéreos contra las posiciones de los terroristas aumentaron un 150 por ciento, de los que un 14 por ciento estuvieron dirigidos contra el Califato Islámico, permitiendo al gobierno de Damasco recuperar el control de la mitad del territorio, según un informe publicado ayer por el Jane’s IHS Markit, un Centro sobre Terrorismo e Insurgencia.

Gracias al apoyo ruso Siria triplicó la superficie bajo su control, de un 16 por ciento a mediados de septiembre de 2015 al 47 por ciento a finales de marzo de 2018, señala el informe.

La intervención militar rusa no sólo aseguró la supervivencia del gobierno de Assad, sino que también revirtió decisivamente el curso de la guerra frente a una amplia gama de terroristas.

“La intervención rusa ha proporcionado al régimen sirio el espacio y el tiempo necesarios para concentrar sus fuerzas en posiciones estratégicas y hacer un uso masivo de los recursos de que dispone”, reconoció Matthew Henman, el director del Centro.

“Los datos recogidos muestran el papel de los ataques aéreos [rusos] en esta estrategia, con fuerzas de oposición en gran medida incapaces de defenderse, o incluso de responder, a la amenaza planteada por la dominación aérea”, añadió.

De este modo, el gobierno pudo apoderarse de gran parte del centro del país, pero también se aseguró el control de centros urbanos vitales y posiciones estratégicas clave, tales como las ciudades de Alepo, Hama, Homs y Deir Ezzor, cerca de la frontera irakí. Además, aseguró la frontera con Líbano, redujo significativamente la amenaza sobre Damasco y contuvo a la oposición terrorista en la provincia de Idlib, añade Jane’s.

Desde septiembre de 2015 hasta finales de marzo de 2018, es decir, durante los dos años y medio de intervención rusa, los ataques aéreos ruso-sirios ascendieron a 6.833, frente a los 2.735 de los dos años y medio anteriores. Al mismo tiempo, el número de víctimas civiles disminuyó ligeramente, de 6.899 a 6.254 en los mismos períodos, debido a intervenciones más específicas, según el informe.

De esos ataques, sólo 960 se dirigieron contra el Califato Islámico, el 14 por ciento. La mayoría de ellos se concentraron en otros grupos terroristas, según muestra el estudio geográfico. Dos tercios se dirigieron contra las provincias de Aleppo, Idlib y Rif Dimachq, y se concentraron en áreas en las que el Califato Islámico tiene una baja presencia operativa. Estas tres provincias también fueron blanco de casi dos tercios de los ataques aéreos antes de la intervención rusa, destaca la informe.

En Corea lo que Estados Unidos prepara no es la paz sino otra guerra imperialista

Esta mañana Corea del norte ha amenazado con anular la cumbre prevista para el 12 de junio entre Kim Jong Un y Trump a causa de las maniobras militares Max Thunder que se celebran en el sur, ha informado la agencia surcoreana de noticias Yonhap citando a la KCNA, su homóloga del norte.

Pyongyang ya ha cancelado una reunión al más alto nivel con Corea del sur prevista para hoy para protestar por las maniobras militares, en las que participan los ejércitos surcoreano y estadounidense.

Estados Unidos tendrá que “considerar cuidadosamente el destino de esta cumbre entre Corea del norte y Estados Unidos a la luz del ruido militar”, dice Yonhap.

Los ejercicios entre las fuerzas aéreas de ambos aliados consisten en una provocación seguida una invasión, mientras que el período que se había abierto se caracterizaba por una mejora de las relaciones intercoreanas, añade Yonhap.

Washington, por su parte, dijo que seguirá preparándose para la cumbre. “Continuaremos avanzando” en los preparativos. “Nadie nos ha notificado” ningún cambio, dijo Heather Nauert, la portavoz del Departamento de Estado.

En una cumbre sorprendente celebrada el mes pasado en la zona desmilitarizada que delimta la frontera entre las dos Coreas, Kim y el presidente surcoreano Moon Jae-in reafirmaron su compromiso con el “objetivo común” de la “desnuclearización total” de la península.

Lamentablemente, en las condiciones actuales, Estados Unidos no va a consentir que ese propósito culmine porque los imperialistas han tomado un rumbo claro hacia una guerra permanente, como demuestra la ruptura de un acuerdo similar con Irán. No hay ningún motivo para pensar que Estados Unidos vaya a permitir con Corea lo que no permite con Irán.

La justificación histórica del nacionalismo burgués en la lucha contra el imperialismo

Juan Manuel Olarieta

Es una concepción muy extendida que, como los archivos de un ordenador, la historia también se puede borrar. Pero por extendida que esté, es errónea. Es absolutamente imposible. La historia es una evolución, un desarrollo y una metamorfosis, un cambio en la forma, una transformación de un acontecimiento en otro.

Si, es cierto, el feudalismo desapareció para dejar paso al capitalismo, pero aún subsisten instituciones feudales, como las monarquías dentro de los Estados burgueses más avanzados.

En los países con una trayectoria más dilatada en el tiempo, el pasado no ha esfumado, incluso el más remoto; está enterrado. Cualquier arqueólogo sabe que basta excavar un poco para adentrarse miles de años en la historia.

El materialismo histórico no se llama de esa manera sólo porque tenga en cuenta la historia, sino porque, además, considera que la historia está presente, según la gráfica expresión de Marx: “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”(1).

Si, es cierto, la URSS también desapareció, pero su peso en la historia del siglo pasado ha sido tan gigantesco que sus efectos se siguen haciendo sentir, dentro y fuera de Rusia. La URSS llegó a la historia para quedarse de manera definitiva. Como el Cid Campeador, sigue ganando batallas después de desaparecida.

Cuando se han cumplido 100 años de la Revolución de Octubre es importante recordarlo e insistir en ello: la URSS cambió de manera radical y definitiva las relaciones internacionales, a costa de un sacrificio gigantesco, con millones de muertos. No fue sólo porque el proletariado, que es una clase esencialmente internacional, mantiene una concepción distinta a la burguesía también sobre ese aspecto, sino por algo mucho más acuciante: los imperialistas nunca admitieron la existencia de la URSS como Estado.

A la URSS los más fuertes no le regalaron su derecho a permanecer en la historia, bien entendido que los soviets nunca trataron de estar ahí de cualquier manera, sino con una personalidad propia, con sus propios principios y sus propias reglas, empezando por las que deben regir en las relaciones entre distintos países, naciones y Estados.

Por eso el primer decreto que aprobó el gobierno soviético fue el Decreto sobre la Paz que, como la propia Revolución de Octubre, cambió el mundo para siempre, de manera irreversible. Hasta entonces el derecho internacional era el derecho de la guerra; desde entonces es un derecho para impedirla. Hoy hasta las guerras se hacen por la paz, en su nombre, naturalmente prostituyéndola.

Hasta 1917 las guerras eran choques militares entre un puñado de grandes potencias donde el resto del planeta era “tierra de nadie” con la que podían disponer como les diera la gana. Las conquistas y las anexiones de esas tierras no eran verdaderas guerras porque los “salvajes” estaban fuera de la civilización y de las normas por las que se rige.

La descolonización, el acceso de la independencia de los pueblos del Tercer Mundo y el movimiento de los países no alineados fueron consecuencia del papel activo de la URSS en el mundo y, principalmente, de la victoria frente al fascismo en la Segunda Guerra Mundial. En la Carta de la ONU, aprobada en 1945, la URSS impuso nuevos principios fundamentales sobre las relaciones entre los países que hoy nadie se atreve a discutir siquiera.

En pleno siglo XXI esa “pesadilla” que se llamó la URSS sigue “oprimiendo” el cerebro de la burguesía, a la que le gustaría desembarazarse de tales fantasmas “del pasado” y con ellos de algunas de las materializaciones que subsisten, que son bien reales, entre ellas los pueblos, las naciones y los Estados surgidos de la descolonización del Tercer Mundo.

A diferencia del pasado, de hace 100 años, hoy el imperialismo no puede imponerse sin someter a esos países, confirmando así el pronóstico leninista de que en esta etapa superior del capitalismo se intensificará “el yugo nacional” (2), como así ocurre hoy por doquier, sumando -e incluso fusionando hasta cierto punto- las contradicciones de clase con las aspiraciones de poblaciones enteras a su liberación. En el futuro, vaticinó Lenin, “la revolución socialista no será única ni principalmente una lucha de los proletarios revolucionarios de cada país contra su burguesía; no, será un lucha de todas las colonias y de todos los países oprimidos por el imperialismo, de todos los países dependientes, contra el imperialismo internacional”(3).

La política de los imperialistas es justamente la contraria, como cabe esperar. Ha consistido siempre en romper los lazos de unión de los países socialistas y el movimiento obrero con el los países del Tercer Mundo con múltiples subterfugios y la colaboración de los grupos oportunistas, como la Guerra de Siria está poniendo de manifiesto con absoluta claridad.

La Revolución de Octubre acabó con el papel pasivo que el Tercer Mundo había jugado hasta entonces en la historia: “En la revolución actual empieza un periodo en el que todos los pueblos orientales participarán en la decision de los destinos del mundo”, escribió Lenin. Esta revolución -advirtió- durará “muchos años y exigirá muchos esfuerzos” y se trata, además, de una tarea cuya solución nadie va a encontrar en “ningún libro comunista” porque no se trata de “luchar contra el capital sino contra las superviviencias del medievo”.

Lo que si es seguro es que en los países avanzados la vanguardia no puede llevar a cabo el paso al comunismo por sus propias fuerzas. Necesita apoyarse en la lucha de las naciones y los países dependientes y oprimidos. Los comunistas, concluye Lenin, “tendrán que apoyarse en el nacionalismo burgués que despierta en estos pueblos, nacionalismo que no puede menos que despertar y que tiene su justificación histórica”(4).

Los oportunistas de pacotilla deberían reflexionar un poco sobre el significado de esas palabras de Lenin, pensando en los nacionalistas burgueses que les rodean, tanto en Catalunya como en Siria, y que están haciendo por la revolución proletaria y la lucha contra el imperialismo mucho más de lo que ellos serán nunca capaces de reconocer.

(1) Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Barcelona, 1971, pg.11.
(2) Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, Pekín, 1972, pg.142.
(3) Lenin, II Congreso de las organizaciones comunistas de los pueblos Oriente, Obras Completas, tomo 39, pg.338.
(4) Lenin, idem, pg.342.

Narcotráfico: ante sus mentiras repetidas, nuestra verdad reiterada

Astrid Solórzano

Lo único bueno que tienen los enemigos de la justicia social y de la democracia es que se les ve venir de lejos. La alianza entre la ultraderecha más rabiosa de Colombia, la Fiscalía general de la nación –cada día menos soberana y menos fiscalía-, el Ministerio de Defensa y el Gobierno de los Estados Unidos construye narrativas que luego puedan justificar la criminalización o, en el peor de los casos, el exterminio.

Sobre el Ejército de Liberación Nacional se han fabricado muchos mitos que justificaran, ante los intereses del establecimiento, la imposibilidad de hablar en serio con nuestra organización de los cambios profundos que requiere Colombia. Si hasta hace unos meses el cuento venía por la falta de unidad de mando o por el carácter “marginal” de nuestra organización, ahora todo se centra ante la opinión pública, en ligar al negocio del narcotráfico al ELN, una organización político-militar consagrada desde hace 54 años a impulsar transformaciones revolucionarias en Colombia.

En una carta que envió el primero de mayo Nicolás Rodríguez Bautista en nombre del COCE al presidente del gobierno colombiano, Juan Manuel Santos, el líder del ELN advertía: “Esta campaña mediática, de acusaciones infundadas y montajes contra el ELN, están causando un grave daño al proceso de paz y amenazan la seguridad de nuestra Delegación de Diálogos”. Y reclamaba el comandante Nicolás: “Se requiere que el Presidente de la República como representante de todas las autoridades y Jefe de Estado brinde de manera clara las garantías, que la Delegación requiere para adelantar sus actividades, respetando su integridad en todas las fases de su trabajo y desplazamientos, como está acordado ante Garantes internacionales”.

Santos respondió un día después, pero no aludió directamente a esta campaña de desprestigio que se puede traducir en falsos positivos jurídicos -como al que se enfrenta Jesús Santrich-, sino que simplemente ratificó su “absoluto compromiso para realizar todos los esfuerzos posibles en el corto tiempo que queda de mi mandato como Presidente para llegar a un acuerdo que ponga fin al enfrentamiento armado con el ELN”. Eso sí, advertía que tanto su “carta de respaldo [al proceso de diálogos] como la carta adjunta de la Fiscalía General de la Nación, proveen garantías completas relacionadas con la protección y la seguridad personal de la Delegación del ELN [en la Mesa de Diálogos]”.

Más cartas… con respuestas a medias. Santos se refería a la segunda misiva que la Vicefiscal General de la Nación dirigía el 30 de abril al comandante Pablo Beltrán, respondiendo a las exigencias de la Delegación de Diálogos del ELN, de aclaraciones sobre si se seguía algún proceso contra miembros del ELN en asuntos de narcotráfico. María Paulina Riveros Dueñas se refiere sólo a la posible vinculación con el caso que se le sigue a Jesús Santrich, de las FARC, y afirma: “No existe investigación penal alguna, en la actualidad, que vincule al ELN con la investigación aludida”. Y ante la posibilidad de que exista algún requerimiento de un país extranjero al respecto, Riveros Dueñas, tras decir que esos asuntos tienen “reserva legal”, asegura: “Estoy en condiciones de afirmarle que no existe NINGUNA [en mayúsculas, en el original] solicitud de autoridades extranjeras que vincule a miembros del ELN en el caso en cuestión”.

Las respuestas, así, son parciales y sólo se refieren al caso de Santrich, sobre el que un supuesto miembro del CTI habría vinculado al ELN en la falsa operación de exportación de droga. Y Santos no se atreve a entrar al tema de fondo, que tan claramente señala el comandante Nicolás Rodríguez Bautista: y es que la organización “nada tiene que ver con el negocio del narcotráfico y que está prohibido para todos los integrantes y estructuras del ELN tener cultivos de uso ilícito, laboratorios, rutas y transportes o cuidar infraestructura comprometida con dichas actividades”. “Todas estas prácticas”, le explicaba el miembro del COCE a Santos, “están penalizadas en la normatividad del ELN, todos sus integrantes las deben respetar y se aplican sanciones a quienes las violenten. Lo único que está autorizado es el cobro de un impuesto, como a toda actividad económica”.

La insistencia del establecimiento y de su maquinaria mediática en propagar la mentira parece, más bien, parte de una estrategia para invertir la prueba de cargo. Es decir, ahora el nuevo enemigo público número uno es el ELN y acusarle de ser el culpable del narcotráfico en el país, equivale a desviar la atención de la estructura corrupta del Estado, de poderes locales y de miembros de las Fuerzas Militares que permite que las organizaciones narcotraficantes estén haciendo control efectivo de ciudades y territorios, de pasos fronterizos y negocios de diversa índole. Las mentiras también permiten que la opinión pública colombiana, aturdida por el bombardeo de postverdad, no se pregunte para qué han servido las décadas y los miles de millones de dólares que EEUU ha invertido en territorio colombiano para una fracasada “guerra contra las drogas”, que no ha servido sino para reproducir Cárteles de la cocaína, alimentar el mercado del narcotráfico y para enriquecer a contratistas, mediadores y corruptelas varias.

Hagamos unas cuentas sencillas. Entre 1995 y el año 2009, esa supuesta guerra contra el narcotráfico costó, según datos incompletos del Gobierno, 8.140 millones de dólares, carca de 600 millones de dólares al año. Ese dinero se echó a los bolsillos de militares, contratistas y corruptos varios porque si en el año 1995 no se llegaba a 65 mil hectáreas sembradas de coca para cultivo ilícito, en 2017, según las agencias gringas, hay 188 mil hectáreas cultivadas. Más que en ningún año en las últimas décadas.

Quien falla es el Estado y sus alianzas con los Estados Unidos, el mayor consumidor de cocaína del planeta, pero es más fácil mentir que fiscalizar; es más efectivo culpabilizar a organizaciones que cuestionan al establecimiento, que revisar quién está interesado en que el negocio de las drogas ilegales siga creciendo; es más rentable en las urnas enlodar al ELN que asumir que Colombia es el mayor productor mundial de cocaína.

Desde el ELN, sin embargo, seguimos aferrados a la verdad: nuestras directrices y nuestra normatividad son contundentes contra todos aquellos que tengan relación con la cadena del narcotráfico. La verdad del ELN se puede comprobar en los territorios, donde nuestros frentes trabajan mano a mano con las comunidades en la sustitución de los cultivos de coca para uso ilícito, antes y mejor que el Estado.


http://www.eln-voces.com/index.php/voces-del-eln/militancia/1567-narcotrafico-ante-sus-mentiras-repetidas-nuestra-verdad-reiterada

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