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Día: 24 de mayo de 2017 (página 1 de 1)

28 policías y 85 guardias civiles han sido detenidos y acusados de narcotráfico desde 1990

Esta es la historia del “atrapador atrapado”. Del que dice luchar contra las drogas y comercializa con ellas, o del que asegura perseguir a los malos… para acabar quedándose con su botín. Según datos del ministerio de Interior, entre 1990 y 2016 fueron detenidos 85 miembros de la Guardia Civil por “delitos relacionados con el tráfico de drogas”. Sólo el año pasado se produjeron nueve detenciones, alcanzando el mismo récord anual que en 2004 y 2010. Málaga, Almería y Algeciras son los destinos que más se reiteran en este listado.

A lo largo de esos años hubo detenciones de guardias civiles en 22 provincias, así como en las ciudades de Ceuta y Melilla. A principios de este año en el cuartel de la Guardia Civil de Isla Mayor (Sevilla) detuvieron a la mitad de la plantilla del cuartel de la Guardia Civil “como presuntos autores de un delito de narcotráfico”.

El informe no habla de condenas, pero alcanza con repasar la hemeroteca para encontrar varios casos de integrantes de la Guardia Civil que recibieron sentencia firme por su vinculación con el narcotráfico. Uno de los últimos –y más escandalosos— ocurrió en Málaga, donde en octubre fue condenado el exjefe del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Guardia Civil de esa ciudad, Valentín Fernández, por varios delitos contra la salud pública y falsedad.

En el caso de la Policía Nacional, el gobierno señala que “solo se dispone de datos a partir de la fecha en la que tal información es registrada y debidamente auditada conforme a los criterios del Sistema Estadístico de Criminalidad”. De esta manera, el periodo sobre el que se ofrece información arranca en 2011 y concluye en 2016. A lo largo de esos años se produjeron 28 detenciones de funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía. Del periodo analizado resalta la cifra registrada en 2015, con nueve detenciones –dos en Madrid, otras dos en Ourense y una en Málaga, Sevilla, Murcia, Valencia y Melilla respectivamente—. El año pasado hubo cinco casos, de los cuales dos se registraron en Barcelona. Los restantes, según datos de Interior, fueron en Cantabria, Ceuta y Sevilla.

Entre 2011 y 2016 hubo 48 casos “en los que se ha sustraído drogas en dependencias policiales” (o sea, que roban a la policía o la policía se deja robar). La provincia en la que se produjo el mayor número de “sustracciones” ha sido Madrid, con ocho episodios. Le sigue Cádiz, con seis. El resto de casos se reparte por distintas zonas de la geografía española a norte, sur, este y oeste. En ese contexto, el Ejecutivo informa también que “la Guardia Civil tiene conocimiento de un caso de desaparición de drogas en sus dependencias oficiales en Granada, en el año 2016”.

En 2014 se registró en Ávila un caso de “extravío de drogas en dependencias policiales”, mientras que dos años más tarde ocurrió lo mismo en un juzgado de Córdoba. El informe no menciona el desenlace de tales “extravíos”.

http://www.publico.es/politica/cerca-centenar-guardias-civiles-detenidos.html

El asesinato de Letelier es el primer acto de terrorismo internacional cometido en Washington

Orlando Letelier (1932-1976)
Un documento desclasificado por la CIA en 2015 confirmó que Orlando Letelier, el antiguo canciller del gobierno de Salvador Allende, fue asesinado por orden del general Pinochet el 21 de septiembre de 1976.

En octubre de 2015, el secretario de Estado, John Kerry, entregó a la presidenta chilena, Michelle Bachelet, una serie de documentos desclasificados sobre el atentado. Uno de ellos es un memorando secreto que en 1987 redactó el entonces secretario de Estado, George Shultz, para el presidente Ronald Reagan. El texto aseguraba que la CIA consideraba que existían “pruebas convincentes” de que Pinochet “ordenó personalmente a su jefe de inteligencia, Manuel Contreras, preparar el asesinato”.

Letelier fue el canciller del gobierno de Salvador Allende en Chile entre 1971 y 1973 y murió junto a su ayudante, Ronni Moffit, en Washington cuando una bomba activada por control remoto estalló bajo del coche que conducía.

“Los archivos también dejan claro que cuando la investigación de las autoridades estadounidenses determinó que altos cargos de la inteligencia y el ejército de Chile fueron responsables [del crimen], Pinochet decidió obstruir el caso para esconder su implicación, en último término, para proteger su presidencia”, continúa el documento.

El gobierno de Allende al frente de la Unidad Popular fue interrumpido por un golpe de Estado encabezado por Pinochet el 11 de septiembre de 1973, quien después instauró un régimen criminal que se prolongó hasta 1990.

Entre 1973 y 1974, Letelier pasó ocho meses preso en la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea chilena y en un campamento militar de Valparaíso.

La caída del gobierno de Salvador Allende en Chile fue el golpe de gracia que los propios imperialistas asestaron a los reformistas, defensores de la participación electoral, de los cambios de gobierno, de las luchas pacíficas, parlamentarias y puramente legales.

La ingenuidad es el rasgo carcterístico del reformismo. Letelier siempre creyó que Pinochet no se atrevería a atacarle en la capital del mayor apoyo que tenía el criminal: el imperialismo.

El asesinato de Letelier y Moffit es histórico porque es el primer acto de terrorismo internacional en el corazón mismo del barrio diplomático de Washington. Lo que el documento de la CIA no reconoce es que un atentado así hubiera sido imposible sin su apoyo directo al mismo, que corre paralelo a su papel directo y decisivo en el golpe de Estado de 1973.

Esa parte de la historia la desclasificará la CIA dentro de otros 40 años.

La manipulación de las elecciones a través de los buscadores de internet

Si al salir a la calle sólo viéramos vehículos de la marca Ford quedaríamos muy sorprendidos. No ocurre lo mismo cuando todos acudimos al mismo buscador, Google, que en España cuenta con un 96 por ciento de la cuota de mercado. Esto le convierte no sólo es el guardián de la información sino también de la conciencia de los usuarios ya que a través suyo es como la mayoría accede a los contenidos de internet.

Todavía no nos hemos dado cuenta de que es como si todos leyéramos el mismo periódico o como viviéramos en los tiempos de una única televisión, un único telediario.

El escalafón de resultados que devuelve Google, conocidos como SERP (siglas en inglés de Search Engine Results Pages), tienen un impacto significativo en las decisiones de los consumidores, que eligen los resultados clasificados en los puestos más altos en detrimento de los que están en las posiciones más bajas.

Por lo tanto, también tiene un impacto decisivo en las decisiones de las empresas a la hora de vender sus mercancías. Aparecer en la primera página de Google supone un incremento muy importante en las ventas porque nadie consulta más allá de los diez primeros resultados que el buscador le pone delante de las narices. Más allá de la primera página de Google no hay nada. Un estudio de 2013 demostró que los sitios que aparecen entre los 10 primeros resultados reciben el 91,5 por ciento de los golpes con el ratón. Solo el primer resultado ya concentra un tercio de ellos. Entre el décimo resultado y el undécimo (el primero de la segunda página) hay una caída en el número de visitas del 140 por ciento.

Solo en Estados Unidos las empresas gastan más de 20.000 millones de dólares al año para salir los primeros en la página de resultados, o para salir antes que las empresas de la competencia.

La conclusión es obvia: Google no suministra información sino publicidad (a diferencia de otros buscadores, como Duckduckgo, por ejemplo).

Pasemos ahora a ver otra faceta de los usuarios como consumidores políticos, o sea, como votantes: ¿cuál es el impacto en el votante cuando un partido o un político aparece en el primer plano?, ¿qué páginas le muestra Google y cómo influye en su voto?, ¿a quién vota Google?

En 2015 dos investigadores del Instituto Estadounidense de Tecnología e Investigación de la Conducta (AIBRT), Robert Epstein y Ronald E. Robertson, descubrieron lo que ya se conoce como el “Efecto de la Manipulación de los Motores de Búsqueda” (Seme, por sus siglas en inglés), demostrando que casi la mitad de los indecisos, el 48 por ciento, optan por votar al candidato que aparece mejor situado en los resultados del buscador (*).

Hace muchos años que las elecciones ya no se hacen en la calle, con carteles o mítines o caravanas de coches. Ni siquiera se hacen en la televisión. Se hacen en Google. Si alguien fuera capaz de sacar a un partido de las primeras posiciones del buscador, no tendría nada que hacer en unas elecciones.

“El Seme puede tener efecto en cualquier elección política donde la victoria sea por un estrecho margen”, afirmó Robertson. “Dado que casi el 25 por ciento de las elecciones nacionales en el mundo se deciden por márgenes inferiores al 3 por ciento, el Seme genera preocupación sin importar el número de candidatos”.

En la segunda parte de su investigación, Epstein y Robertson analizaron la manipulación digital en las elecciones que se celebraron en India en 2.150 votantes indios que aún no habían decidido su voto y los resultados fueron similares a los de Estados Unidos. Pero lo más preocupante es el bajísimo porcentaje de personas que se dieron cuenta de que estaban siendo manipulados.

Si aquí alguien buscara algo sobre Rajoy y el buscador siempre le remitiera a la web de la Moncloa, del Partido Popular o de La Razón, el usuario no sospecharía nada. En los experimentos con estadounidenses, apenas el 9 por ciento se dio cuenta de que el buscador estaba trucado y favorecía descaradamente a alguno de los candidatos. En el caso indio, el porcentaje fue mucho menor: sólo el 1 por ciento.

Hoy son muchos los que saben que los medios de comunicación no son neutrales y manipulan las elecciones. Sin embargo, no opinan los mismo de un buscador de internet. Aún no saben que sus resultados tampoco son neutrales. La diferencia es que lo hacen tan bien que muy pocos se dan cuenta de ello.

(*) http://www.pnas.org/content/early/2015/08/03/1419828112.abstract

45 condenas por enaltecer al ‘terrorismo’ en las redes sociales desde 2012

Cassandra Vera, César Strawberry o Guillermo Zapata son sólo algunos de los 45 nombres que en los últimos cinco años han sido condenados por la Audiencia Nacional o el Tribunal Supremo por enaltecer el terrorismo o humillar a las víctimas en Twitter o Facebook. Estos dos organismos han dictado en total 55 sentencias que se han salidado, por el momento, con 45 condenas y 3 absoluciones.

El balance de la Audiencia Nacional desde 2012, y con varios juicios recién celebrados y a la espera de sentencia, deja 48 sentencias: 44 de ellas fueron condenatorias y otras 4 fueron absoluciones. Otro dato que dejan las bases de datos del Poder Judicial es que 27 de estas condenas (más del 60 por ciento) fueron alcanzadas por conformidad tras llegar a un pacto con la Fiscalía: el Ministerio Público aceptó rebajar su petición definitiva de cárcel a cambio de que el encausado reconociese los hechos.

La última de estas absoluciones fue dictada hace apenas unas semanas: Arkaitx Terrón se sentaba en el banquillo por mensajes como, por ejemplo, “Juan Carlos Primero, más alto que Carrero”. La Fiscalía pedía para él dos años de prisión y la sala decidió absolverle, asegurando que este delito “plantea graves problemas para su delimitación con la libertad de expresión y la libertad ideológica”.

Lo que los jueces de la sección primera definen como “graves problemas” se traducen en sentencias muy dispares sobre asuntos similares y también en votos particulares por parte de jueces discrepantes. En esta misma sentencia, por ejemplo, el juez Fernando Grande-Marlaska emitía uno de estos votos particulares, asegurando que los tuits relativos, por ejemplo, a miembros de ETA, destacan “la voluntad de ensalzar acciones de carácter terrorista y revestirlas de legitimidad como instrumento político”.

Son precisamente los votos particulares los que en ocasiones reflejan la profunda división de opiniones que existe entre magistrados y magistradas a la hora de trazar la línea roja y saber si, por ejemplo, un tweet debe incitar al delito para ser punible o dónde empieza la humillación de una víctima del terrorismo. El pasado mes de noviembre, la sección primera condenó a un año de prisión a un hombre por decir textualmente en Facebook que “¡Ojalá vuelvan los GRAPO y os pongan de rodillas!” o colgar fotos del anagrama de ETA. Uno de los jueces, Ramón Sáez Valcárcel, entendió que debería ser absuelto: cuando se celebró el juicio los mensajes habían sido publicados hace cuatro años, no tuvieron gran difusión (“El acusado habita en una pequeña localidad de Toledo y puede haber operado en un inmenso silencio dentro de la red”) y además destaca la “inexistencia de un contexto de violencia” con la banda terrorista GRAPO, inexistente en la actualidad.

Una segunda absolución fue dictada por la Audiencia Nacional en noviembre del año pasado por la misma sala: mensajes sobre miembros de ETA y a favor de la amnistía que merecieron una absolución. Los jueces explicaban entonces que “no hay constancia de que la conducta del acusado haya sido realizada para la motivación de otras conductas ajenas en orden a la perpetración de actos de carácter terrorista”. Es decir, muchas veces el debate se centra en determinar si los mensajes pueden incitar al terrorismo.

Esta sentencia se encuentra pediente de recurso ante el Tribunal Supremo. Quien no tendrá que acudir a instancias superiores será el concejal del distrito madrileño de Villaverde, Guillermo Zapata: su caso por los tweets sobre Irene Villa quedó definitivamente archivado después de ser absuelto por la Audiencia Nacional y de que la Fiscalía, en este caso y sólo en este caso, retirase la acusación y pidiese su absolución en el juicio.

La sentencia que absolvió a Guillermo Zapata tuvo un recorrido muy distinto a la de César Strawberry, pero las dos tuvieron algo en común: destacaban el contexto y, en el caso del cantante de Def con Dos, incluso declaraban como hecho probado que nunca había tenido intención de ofender a las víctimas del terrorismo etarra con mensajes como “A Ortega Lara habría que secuestrarle ahora”. Fue el Tribunal Supremo el que decidió revocar su absolución y condenarle a un año de prisión, alegando que sus tweets llegaron a las víctimas “en su integridad, sin matices aclaratorios” y asegurando que “legitiman el terrorismo como fórmula de solución de los conflictos sociales”.

La gran cantidad de sentencias alcanzadas por conformidad en la Audiencia Nacional que no se recurren limitan el número de veces en que el Tribunal Supremo se ha pronunciado sobre este asunto. Ha dictado por el momento siete sentencias que se dividen en tres confirmaciones de condena, otras tres rebajas sin llegar a absolver y una condena, la de César Strawberry, revocando una absolución.

http://cadenaser.com/ser/2017/04/04/tribunales/1491329641_360164.html

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