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Día: 24 de julio de 2017 (página 1 de 1)

‘Los kurdos no tienen más amigos que las montañas’

Juan Manuel Olarieta

Así dice un viejo proverbio kurdo: “No tenemos más amigos que las montañas”, que es tanto como decir que los kurdos no tienen amigos; ningún amigo. No es cierto. Si en las redes sociales todos buscan amigos, en Oriente Medio no hace falta: son los amigos los que te buscan.

Los nacionalistas kurdos han encontrado a su “amigo americano”, del que esperan que les saque de un atolladero histórico, aunque quien encuentra determinados amigos, encuentra también determinados enemigos, sobre todo cuando hablamos de una guerra. Entonces, ¿quién es el enemigo común de estadounidenses y kurdos en Oriente Medio?, ¿el yihadismo?, ¿está luchando Estados Unidos contra el yihadismo en Oriente Medio?

El planteamiento de las relaciones entre imperialistas y kurdos en Oriente Medio está viciado de raíz. Quizá la mejor manera de verlo sea analizar el desarrollo de la situación en Irak, donde los kurdos fueron los grandes beneficiarios de la invasión imperialista en 2003 y la posterior explosión yihadista, tambien favorecida por el imperialismo.

Lo mismo que en Siria, a pesar de las novelas idealistas, en Irak los kurdos nunca se plantearon una batalla contra el Estado Islámico; se limitaron a defender las posiciones que Estados Unidos les entregó en bandeja tras la invasión y partición de Irak en 2003. En Rojava la Batalla de Kobane no fue un ataque a los yihadistas, sino un ataque de los yihadistas.

Cuando a partir de entonces los kurdos del PKK/PYD se lanzaron contra el Estado Islámico, las batallas se han librado fuera de Rojava, una vez que la captura de Alepo cambió el fiel de la balanza y siguiendo instrucciones de Estados Unidos.

Las relaciones entre el PKK/PYD y el gobierno regional del Kurdistán irakí son pésimas, por lo que Erdogan es gran amigo de unos kurdos y gran enemigo de los otros. Barzani mantuvo la compostura con los yihadistas mientras Turquía fue uno de sus grandes apoyos, es decir, hasta el fallido golpe de Estado del verano pasado.

Barzani empezó a movilizar a sus peshmergas con el retroceso territorial del Estado Islámico, cuyas posiciones empezó a ocupar, lo que ha generado el espinoso asuntos de los “territorios en litigio”, es decir, las zonas fronterizas que se reivindican como kurdas o como árabes.

Dichos territorios son objeto de un tratamiento especial en la Constitución irakí de 2005, que tenía prevista la celebración de un referéndum para resolver su estatuto antes de 2008. Dicho referéndum no se ha celebrado y actualmente están bajo el control del gobierno regional de Barzani, que ha llevado a cabo en ellas un proceso forzado de “kurdización” para disuadir a los refugiados árabes de que vuelvan a sus hogares.

Barzani y los peshmergas se justifican diciendo que originalmente dichos territorios eran kurdos y que Saddam Hussein llevó a cabo un proceso inverso, una “arabización forzada”.

Interesa ahora destacar dos de esos territorios, los de Kirkuk y Sinjar, que ayudan a explicar que las razones de la ocupación no son sólo de tipo nacional, sino económico.

El referéndum previsto para el 25 de setiembre comprende esos “territorios en disputa” y en el mismo no participarán los refugiados árabes que tuvieron que abandonar sus viviendas desde 2003 hasta ahora, es decir, que las cartas están marcadas, por lo que no se va a resolver ningún problema y se puede crear otro más.

Desde 2003 el busilis económico del Kurdistán irakí es el petróleo. Estados Unidos promueve la autonomía de Kurdistán para evitar que el petróleo caiga en manos de los yihadistas, al tiempo que se asegura un mecanismo de presión contra el gobierno central de Bagdad, agobiado por los gastos derivados de la guerra.

Es el “divide y vencerás” que desde siempre caracteriza al imperialismo, unido al sabio consejo de no poner todos los huevos en la misma cesta, lo que se pone de manifiesto no en la autonomía kurda sino exactamente en la autonomía financiera. ¿Quién paga los gastos del aparato del Estado en el Kurdistán irakí?

Un tercio de las reservas irakíes de petróleo están en las zonas controladas por Barzani, pero la Constitución le impide exportarlo sin autorización del gobierno central. Al mismo tiempo, éste debe entregar el 17 por ciento de los presupuestos públicos al gobierno regional. Como Bagdad no ha pagado ni un céntimo, el gobierno regional obtiene sus ingresos de la exportación ilegal de petróleo a través de… Turquía.

El gobierno central no puede pagar sus compromisos financieros porque, agobiado por el peso de la guerra, no tiene dinero para hacerlo. A partir de ahí, los kurdos han abierto las puertas a Turquía, donde refinan el petróleo a cambio de una parte del mismo. Además, han llegado las multinacionales petroleras, que hacen oídos sordos a los litigios jurídico-constitucionales: Exxon, Total, Chevron y Gazprom.

Turquía es el nudo de este enredo. Sin Erdogan no existiría el gobierno regional de Barzani, por lo que Ankara ha puesto sus condiciones: la autonomía le va bien, pero la independencia le parece demasiado.

El otro eslabón que une a Erdogan con Barzani es su mutua enemistad con el PKK, que ha alcanzado su paroxismo en la provincia de Sinjar, fronteriza con Siria, donde tras la evacuación del Estado Islámico, los peshmergas kurdo-irakíes vigilan a los kurdos del PKK/PYD, a los que consideran como una organización “turca”, es decir, que ni siquiera los consideran como parte de una misma nación.

La relación entre unos kurdos y otros no puede ser más tensa. Recientemente un comandante de los peshmergas kurdos decía que su verdadero enemigo no es el Estado Islámico sino el PKK/PYD. A su vez, estos reprochan a los otros su amistad con Erdogan.

Los peshmergas acusan al PKK/PYD de algo insólito: de mantener un acuerdo con Irán y, por esa vía, con el gobierno central de Bagdad. Es sorprendente porque el PKK mantiene una sucursal en Irán, el PJAK, que practica la lucha armada.

Sin embargo, está fuera de duda que el PKK tiene un canal de comunicación abierto con el gobierno de Teherán, por lo que las suspicacias del gobierno regional no son infundadas. Para ser más exactos, ese canal lo mantiene uno de los más importantes dirigentes del PKK, Cemil Bayik, cuyas relaciones con la facción de Öçalan no son buenas por importantes divergencias estratégicas.

Mientras desde hace años Öçalan pretende llegar a un acuerdo de alto el fuego con Erdogan, que no ha cuajado, Bayik es partidario de continuar con la lucha armada y es quien controla la frontera de Sinjar, donde recibe apoyo y financiación por parte de los iraníes.

El rompecabezas se puede seguir complicando con cuantas piezas queramos poner encima de la mesa: la alianza de Irán con la facción de Bayik cuenta con un aliado sorprendente en la Unión Patriótica del Kurdistán irakí que dirige Jalal Talabani, el enemigo histórico de Barzani…

En fin, en Oriente Medio hay tantos amigos como enemigos, en abundancia; incluso dentro de la misma familia kurda.

Las grandes cadenas de comida rápida nos dan mierda para comer

Como ya sabemos, las grandes cadenas de comida rápida nos dan de comer mierda. Así lo prueba una nueva investigación de la BBC, que ha hallado patógenos en el hielo de Burger King, KFC y McDonald’s.

Un mes después de la polémica generada en Reino Unido por una investigación periodística que halló bacterias fecales en tres grandes cafeterías, la BBC ha revelado que estos patógenos también están presentes en el hielo de las bebidas que sirven Burger King, KFC y McDonald’s.

El programa de consumo Watchdog ha encontrado en estos restaurantes algún nivel de contaminación de una bacteria conocida como coliforme fecal que, de acuerdo con los criterios del gobierno británico, nunca debería estar presente en el agua para consumo humano, según publica The Independent.

Watchdog tomó muestras de las bebidas en diez establecimientos de cada cadena de comida rápida. El análisis encontró patógenos que se encuentran en las heces en siete muestras de KFC, seis de Burger King y tres de McDonald’s. La peor situación se detectó en cinco KFC y cuatro Burger King en los que la bacteria estaba presente en niveles “significativos”.

El experto Tony Lewis, del organismo profesional de salud ambiental, ha explicado a la BBC que, con esos resultados, se tiene que revisar qué está pasando con la gente que hace el hielo, la que está en contacto con él y lo traslada a la bebida de los clientes, y si se le está dando la limpieza adecuada a las máquinas. “Es extremadamente preocupante, cuando encontramos los niveles que hallamos aquí”, ha comentado.

En junio pasado, cuando las grandes cafeterías iniciaban sus campañas de bebidas frías para el verano, el mismo programa de la BBC encontró niveles “preocupantes” de bacterias fecales en productos de siete locales de Costa Coffee, tres de Caffè Nero y tres de Starbucks.

China considera que Palestina es el centro de la crisis de Oriente Medio

La gran sorpresa se produjo el miércoles de la semana pasada, cuando los ministros de Asuntos Exteriores de Qatar y Emiratos Árabes Unidos viajaron a Pekín, donde negociaron la crisis interna de los países del Golfo.

Las preguntas son todas obvias: ¿qué papel juega China en Oriente Medio?, ¿por qué a Pekín y no a Washigton?

La respuesta es que mientras Estados Unidos es parte del problema de Oriente Medio, China se ofrece como una solución, al menos posible, ya que trata de ejercer una mediación.

La conclusión también es una constatación muy obvia: los problemas de Oriente Medio ya no pasan por las manos de Washington.

En Pekín los cancilleres árabes se encontraron con una propuesta de su colega chino Wang Yi que contenía tres puntos, según el comunicado oficial del Ministerio. El primero es resolver las diferencias entre las partes por vías políticas. La segunda es defender una “solución árabe” en el marco del Consejo de Cooperación del Golfo, mientras los demás países deben respetar los principios de no injerencia. El tercero es la iniciación de negociaciones entre todas las partes implicadas, empezando por un rechazo del terrorismo.

China ha ofrecido su mediación, tanto a Emiratos como a Qatar, lo cual ha sido muy bien recibido porque sus propuestas se basan en la seguridad, la estabilidad y el mantenimiento del “statu quo” regional.

Otro aspecto importante es que China se preocupa por destacar que no tienen las manos atadas por nada ni por nadie, en el sentido de que sus propuestas son absolutamente independientes de las rusas, las iraníes y las turcas, aunque en ningún caso contradictorias con ellas.

Lo mismo cabe decir de las iniciativas adoptadas por Estados Unidos: China se preocupa por destacar que no tiene ninguna intención de sabotearlas.

El gobierno de Pekín toma, pues, parte activa en la crisis del Golfo, lo mismo que en toda la situación en Oriente Medio, cuya inestabilidad puede repercutir seriamente en otras regiones del mundo.

“La cuestión palestina está en el origen de los problemas de Oriente Medio”, dice un rotundo comunicado oficial del Ministerio chino de Asuntos Exteriores. “La paz y el desarrollo de toda la región dependen del arreglo justo y apropiado de la cuestión palestina”.

Así se explica la visita de Mahmud Abbas a Pekín la semana anterior y la propuesta de cuatro puntos del Presidente Xi Jinping en persona para avanzar en la solución del contencioso palestino, la principal de las cuales es que la solución política en Palestina pasa por la creación de dos Estados.

China pretende que la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU se ponga en funcionamiento de manera efectiva y que se paralice inmediatamente la construcción de nuevos asentamientos sionistas en los territorios ocupados por Israel.

Además, Xi Jinping propuso un mecanismo trilateral de negociaciones con Palestina e Israel, a los que incluye dentro del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda.

Lo interesante no es sólo que China ha dejado de “mirar y ver” para mostrarse activa, con iniciativa, sino que además sus propuestas son estratégicas.

Para acabar: estamos ante otra muestra de que las potencias occidentales empiezan a ser marginales en Oriente Medio.

El jefe del Estado Mayor del ejército francés fue uno de los defensores de los genocidas ruandeses

El general François Lecointre
“Todo por la patria”. Cada ejército es custodio de sus mejores proezas nacionales. La del español se esfuerza por preservar el espíritu fascista del 18 de julio de 1936; el francés guarda las matanzas coloniales como su tesoro más preciado.

En 1994 el actual Jefe del Estado Mayor del ejército galo, el general François Lecointre, fue uno de los defensores de los genocidas ruandeses. En aquel momento, el general, que entonces era capitán de infantería de marina, estaba presente en el país de los Grandes Lagos, dentro de la Operación Turquesa que los colonialistas franceses llevaban a cabo en la región.

El general Lecointre ha sustituido a la cabeza del ejército francés a otro alto oficial, Pierre de Villiers, que dimitió de su cargo con la llegada de Macron con muy malas maneras, algo inédito en los anales de la V República.

¿Motivo? Los recortes del presupuesto castrense, que dejan a Francia “indefensa” y desafían las exigencias de rearme a ultranza de Trump. Son lentejas: en 2013 Francia aprobó unos proyectos militaristas que no puede pagar. Es así de simple.

El genocida Alfred Musema
Su sucesor es más cutre, del estilo de Millán Astray o Franco, un “africanista” a quien el pasado le salpica. Durante el genocidio de Ruanda, el general colaboró con Alfred Musema, director de una fábrica de té que en julio de 1994 albergó a las tropas francesas desplegadas en la región.

¿Quién es Musema? Uno de los condenados en enero de 2000 a cadena perpetua por el Tribunal Penal Internacional como autor, entre otros, del genocidio de 1994.

Una carta dirigida por Lecointre el 18 de julio [¡será casualidad!] de 1994 a Musema muestra una enorme familiaridad entre ambos. Presente sobre el terreno en el mismo momento de la gran matanza, el general francés no muestra ninguna intención de impedir las actividades de su amigo, e incluso colabora con él, como dice Jacques Morel en el diario L’Humanité.

El ejército francés está metido hasta el cuello en el genocidio. Además de Lecointre, también participaron el actual subjefe de Estado Mayor, Grégoire de Saint-Quentin, así como el general Bruno Guibert, comandante de otro despliegue del ejército francés en África: la Operación Barkhane en Mali, donde controlan la extracción de uranio para las plantas nucleares francesas.

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