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Día: 13 de marzo de 2018 (página 1 de 1)

Sudáfrica: el apartheid cambia de nombre pero el capitalismo sigue fiel a sí mismo

Cyril Ramaphosa, un renegado
Una vez liberado de prisión, el 11 de febrero de 1990 Mandela salía al balcón del ayuntamiento de Ciudad El Cabo para saludar a una multitud enfervorecida. “Es el momento de intensificar la lucha”, dijo. Después de un siglo, las esperanzas se cumplían… o eso parecía, al menos.

Junto a él estaba Cyril Ramaphosa, un conocido dirigente del sindicato minero que hoy ha llegado a la Presidencia de Johanesburgo. Pero no será porque la clase obrera haya alcanzado el poder, sino todo lo contrario: Ramaphosa es uno de esos vendidos de los que por aquí tenemos varios. Está tan prostituido que se ha convertido en multimillonario.

Podría ser un buen resumen de la evolución de Sudáfrica en sus tres últimas décadas, por no hablar del conjunto del colonialismo africano, de cuya tragedia siempre culpamos a las metrópolis, olvidándonos de que, como escribió Frantz Fanon, su dominación sería imposible sin las marionetas que tienen sobre el terreno, sujetos corruptos como Ramaphosa.

Pero en Sudáfrica no basta preguntarse sólo por el ANC, el partido en el poder desde el final del apartheid, sino que es necesario preguntar también por su socio más importante, los comunistas sudafricanos, partidarios también de “ubuntu”, una palabra bantú que podemos traducir por “fraternidad” y, quizá mejor, por “reconciliación nacional” si queremos que nos resulte más familiar.

Para Mandela, el ANC y el PCS la nacionalización de los bancos, las minas y los monopolios industriales no era negociable, o eso decían, al menos. “En este punto es inconcebible un cambio de nuestro punto de vista”, dijo Mandela.

En 1985 el apartheid atravesaba una profunda crisis. La bolsa de Johanesburgo se hundió y el gobierno racista no podía pagar la deuda exterior. En setiembre un equipo de la Anglo-American Corporation dirigido por Gavin Relly se entrevistó en Zambia con Oliver Tambo, el presidente del ANC.

La entrevista fue secreta. Relly fue muy claro: el fin del apartheid a cambio de la estabilidad. Es muy probable que el verdadero objetivo de Relly fuera mucho más simple, enredar y dividir al ANC al modo habitual: los duros por un lado y los moderados por el otro. En otras palabras se trataba de separar a la dirección del ANC de la Organización Cívica Nacional y el Frente Unido Democrático, los movimientos de masas que combatían en las calles. No hizo falta nada de eso porque sería el propio Frente quien traicionaría, poniendo las cosas mucho más fáciles.

Entre 1987 y 1990 la dirección del ANC, con Mbeki al frente, estuvo negociando (claudicando) en un castillo inglés con 20 “afrikaners” del régimen. También se llevó a cabo en el secreto más absoluto. Los tres años de gastos (despilfarro) fueron pagados generosamente por el monopolio minero británico Consolidated Goldfields.

Al mismo tiempo, Mandela también negociaba en secreto desde la cárcel de Pollsmoor. Su interlocutor era Neil Barnard, dirigente del servicio de inteligencia sudafricano. Desde la cárcel, Mandela llamó por teléfono al presidente P.W. Botha para felicitarle el día de su cumpleaños. Los racistas hablaban con las víctimas que habían encerrado en la cárcel… Pero si tu víctima te felicita desde su celda es porque estás haciendo las cosas a la perfección.

Desde los años ochenta el racismo sudafricano captó, cautivó y cultivó lo que denominaron de manera doblemente estúpida como “nuestra clase media negra”, es decir, a sus propios zipayos (renegados y traidores) con un acceso preferente a los préstamos de la Sociedad de Desarrollo Industrial.

En pleno apartheid esa “clase media negra” podía crear empresas “negras” fuera de los bantustanes al “estilo Gaza”, es decir, de las reservas en las que los blancos mantenían encerrados a los negros. Con dinero blanco las empresas negras (New Africa Investments) compraban empresas blancas (Metropolitan Life). Así triunfaron unos pocos negros, como Ramaphosa.

El capitalismo es daltónico, no entiende de colores. Hoy aquella “clase media negra” tiene capitalistas, como Ramaphosa, que están entre los más ricos del mundo. “Usted puede llamar a eso thatcherismo, pero para este país la privatización es la política fundamental”, le confesó Mandela al periodista australiano John Pilger (*). Donde dije digo…

En Sudáfrica el capitalismo reconcilió a blancos y negros mucho antes de que el obispo Desmond Tutu presidiera la “Comisión de la Verdad y la Reconciliación” que, como estaba previsto, no sirvió para nada. ¿Realmente alguien quiere saber la verdad?, ¿le importa la verdad? La Cámara de Comercio Minero de Sudáfrica ha glosado cien años de explotación de las minas del país en seis páginas, donde palabras como silicosis o mesotelioma no aparecen, dice Pilger. Las familias de los mineros no pueden pagar una botella de oxígeno para que respiren los obreros sobre cuya salud se has levantado grandes fortunas internacionales. Se mueren, pero las familias tampoco pueden pagar el funeral.

Por eso conviene volver a recordar las palabras de Mandela: “Si el ANC no proporciona bienestar, el pueblo debe hacer lo que ha hecho con el régimen del apartheid”. Hay que tomar nota de ello. La lucha no ha hecho más que empezar.

(*) http://www.legrigriinternational.com/2018/03/l-anc-a-mis-l-afrique-du-sud-entre-les-mains-du-capital-international.html

Afrin está a punto de caer en poder de los turcos y las plañideras ya sacan el pañuelo para llorar

Las milicias yihadistas controladas por Turquía están a punto de capturar la localidad kurda de Afrin. Es cuestión de días. Ya han cortado el suministro de agua potable y se disponen a dividir el cantón de Afrin en dos mitades.

Mientras tanto, hay indicios para suponer que, además, Estados Unidos va a entregar el control de la localidad de Manbij al ejército turco.

Debemos empezar a pensar en lo que van a hacer después con las fuerzas del PKK/YPG y su ridículo “confederalismo”, porque hay algo absolutamente seguro: sus “aliados” imperialistas del Pentágono no van a acudir en su apoyo.

Por lo que les concierne, los kurdos del PKK/YPG también deberían pensar: ¿con qué clase de “aliados” nos hemos juntado?, ¿creían que el imperialismo les agradecería el papel de lameculos que han desempañado?, ¿creían que iría en su ayuda? Pues ya lo han visto: quien ha ido en su ayuda son los mismos de siempre, el ejército regular sirio, aunque las fuerzas que han enviado hasta ahora desde Damasco no van a ser suficientes.

Tomen nota y, mientras tanto, volveremos a oir lamentaciones, lágrimas, y denuncias sobre lo malo que es Erdogan, los turcos y sus satélites en el norte de Siria. Las culpas de los demás sirven para esconder las nuestras, en este caso, las de los kurdos.

Cuando se habla de Rojava y sus plañideras de Europa occidental siempre hay un recurso fácil: la desproporción de fuerzas, el fuerte y del débil… Sirve para hacer victimismo y no falla casi nunca, a pesar de que está demostrado que la desproporción de fuerzas (militares) nunca ha servido por sí misma para ganar una guerra, sobre todo si es una guerra popular, como debería ser la que han emprendido los kurdos.

Podíamos poner el ejemplo de Vietnam, donde no ganaron los que más fuerza tenían, pero los kurdos tienen un ejemplo más cercano que les demuestra su error, Hezbollah, que ya ha ganado una importante batalla a Israel.

Los kurdos tienen otro ejemplo delante de sus narices: el ejército regular sirio está a punto de aplastar a los yihadistas en la Guta oriental después de seis años de guerra, lo que marca el principio del fin (al menos de momento).

Siria no negociará el futuro de Afrin con los kurdos, como éstos creían; lo negociará con Turquía, y las conversaciones se harán a costa de los intereses del PKK/YPG, una vez más.

Las legítimas aspiraciones nacionales de los kurdos están muy lejos del alcance del PKK/PYG, que simpre da muestras de mucho coraje y muy poca cabeza. Frente a un enemigo muy superior, la cuestión de las alianzas se torna fundamental y los nacionalistas kurdos siempre se han puesto en manos de sus peores enemigos.

Sí, ahora toca llorar por Afrin, por Kurdistán y por el PKK/YPG, pero esperemos que, además, de llorar sepamos rectificar… a tiempo.


Estado de las líneas del frente de Afrin en la actualidad

Al imperialismo le interesa mucho controlar ‘el opio del pueblo’

Nadie como Marx disfrutaría hoy más leyendo los nuevos ecos de cierto renacer religioso en el mundo, a diferencia de sus discípulos, que presumen de ateísmo para evadirse de uno de los recursos a los que siempre ha echado mano el imperialismo. Al fin y al cabo la inmensa mayoría de la población mundial es religiosa y para manipularla hay que manipular su religión, y lo mismo le ocurre a los que pretenden exactamente lo contrario.

La evolución del Opus Dei es simétrica al Concilio Vaticano II, los curas obreros y la teología de la liberación. Por lo tanto, en el mundo no hay una religión sino muchas, muy diferentes, que desempeñan funciones sociales, políticas e ideológicas también diferentes según los fieles a los que va dirigida.

Eso le ocurre incluso una religión centralizada, como el catolicismo, que es diferente en Europa, Latinoamérica o África. Con mucha más razón al islam, que es un opio distinto, mucho más diverso.

A primera hora esta mañana desayunamos con el siguiente titular en la boca: “La mezquita de París sigue en manos de los servicios argelinos”, en referencia al espionaje argelino (1). Al mismo tiempo sabemos que la de Munich está desde hace décadas en manos de la CIA (2), la de Ripoll (Girona) en las del CNI y así sucesivamente podríamos seguir a lo largo del muchos países del mundo.

¿Qué intereses tiene el espionaje imperialista para dedicar sus energías a las mezquitas?

El número dos de la de París, Mohamed Lawanughi, es un agente del antiguo DRS, el servicio secreto argelino, y trata de imponer su sello al islam en Francia a través de un centro de culto que sirve de escaparate para los musulmanes de las antiguas colonias francesas, especialmente del norte de África.

A la mezquita de París no sólo van los fieles a ponerse de rodillas sobre una alfombra, sino que es una escuela de futuros imanes. Actualmente unos 140 “dirigentes del culto islámico” están bajo el control de la mezquita de París, o sea, del gobierno argelino y, seguramente, del francés.

Lawanughi es un sargento del ejército argelino al que desmovilizaron hace 20 años para trasladarlo a los “servicios especiales” de la capital francesa donde el coronel Alí Benguedda, apodado “El Pequeño Smain”, le colocó de guardaespaldas en un lugar discreto a la sombra del rector de la mezquita, Dallil Bubakeur.

Lo mismo que muchos oficiales del espionaje argelino, “El Sargento”, como se le conoce, veranea en Benidorm, donde tiene un chalet en una urbanizaciones de lujo.

En País ejerce una doble función. No sólo espía a los exiliados argelinos de la guerra de hace 20 años contra el fundamentalismo, sino que tiene la pretensión de reformar el “islam francés” de la mano de Macron, el Presidente de una República que alardea de “laicismo” cuando le conviene.

La semana pasada Bubakeur se trasladó a Argel para explicar en la orilla africana del Mediterráneo lo que debe ser el islam en la orilla europea. La conferencia estaba patrocinada, entre otros, por el embajador francés en Argel porque a las dos orillas les interesa mucho el islam (el control político del islam).

Unos, los argelinos, aún viven con el susto de perder unas elecciones ante los islamistas hace dos décadas, que tuvieron que superar recurriendo a una guerra devastadora y a muchos crímenes.

Los otros, los franceses, necesitan controlar a los emigrantes, que son una parte cada vez más importante de la fuerza de trabajo en Francia. Para la otra ya tienen a los sindicatos, los reformistas, las ONG, la prensa y demás.

Hace poco, cuenta Mondafrique, “El Sargento” le pegó una paliza a Abdelmalek Djebbar, su adjunto en la inspección de imanes, que tuvo que ser ingresado en el hospital. Le denunció a la policía Abderrahman Dahman, un antiguo asesor de la Presidencia de la República en tiempos de Sarkozy. A la denuncia Dahman añadió que en una ocasión “El Sargento” le había amenazado de muerte a él personalmente.

El viejo sargento tiene mano de hierro. Una mujer de origen marroquí también le denunció por haberla golpeado. Lawanughi confunde la mezquita con el cuartel.

(1) https://mondafrique.com/mosquee-de-paris-toujours-controle-services-algeriens/
(2) https://mpr21.info/2014/08/juan-manuel-olarieta-el-terrorismo.html

Más información:

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— Nazis en Ucrania, fundamentalistas en Chechenia
— Los ataques terroristas chechenos llevan el sello ‘made in USA’
— En Ucrania algunos perros de la guerra son islamistas

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