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Día: 7 de junio de 2017 (página 1 de 1)

La ruptura entre los países del Golfo profundiza la crisis del imperialismo en Oriente Medio

El bloqueo contra Qatar ha roto la unidad entre los países del Golfo, profundizando la crisis del imperialismo en Oriente Medio y redistribuyendo de nuevo los naipes. La conclusión es obvia: quienes desde la Primavera Árabe de 2011 han sembrado vientos, recogen ahora tempestades. La desestabilización se vuelve contra sus patrocinadores, poniendo a todos ellos contra las cuerdas.

Es la crisis diplomática más grave que ha registrado el mundo árabe en los últimos 40 años, una región donde las crisis se suceden unas a otras. Ha bastado una visita de Trump a Riad para que se rompan todas las costuras sólo 15 días después.

En la prensa árabe hablan sin tapujos de una “nueva Guerra del Golfo”, de que los saudíes están dispuestos a invadir militarmente Qatar, de una forma parecida a como Irak lo kizo con Kuwait en 1990. Lo que no cabe duda es que los sátrapas saudíes persiguen la destitución de sus vecinos, los Al-Thani. En las redes sociales ha aparecido un fantasmagórico “Frente de Liberación de Qatar”.

Pero en una superproducción taquillera los actores de reparto no pueden velar al protagonista principal, Trump, que ha puesto en marcha la liquidación de la política de su antecesor, Obama, de apretar las clavijas a los saudíes y, al mismo tiempo, tender la mano a Teherán.

Las prioridades de Trump son las contrarias. En Washington han cometido la torpeza de poner los huevos en una única cesta, Riad, que está a punto de romperse. La economía saudí no se sostiene y el contrato de compraventa de armas tiene cifras tan mareantes que es difícil saber cómo van a pagar la factura los jeques.

Los únicos beneficiarios del contrato son los traficantes de armas, gracias a los cuales Trump pretende salvaguardar la única industria en la que Estados Unidos es pionera: la bélica.

Precisamente por eso, los tuits de Trump tienen un escollo importante que salvar: su base aérea regional está en Al-Ueid, o sea, en Qatar, y alberga a 10.000 soldados que no pueden ir a niguna otra parte, por más que Emiratos Árabes Unidos lleve tiempo proponiéndolo desde hace años, y es que esto se veía venir.

La Guerra de Siria ha supuesto un punto de viraje en Oriente Medio. Con el apoyo de Rusia, el “eje de la resistencia” ha desbaratado los planes del imperialismo y todo se desmorona como un castillo de naipes. Querían aislar a Irán y han quedado aislados. Sus proyectos no les van a ir mejor en otros países, como Siria o Yemen, donde tienen las guerras perdidas.

Turquía no rompe con Qatar; Argelia tampoco. Egipto es un caso singular. Es un país que vive traumatizado por la Primavera de 2011, el triunfo electoral de la Hermandad Musulmana (propiciado por Qatar), el posterior golpe de Estado militar y la ola de yihadismo que sacude al país, especialmente en el Sinaí, casi se puede decir que aplaudida por Al-Yazira, el portavoz oficial de la familia Al-Thani.

A Egipto le ha llegado la hora de la venganza, a pesar de que 300.000 egipcios trabajen en Qatar. Lo mismo que otros países árabes que siempre estuvieron en la primera línea (Irak, Siria), Egipto ya no es lo que era. El imperialismo ha logrado destruir a los países árabes que desempeñaron un papel más importante en la segunda mitad del siglo pasado.

Si a ellos añadimos la Libia de Gadafi, obtenemos un panorama más completo de la manera en que el protagonismo árabe ha pasado de los países más avanzados (Egipto, Irak, Libia, Siria) a los más retrógrados, monarquías del Golfo Pérsico como Arabia saudí o Emiratos Árabes Unidos. El yihadismo no es más que una consecuencia de ese cambio, propiciado por las grandes potencias imperialistas, naturalmente.

Sin embargo, la Guerra de Siria es su gran fracaso y el acontecimiento que en el futuro seguirá marcando el rumbo de los acontecimientos en Oriente Medio.

La islamofobia como construcción ideológica de los imperialistas de ayer, de hoy y de siempre

La intoxicación mediática funciona por inundación, según una conocida frase de Goebbels cuyo origen, sin embargo, estuvo en Estados Unidos. Es como cualquier otro abuso, de alcohol o de drogas: una pequeña dosis, una información sesgada, conduce a la pérdida del sentido de la realidad y a asociaciones de ideas que operan automáticamente en las neuronas de millones de personas en todo el mundo.

Así, por más que los medios asocien las matanzas terroristas al islam, es falso. La inmensa mayoría de ellas no tienen que ver con el islam, ni con los musulmanes, como demuestra la base de datos que desde 1970 la Universidad de Maryland mantiene sobre la violencia política y religiosa en el mundo.

Es posible concretar mucho más. Por ejemplo, en 2011 un nazi noruego, Anders Behring Breivik, mató él solito a 76 personas y nadie explicó el motivo de tal masacre: su gobierno se disponía a reconocer al Estado palestino en la inminente Asamblea General de la ONU que estaba a punto de reunirse.

Más que un atentado del islam se trataba de un atentado contra el islam o, por lo menos, contra los palestinos, o contra el conjunto del mundo árabe.

También es posible acercar aún más la lupa a aquella orgía de sangre, cuantitativamente mucho mayor que la que ha padecido Reino Unido en los últimos días. En su manifiesto, al que casi nadie prestó atención, a pesar de que lo puso en internet antes de cometer su crimen, el nazi cita repetidamente a Bat Ye’or, el seudónimo con el que Gisèle Littman-Orebi escribió en 1981 su obra “Le Dhimmi”.

Littman-Orebi ha lamentado que el nazi utilizara su obra como justificación del crimen, porque se produce una asociación de ideas, otra más, que choca con las muchas que ya inundan nuestra cabeza: aunque nacida en El Cairo, la escritora es judía. El seudónimo Bat Ye’or es hebreo y significa “La Hija del Nilo”. ¿Se inspiran los nazis en escritos de los judíos?

Incluso para aquellos que aborrezcan a los nazis, es apasionante adentrarse en esa y otras obras de “La Hija del Nilo” porque encontrará muchas reminiscencias de la islamofobia que hoy se pueden leer en cualquier medio de comunicación de gran tirada, o en las tertulias, o en las redes sociales.

Aunque la autora se suele declarar “apátrida”, es mentira: tiene nacionalidad británica y vive en Suiza. En la obra que inspiró la masacre de Oslo, denuncia la esencia de la paranoia islamofóbica, esa supuesta absorción progresiva de Europa por el mundo árabe que engendrará una entelequia a la que denomina “eurabia”. Para ser más exactos todavía: incluso en el título de sus obras, Littman-Orebi utiliza continuamente el neologismo “dhimmitud” que significa la sumisión de los no musulmanes al islam.

La autora atribuye el término al político libanés Bashir Gemayel, asesinado  casi al mismo tiempo que aparecía aquel libro. Pero Gemayel reunía en su figura dos condimentos que tienen poco que ver con la “dhimmitud”: primero, que no era musulmán sino cristiano, y segundo, que fue Presidente del Gobierno de su país, un cargo nada propicio a la sumisión. En plena guerra civil libanesa, Gemayel más bien representaba todo lo contrario: no la sumisión al islam sino la sumisión del islam dentro del mismo mundo árabe.

¿O he entendido mal y Gemayel y su partido falangista a quien eran sumisos era al imperialismo y al sionismo?

Sigamos tratando de esclarecer un poco las cosas: la muerte de Gemayel fue el magnicidio de un cristiano (libanés) cometido por otro cristiano (también libanés), es decir, que nada tenía que ver con su religión porque, aunque se empeñen en decir lo contrario, las religiones tienen muy poco que ver con este tipo de asuntos.

En internet existen dos nombres de dominio, http://www.dhimmi.org/ y http://www.dhimmitude.org, en los que uno se entera de que el neologismo procede del árabe, donde significa “proteger” o, más bien, “protectorado” si le queremos dar un significado un poco más preciso, jurídico. Durante los mil años de expansión árabe (638-1683), los conquistadores (árabes, musulmanes) imponían tratados, naturalmente inicuos, a las poblaciones sometidas (que no eran árabes, ni musulmanas) que, lo mismo que la mafia, otorgaban protección (“dhimma”) a cambio del pago de un precio (un impuesto llamado “yizia” en árabe).

Resumiendo: eso es feudalismo puro y duro, algo que a lo largo de la historia han impuesto todos los conquistadores a sus víctimas, cualesquiera que fuera la religión de unos o de otros (y si opinan lo contrario, pregunten a los americanos).

Lo mismo que todas las tendencias islamófobas que corren por los medios, “eurabia” pretende enfrentar a las dos orillas del Mediterráneo, naturalmente con el objetivo de preservar al Estado de Israel y la criminal política imperialista en Oriente Medio.

Es inútil que el lector busque en internet alguna información en castellano sobre tan vidrioso asunto, pero todo se originó en 1973 con la guerra que los israelíes llaman del Yom Kippur y los árabes del Ramadán, cuando se acabó la era del petróleo barato y los países europeos se vieron obligados a iniciar una nueva política de acercamiento a los países árabes (para sacudirse la tutela de Estados Unidos, entre otras razones).

Para “La Hija del Nilo” aquello era una claudicación en toda regla por parte de Europa: a cambio de petróleo barato, los europeos estaban dispuestos a abrir las puertas a los árabes y, por lo tanto, al islam, una religión que es sinónimo de fanatismo, que no conoce la moderación ni la tolerancia (a diferencia de los judíos o los cristianos). Los que opinamos lo contrario, somos unos ingenuos, ignorantes o incluso algo peor: traidores.

Nosotros —los traidores— somos los continuadores de otra traición, la del mito del Conde Don Julián, el de la batalla de Guadalete que en el año 711 abrió las puertas de España a los “moros” para que nos invadieran. El romancero está lleno de canciones sobre aquella “desgracia” que, durante siglos, ha recorrido los pueblos de la península de boca en boca. La España rancia, inquisitorial y fascista es la antiyihad; vivimos rodeados de “matamoros” por todas partes.

Puntualmente, desde 2007 los nazis convocan todos los años concentraciones en Aarhus, un pueblo de Dinamarca, con la excusa de la defensa de una supuesta identidad europea. Nunca ha habido nadie más europeo que los nazis, aunque en Aarhus apenas agrupen a 200 matones. Frente a ellos, los antifascistas convocan a 4.000, veinte veces más, en el mismo sitio a la misma hora, pero los primeros tienen a la prensa a su lado y de los segundos no habla nadie.

Además de Aarhus, los nazis europeos han convertido a Israel en su “Meca” particular. Desde 2011 también han iniciado sus propias peregrinaciones a Jerusalén (Al-Quds en árabe). El primero de ellos, Louis Aliot, número dos del Frente Nacional francés, se justificaba ante sus fieles diciendo que no es posible luchar contra la islamización de Europa y, al mismo tiempo, tomar partido por los árabes en Oriente Medio.

Aparentemente, los nazis, los fascistas, e incluso nuestros franquistas, siempre fueron antisemitas. No obstante, ahora parece que quieren expiar sus culpas por el “holocausto” congraciándose con “los judíos”. Pero no nos dejemos confundir de nuevo: aquí no hay moros, ni judíos, ni cristianos. No hay otra cosa que imperialismo y una tortuosa manera de justificar sus crímenes (los de antes, los de ahora y los de siempre).

En 2005 Bat Ye’or publicó su última obra “Eurabia: el eje euro-árabe” en la que sigue empeñada en convertir el Mediterráneo en un lodazal y en un mar de sangre. “Bat Ye’or escribe artículos en revistas de todo el mundo y concede entrevistas a la radio y a la televisión, además de haber pronunciado conferencias en el Congreso de los Estados Unidos y en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas”, afirma la Wikipedia.

Nada de eso me sorprende en absoluto. Como no podía ser de otra forma, todos beben de las mismas fuentes (aunque el agua no sea potable). La obra de Bat Ye’or no sólo ha conseguido un renombre mundial entre los nazis, sino que “sus obras son ampliamente citadas y muy valoradas entre los medios de la lucha contra el terrorismo”, o sea, entre la policía, los servicios secretos, la inteligencia y el espionaje, confiesa la Wikipedia.

Tampoco eso me sorprende.

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